El éxito, o el intento de alcanzarlo, condiciona cada una de las decisiones que tomamos desde que somos pequeños. Nos han hecho creer que para sentirnos satisfechos debemos alcanzarlo, como si hubiese un manual que explicase paso a paso cómo lograrlo, o mejor aún, qué es. Porque el éxito no tiene una definición universal, y muchos cometen el error de perseguirlo sin haberse parado antes a pensar en qué significa para ellos esta palabra que está en todas partes pero que siempre parece estar demasiado lejos. Un artista que reflexionó sobre este concepto fue David Bowie. El músico británico dejó una frase que sigue haciéndonos reflexionar años después: «No hay nada que aprender del éxito». Esta reflexión nos invita a pensar en el proceso o el camino hacia el éxito y no en los logros en sí. Esta cita, que en principio parece contradictoria, busca hacernos entender que los logros no son los que nos hacen aprender, sino las preguntas que nos hacemos cuando algo no sale como esperábamos. La importancia del aprendizaje Bowie quiso reflejar con esta frase que, cuando triunfamos, rara vez nos paramos a pensar qué nos ha llevado hasta ahí. Sin embargo, cuando fracasamos, repetimos paso a paso el camino que nos ha hecho perder. El fracaso sí nos enfrenta a nuestras decisiones. Nos obliga a detenernos, entender qué no ha funcionado y buscar nuevas formas de avanzar. Es en esos momentos de incertidumbre cuando aparecen las mayores lecciones, porque el error exige reflexión, mientras que el éxito muchas veces solo nos invita a continuar. ¿Qué es el éxito? Las palabras de Bowie también plantean otra cuestión: ¿Qué entendemos realmente por éxito? Para algunos será alcanzar reconocimiento o estabilidad económica; para otros, disponer de tiempo, vivir con tranquilidad o dedicarse a aquello que les apasiona. Quizá la mayor reflexión que deja esta frase sea que pasamos gran parte de nuestra vida persiguiendo una palabra que pocas veces nos detenemos a definir. Hablamos constantemente del éxito como si todos compartiéramos el mismo objetivo, cuando en realidad cada persona tiene una idea distinta de lo que significa. La trampa de compararse En una época en la que compartimos constantemente nuestros logros, resulta fácil caer en la comparación. El problema es que solemos medir nuestro éxito con la vara de los demás, olvidando que cada persona parte de circunstancias, objetivos y prioridades diferentes. Comparar caminos distintos rara vez ofrece una respuesta justa.
El artista británico defendía que el verdadero éxito no está en los logros, sino en las preguntas que nos hacemos cuando fracasamos y el aprendizaje que sacamos de ellas
El éxito, o el intento de alcanzarlo, condiciona cada una de las decisiones que tomamos desde que somos pequeños. Nos han hecho creer que para sentirnos satisfechos debemos alcanzarlo, como si hubiese un manual que explicase paso a paso cómo lograrlo, o mejor aún, qué es. Porque el éxito no tiene una definición universal, y muchos cometen el error de perseguirlo sin haberse parado antes a pensar en qué significa para ellos esta palabra que está en todas partes pero que siempre parece estar demasiado lejos.Un artista que reflexionó sobre este concepto fue David Bowie. El músico británico dejó una frase que sigue haciéndonos reflexionar años después: «No hay nada que aprender del éxito». Esta reflexión nos invita a pensar en el proceso o el camino hacia el éxito y no en los logros en sí. Esta cita, que en principio parece contradictoria, busca hacernos entender que los logros no son los que nos hacen aprender, sino las preguntas que nos hacemos cuando algo no sale como esperábamos.La importancia del aprendizajeBowie quiso reflejar con esta frase que, cuando triunfamos, rara vez nos paramos a pensar qué nos ha llevado hasta ahí. Sin embargo, cuando fracasamos, repetimos paso a paso el camino que nos ha hecho perder. El fracaso sí nos enfrenta a nuestras decisiones. Nos obliga a detenernos, entender qué no ha funcionado y buscar nuevas formas de avanzar.Es en esos momentos de incertidumbre cuando aparecen las mayores lecciones, porque el error exige reflexión, mientras que el éxito muchas veces solo nos invita a continuar.¿Qué es el éxito?Las palabras de Bowie también plantean otra cuestión: ¿Qué entendemos realmente por éxito? Para algunos será alcanzar reconocimiento o estabilidad económica; para otros, disponer de tiempo, vivir con tranquilidad o dedicarse a aquello que les apasiona.Quizá la mayor reflexión que deja esta frase sea que pasamos gran parte de nuestra vida persiguiendo una palabra que pocas veces nos detenemos a definir. Hablamos constantemente del éxito como si todos compartiéramos el mismo objetivo, cuando en realidad cada persona tiene una idea distinta de lo que significa.La trampa de compararseEn una época en la que compartimos constantemente nuestros logros, resulta fácil caer en la comparación. El problema es que solemos medir nuestro éxito con la vara de los demás, olvidando que cada persona parte de circunstancias, objetivos y prioridades diferentes. Comparar caminos distintos rara vez ofrece una respuesta justa.
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