Antes de la llegada del Papa León a Madrid, todos los observadores subrayaban que el objetivo de su viaje era superar las polarizaciones. En un país donde los contrastes entre las dos Españas han sido agudas durante dos siglos, y donde la división política y las radicalizaciones internas amenazan el desarrollo del país. Pero también en el ámbito católico, porque desde el final del pontificado de Juan Pablo II las polarizaciones han aumentado, sobre todo durante los doce años del Papa Francisco. Las reacciones públicas y mediáticas a los dos primeros días de la visita a Madrid confirman los análisis previos al viaje: por todas partes se intenta instrumentalizarlo. Pero no es fácil, porque Prevost ha pronunciado palabras claras. Mirando la gran tradición cristiana también en el discurso de mayor compromiso político, el del Palacio Real. Hay que «abandonar las narraciones divisivas y polarizadoras de vuestra realidad social y de su historia», cantó León XIV. El Papa ve en España un «protagonista original y fundamental de Europa» y parece confiar a todo el país una tarea que sea de ejemplo para todo el «viejo continente», si éste «quiere permanecer joven, como joven es quien siente que tiene un futuro y una misión». Central fue la homilía en la Plaza de Cibeles el día del Corpus Christi, cuando se realizan solemnes y magníficas procesiones. Que no son manifestaciones externas, porque «se trata de la fe en la presencia del Señor resucitado, que está vivo y aún pasa entre nosotros»: para visitar «los rincones de nuestro corazón y de nuestra historia, incluso los más oscuros», recordó el Papa.
El Papa confía en que España sea un ejemplo para Europa
Antes de la llegada del Papa León a Madrid, todos los observadores subrayaban que el objetivo de su viaje era superar las polarizaciones. En un país donde los contrastes entre las dos Españas han sido agudas durante dos siglos, y donde la división política y las radicalizaciones internas amenazan el desarrollo del país. Pero también en el ámbito católico, porque desde el final del pontificado de Juan Pablo II las polarizaciones han aumentado, sobre todo durante los doce años del Papa Francisco. Las reacciones públicas y mediáticas a los dos primeros días de la visita a Madrid confirman los análisis previos al viaje: por todas partes se intenta instrumentalizarlo. Pero no es fácil, porque Prevost ha pronunciado palabras claras. Mirando la gran tradición cristiana también en el discurso de mayor compromiso político, el del Palacio Real. Hay que «abandonar las narraciones divisivas y polarizadoras de vuestra realidad social y de su historia», cantó León XIV. El Papa ve en España un «protagonista original y fundamental de Europa» y parece confiar a todo el país una tarea que sea de ejemplo para todo el «viejo continente», si éste «quiere permanecer joven, como joven es quien siente que tiene un futuro y una misión». Central fue la homilía en la Plaza de Cibeles el día del Corpus Christi, cuando se realizan solemnes y magníficas procesiones. Que no son manifestaciones externas, porque «se trata de la fe en la presencia del Señor resucitado, que está vivo y aún pasa entre nosotros»: para visitar «los rincones de nuestro corazón y de nuestra historia, incluso los más oscuros», recordó el Papa.
Noticias de Sociedad en La Razón
