Una vez más, el verano está otra vez con nosotros. Como es una estación generalmente de vacaciones –al menos en nuestro país– tanto para particulares como para las administraciones públicas, lo que provoca su llegada es que se movilice mucha gente y que el sol sea uno de los protagonistas fundamentales. Un golpe de calor es una emergencia médica que ocurre cuando el cuerpo pierde la capacidad de regular su propia temperatura, y suele darse cuando se superan los 40ºC.Puede causar confusión, pérdida de conciencia, mareos, convulsiones y daños a órganos vitales, motivos por los cuales requiere de atención médica inmediata y urgente. No existe riesgo cero con nada y menos con el sol. Aunque es una fortuna tenerlo 365 días al año a disposición nuestra, no debemos olvidar que se trata de una radiación solar acumulativa que puede producir patologías graves, aunque mayoritariamente sean beneficiosos sus efectos. El tratamiento ante un golpe de calor siempre es en un medio hospitalario y se basa en instaurar de forma inmediata todas las medidas necesarias para disminuir la temperatura central del organismo. Para ello, se aborda la deshidratación y se facilita el soporte de las funciones vitales, lo que no siempre es fácil. La frecuencia de presentación del golpe de calor suele ocurrir en las primeras 48 horas de una ola de calor por exposiciones de nuestro organismo de forma inadecuada a las mismas, antes de que el organismo sea capaz de iniciar el proceso de adaptación. Se puede presentar en dos formas distintas. La primera es la llamada «forma activa», que predomina en jóvenes no aclimatados a temperaturas altas y que realizan ejercicio físico intenso en días de mucho calor. La segunda se denomina «forma pasiva», y es la que predomina en niños y ancianos: en los primeros, porque los mecanismos de regulación de la temperatura corporal están inmaduros, y en los segundos porque están alterados. Los humanos somos mamíferos pensantes (no todos), que evolutivamente hemos desarrollado medidas homeotérmicas para mantener la temperatura estable, concretamente no más de 36,8 grados (sistema de control de la homeostasis). Cuando la temperatura corporal supera los 42 grados, se produce toxicidad directa de las células. El golpe de calor suele iniciarse con síntomas que incluyen náuseas, vómitos, sensación de debilidad, disminución del nivel de conciencia y elevación de la temperatura corporal (hipertermia). Después aparecerán diferentes manifestaciones que afectan a la frecuencia cardiaca (se vuelve elevada) y que incluyen la hiperventilación, el shock hipovolémico o la insuficiencia renal. Lo mejor para evitar estas situaciones desagradables y peligrosas para nuestros cuerpos es la prevención, que se traduce en evitar la exposición al sol, sobre todo en las horas centrales del día. También conviene aumentar la ingesta de agua y bebidas isotónicas, así como disminuir la duración del ejercicio y su intensidad
Catedrático de Cirugía. Doctor en Ciencias de la Información y Sociología. Exsenador y portavoz de Sanidad.
Una vez más, el verano está otra vez con nosotros. Como es una estación generalmente de vacaciones –al menos en nuestro país– tanto para particulares como para las administraciones públicas, lo que provoca su llegada es que se movilice mucha gente y que el sol sea uno de los protagonistas fundamentales.Un golpe de calor es una emergencia médica que ocurre cuando el cuerpo pierde la capacidad de regular su propia temperatura, y suele darse cuando se superan los 40ºC.Puede causar confusión, pérdida de conciencia, mareos, convulsiones y daños a órganos vitales, motivos por los cuales requiere de atención médica inmediata y urgente.No existe riesgo cero con nada y menos con el sol. Aunque es una fortuna tenerlo 365 días al año a disposición nuestra, no debemos olvidar que se trata de una radiación solar acumulativa que puede producir patologías graves, aunque mayoritariamente sean beneficiosos sus efectos.El tratamiento ante un golpe de calor siempre es en un medio hospitalario y se basa en instaurar de forma inmediata todas las medidas necesarias para disminuir la temperatura central del organismo. Para ello, se aborda la deshidratación y se facilita el soporte de las funciones vitales, lo que no siempre es fácil. La frecuencia de presentación del golpe de calor suele ocurrir en las primeras 48 horas de una ola de calor por exposiciones de nuestro organismo de forma inadecuada a las mismas, antes de que el organismo sea capaz de iniciar el proceso de adaptación.Se puede presentar en dos formas distintas. La primera es la llamada «forma activa», que predomina en jóvenes no aclimatados a temperaturas altas y que realizan ejercicio físico intenso en días de mucho calor. La segunda se denomina «forma pasiva», y es la que predomina en niños y ancianos: en los primeros, porque los mecanismos de regulación de la temperatura corporal están inmaduros, y en los segundos porque están alterados.Los humanos somos mamíferos pensantes (no todos), que evolutivamente hemos desarrollado medidas homeotérmicas para mantener la temperatura estable, concretamente no más de 36,8 grados (sistema de control de la homeostasis). Cuando la temperatura corporal supera los 42 grados, se produce toxicidad directa de las células.El golpe de calor suele iniciarse con síntomas que incluyen náuseas, vómitos, sensación de debilidad, disminución del nivel de conciencia y elevación de la temperatura corporal (hipertermia).Después aparecerán diferentes manifestaciones que afectan a la frecuencia cardiaca (se vuelve elevada) y que incluyen la hiperventilación, el shock hipovolémico o la insuficiencia renal.Lo mejor para evitar estas situaciones desagradables y peligrosas para nuestros cuerpos es la prevención, que se traduce en evitar la exposición al sol, sobre todo en las horas centrales del día. También conviene aumentar la ingesta de agua y bebidas isotónicas, así como disminuir la duración del ejercicio y su intensidad. La uti
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