Juanjo Rubio no sabía que aquella final de la Copa del Rey iba a ser su último partido con la camiseta del Atlético de Madrid. «Jugué la final de Copa el sábado y el lunes firmé el finiquito», recuerda el antiguo extremo rojiblanco. El despido le pilló por sorpresa. «No lo sabía, no sabía los planes ni del club, ni del nuevo presidente, ni nada de eso», añade.. El nuevo presidente era Jesús Gil y Gil. La final contra la Real Sociedad se jugó el 27 de junio de 1987. Un día antes, Gil había ganado las elecciones a la presidencia del Atlético. «El sábado por la mañana ya sabía él que era presidente. Les prometió a los socios que si salía presidente fletaba un tren o varios trenes para ir a Zaragoza», cuenta Rubio.. «Nos enteramos de que había ganado las elecciones Jesús Gil en la víspera del partido contra la Real y aquello ya fue un mazazo que nos cayó a los jugadores», recuerda Chus Landáburu. «Durante la campaña electoral, los jugadores hicimos una nota pidiéndoles calma a los candidatos y que dejaran de criticarnos y de meternos en sus peleas. Y ya nos temíamos lo peor, como así sucedió», añade el fino centrocampista.. «Nos enteramos de que había ganado las elecciones Jesús Gil y aquello fue el primer mazazo». Chus Landáburu. «Ya en la final, sin corresponderle, digamos, se presentó en el vestuario antes del partido y al acabar. Luego fue al hotel también», explica Landáburu. «Por la noche, cenando, se presentó con Futre, que lo tenía fichado. Pidió cena para Futre y a nosotros no nos dijo nada. Hasta el lunes, cuando nos citó en el club para hablar con nosotros y para decirnos quiénes se iban», añade Rubio. «Era una sensación rara. Fue todo muy rápido, muy precipitado. No sabíamos nuestro futuro, qué iba a ser de aquello. No se sabía nada», dice.. Rubio fue uno de los que se tuvieron que marchar. «Estábamos todos el mismo lunes y el presidente entró como un burro en una cacharrería. Allí, echando a todo el mundo. Nos fue llamando uno a uno a los que no quería que siguiéramos para firmar el finiquito. Estaba Luis Aragonés, que también se fue. Fue una especie de montaña rusa», recuerda el mítico «11» rojiblanco.. Landáburu tuvo más «suerte». «Al principio el lunes también me proponía firmar el finiquito. Pero le dije que no, que quería seguir y Luis Aragonés también insistió en que me quedara. Seguí un año más que tenía de contrato. Fue el año tan convulso con Menotti, Maguregui, Ufarte, y todo aquello. Y luego magistratura de trabajo, juzgado de lo social…», rememora Chus, al que despidió por tener estudios. Lo acusó de manipular a sus compañeros aprovechándose de su titulación en Derecho. «Fue un año interesante», asume con la ironía y la tranquilidad de los años que han pasado.. La temporada 86/87 que acabó con el Atlético perdiendo en los penaltis la final de Copa tampoco fue sencilla. Vicente Calderón, el histórico presidente, falleció después de una caída en la ducha. «Nos afectó mucho porque nos teníamos un cariño muy especial los jugadores y él. Era un presidente fenomenal en la época que estuvo. Aparte de lo serio que era, porque era muy serio, nos tenía como hijos», rememora Rubio.. «Ya empezamos muy mal en Segovia, Luis tuvo una depresión y dejó el club. En la pretemporada, a los cuatro o cinco días de empezar, Luis se fue. Y nos quedamos un tanto desorientados. Luego estuvo Vicente Miera de entrenador, no acabó de cuajar, le echaron, estuvo [Jesús Martínez] ‘‘Jayo’’ un tiempo. Acabaron llamando a Luis otra vez y volvió Luis», cuenta Landáburu. Y después de todo eso, la final contra la Real. «La prórroga, los penaltis, todo eso. Y la decepción de perder, claro», dice.. «El presidente entró como un burro en una cacharrería, echando a todo el mundo». Juanjo Rubio. «Fue un partido muy competido. En la primera parte nos metieron ellos, López Ufarte. Luego le di una asistencia a Da Silva, empatamos. Y nos metieron otro, 2-1. Y luego en la segunda parte metí yo un gol, faltaban 15 minutos para terminar. Y en el último minuto le hicieron un penalti a Julio Prieto, pero no lo pitaron», cuenta Rubio. Después, la prórroga y los penaltis. «Me quedo con la sensación que lo podríamos haber ganado en el tiempo reglamentario si Ramos Marcos, que era el árbitro, hubiera pitado el penalti ese en el último minuto», añade. Un penalti que hubiera lanzado Rubio, el especialista del equipo. «Luis Aragonés, que era el entrenador, dijo que si había penalti lo tiraba yo».. «Cuando me hablan de tensión, digo, ¿tú has recorrido alguna vez la distancia entre el centro del campo y el punto de penalti en una final de Copa?». Chus Landáburu. Después, en la tanda marcó el primero. Y Landábaru, el tercero. Entre medias, fallaron Da Silva y Quique Ramos. «Cuando me hablan de tensión, digo, ¿tú has recorrido alguna vez la distancia entre el centro del campo y el punto de penalti en una final de Copa? Pues no sabes lo que es tensión. Es que eso es la bomba. Es el momento más dramático. Durante la prórroga con las pocas fuerzas que nos quedaban, decía, ‘‘venga, vamos a echar el resto. Yo prefiero perder aquí, que tener que tirar los penaltis’’», recuerda Landáburu. «Pero no pudo ser».
