La extrema derecha alemana de Alternativa para Alemania afronta este fin de semana su congreso en la ciudad de Erfurt bajo presión por las voces que piden su ilegalización y, al mismo tiempo, con máximos históricos en las encuestas. Los institutos de opinión pronostican una victoria del partido tanto a nivel federal como en los Länder que celebrarán elecciones en septiembre, en los que ya va por el 40% en intención de voto y podría conseguir incluso la mayoría absoluta.Pero el ascenso de AfD no se debe tan solo a la juventud y a su éxito en plataformas digitales como Instagram o TikTok, sino que una amplia base social apoya al partido por el descontento en relación a la crisis económica y la pérdida de cientos de miles de empleos en las principales empresas.En un congreso por la democracia organizado por el grupo parlamentario de AfD el partido trató de mostrarse como un partido conservador más, víctima tan solo de una supuesta persecución de la oposición y habló de supuestas restricciones generalizadas a la libertad de expresión, así como del deficiente funcionamiento de las instituciones democráticas. El encuentro fue más un ejercicio de reafirmación interna más que en un espacio de confrontación de ideas.Aunque los dirigentes del partido reivindicaron reiteradamente el valor del pluralismo y del «mercado de las ideas», entre los ponentes apenas hubo voces discrepantes. Según el análisis, la ausencia de posiciones críticas permitió que se reprodujeran sin contradicción discursos que según los expertos en extremismos forman una especie de «cámara de eco» en la que los simpatizantes reciben una visión homogénea de la realidad, consolidando la percepción de que existe una amenaza permanente contra sus opiniones y alimentando así la polarización política que atraviesa actualmente Alemania.Y es que los datos oficiales no dejan al partido AfD en buen lugar en relación a otra cuestión. El último informe de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), presentado este martes, deja claro que el extremismo político en Alemania ha aumentado y pone en peligro el estado de la democracia en el país. Especialmente llamativo resulta el dato de que alrededor de unos 28.000 miembros del partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) están siendo vigilados por los servicios de inteligencia porque se cree que podrían ser neonazis.El reporte se publica de forma anual y muestra una radicalización de la juventud con un mayor número de ataques por motivos políticos, aunque también da cuenta de la polarización a ambos lados del arco político. En los últimos meses se han registrado ataques protagonizados tanto por la extrema derecha, en especial a las marchas del día del orgullo homosexual. Una de cada dos marchas fue atacada por grupos de ultraderechistas.Las redes sociales se han convertido en el caldo de cultivo de esta juventud más politizada y, sobre todo, más violenta. Los at
La extrema derecha alemana de Alternativa para Alemania afronta este fin de semana su congreso en la ciudad de Erfurt bajo presión por las voces que piden su ilegalización y, al mismo tiempo, con máximos históricos en las encuestas. Los institutos de opinión pronostican una victoria del partido tanto a nivel federal como en los Länder que celebrarán elecciones en septiembre, en los que ya va por el 40% en intención de voto y podría conseguir incluso la mayoría absoluta. Pero el ascenso de AfD no se debe tan solo a la juventud y a su éxito en plataformas digitales como Instagram o TikTok, sino que una amplia base social apoya al partido por el descontento en relación a la crisis económica y la pérdida de cientos de miles de empleos en las principales empresas. En un congreso por la democracia organizado por el grupo parlamentario de AfD el partido trató de mostrarse como un partido conservador más, víctima tan solo de una supuesta persecución de la oposición y habló de supuestas restricciones generalizadas a la libertad de expresión, así como del deficiente funcionamiento de las instituciones democráticas. El encuentro fue más un ejercicio de reafirmación interna más que en un espacio de confrontación de ideas. Aunque los dirigentes del partido reivindicaron reiteradamente el valor del pluralismo y del «mercado de las ideas», entre los ponentes apenas hubo voces discrepantes. Según el análisis, la ausencia de posiciones críticas permitió que se reprodujeran sin contradicción discursos que según los expertos en extremismos forman una especie de «cámara de eco» en la que los simpatizantes reciben una visión homogénea de la realidad, consolidando la percepción de que existe una amenaza permanente contra sus opiniones y alimentando así la polarización política que atraviesa actualmente Alemania. Y es que los datos oficiales no dejan al partido AfD en buen lugar en relación a otra cuestión. El último informe de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), presentado este martes, deja claro que el extremismo político en Alemania ha aumentado y pone en peligro el estado de la democracia en el país. Especialmente llamativo resulta el dato de que alrededor de unos 28.000 miembros del partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) están siendo vigilados por los servicios de inteligencia porque se cree que podrían ser neonazis. El reporte se publica de forma anual y muestra una radicalización de la juventud con un mayor número de ataques por motivos políticos, aunque también da cuenta de la polarización a ambos lados del arco político. En los últimos meses se han registrado ataques protagonizados tanto por la extrema derecha, en especial a las marchas del día del orgullo homosexual. Una de cada dos marchas fue atacada por grupos de ultraderechistas. Las redes sociales se han convertido en el caldo de cultivo de esta juventud más politizada y, sobre todo, más violenta.
Los servicios de inteligencia vigilan a miles de miembros de AfD por posibles vínculos extremistas en un contexto de creciente polarización y ascenso de la ultraderecha. El partido celebra este fin de semana su congreso
Internacional: noticias internacionales de hoy en La Razón
