Han sido cuatro años de activismo. Su lucha no comenzó el 23 de septiembre, cuando Maricarmen Abascal salió en camilla de su casa mientras era desahuciada. Alrededor de 160 activistas llevaban mucho tiempo reuniéndose en asambleas y organizando estrategias de desobediencia para confeccionar una especie de manual de resistencia. “Lo que le pasó a Maricarmen no empezó el miércoles. Empezó muchos años antes”, ha repetido Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid.. Seguir leyendo
Así preparan los activistas del Sindicato de Inquilinas sus acciones de desobediencia para frenar desahucios, impulsar cambios legislativos en materia de vivienda y crear símbolos como Pepi y Maricarmen
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Han sido cuatro años de activismo. Su lucha no comenzó el 23 de septiembre, cuando Maricarmen Abascal salió en camilla de su casa mientras era desahuciada. Alrededor de 160 activistas llevaban mucho tiempo reuniéndose en asambleas y organizando estrategias de desobediencia para confeccionar una especie de manual de resistencia. “Lo que le pasó a Maricarmen no empezó el miércoles. Empezó muchos años antes”, ha repetido Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid.. Un viernes, hace cuatro años, en 2022, durante una asamblea de bienvenida en el centro social Ateneo La Maliciosa, en el barrio madrileño de Arganzuela, apareció una mujer llamada Maricarmen. Era la cita semanal del sindicato para recibir a quienes se acercan por primera vez y explicarles cómo se organizan. Maricarmen atravesó aquellas puertas, se sentó y contó que tenía miedo de perder su casa.. Cuatro años después, el 2 de octubre de 2026, han acudido a La Maliciosa decenas de personas con sus burofaxes en la mano e inspiradas por su historia. Maricarmen podrá volver a su vivienda gracias a la presión social, cuentan los activistas a los nuevos afiliados. “Esta semana se han afiliado 5.000 personas en Madrid después de lo de Maricarmen”, anuncian orgullosos.. Asamblea de inquilinos de Madrid en el Ateneo La Maliciosa, este viernes.JUAN BARBOSA. Esta última semana no ha sido sencilla. No estaba en los cálculos de ningún miembro del sindicato la secuencia de hechos que se ha desencadenado en unos días: el desahucio de Maricarmen, su ingreso en un hospital, la reacción popular, la marcha atrás de los caseros, la acampada, la elaboración de dos decretos por el Gobierno, su votación frustrada en el Congreso, la gran manifestación del sábado… Y quién sabe qué otro episodio vendrá. Nadie esperaba este desenlace, admiten en privado.. “Todavía no somos conscientes de lo que hemos conseguido”, dice Alicia del Río, otra portavoz del sindicato madrileño, durante la mañana del viernes, antes de la votación. Está a punto de dirigirse, frente al Congreso, a una multitud congregada para escuchar lo que tiene que decir el Sindicato de Inquilinas. El colectivo ha ocupado el centro de la acampada de Sol: su carpa naranja fue la primera que se levantó en la plaza y sus portavoces han encabezado las movilizaciones de estos días y esperan ansiosas las votaciones de los dos decretos de vivienda que han impulsado.. Un chupito de jengibre con limón y a seguir. Racu, de 31 años, y Del Río, de 33, atienden juntas a los medios, rodeadas de personas que se acercan para agradecerles su trabajo. Hacia las 11.45 de este viernes, se abrazan emocionadas por el momento y se retiran unos minutos de la multitud. Para eso necesitan el chupito: hay que cuidar la voz que todavía les queda.. En los últimos días, ambas se han convertido en las caras visibles del Sindicato de Inquilinas de Madrid, fundado en 2017. Racu y Del Río son portavoces de este colectivo, integrado en la Confederación Estatal de Sindicatos de Inquilinas, creada en 2025 para coordinar la lucha de organizaciones presentes en siete ciudades españolas. Durante una pequeña tregua en medio de la vorágine, cuentan que esa mañana han mantenido una coordinación constante con la confederación. No es para menos: durante estos días, cada palabra de la organización tiene que ser pensada y acordada. Nada puede salir mal.. En circunstancias normales, las decisiones estratégicas del sindicato se discuten cada dos meses en reuniones plenarias. Están convocadas unas 160 personas que participan en el trabajo de la organización y suelen acudir entre 70 y 80, según explican. Una vez al año, esas líneas de trabajo se refrendan en una asamblea en la que puede participar cualquiera de sus cerca de 4.000 afiliadas. Cada persona paga una cuota de 20 euros. El sindicato asegura que no recibe subvenciones públicas para poder actuar con libertad.. A partir de esos acuerdos trabajan tres comisiones: acción sindical, comunicación y organización y extensión. Cada una toma decisiones dentro de su ámbito. Los grupos de barrio tienen autonomía sobre sus propios asuntos, aunque se coordinan con los demás espacios de la organización. El sindicato trabaja además con organizaciones de inquilinos de otros países europeos. “Así podemos enfrentarnos mejor a