Juanjo Rubio y Chus Landáburu recuerdan la final de la Copa del Rey de 1987, que el Atlético perdió contra la Real Sociedad en los penaltis
Juanjo Rubio no sabía que aquella final de la Copa del Rey iba a ser su último partido con la camiseta del Atlético de Madrid. «Jugué la final de Copa el sábado y el lunes firmé el finiquito», recuerda el antiguo extremo rojiblanco. El despido le pilló por sorpresa. «No lo sabía, no sabía los planes ni del club, ni del nuevo presidente, ni nada de eso», añade.. El nuevo presidente era Jesús Gil y Gil. La final contra la Real Sociedad se jugó el 27 de junio de 1987. Un día antes, Gil había ganado las elecciones a la presidencia del Atlético. «El sábado por la mañana ya sabía él que era presidente. Les prometió a los socios que si salía presidente fletaba un tren o varios trenes para ir a Zaragoza», cuenta Rubio.. «Nos enteramos de que había ganado las elecciones Jesús Gil en la víspera del partido contra la Real y aquello ya fue un mazazo que nos cayó a los jugadores», recuerda Chus Landáburu. «Durante la campaña electoral, los jugadores hicimos una nota pidiéndoles calma a los candidatos y que dejaran de criticarnos y de meternos en sus peleas. Y ya nos temíamos lo peor, como así sucedió», añade el fino centrocampista.. «Nos enteramos de que había ganado las elecciones Jesús Gil y aquello fue el primer mazazo». «Ya en la final, sin corresponderle, digamos, se presentó en el vestuario antes del partido y al acabar. Luego fue al hotel también», explica Landáburu. «Por la noche, cenando, se presentó con Futre, que lo tenía fichado. Pidió cena para Futre y a nosotros no nos dijo nada. Hasta el lunes, cuando nos citó en el club para hablar con nosotros y para decirnos quiénes se iban», añade Rubio. «Era una sensación rara. Fue todo muy rápido, muy precipitado. No sabíamos nuestro futuro, qué iba a ser de aquello. No se sabía nada», dice.. Rubio fue uno de los que se tuvieron que marchar. «Estábamos todos el mismo lunes y el presidente entró como un burro en una cacharrería. Allí, echando a todo el mundo. Nos fue llamando uno a uno a los que no quería que siguiéramos para firmar el finiquito. Estaba Luis Aragonés, que también se fue. Fue una especie de montaña rusa», recuerda el mítico «11» rojiblanco.. Landáburu tuvo más «suerte». «Al principio el lunes también me proponía firmar el finiquito. Pero le dije que no, que quería seguir y Luis Aragonés también insistió en que me quedara. Seguí un año más que tenía de contrato. Fue el año tan convulso con Menotti, Maguregui, Ufarte, y todo aquello. Y luego magistratura de trabajo, juzgado de lo social…», rememora Chus, al que despidió por tener estudios. Lo acusó de manipular a sus compañeros aprovechándose de su titulación en Derecho. «Fue un año interesante», asume con la ironía y la tranquilidad de los años que han pasado.. La temporada 86/87 que acabó con el Atlético perdiendo en los penaltis la final de Copa tampoco fue sencilla. Vicente Calderón, el histórico presidente, falleció después de una caída en la ducha. «Nos afectó mucho porque nos teníamos un cariño muy especial los jugadores y él. Era un presidente fenomenal en la época que estuvo. Aparte de lo serio que era, porque era muy serio, nos tenía como hijos», rememora Rubio.. «Ya empezamos muy mal en Segovia, Luis tuvo una depresión y dejó el club. En la pretemporada, a los cuatro o cinco días de empezar, Luis se fue. Y nos quedamos un tanto desorientados. Luego estuvo Vicente Miera de entrenador, no acabó de cuajar, le echaron, estuvo [Jesús Martínez] ‘‘Jayo’’ un tiempo. Acabaron llamando a Luis otra vez y volvió Luis», cuenta Landáburu. Y después de todo eso, la final contra la Real. «La prórroga, los penaltis, todo eso. Y la decepción de perder, claro», dice.. «El presidente entró como un burro en una cacharrería, echando a todo el mundo». «Fue un partido muy competido. En la primera parte nos metieron ellos, López Ufarte. Luego le di una asistencia a Da Silva, empatamos. Y nos metieron otro, 2-1. Y luego en la segunda parte metí yo un gol, faltaban 15 minutos para terminar. Y en el último minuto le hicieron un penalti a Julio Prieto, pero no lo pitaron», cuenta Rubio. Después, la prórroga y los penaltis. «Me quedo con la sensación que lo podríamos haber ganado en el tiempo reglamentario si Ramos Marcos, que era el árbitro, hubiera pitado el penalti ese en el último minuto», añade. Un penalti que hubiera lanzado Rubio, el especialista del equipo. «Luis Aragonés, que era el entrenador, dijo que si había penalti lo tiraba yo».. «Cuando me hablan de tensión, digo, ¿tú has recorrido alguna vez la distancia entre el centro del campo y el punto de penalti en una final de Copa?». Después, en la tanda marcó el primero. Y Landábaru, el tercero. Entre medias, fallaron Da Silva y Quique Ramos. «Cuando me hablan de tensión, digo, ¿tú has recorrido alguna vez la distancia entre el centro del campo y el punto de penalti en una final de Copa? Pues no sabes lo que es tensión. Es que eso es la bomba. Es el momento más dramático. Durante la prórroga con las pocas fuerzas que nos quedaban, decía, ‘‘venga, vamos a echar el resto. Yo prefiero perder aquí, que tener que tirar los penaltis’’», recuerda Landáburu. «Pero no pudo ser».
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