Algunos monumentos sobreviven al paso de los siglos; otros parecen desafiar al propio tiempo. En la península del Barbanza, muy cerca del Parque Natural de Corrubedo, se alza uno de los grandes tesoros arqueológicos de Galicia: el Dolmen de Axeitos. Construido hace alrededor de 6.000 años, este impresionante sepulcro colectivo continúa en pie prácticamente con la misma majestuosidad con la que fue levantado por las comunidades neolíticas, convirtiéndose en una de las mejores muestras del megalitismo gallego. Conocido también como Anta de Axeitos o Pedra do Mouro, el monumento ha recibido otro sobrenombre más evocador: el ‘Partenón del arte megalítico’. No es casualidad. Su extraordinario estado de conservación y la monumentalidad de sus enormes losas de granito lo han convertido en una referencia para arqueólogos, historiadores y visitantes. Los especialistas sitúan la construcción del Dolmen de Axeitos entre el 4000 y el 3600 antes de Cristo, durante el Neolítico. Se trata de una tumba de corredor, una tipología muy extendida en el noroeste peninsular, utilizada para enterramientos colectivos y que probablemente estaba reservada a miembros destacados de la comunidad. Junto a los difuntos se depositaban distintos objetos como parte del ajuar funerario, una práctica habitual en las sociedades de la época. La estructura impresiona por sus dimensiones. La cámara funeraria adopta una planta poligonal formada por ocho enormes ortostatos —grandes bloques verticales de piedra— sobre los que descansa una gigantesca losa que sirve de cubierta. En conjunto, el monumento alcanza cerca de dos metros de altura y transmite una sensación de solidez difícil de imaginar para una construcción realizada hace seis milenios. Aunque hoy aparece completamente visible, originalmente el dolmen permanecía oculto bajo una gran mámoa o túmulo de tierra y piedra. Los investigadores estiman que ese montículo pudo alcanzar cerca de 30 metros de diámetro y que estaría recubierto por una coraza pétrea. En su interior se desarrollaba una compleja arquitectura formada por la cámara principal y un corredor orientado hacia el sureste, siguiendo patrones comunes en otros grandes monumentos megalíticos gallegos. El misterio del interior Paradójicamente, uno de los grandes enigmas del Dolmen de Axeitos reside en su interior. A diferencia de otros yacimientos gallegos, nunca ha sido objeto de excavaciones arqueológicas sistemáticas. Esa circunstancia impide conocer con precisión qué materiales contenía originalmente o qué rituales funerarios se desarrollaban en él. Los expertos creen que las respuestas pudieron desaparecer hace mucho tiempo. Durante siglos, la creencia popular atribuía a estos monumentos la existencia de tesoros ocultos en su interior, lo que provocó numerosos expolios. Es muy probable que Axeitos también sufriera estas búsquedas clandestinas, perdiéndose una información arqueológica de enorme valor. Pese a ello, la
Conserva una enorme cámara funeraria formada por gigantescas piedras y es uno de los conjuntos megalíticos mejor conservados de la comunidad
Algunos monumentos sobreviven al paso de los siglos; otros parecen desafiar al propio tiempo. En la península del Barbanza, muy cerca del Parque Natural de Corrubedo, se alza uno de los grandes tesoros arqueológicos de Galicia: el Dolmen de Axeitos.Construido hace alrededor de 6.000 años, este impresionante sepulcro colectivo continúa en pie prácticamente con la misma majestuosidad con la que fue levantado por las comunidades neolíticas, convirtiéndose en una de las mejores muestras del megalitismo gallego.Conocido también como Anta de Axeitos o Pedra do Mouro, el monumento ha recibido otro sobrenombre más evocador: el ‘Partenón del arte megalítico’. No es casualidad. Su extraordinario estado de conservación y la monumentalidad de sus enormes losas de granito lo han convertido en una referencia para arqueólogos, historiadores y visitantes.Los especialistas sitúan la construcción del Dolmen de Axeitos entre el 4000 y el 3600 antes de Cristo, durante el Neolítico. Se trata de una tumba de corredor, una tipología muy extendida en el noroeste peninsular, utilizada para enterramientos colectivos y que probablemente estaba reservada a miembros destacados de la comunidad.Junto a los difuntos se depositaban distintos objetos como parte del ajuar funerario, una práctica habitual en las sociedades de la época.La estructura impresiona por sus dimensiones. La cámara funeraria adopta una planta poligonal formada por ocho enormes ortostatos —grandes bloques verticales de piedra— sobre los que descansa una gigantesca losa que sirve de cubierta. En conjunto, el monumento alcanza cerca de dos metros de altura y transmite una sensación de solidez difícil de imaginar para una construcción realizada hace seis milenios.Aunque hoy aparece completamente visible, originalmente el dolmen permanecía oculto bajo una gran mámoa o túmulo de tierra y piedra. Los investigadores estiman que ese montículo pudo alcanzar cerca de 30 metros de diámetro y que estaría recubierto por una coraza pétrea. En su interior se desarrollaba una compleja arquitectura formada por la cámara principal y un corredor orientado hacia el sureste, siguiendo patrones comunes en otros grandes monumentos megalíticos gallegos.El misterio del interiorParadójicamente, uno de los grandes enigmas del Dolmen de Axeitos reside en su interior. A diferencia de otros yacimientos gallegos, nunca ha sido objeto de excavaciones arqueológicas sistemáticas. Esa circunstancia impide conocer con precisión qué materiales contenía originalmente o qué rituales funerarios se desarrollaban en él.Los expertos creen que las respuestas pudieron desaparecer hace mucho tiempo. Durante siglos, la creencia popular atribuía a estos monumentos la existencia de tesoros ocultos en su interior, lo que provocó numerosos expolios. Es muy probable que Axeitos también sufriera estas búsquedas clandestinas, perdiéndose una información arqueológica de enorme valor.Pese a ello, las investigacio
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