Hay lugares que no se explican; simplemente se sienten. Espacios en los que el viento es algo más y en los que las piedras parecen colocadas con una intención que supera toda lógica. En Galicia uno de esos enclaves existe. Está en lo alto de una sierra áspera, azotada por el clima y envuelta en misterio. Allí, en el Monte Seixo, se alza el Portalén, la llamada Porta do Alén: una puerta simbólica, o quizás algo más, entre el mundo de los vivos y el de los muertos.. A simple vista, el Portalén es una formación rocosa. Pero basta detenerse unos segundos para comprender que no es una más. Dos grandes bloques graníticos sostienen una piedra superior de forma redondeada, creando una estructura que recuerda, de forma inquietante, a un umbral.. No hay consenso científico sobre su origen. No se puede afirmar con certeza que haya sido construida por el ser humano, pero tampoco parece fruto del azar. Esa ambigüedad es, precisamente, el punto de partida de su leyenda.. Porque para la tradición popular gallega, el Portalén no es únicamente una roca: es una puerta. Una vía de comunicación con el más allá.. Cómo hablar con los muertos. La mitología que rodea este lugar es tan precisa como inquietante. Para “activar” la puerta resulta necesario atravesarla en una dirección concreta: de norte a sur. Solo así, dicen, los difuntos pueden responder a las preguntas de los vivos, utilizando el viento como canal de comunicación.. Pero el ritual no termina ahí. Hay que regresar, atravesando el umbral en sentido contrario, de sur a norte. No hacerlo implica un riesgo: quedarse atrapado en ese otro mundo del que, según la leyenda, no hay retorno.. El momento más propicio para cruzar esta frontera simbólica llega una vez al año. La noche del 31 de octubre, coincidiendo con el Samaín, cuando la tradición gallega sitúa más cerca que nunca a vivos y muertos. En esas fechas, el entorno del Portalén se llena de velas y pequeñas ofrendas que los visitantes dejan en recuerdo de sus seres queridos.. La montaña mágica. El Portalén no se entiende sin su contexto. Se encuentra en la Serra do Cando, concretamente en el Monte Seixo, dentro del municipio de A Lama. Un territorio que ya de por sí tiene una identidad marcada: una sierra larga y estrecha que separa los valles del Lérez y el Verdugo, con altitudes que rondan los 1.000 metros.. El entorno es duro, casi hostil. El viento golpea sin descanso, el clima es cambiante y la vegetación escasea en algunos puntos. Todo contribuye a generar una atmósfera que muchos describen como sobrecogedora.. No es casualidad que a este lugar se le conozca como “Montaña Máxica”. Aquí, la naturaleza y la mitología no se separan: se superponen.. Más allá del Portalén. A pocos metros de esta puerta simbólica se alza otro de los grandes enigmas del Monte Seixo: el Marco do Vento. Un menhir de casi seis metros de altura, considerado uno de los mayores de Europa, que marca un punto donde, según la tradición, confluyen todas las fuerzas de la naturaleza.. Este conjunto convierte la zona en un auténtico paisaje ritual, donde cada elemento parece formar parte de un mismo relato ancestral.. Hoy, lo que mantiene vivo al Portalén es la experiencia directa. La sensación de atravesarlo, de escuchar el viento filtrarse entre las piedras, de sentir que ese espacio tiene algo distinto.. Funcione o no como puente entre mundos, el Portalén sigue siendo uno de esos lugares donde lo racional convive con lo mítico, donde la historia se mezcla con la leyenda y donde cada piedra puede esconder un relato. Quizá por eso, quienes suben hasta el Monte Seixo no buscan un paisaje. Buscan una sensación. Una respuesta. O, simplemente, el silencio.
Es uno de los enclaves más enigmáticos de Galicia, una formación megalítica rodeada de rituales, mitología y una naturaleza tan salvaje como sobrecogedora
Hay lugares que no se explican; simplemente se sienten. Espacios en los que el viento es algo más y en los que las piedras parecen colocadas con una intención que supera toda lógica. En Galicia uno de esos enclaves existe. Está en lo alto de una sierra áspera, azotada por el clima y envuelta en misterio. Allí, en el Monte Seixo, se alza el Portalén, la llamada Porta do Alén: una puerta simbólica, o quizás algo más, entre el mundo de los vivos y el de los muertos.. A simple vista, el Portalén es una formación rocosa. Pero basta detenerse unos segundos para comprender que no es una más. Dos grandes bloques graníticos sostienen una piedra superior de forma redondeada, creando una estructura que recuerda, de forma inquietante, a un umbral.. No hay consenso científico sobre su origen. No se puede afirmar con certeza que haya sido construida por el ser humano, pero tampoco parece fruto del azar. Esa ambigüedad es, precisamente, el punto de partida de su leyenda.. Porque para la tradición popular gallega, el Portalén no es únicamente una roca: es una puerta. Una vía de comunicación con el más allá.. Cómo hablar con los muertos. La mitología que rodea este lugar es tan precisa como inquietante. Para “activar” la puerta resulta necesario atravesarla en una dirección concreta: de norte a sur. Solo así, dicen, los difuntos pueden responder a las preguntas de los vivos, utilizando el viento como canal de comunicación.. Pero el ritual no termina ahí. Hay que regresar, atravesando el umbral en sentido contrario, de sur a norte. No hacerlo implica un riesgo: quedarse atrapado en ese otro mundo del que, según la leyenda, no hay retorno.. El momento más propicio para cruzar esta frontera simbólica llega una vez al año. La noche del 31 de octubre, coincidiendo con el Samaín, cuando la tradición gallega sitúa más cerca que nunca a vivos y muertos. En esas fechas, el entorno del Portalén se llena de velas y pequeñas ofrendas que los visitantes dejan en recuerdo de sus seres queridos.. La montaña mágica. El Portalén no se entiende sin su contexto. Se encuentra en la Serra do Cando, concretamente en el Monte Seixo, dentro del municipio de A Lama. Un territorio que ya de por sí tiene una identidad marcada: una sierra larga y estrecha que separa los valles del Lérez y el Verdugo, con altitudes que rondan los 1.000 metros.. El entorno es duro, casi hostil. El viento golpea sin descanso, el clima es cambiante y la vegetación escasea en algunos puntos. Todo contribuye a generar una atmósfera que muchos describen como sobrecogedora.. No es casualidad que a este lugar se le conozca como “Montaña Máxica”. Aquí, la naturaleza y la mitología no se separan: se superponen.. Más allá del Portalén. A pocos metros de esta puerta simbólica se alza otro de los grandes enigmas del Monte Seixo: el Marco do Vento. Un menhir de casi seis metros de altura, considerado uno de los mayores de Europa, que marca un punto donde, según la tradición, confluyen todas las fuerzas de la naturaleza.. Este conjunto convierte la zona en un auténtico paisaje ritual, donde cada elemento parece formar parte de un mismo relato ancestral.. Hoy, lo que mantiene vivo al Portalén es la experiencia directa. La sensación de atravesarlo, de escuchar el viento filtrarse entre las piedras, de sentir que ese espacio tiene algo distinto.. Funcione o no como puente entre mundos, el Portalén sigue siendo uno de esos lugares donde lo racional convive con lo mítico, donde la historia se mezcla con la leyenda y donde cada piedra puede esconder un relato. Quizá por eso, quienes suben hasta el Monte Seixo no buscan un paisaje. Buscan una sensación. Una respuesta. O, simplemente, el silencio.
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