La soledad no deseada es un mal que impacta en nuestra sociedad a golpe de clic. La tecnología nos aísla y las nuevas formas de relacionarnos hacen que muchas personas sientan que quedan fuera del sistema. Aisladas. Según el Barómetro del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, elaborado por la Fundación ONCE y la Fundación AXA, una de cada cinco personas en España experimenta soledad no deseada. Esto supone que el 20% de la población española se siente sola sin quererlo. Un estudio reciente realizado por la empresa de bienestar LGTBIQ+ Orlander y hecho público con motivo de las celebraciones del Orgullo de este mes ahonda en esta cuestión, focalizándola en los hombres que pertenecen a este colectivo. Según el primer «Estudio Orlander sobre Bienestar Emocional», elaborado a partir de las respuestas de hombres gais y bisexuales, existe una realidad marcada por la falta de pertenencia, la escasez de vínculos profundos y la dificultad para encontrar espacios de conexión auténtica. El índice global de bienestar obtenido es de 50 sobre 100, una puntuación que refleja una situación intermedia, pero con importantes áreas de vulnerabilidad. Nadie con quién hablar El dato más llamativo del informe es que el 73% de los participantes afirma no sentirse parte de una comunidad en la que encaje de verdad, convirtiéndose esta en la dimensión con mayor nivel de carencia detectada. A ello se suma que el 57% no dispone de alguien con quien hablar abiertamente de sus emociones sin miedo a ser juzgado y que el 54% carece de un grupo estable de amistades donde pueda mostrarse tal como es. Los resultados muestran además una paradoja significativa: la sensación de soledad convive con una aparente vida social activa. Un 32% de los encuestados asegura tener gente a su alrededor, pero pocas relaciones profundas, mientras que un 20% declara sentirse bastante solo y desconectado. En conjunto, más de la mitad de la muestra manifiesta algún tipo de déficit en la calidad de sus vínculos personales. «Hay una herencia que pesa. Muchos de nosotros crecimos aprendiendo a escondernos, a medir cada gesto para no delatarnos, y esa mochila no se vacía el día que sales del armario. Te queda el hábito de acercarte a la gente con el freno puesto. Encima, el ocio del colectivo se ha construido casi siempre alrededor de la noche, el alcohol y, ahora, las aplicaciones, que son sitios estupendos para encontrarse rápido y bastante malos para quedarse», explica Fabri Orlandi, CEO de Orlander. Frente a estas dificultades, el cuidado físico aparece como la única dimensión claramente fortalecida. El 61% de los participantes afirma dedicar tiempo cada semana al cuidado de su cuerpo, siendo el único indicador en el que predominan las respuestas positivas. Sin embargo, este esfuerzo no encuentra un reflejo equivalente en aspectos relacionados con el apoyo emocional, el sentimiento de pertenencia o la construcción de relaciones significativas. «En mu
Fabri Orlandi, autor de un estudio pionero sobre la soledad en el colectivo LGTBIQ+, asegura que el 73% de los hombres no se siente parte de una comunidad en la que encaje de verdad
La soledad no deseada es un mal que impacta en nuestra sociedad a golpe de clic. La tecnología nos aísla y las nuevas formas de relacionarnos hacen que muchas personas sientan que quedan fuera del sistema. Aisladas. Según el Barómetro del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, elaborado por la Fundación ONCE y la Fundación AXA, una de cada cinco personas en España experimenta soledad no deseada. Esto supone que el 20% de la población española se siente sola sin quererlo.Un estudio reciente realizado por la empresa de bienestar LGTBIQ+ Orlander y hecho público con motivo de las celebraciones del Orgullo de este mes ahonda en esta cuestión, focalizándola en los hombres que pertenecen a este colectivo. Según el primer «Estudio Orlander sobre Bienestar Emocional», elaborado a partir de las respuestas de hombres gais y bisexuales, existe una realidad marcada por la falta de pertenencia, la escasez de vínculos profundos y la dificultad para encontrar espacios de conexión auténtica. El índice global de bienestar obtenido es de 50 sobre 100, una puntuación que refleja una situación intermedia, pero con importantes áreas de vulnerabilidad.Nadie con quién hablarEl dato más llamativo del informe es que el 73% de los participantes afirma no sentirse parte de una comunidad en la que encaje de verdad, convirtiéndose esta en la dimensión con mayor nivel de carencia detectada. A ello se suma que el 57% no dispone de alguien con quien hablar abiertamente de sus emociones sin miedo a ser juzgado y que el 54% carece de un grupo estable de amistades donde pueda mostrarse tal como es.Los resultados muestran además una paradoja significativa: la sensación de soledad convive con una aparente vida social activa. Un 32% de los encuestados asegura tener gente a su alrededor, pero pocas relaciones profundas, mientras que un 20% declara sentirse bastante solo y desconectado. En conjunto, más de la mitad de la muestra manifiesta algún tipo de déficit en la calidad de sus vínculos personales.«Hay una herencia que pesa. Muchos de nosotros crecimos aprendiendo a escondernos, a medir cada gesto para no delatarnos, y esa mochila no se vacía el día que sales del armario. Te queda el hábito de acercarte a la gente con el freno puesto. Encima, el ocio del colectivo se ha construido casi siempre alrededor de la noche, el alcohol y, ahora, las aplicaciones, que son sitios estupendos para encontrarse rápido y bastante malos para quedarse», explica Fabri Orlandi, CEO de Orlander.Frente a estas dificultades, el cuidado físico aparece como la única dimensión claramente fortalecida. El 61% de los participantes afirma dedicar tiempo cada semana al cuidado de su cuerpo, siendo el único indicador en el que predominan las respuestas positivas. Sin embargo, este esfuerzo no encuentra un reflejo equivalente en aspectos relacionados con el apoyo emocional, el sentimiento de pertenencia o la construcción de relaciones significativas.«En mu
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