Con la llegada del verano y el aumento de las temperaturas, la protección frente a la radiación ultravioleta vuelve a situarse entre las principales recomendaciones de salud pública. Sin embargo, esta preocupación no afecta únicamente a las personas. Los veterinarios recuerdan que los perros y otros animales de compañía también pueden sufrir los efectos nocivos de una exposición prolongada al sol, especialmente durante las horas de mayor intensidad. Aunque el pelaje constituye una barrera natural frente a la radiación solar, esta protección no siempre resulta suficiente. Los animales de pelo corto, claro o con menor densidad de manto presentan un mayor riesgo de sufrir daños cutáneos. Del mismo modo, las zonas donde apenas existe cobertura de pelo, como el hocico, las orejas, el abdomen o el contorno de los ojos, son especialmente vulnerables a las quemaduras solares. Los especialistas advierten de que los efectos del sol pueden pasar desapercibidos en un primer momento. La exposición repetida a la radiación ultravioleta favorece la deshidratación de la piel, puede deteriorar la calidad del pelaje y provocar irritaciones. Con el paso del tiempo, estos daños pueden traducirse en un pelo más seco, quebradizo y sin brillo, además de aumentar el riesgo de lesiones cutáneas en los animales más sensibles. Para minimizar estos riesgos, los veterinarios recomiendan adoptar medidas preventivas similares a las que se aplican en las personas. Entre ellas destacan evitar los paseos durante las horas centrales del día, buscar siempre zonas de sombra, garantizar una correcta hidratación y prestar especial atención a los animales con mayor predisposición a sufrir daños por el sol. En determinados casos, especialmente cuando existen zonas expuestas o escasa cobertura de pelo, también puede ser recomendable utilizar protectores solares formulados específicamente para uso veterinario. Los expertos de Pet Skin Healthcare, marca dermocosmética especializada en cuidado animal, insisten en que nunca deben emplearse protectores solares destinados a personas sin la supervisión de un profesional, ya que algunos de sus ingredientes pueden resultar tóxicos para los animales si los ingieren al lamerse. Además de proteger la piel, estos productos específicos contribuyen a mantener la hidratación del pelaje y a reducir el impacto que las altas temperaturas y la radiación tienen sobre su estado general. Su aplicación suele ser sencilla y forma parte de las rutinas de cuidado durante los meses de mayor exposición solar. Los expertos recuerdan que la prevención es especialmente importante en verano, cuando las actividades al aire libre aumentan y las mascotas pasan más tiempo expuestas al sol. Un cuidado adecuado no solo ayuda a evitar molestias inmediatas, sino que también puede reducir el riesgo de problemas dermatológicos a largo plazo. En definitiva, aunque no todas las mascotas necesitan protección solar de forma habitual, sí exis
Aunque el pelaje es una barrera natural frente a la radiación solar, esta protección no resulta suficiente
Con la llegada del verano y el aumento de las temperaturas, la protección frente a la radiación ultravioleta vuelve a situarse entre las principales recomendaciones de salud pública. Sin embargo, esta preocupación no afecta únicamente a las personas.Los veterinarios recuerdan que los perros y otros animales de compañía también pueden sufrir los efectos nocivos de una exposición prolongada al sol, especialmente durante las horas de mayor intensidad.Aunque el pelaje constituye una barrera natural frente a la radiación solar, esta protección no siempre resulta suficiente. Los animales de pelo corto, claro o con menor densidad de manto presentan un mayor riesgo de sufrir daños cutáneos. Del mismo modo, las zonas donde apenas existe cobertura de pelo, como el hocico, las orejas, el abdomen o el contorno de los ojos, son especialmente vulnerables a las quemaduras solares.Los especialistas advierten de que los efectos del sol pueden pasar desapercibidos en un primer momento. La exposición repetida a la radiación ultravioleta favorece la deshidratación de la piel, puede deteriorar la calidad del pelaje y provocar irritaciones.Con el paso del tiempo, estos daños pueden traducirse en un pelo más seco, quebradizo y sin brillo, además de aumentar el riesgo de lesiones cutáneas en los animales más sensibles.Para minimizar estos riesgos, los veterinarios recomiendan adoptar medidas preventivas similares a las que se aplican en las personas. Entre ellas destacan evitar los paseos durante las horas centrales del día, buscar siempre zonas de sombra, garantizar una correcta hidratación y prestar especial atención a los animales con mayor predisposición a sufrir daños por el sol.En determinados casos, especialmente cuando existen zonas expuestas o escasa cobertura de pelo, también puede ser recomendable utilizar protectores solares formulados específicamente para uso veterinario. Los expertos de Pet Skin Healthcare, marca dermocosmética especializada en cuidado animal, insisten en que nunca deben emplearse protectores solares destinados a personas sin la supervisión de un profesional, ya que algunos de sus ingredientes pueden resultar tóxicos para los animales si los ingieren al lamerse.Además de proteger la piel, estos productos específicos contribuyen a mantener la hidratación del pelaje y a reducir el impacto que las altas temperaturas y la radiación tienen sobre su estado general. Su aplicación suele ser sencilla y forma parte de las rutinas de cuidado durante los meses de mayor exposición solar.Los expertos recuerdan que la prevención es especialmente importante en verano, cuando las actividades al aire libre aumentan y las mascotas pasan más tiempo expuestas al sol. Un cuidado adecuado no solo ayuda a evitar molestias inmediatas, sino que también puede reducir el riesgo de problemas dermatológicos a largo plazo.En definitiva, aunque no todas las mascotas necesitan protección solar de forma habitual, sí existen situac
Noticias de Sociedad en La Razón
