Marta Pazos se siente bien. No ha parado de cosechar éxitos; y, en la reciente «temporada de premios», el «Orlando» que estrenó el curso pasado ha continuado llenando el cesto con dos nuevas manzanas en los Max (vestuario y espacio escénico). Aunque eso ya es pasado. Su presente se escribe con «o» de ópera. Un género en el que acaba de sumar su cuarto y su quinto montaje (tras «Je suis narcissiste», «A amnesia de Clío» y «Alexina B.»). Primero, en el Liceu, donde ha presentado «La nozze di Figaro» (Mozart) hasta este pasado 21 de junio. Y ahora, es el turno de «L’òpera de tres rals» (Kurt Weill y Bertolt Brecht), que lidera junto a Dani Espasa (dirección musical) en el Teatre Grec y, en septiembre, en la sala Fabià Puigserver del Lliure como guinda de los 50 años del emblemático teatro barcelonés y del festival barcelonés. Un dos por uno que se completa con una celebración mucho más personal: su propio cumpleaños, en el que, como no podía ser de otra manera, también sopla las 50 velas. «A veces, la vida rima», sonríe una artista «galega» que llega al medio siglo con el «mojo» en todo lo alto. «Salgo de una para meterme en otra», resopla con gusto Pazos al tiempo que enumera un sinfín de citas en su agenda futura: «Tengo la suerte de no parar de trabajar». Hasta las noches se aprovechan en una planilla en la que no hay un respiro, y en la que también se mira al 2027 con su desembarco en la Compañía Nacional de Teatro Clásico («El amor enamorado», de Lope) y otro en el cine: una ópera prima con la que se adentrará en los mecanismos invisibles de la imaginación y del proceso creativo. Recupera así aquella vida de crápula, al menos por las altas horas de la madrugada a las que ensaya, de cuando fue estudiante de Bellas Artes en Barcelona, ciudad en la que ha pasado sus últimos seis meses: «Cada vez que vuelvo aquí me conecto con mis inicios artísticos. Y en eso hay algo muy potente, muy bonito. He pasado de estar como público a en el Lliure hacer el espectáculo de apertura de sus 50 años». Aprovecha la excusa para retroceder hasta los inicios de la institución, en 1976, y conectarlos con aquel 1928 en que Brecht escribió su «Ópera de los tres centavos». Asegura Pazos que es un proyecto que llevaba años en su cajón y que cuando lo presentó al Grec y al Lliure «les encantó»: «De hecho, el propio Fabià Puigserver ya hizo en la primera temporada otro Brecht [‘‘Ascensió i caiguda de la ciutat de Mahagonny’’]», recuerda junto a la versión que firmó en castellano Calixto Bieito en el Grec de 2002 («La ópera de cuatro cuartos»), con la Orquestra de Cambra Teatre Lliure. Una ópera destinada a los pobres La nueva puesta en escena justifica su programación con una irónica y punzante frase inicial: «Esta noche veréis una ópera destinada a los pobres, concebida con todo el esplendor al que los pobres pueden aspirar, pero lo suficientemente barata para que los pobr
La «galega» firma su temporada más operística: acaba de cerrar ‘La nozze di Figaro’, en el Liceu, y presenta en el Grec ‘L’òpera de tres rals’ para celebrar un triple 50 cumpleaños
Marta Pazos se siente bien. No ha parado de cosechar éxitos; y, en la reciente «temporada de premios», el «Orlando» que estrenó el curso pasado ha continuado llenando el cesto con dos nuevas manzanas en los Max (vestuario y espacio escénico). Aunque eso ya es pasado. Su presente se escribe con «o» de ópera. Un género en el que acaba de sumar su cuarto y su quinto montaje (tras «Je suis narcissiste», «A amnesia de Clío» y «Alexina B.»). Primero, en el Liceu, donde ha presentado «La nozze di Figaro» (Mozart) hasta este pasado 21 de junio. Y ahora, es el turno de «L’òpera de tres rals» (Kurt Weill y Bertolt Brecht), que lidera junto a Dani Espasa (dirección musical) en el Teatre Grec y, en septiembre, en la sala Fabià Puigserver del Lliure como guinda de los 50 años del emblemático teatro barcelonés y del festival barcelonés. Un dos por uno que se completa con una celebración mucho más personal: su propio cumpleaños, en el que, como no podía ser de otra manera, también sopla las 50 velas. «A veces, la vida rima», sonríe una artista «galega» que llega al medio siglo con el «mojo» en todo lo alto. «Salgo de una para meterme en otra», resopla con gusto Pazos al tiempo que enumera un sinfín de citas en su agenda futura: «Tengo la suerte de no parar de trabajar». Hasta las noches se aprovechan en una planilla en la que no hay un respiro, y en la que también se mira al 2027 con su desembarco en la Compañía Nacional de Teatro Clásico («El amor enamorado», de Lope) y otro en el cine: una ópera prima con la que se adentrará en los mecanismos invisibles de la imaginación y del proceso creativo. Recupera así aquella vida de crápula, al menos por las altas horas de la madrugada a las que ensaya, de cuando fue estudiante de Bellas Artes en Barcelona, ciudad en la que ha pasado sus últimos seis meses: «Cada vez que vuelvo aquí me conecto con mis inicios artísticos. Y en eso hay algo muy potente, muy bonito. He pasado de estar como público a en el Lliure hacer el espectáculo de apertura de sus 50 años».Aprovecha la excusa para retroceder hasta los inicios de la institución, en 1976, y conectarlos con aquel 1928 en que Brecht escribió su «Ópera de los tres centavos». Asegura Pazos que es un proyecto que llevaba años en su cajón y que cuando lo presentó al Grec y al Lliure «les encantó»: «De hecho, el propio Fabià Puigserver ya hizo en la primera temporada otro Brecht [‘‘Ascensió i caiguda de la ciutat de Mahagonny’’]», recuerda junto a la versión que firmó en castellano Calixto Bieito en el Grec de 2002 («La ópera de cuatro cuartos»), con la Orquestra de Cambra Teatre Lliure.Una ópera destinada a los pobresLa nueva puesta en escena justifica su programación con una irónica y punzante frase inicial: «Esta noche veréis una ópera destinada a los pobres, concebida con todo el esplendor al que los pobres pueden aspirar, pero lo suficientemente barata para
Noticias de cultura en La Razón
