A mediodía del 27 de junio de 1976 llegó a la oficina del primer ministro israelí, Isaac Rabin, el primer informe de un avión de Air France que había sido secuestrado en Atenas. La aeronave viajaba con más de 250 pasajeros y tripulantes. Los secuestradores eran dos palestinos del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y dos alemanes de las Células Revolucionarias. Dos horas después, el avión aterrizó en Bengasi, Libia, y esa noche despegó hacia Entebbe, Uganda.Los informes mencionaban que había entre los pasajeros 83 israelíes y alrededor de 140 pasajeros de otros países. Los terroristas los dividieron de ese modo y pronto liberaron a los no israelíes. Fue una crisis internacional que se desarrolló durante una semana y culminó en un audaz rescate que se convirtió en leyenda nacional en Israel, recreado en películas y transmitido de mayores a menores.50 años después, archivos estatales recientemente desclasificados revelan las deliberaciones entre el primer ministro Rabin y el ministro de Defensa, Simon Peres, sobre si lanzar la arriesgada misión de rescate en lo profundo de Uganda o liberar a terroristas encarcelados para salvar a rehenes israelíes. Shay Gross tenía 6 años y era uno de los pasajeros en aquel avión.¿Cómo recuerda lo ocurrido?Era la primera vez que salíamos del país. Mis padres y yo íbamos a Los Ángeles. En esa época no había vuelos directos. Volamos de aquí a Atenas y de Atenas a París. Desde París debíamos llegar a Los Ángeles. Recuerdo la emoción cuando me dijeron que viajaríamos al extranjero, ¡y en avión!¿Es usted hijo único?No, tengo dos hermanos mayores que se quedaron en Israel. En el avión mi madre jugaba conmigo a las cartas para pasar el tiempo. Luego hicimos escala en Atenas y, después de despegar, seguíamos jugando cuando, de pronto, oímos gritos. Levanté la cabeza y vi al terrorista alemán y a la alemana. Corrían por los pasillos gritando, con una metralleta y una granada. Pregunté: «Mamá, ¿qué pasa?» y me respondió: «Shay, no lo sé». Lo recuerdo perfectamente. Nos hicieron sentar con las manos detrás de la nuca y cerraron las ventanillas. En un momento dado llevaron a los niños a clase ejecutiva. Mamá me metió debajo del asiento y me cubrió con su vestido.¿Y qué pasó a continuación?Unos quince minutos después también se llevaron a mi madre. Movían a los padres por el avión, y yo me quedé allí solo. Ahora, de adulto, entiendo que sentía un miedo paralizante. Luego reunieron de nuevo a los padres y a los niños. Y mamá me sacó a la fuerza de debajo del asiento. Mi madre cuenta que le toqué la pierna y le pregunté: «Mamá, ¿duele morir?».Lo que mejor recuerdo es el aterrizaje en Kampala. Una fila de soldados ugandeses nos condujo hasta la terminal. Era una terminal pequeña. Y allí comenzó la semana más difícil de mi vida. A un rehén le encontraron en el pasaporte una foto sobre un tanque. Lo torturaron allí mismo,
A mediodía del 27 de junio de 1976 llegó a la oficina del primer ministro israelí, Isaac Rabin, el primer informe de un avión de Air France que había sido secuestrado en Atenas. La aeronave viajaba con más de 250 pasajeros y tripulantes. Los secuestradores eran dos palestinos del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y dos alemanes de las Células Revolucionarias. Dos horas después, el avión aterrizó en Bengasi, Libia, y esa noche despegó hacia Entebbe, Uganda. Los informes mencionaban que había entre los pasajeros 83 israelíes y alrededor de 140 pasajeros de otros países. Los terroristas los dividieron de ese modo y pronto liberaron a los no israelíes. Fue una crisis internacional que se desarrolló durante una semana y culminó en un audaz rescate que se convirtió en leyenda nacional en Israel, recreado en películas y transmitido de mayores a menores. 50 años después, archivos estatales recientemente desclasificados revelan las deliberaciones entre el primer ministro Rabin y el ministro de Defensa, Simon Peres, sobre si lanzar la arriesgada misión de rescate en lo profundo de Uganda o liberar a terroristas encarcelados para salvar a rehenes israelíes. Shay Gross tenía 6 años y era uno de los pasajeros en aquel avión. ¿Cómo recuerda lo ocurrido? Era la primera vez que salíamos del país. Mis padres y yo íbamos a Los Ángeles. En esa época no había vuelos directos. Volamos de aquí a Atenas y de Atenas a París. Desde París debíamos llegar a Los Ángeles. Recuerdo la emoción cuando me dijeron que viajaríamos al extranjero, ¡y en avión! ¿Es usted hijo único? No, tengo dos hermanos mayores que se quedaron en Israel. En el avión mi madre jugaba conmigo a las cartas para pasar el tiempo. Luego hicimos escala en Atenas y, después de despegar, seguíamos jugando cuando, de pronto, oímos gritos. Levanté la cabeza y vi al terrorista alemán y a la alemana. Corrían por los pasillos gritando, con una metralleta y una granada. Pregunté: «Mamá, ¿qué pasa?» y me respondió: «Shay, no lo sé». Lo recuerdo perfectamente. Nos hicieron sentar con las manos detrás de la nuca y cerraron las ventanillas. En un momento dado llevaron a los niños a clase ejecutiva. Mamá me metió debajo del asiento y me cubrió con su vestido. ¿Y qué pasó a continuación? Unos quince minutos después también se llevaron a mi madre. Movían a los padres por el avión, y yo me quedé allí solo. Ahora, de adulto, entiendo que sentía un miedo paralizante. Luego reunieron de nuevo a los padres y a los niños. Y mamá me sacó a la fuerza de debajo del asiento. Mi madre cuenta que le toqué la pierna y le pregunté: «Mamá, ¿duele morir?».Lo que mejor recuerdo es el aterrizaje en Kampala. Una fila de soldados ugandeses nos condujo hasta la terminal. Era una terminal pequeña. Y allí comenzó la semana más difícil de mi vida. A un rehén le encontraron en el pasaporte una foto sobre un tanque. Lo torturaron all?
Hace 50 años terroristas palestinos secuestraron un avión con 250 pasajeros. Shay Gross, uno de los rehenes de la conocida como Operación Entebbe, recuerda cómo fue el audaz rescate por parte de fuerzas israelíes
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