Durante años estuvieron allí, prácticamente a merced del Atlántico. Tanto que una vecina de A Illa de Arousa recordaba haberse bañado cuando era niña dentro de una de aquellas estructuras de piedra, aprovechando que el agua se calentaba en su interior como si fuese una pequeña bañera. Lo que probablemente nadie imaginaba entonces es que aquellas «cajas» junto al mar formaban parte de una necrópolis con miles de años de antigüedad.. Son las cistas de Punta Riasón, unas tumbas construidas con grandes losas de piedra que la erosión marina fue dejando al descubierto. Las primeras investigaciones llegaron a plantear que podían corresponder a época romana o tardoantigua. Hoy se sabe que son muchísimo anteriores.. Una nueva datación ha permitido situar el cierre de una de ellas aproximadamente entre los años 2276 y 2035 antes de Cristo, en los primeros momentos de la Edad del Bronce. Y en su interior apareció el elemento que hace especialmente singular el hallazgo: dos espirales de plata.. Tumbas amenazadas por el mar. La erosión había dejado visibles tres cistas en Punta Riasón y existían testimonios vecinales que apuntaban a que antiguamente podía haber más. La situación de las estructuras obligó a intervenir en 2017 para evitar que el avance del mar terminase por destruirlas.. Dos estaban ya prácticamente dentro de la zona intermareal y se encontraban vacías. Tras ser documentadas, fueron desmontadas y posteriormente trasladadas al Parque Arqueológico de Campo Lameiro.. La tercera permanecía todavía en tierra. Su excavación permitió recuperar dos espirales de plata, un pequeño fragmento metálico y restos orgánicos. Años después, estos últimos han permitido precisar la antigüedad del enterramiento.. El análisis mediante carbono 14 de un carbón de madroño asociado a la tumba ha situado su cierre entre finales del tercer milenio y comienzos del segundo milenio antes de Cristo. Es decir, hace aproximadamente 4.000 años.. De los grandes dólmenes a tumbas individuales. Las cistas de Riasón permiten además observar un cambio importante en las costumbres funerarias de las comunidades prehistóricas.. Durante el Neolítico habían predominado los grandes monumentos colectivos, como las mámoas y los dólmenes, construcciones concebidas para perdurar y destacar en el paisaje. Con la llegada de la Edad del Bronce comenzaron a extenderse enterramientos mucho más pequeños y discretos.. Las cistas eran básicamente cajas formadas por losas de piedra. En algunas de ellas el espacio disponible indica que el cadáver habría sido depositado flexionado, en una posición similar a la fetal. Frente al carácter colectivo de los monumentos anteriores, estas tumbas estaban generalmente destinadas a individuos concretos.. Ese cambio se relaciona con sociedades en las que determinadas personas comenzaron a adquirir un mayor protagonismo. Y la presencia de objetos valiosos junto al difunto puede aportar pistas sobre su posición dentro de la comunidad.. El misterio de las dos espirales de plata. Ahí entran en escena las dos piezas recuperadas en Riasón. La plata es poco habitual en los ajuares prehistóricos encontrados en Galicia, lo que convierte las espirales en un hallazgo especialmente interesante.. Las piezas están siendo objeto de estudios para determinar la composición y, si es posible, el origen del metal. Esa información podría ayudar a responder una pregunta mucho mayor: hasta dónde llegaban las relaciones de las comunidades que habitaban la Galicia atlántica hace cuatro milenios.. Todo a partir de dos pequeñas espirales que permanecieron enterradas durante milenios junto al mar de Arousa y de unas tumbas cuya propia supervivencia acabó dependiendo de intervenir antes de que el Atlántico se las llevase definitivamente.
Dos espirales de plata halladas en A Illa de Arousa han sido situadas en los primeros momentos de la Edad del Bronce y abren interrogantes sobre los contactos entre diferentes puntos de la Península
Durante años estuvieron allí, prácticamente a merced del Atlántico. Tanto que una vecina de A Illa de Arousa recordaba haberse bañado cuando era niña dentro de una de aquellas estructuras de piedra, aprovechando que el agua se calentaba en su interior como si fuese una pequeña bañera. Lo que probablemente nadie imaginaba entonces es que aquellas «cajas» junto al mar formaban parte de una necrópolis con miles de años de antigüedad.. Son las cistas de Punta Riasón, unas tumbas construidas con grandes losas de piedra que la erosión marina fue dejando al descubierto. Las primeras investigaciones llegaron a plantear que podían corresponder a época romana o tardoantigua. Hoy se sabe que son muchísimo anteriores.. Una nueva datación ha permitido situar el cierre de una de ellas aproximadamente entre los años 2276 y 2035 antes de Cristo, en los primeros momentos de la Edad del Bronce. Y en su interior apareció el elemento que hace especialmente singular el hallazgo: dos espirales de plata.. Tumbas amenazadas por el mar. La erosión había dejado visibles tres cistas en Punta Riasón y existían testimonios vecinales que apuntaban a que antiguamente podía haber más. La situación de las estructuras obligó a intervenir en 2017 para evitar que el avance del mar terminase por destruirlas.. Dos estaban ya prácticamente dentro de la zona intermareal y se encontraban vacías. Tras ser documentadas, fueron desmontadas y posteriormente trasladadas al Parque Arqueológico de Campo Lameiro.. La tercera permanecía todavía en tierra. Su excavación permitió recuperar dos espirales de plata, un pequeño fragmento metálico y restos orgánicos. Años después, estos últimos han permitido precisar la antigüedad del enterramiento.. El análisis mediante carbono 14 de un carbón de madroño asociado a la tumba ha situado su cierre entre finales del tercer milenio y comienzos del segundo milenio antes de Cristo. Es decir, hace aproximadamente 4.000 años.. De los grandes dólmenes a tumbas individuales. Las cistas de Riasón permiten además observar un cambio importante en las costumbres funerarias de las comunidades prehistóricas.. Durante el Neolítico habían predominado los grandes monumentos colectivos, como las mámoas y los dólmenes, construcciones concebidas para perdurar y destacar en el paisaje. Con la llegada de la Edad del Bronce comenzaron a extenderse enterramientos mucho más pequeños y discretos.. Las cistas eran básicamente cajas formadas por losas de piedra. En algunas de ellas el espacio disponible indica que el cadáver habría sido depositado flexionado, en una posición similar a la fetal. Frente al carácter colectivo de los monumentos anteriores, estas tumbas estaban generalmente destinadas a individuos concretos.. Ese cambio se relaciona con sociedades en las que determinadas personas comenzaron a adquirir un mayor protagonismo. Y la presencia de objetos valiosos junto al difunto puede aportar pistas sobre su posición dentro de la comunidad.. El misterio de las dos espirales de plata. Ahí entran en escena las dos piezas recuperadas en Riasón. La plata es poco habitual en los ajuares prehistóricos encontrados en Galicia, lo que convierte las espirales en un hallazgo especialmente interesante.. Las piezas están siendo objeto de estudios para determinar la composición y, si es posible, el origen del metal. Esa información podría ayudar a responder una pregunta mucho mayor: hasta dónde llegaban las relaciones de las comunidades que habitaban la Galicia atlántica hace cuatro milenios.. Todo a partir de dos pequeñas espirales que permanecieron enterradas durante milenios junto al mar de Arousa y de unas tumbas cuya propia supervivencia acabó dependiendo de intervenir antes de que el Atlántico se las llevase definitivamente.
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