Washington vive una transformación acelerada. Debido a las celebraciones del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, la Administración de Donald Trump ha convertido la capital federal en el escaparate de su proyecto político bajo un lema que recuerda deliberadamente a su histórica consigna electoral: «Make D.C. Safe and Beautiful Again» («Hacer a Washington segura y hermosa de nuevo»).El objetivo es que millones de estadounidenses y turistas encuentren una ciudad impecable este 4 de julio, cuando Washington se convierte en el epicentro de los actos conmemorativos de los 250 años del país. Pero el ambicioso plan de embellecimiento también se ha convertido en un nuevo frente de confrontación política.Más allá de una limpieza estética»No puedo comprender por qué alguien estaría molesto porque el presidente Trump esté haciendo que Washington vuelva a ser una ciudad segura y hermosa», afirmó un portavoz del Departamento del Interior, que acusa a las administraciones de Barack Obama y Joe Biden de haber permitido que los monumentos nacionales cayeran en el deterioro.La operación va mucho más allá de una limpieza estética. Según la Casa Blanca, se han rehabilitado 22 fuentes monumentales, restaurado cerca de 30 estatuas y monumentos históricos, reparado miles de bancos y farolas, instalado más de 130 papeleras resistentes a ratas, eliminado más de 500 grafitis, desmontado 153 campamentos de personas sin hogar en terrenos federales y reparado numerosos baches en distintas zonas de la ciudad. Los trabajos alcanzan desde el National Mall hasta Arlington, al otro lado del río Potomac.El símbolo más visible de esta campaña es la piscina reflectante situada frente al Monumento a Lincoln. El histórico estanque, completamente renovado por unos 16 millones de dólares, fue recubierto con un revestimiento azul oscuro que Trump describió como un color «azul bandera estadounidense». Sin embargo, pocos días después de su reapertura aparecieron nuevamente extensas manchas de algas, obligando al Servicio de Parques Nacionales a movilizar equipos adicionales para limpiar manualmente la superficie antes de las celebraciones.La Administración sostiene que se trata simplemente del «proceso normal de puesta en marcha» tras una obra de gran envergadura y que las cuadrillas trabajan con sistemas de filtración, aspirado y tratamientos con peróxido de hidrógeno para estabilizar el agua. Expertos independientes recuerdan, sin embargo, que las altas temperaturas del verano de Washington favorecen la rápida proliferación de algas incluso en instalaciones recién renovadas.Seguridad sin precedentesLas obras tampoco han escapado de la polémica. La adjudicación sin concurso público del revestimiento de la piscina, por más de 14 millones de dólares, a una empresa que anteriormente había trabajado en instalaciones vinculadas a Trump ha generado críticas. Paralelamente, continúa el litigio impulsado por la organización The C
Washington vive una transformación acelerada. Debido a las celebraciones del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, la Administración de Donald Trump ha convertido la capital federal en el escaparate de su proyecto político bajo un lema que recuerda deliberadamente a su histórica consigna electoral: «Make D.C. Safe and Beautiful Again» («Hacer a Washington segura y hermosa de nuevo»). El objetivo es que millones de estadounidenses y turistas encuentren una ciudad impecable este 4 de julio, cuando Washington se convierte en el epicentro de los actos conmemorativos de los 250 años del país. Pero el ambicioso plan de embellecimiento también se ha convertido en un nuevo frente de confrontación política. Más allá de una limpieza estética «No puedo comprender por qué alguien estaría molesto porque el presidente Trump esté haciendo que Washington vuelva a ser una ciudad segura y hermosa», afirmó un portavoz del Departamento del Interior, que acusa a las administraciones de Barack Obama y Joe Biden de haber permitido que los monumentos nacionales cayeran en el deterioro. La operación va mucho más allá de una limpieza estética. Según la Casa Blanca, se han rehabilitado 22 fuentes monumentales, restaurado cerca de 30 estatuas y monumentos históricos, reparado miles de bancos y farolas, instalado más de 130 papeleras resistentes a ratas, eliminado más de 500 grafitis, desmontado 153 campamentos de personas sin hogar en terrenos federales y reparado numerosos baches en distintas zonas de la ciudad. Los trabajos alcanzan desde el National Mall hasta Arlington, al otro lado del río Potomac. El símbolo más visible de esta campaña es la piscina reflectante situada frente al Monumento a Lincoln. El histórico estanque, completamente renovado por unos 16 millones de dólares, fue recubierto con un revestimiento azul oscuro que Trump describió como un color «azul bandera estadounidense». Sin embargo, pocos días después de su reapertura aparecieron nuevamente extensas manchas de algas, obligando al Servicio de Parques Nacionales a movilizar equipos adicionales para limpiar manualmente la superficie antes de las celebraciones. La Administración sostiene que se trata simplemente del «proceso normal de puesta en marcha» tras una obra de gran envergadura y que las cuadrillas trabajan con sistemas de filtración, aspirado y tratamientos con peróxido de hidrógeno para estabilizar el agua. Expertos independientes recuerdan, sin embargo, que las altas temperaturas del verano de Washington favorecen la rápida proliferación de algas incluso en instalaciones recién renovadas. Seguridad sin precedentes Las obras tampoco han escapado de la polémica. La adjudicación sin concurso público del revestimiento de la piscina, por más de 14 millones de dólares, a una empresa que anteriormente había trabajado en instalaciones vinculadas a Trump ha generado críticas. Paralelamente, continúa el litigio impulsado por la organizaci?
La restauración monumental y el despliegue de la Guardia Nacional avivan la batalla política por la capital
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