La ola de calor también ha hecho subir la temperatura política en Francia a menos de un año de unas elecciones cruciales para las que ya se preparan todos los partidos. La lucha contra el cambio climático o la cuestión del aire acondicionado en lugares públicos ha obligado a revisar posiciones políticas, a veces a golpe de escala del mercurio. Durante la canícula de agosto de 2025, el diario New York Times titulaba: «El aire acondicionado desata una guerra cultural en Francia» a partir del plan anunciado por Le Pen de desplegar un gran plan de equipos de aire acondicionado por todo el país si el Reagrupamiento Nacional llegaba finalmente al poder.En aquel momento, una ola de calor menos grave que la actual, los ecologistas se burlaron del plan y explicaban que la verdadera solución pasaba por aumentar espacios verdes en las ciudades e incrementar la eficiencia energética. Pero esos argumentos suenan descafeinados para los millones de franceses de clases populares que cada mañana tienen que tomar un tren de cercanías atestado para sudar la gota gorda y en ocasiones llegar al borde de la asfixia. Parte de la izquierda ha modulado el discurso y ha desterrado el tabú que durante años ha tenido el aire acondicionado en Francia. El aire acondicionado, a debateLa izquierda parece dividida ante un asunto que impacta directamente a su potencial electorado, porque no se sufren igual las inclemencias meteorológicas cuando el bolsillo permite atenuarlas. El problema es que una parte de la izquierda francesa durante años se ha apoyado en equiparar al aire acondicionado con «una aberración medioambiental que hay que superar» en palabras de una editorial del diario progresista Liberation argumentando que expulsa aire caliente a las calles y gasta una energía preciosa. La parte moderada de la izquierda e incluso muchos ecologistas están ahora convencidos de que ese discurso en plena canícula no se entiende y que al sufrimiento personal hay que añadir lastre para la economía, niños sin poder asistir a escuelas o simplemente, cifras de muertos. Demasiado peaje para mantener que hay que aguantar sin aire acondicionado. En esa posición se ha quedado la izquierda radical de Mélenchon, pero la socialdemocracia francesa ya ha avanzado a otro punto: no demonizar. El aire acondicionado es una herramienta imprescindible en ocasiones como ésta, aunque no pueda ser una solución de fondo.Parte del debate es una postura política. Más allá de las críticas en las redes sociales, en Francia existe un amplio consenso sobre la necesidad del aire acondicionado en espacios como residencias de ancianos, hospitales y escuelas. Quienes lo ven como un mal, principalmente en la izquierda radical, dicen que es otro ejemplo de cómo abordar los síntomas del cambio climático en vez de bucear en sus causas subyacentes. Sostienen que consume mucha energía y que debe desplegarse con moderación para quien realmente la necesite, mientras la sociedad pone en ma
La ola de calor también ha hecho subir la temperatura política en Francia a menos de un año de unas elecciones cruciales para las que ya se preparan todos los partidos. La lucha contra el cambio climático o la cuestión del aire acondicionado en lugares públicos ha obligado a revisar posiciones políticas, a veces a golpe de escala del mercurio. Durante la canícula de agosto de 2025, el diario New York Times titulaba: «El aire acondicionado desata una guerra cultural en Francia» a partir del plan anunciado por Le Pen de desplegar un gran plan de equipos de aire acondicionado por todo el país si el Reagrupamiento Nacional llegaba finalmente al poder. En aquel momento, una ola de calor menos grave que la actual, los ecologistas se burlaron del plan y explicaban que la verdadera solución pasaba por aumentar espacios verdes en las ciudades e incrementar la eficiencia energética. Pero esos argumentos suenan descafeinados para los millones de franceses de clases populares que cada mañana tienen que tomar un tren de cercanías atestado para sudar la gota gorda y en ocasiones llegar al borde de la asfixia. Parte de la izquierda ha modulado el discurso y ha desterrado el tabú que durante años ha tenido el aire acondicionado en Francia. El aire acondicionado, a debate La izquierda parece dividida ante un asunto que impacta directamente a su potencial electorado, porque no se sufren igual las inclemencias meteorológicas cuando el bolsillo permite atenuarlas. El problema es que una parte de la izquierda francesa durante años se ha apoyado en equiparar al aire acondicionado con «una aberración medioambiental que hay que superar» en palabras de una editorial del diario progresista Liberation argumentando que expulsa aire caliente a las calles y gasta una energía preciosa. La parte moderada de la izquierda e incluso muchos ecologistas están ahora convencidos de que ese discurso en plena canícula no se entiende y que al sufrimiento personal hay que añadir lastre para la economía, niños sin poder asistir a escuelas o simplemente, cifras de muertos. Demasiado peaje para mantener que hay que aguantar sin aire acondicionado. En esa posición se ha quedado la izquierda radical de Mélenchon, pero la socialdemocracia francesa ya ha avanzado a otro punto: no demonizar. El aire acondicionado es una herramienta imprescindible en ocasiones como ésta, aunque no pueda ser una solución de fondo. Parte del debate es una postura política. Más allá de las críticas en las redes sociales, en Francia existe un amplio consenso sobre la necesidad del aire acondicionado en espacios como residencias de ancianos, hospitales y escuelas. Quienes lo ven como un mal, principalmente en la izquierda radical, dicen que es otro ejemplo de cómo abordar los síntomas del cambio climático en vez de bucear en sus causas subyacentes. Sostienen que consume mucha energía y que debe desplegarse con moderación para quien realmente la necesite, mientras la sociedad pone
El uso del aire acondicionado vuelve a ser motivo de debate a menos de un año de unas elecciones cruciales
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