grandes fondos buitre como Blackstone”, explican sus integrantes.. Pero en Sol la urgencia lo ha cambiado todo. “Todo el tiempo pasan cosas”. Para responder a ellas, la militancia activa, formada por alrededor de un centenar de personas, se reúne cada noche. Allí se decide quién habla, a qué hora comparece, qué se cuenta a la prensa, qué acciones se realizan y qué mensaje quiere trasladar el sindicato. No todas las decisiones se someten a votación. “Intentamos llegar a acuerdos y no hacerlo por votación”, explican.. Fueron principalmente las palabras de Racu y Del Río las que movilizaron a 25.000 personas, según la Delegación del Gobierno, para acudir a la manifestación del sábado anterior. La acampada no surgió por casualidad: se había planteado en las asambleas del Sindicato de Inquilinas y cobró fuerza al comprobar la dimensión de la protesta. “Desde la manifestación ya iba con la tienda de campaña”, recuerda una militante. En pocos días, Sol se convirtió en el centro de la movilización por la vivienda y atrajo a decenas de colectivos.. El sindicato explica el manual de resistencia este viernes en La MaliciosaJUAN BARBOSA. Desde la noche del jueves, seis días después, los integrantes más cercanos al sindicato ya no duermen en Sol: saben que solo queda anunciar la retirada. “Queremos seguir llevando la lucha por una vivienda digna a los barrios, tenemos que seguir parando desahucios, no podemos seguir aquí todo el tiempo”, aseguran sus portavoces después del fracaso de los dos decretos en el Congreso.. No todos los colectivos presentes en Sol comparten esa estrategia. Izquierda Revolucionaria y el Sindicato de Estudiantes defienden otro camino: mantener y ampliar la protesta hasta lograr la huelga general que reclaman. “No tiene sentido abandonar la enorme posición de lucha que hemos conquistado ocupando Sol”, se lee en los carteles que reparten entre los manifestantes frente al Congreso.. Ambos colectivos plantean someter su propuesta a votación y reclaman que la huelga general se celebre en octubre o, como máximo, durante la primera quincena de noviembre. El debate recuerda al que atravesó el 15-M. Aquel movimiento acordó levantar su campamento la noche del 7 de junio de 2011, después de más de tres semanas de protesta. “No nos vamos, nos expandimos”, fue la consigna de aquella despedida. El trabajo continuó en los barrios y pueblos, mientras en Sol permanecían un punto de información y algunas personas acampadas a título individual. Más de 15 años después, vuelve el desacuerdo entre quienes creen que ha llegado el momento de marcharse y quienes defienden permanecer en la plaza.. Los activistas explican a los afectados por la vivienda el manual de resistencia. JUAN BARBOSA. Hacia las 16.00 del viernes, después de que fracasaran en el Congreso los dos decretos, Del Río rechaza hablar de derrota. “Hoy es un día de profunda esperanza”. Para la portavoz, el resultado constata “que se abre un nuevo ciclo político que viene desde abajo, desde el sindicalismo”. Reivindica la huelga general como siguiente paso. “Se acabó el tiempo de los políticos”, sostiene. “Pero eso no significa que se haya acabado el tiempo de la política. La política está en la calle y desde ahí es desde donde vamos a seguir”, dice, rodeada de decenas de activistas.. Dos horas y media después, a las 18.30, mientras continúa el debate sobre el futuro de la acampada, el sindicato celebra su tradicional asamblea de bienvenida en el centro social Ateneo La Maliciosa como cada semana. Mantiene esta cita todos los viernes desde su fundación para recibir a quienes se acercan por primera vez, la misma reunión a la que llegó Maricarmen cuatro años atrás. Este viernes, Alberto Fernández, de 47 años, se acercó con timidez. “¿Aquí es la reunión del sindicato?”, preguntó. Dos voluntarios le explicaron el primer paso del manual de resistencia del colectivo: “Nos quedamos, pero seguimos pagando”.. Para que quienes llegan sientan que tienen futuro, los activistas hablan de Pepi, la vecina de Argumosa 11, y de Maricarmen. Explican cómo esas luchas han impulsado cambios legislativos desde el Gobierno. Cuando preguntan quién ha recibido un burofax de su casero, decenas de personas levantan la mano. Les aseguran que la ley está de su parte. “Mientras tengan las llaves, la casa es suya”.. Las instrucciones son claras. “Nos quedamos y pagamos”, insiste un portavoz del sindicato a las personas que se han acercado buscando el mismo final que Maricarmen: quedarse en su casa. De esa asamblea, o de la del viernes siguiente, podría salir el próximo nombre de una historia que ya protagonizaron Pepi y Maricarmen. ¿Será Paquita?. Mientras tanto, alrededor de las 20.30, el Sindicato de Inquilinas anuncia en Sol lo que ya era un secreto a voces: abandona la acampada. Se va, pero se va porque sigue. La siguiente muestra ha llegado este sábado con la manifestación celebrada al mediodía en Cibeles, que ha reunido a más de 70.000 personas, según la Delegación del Gobierno. No hay asamblea capaz de anticipar qué ocurrirá después.
