Debe ser que el rock rejuvenece. Que se lo digan a los incombustibles Stones, que giran en una constante «posible última gira». A Dylan, para quien el tiempo pasa de forma distinta. Al bueno buenísimo de McCartney. O a la irresistible guitarra de Eric Clapton, que hace pocas semanas resonaba en Madrid. Es este un género de gloria extensa, en el que algunas leyendas demuestran que no todo queda en mitos y despedidas repentinamente tempranas. El rock es octogenario y, si no, que se lo digan a Rod Stewart: el músico británico (Londres, 1945) ya no es que parezca huir de la vejez, es que en el escenario hasta mejora por momentos, dejando al espectador con un sabor de boca similar al de ese café trampeado de media tarde, capaz de mantener a uno hasta bien entrada la noche. Así lo ha demostrado el artista este sábado en el Rock in Rio Lisboa, a modo de un verdadero rockstar de estética y setentera y considerable energía. Stewart se encargó de cerrar la tercera entrega del festival -el pasado fin de semana celebró sus dos primeras jornadas- con un movimiento de rodillas de escándalo. Apareció en el escenario con 81 años y saltando, haciendo entender al público que la edad es tan sólo un número y que la música se encarga de incluso difuminarlo. A lo largo de aproximadamente una hora y media de concierto, Stewart invocó a los primeros años 70 entonando clásicos como «Maggie May». Su lado canalla relució con la que no podía faltar: «Do ya think I’m sexy», que precedió a «Sailing» y «Love Train», con las que cerró el «show». Acompañado de tres coristas doradas de pies a cabeza y una banda redonda -violines, arpa y un bombo con, por supuesto, el escudo de los Celtics-, Stewart se puso sexy y también reivindicativo. Tal es así que le dedicó una canción a Zelenski: entonó «Rythm of my heart» mientras la pantalla de detrás suya solapaba imágenes de la bandera de ucrania para, al final, mantener una fotografía del propio rival de Putin. El rock, por tanto, rejuvenece, continúa alterando, removiendo, y también divierte: sobre todo, y en el caso de este sábado en el Rock in Rio, a las mujeres. La otra gran leyenda de una jornada caracterizada por grandes de la música internacional y portuguesa, fue Cyndi Lauper. También se subió al escenario Mundo y, a sus 73 años, ofreció un escueto pero contundente concierto, demostrando que su voz continúa siendo prodigiosa y que su alma no ha perdido una pizca de autenticidad. La artista neoyorquina estuvo arropada por una banda formada tan sólo por mujeres: mención especial a la batería, que tocó como una fiera luciendo su barriga de seis meses. Cantó, por supuesto, «Girls just want to have fun», que cerró el concierto -«gritad en contra de toda la gente que quiere acorralar a nuestras hermanas, para que sepan que no vamos hacia atrás», alentó-, así como entonó otros de sus clásicos como «She bop», «Time after time» o «True colors». Esta última canción, además, acompa?
El artista británico fue, junto a Cyndi Lauper, la gran leyenda de la tercera jornada de un Rock in Rio que este domingo finaliza en la capital portuguesa su undécima edición
Debe ser que el rock rejuvenece. Que se lo digan a los incombustibles Stones, que giran en una constante «posible última gira». A Dylan, para quien el tiempo pasa de forma distinta. Al bueno buenísimo de McCartney. O a la irresistible guitarra de Eric Clapton, que hace pocas semanas resonaba en Madrid. Es este un género de gloria extensa, en el que algunas leyendas demuestran que no todo queda en mitos y despedidas repentinamente tempranas. El rock es octogenario y, si no, que se lo digan a Rod Stewart: el músico británico (Londres, 1945) ya no es que parezca huir de la vejez, es que en el escenario hasta mejora por momentos, dejando al espectador con un sabor de boca similar al de ese café trampeado de media tarde, capaz de mantener a uno hasta bien entrada la noche. Así lo ha demostrado el artista este sábado en el Rock in Rio Lisboa, a modo de un verdadero rockstar de estética y setentera y considerable energía.Stewart se encargó de cerrar la tercera entrega del festival -el pasado fin de semana celebró sus dos primeras jornadas- con un movimiento de rodillas de escándalo. Apareció en el escenario con 81 años y saltando, haciendo entender al público que la edad es tan sólo un número y que la música se encarga de incluso difuminarlo. A lo largo de aproximadamente una hora y media de concierto, Stewart invocó a los primeros años 70 entonando clásicos como «Maggie May». Su lado canalla relució con la que no podía faltar: «Do ya think I’m sexy», que precedió a «Sailing» y «Love Train», con las que cerró el «show». Acompañado de tres coristas doradas de pies a cabeza y una banda redonda -violines, arpa y un bombo con, por supuesto, el escudo de los Celtics-, Stewart se puso sexy y también reivindicativo. Tal es así que le dedicó una canción a Zelenski: entonó «Rythm of my heart» mientras la pantalla de detrás suya solapaba imágenes de la bandera de ucrania para, al final, mantener una fotografía del propio rival de Putin.El rock, por tanto, rejuvenece, continúa alterando, removiendo, y también divierte: sobre todo, y en el caso de este sábado en el Rock in Rio, a las mujeres. La otra gran leyenda de una jornada caracterizada por grandes de la música internacional y portuguesa, fue Cyndi Lauper. También se subió al escenario Mundo y, a sus 73 años, ofreció un escueto pero contundente concierto, demostrando que su voz continúa siendo prodigiosa y que su alma no ha perdido una pizca de autenticidad. La artista neoyorquina estuvo arropada por una banda formada tan sólo por mujeres: mención especial a la batería, que tocó como una fiera luciendo su barriga de seis meses. Cantó, por supuesto, «Girls just want to have fun», que cerró el concierto -«gritad en contra de toda la gente que quiere acorralar a nuestras hermanas, para que sepan que no vamos hacia atrás», alentó-, así como entonó otros de sus clásicos como «She bop», «Time after time» o «True colors». Esta última canción, además, acompaña
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