Se acerca el final de LaLiga y la tensión en la parte de abajo empieza a ser inaguantable. Los futbolistas se lo juegan todo, la afición no permite más errores, juzga con severidad y a veces los futbolistas no aguantan y responden, lo que aumenta más la llama y la tención.. Tensión en Oviedo. El ambiente en el Real Oviedo se ha vuelto asfixiante. Cada partido es una final, pero las finales se pierden, y la última frente al Elche ha dejado al equipo a una distancia preocupante de la zona de salvación. Los puntos que quedan son pocos, contados, y la sombra del descenso planea cada vez con más fuerza sobre el Carlos Tartiere. La afición, que hasta ahora había mostrado un apoyo a veces estoico, ha empezado a soltar amarras. El rendimiento del equipo no está a la altura de las expectativas ni de la historia del club, y los silbidos y las protestas se han convertido en la banda sonora de los encuentros.. Contra el Elche, la olla a presión estalló. Los ánimos estaban caldeados desde el inicio, y la frustración se palpaba en cada balón dividido. El juego del Oviedo no fluía, las ideas brillaban por su ausencia, y el equipo parecía condenado a una inercia negativa. En el minuto 65, la decisión de cambiar a David Carmo no hizo sino agravar la tensión. El central portugués, que no estaba cuajando un partido fácil, abandonaba el terreno de juego, dirigiéndose hacia el banquillo. Fue entonces cuando, desde alguna garganta entre la grada, llegó un comentario. Un comentario que no fue un grito de ánimo, sino una pulla, una crítica directa, una provocación.. David Carmo, un futbolista que ya ha mostrado carácter en otras ocasiones, no pudo contener su reacción. El comentario, una vez más, golpeó en el nervio. El defensor se giró de forma brusca, con la mirada fija en la tribuna, la mandíbula tensa. Parecía dispuesto a plantar cara, a subir la escalinata y buscar al aficionado que se había atrevido a cuestionarle. En ese instante, el partido se paró. No por una falta, sino por la posibilidad real de un enfrentamiento entre un jugador y su público.. David Carmo responde. Desde el banquillo, varios compañeros del Real Oviedo reaccionaron. Se levantaron de sus asientos, con la intención clara de intervenir. El objetivo era simple: evitar que la situación escalara a un nivel más lamentable. Querían que Carmo se sentara junto a ellos, que dejara pasar la calentura del momento. Pero el defensor, embargado por la rabia, tenía otros planes. Desoyendo las llamadas de sus compañeros, decidió que la mejor vía de escape era el vestuario. Y mientras se dirigía hacia la zona de los túneles, el gesto se repitió. Volvió a girarse, esta vez con más determinación, buscando de nuevo a la hinchada.. Fue en ese momento cuando una señora mayor, apostada en la grada, una de esas veteranas que han visto pasar generaciones de futbolistas por el Tartiere, se alzó con una autoridad impropia de su edad y se dirigió al jugador. Le mandó callar con un gesto contundente.
Una de las escenas más curiosas de la jornada de LaLiga se ha vivido en el Carlos Tartiere, donde la tensión está al máximo
Se acerca el final de LaLiga y la tensión en la parte de abajo empieza a ser inaguantable. Los futbolistas se lo juegan todo, la afición no permite más errores, juzga con severidad y a veces los futbolistas no aguantan y responden, lo que aumenta más la llama y la tención.. Tensión en Oviedo. El ambiente en el Real Oviedo se ha vuelto asfixiante. Cada partido es una final, pero las finales se pierden, y la última frente al Elche ha dejado al equipo a una distancia preocupante de la zona de salvación. Los puntos que quedan son pocos, contados, y la sombra del descenso planea cada vez con más fuerza sobre el Carlos Tartiere. La afición, que hasta ahora había mostrado un apoyo a veces estoico, ha empezado a soltar amarras. El rendimiento del equipo no está a la altura de las expectativas ni de la historia del club, y los silbidos y las protestas se han convertido en la banda sonora de los encuentros.. Contra el Elche, la olla a presión estalló. Los ánimos estaban caldeados desde el inicio, y la frustración se palpaba en cada balón dividido. El juego del Oviedo no fluía, las ideas brillaban por su ausencia, y el equipo parecía condenado a una inercia negativa. En el minuto 65, la decisión de cambiar a David Carmo no hizo sino agravar la tensión. El central portugués, que no estaba cuajando un partido fácil, abandonaba el terreno de juego, dirigiéndose hacia el banquillo. Fue entonces cuando, desde alguna garganta entre la grada, llegó un comentario. Un comentario que no fue un grito de ánimo, sino una pulla, una crítica directa, una provocación.. David Carmo, un futbolista que ya ha mostrado carácter en otras ocasiones, no pudo contener su reacción. El comentario, una vez más, golpeó en el nervio. El defensor se giró de forma brusca, con la mirada fija en la tribuna, la mandíbula tensa. Parecía dispuesto a plantar cara, a subir la escalinata y buscar al aficionado que se había atrevido a cuestionarle. En ese instante, el partido se paró. No por una falta, sino por la posibilidad real de un enfrentamiento entre un jugador y su público.. David Carmo responde. Desde el banquillo, varios compañeros del Real Oviedo reaccionaron. Se levantaron de sus asientos, con la intención clara de intervenir. El objetivo era simple: evitar que la situación escalara a un nivel más lamentable. Querían que Carmo se sentara junto a ellos, que dejara pasar la calentura del momento. Pero el defensor, embargado por la rabia, tenía otros planes. Desoyendo las llamadas de sus compañeros, decidió que la mejor vía de escape era el vestuario. Y mientras se dirigía hacia la zona de los túneles, el gesto se repitió. Volvió a girarse, esta vez con más determinación, buscando de nuevo a la hinchada.. Fue en ese momento cuando una señora mayor, apostada en la grada, una de esas veteranas que han visto pasar generaciones de futbolistas por el Tartiere, se alzó con una autoridad impropia de su edad y se dirigió al jugador. Le mandó callar con un gesto contundente.
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