Existen comportamientos políticos que bien podrían considerarse como violencia política. Es el caso de la forma en que Sánchez y su Gobierno tienen de ejercer el poder. Un ejemplo muy claro es el que hemos presenciado con las críticas al juez Peinado por su decisión de dictar un auto de procesamiento a la mujer del presidente del Gobierno bajo la supervisión de la Audiencia Provincial de Madrid.. Esas críticas furibundas de todo el Gobierno en tromba, además de ser un atentado gravísimo a la separación de poderes, es un ejercicio de violencia política tan extremo que no tiene parangón en nuestra reciente democracia. Como también lo son las intervenciones de Pedro Sánchez y sus ministros en el Parlamento cuando son interpelados por la oposición y no responden a ninguna de las preguntas que se les formulan. Y lo peor es que es el Gobierno quien interpela a los demás parlamentarios haciendo oposición a la oposición. Algo realmente inaudito en democracia. El Ejecutivo todavía no se ha enterado de que su verdadera función es gobernar, no hacer oposición, y cuando está en el Parlamento lo que tiene que hacer es discutir las ideas de unos y de otros y resolver los conflictos mediante el debate racional. Decía Popper “prefiero que discutamos las ideas y no que nos matemos por ellas”. Cuando Sánchez es preguntado por alguien de la oposición sobre alguna cuestión relevante de su acción política, se acoge al “y tú más”, “facha”, “ultraderecha”. No realiza ninguna argumentación, no da ningún razonamiento y la sociedad se encrespa porque provoca violencia política.. Los desacuerdos en política se resuelven con argumentos. En los gobiernos racionales la pelea debe darse mediante el debate. Los desacuerdos deben refutarse con argumentos. El progreso se alcanza mediante la discusión libre, no con la imposición, que es los que hace Sánchez con el uso abusivo de los decretos ley. Ya lo dijo Habermas, “el diálogo debe producirse libre de coerción”, coerción que el ejecutivo ejerce, por ejemplo, sobre ciertos medios de comunicación a los que llama fake y bulos por publicar informaciones que no son de su agrado. Y es que por encima de todo está la verdad (Stuart Mill dixit).. Voy a tratar de hacer un paralelismo entre el terrorismo de ETA y el terrorismo moral que está ejerciendo el gobierno de Sánchez a todos los ciudadanos españoles, que también fueron los que sufrieron el terrorismo asesino de ETA.. Entre las muchas acepciones que tiene la palabra democracia, fundamentalmente la del gobierno del pueblo, existe otra menos comentada, y es la democracia entendida como ética prescriptiva, es decir como un modo de convivir en sociedad, una convivencia que tiene que garantizar, desde una perspectiva ética política, la propiciación del progreso de la economía, la cultura, la educación, etc., que asegure la más alta calidad de vida posible a un mayor número de ciudadanos.. Una de las principales virtudes de la que debe hacer gala un representante político, y no digamos un presidente de gobierno, es dirigirse rectamente, tener una conducta moralmente virtuosa que le permita gobernar con acierto, que no sólo ejerza legalmente el poder, sino que también lo haga legítimamente. Pero Sánchez ha perdido la legitimidad por, al menos tres razones principales: Primera, por mentir sistemáticamente, no olvidemos la famosa frase: “cuántas veces quiere que se lo repita, no gobernaré con Podemos” o aquello de que la amnistía era anticonstitucional. Otra gran mentira es la de que no indultaría a los líderes del Procés, y al poco tiempo los indultó. Y varias decenas de mentiras más. Sánchez y su Gobierno están instalados constantemente en la posverdad, en el relato político basado en la mentira sin reparar en ocultarla, disfrazarla o disimularla, mienten descaradamente con indolencia. Ese uso continuo de la posverdad produce una anestesia moral de la ciudadanía. El Gobierno busca conscientemente que se borre la distinción entre verdad y ficción, empobreciendo el debate político hasta convertirlo en una disputa sobre irrealidades y no sobre proyectos políticos.. La segunda, utilizar las instituciones como un instrumento a su favor: la Fiscalía del estado, RTVE, Abogacía del Estado, etc. Y la última: utilizar las leyes para protegerse y perpetuarse en el poder, aquí podríamos incluir la pretendida reforma del poder judicial y la llamada ley Begoña, que, afortunadamente aún no han cristalizado.. Otros aspectos que ahondan en lo que llamo terrorismo moral ejercido por el gobierno sanchista, es que existen unas reglas moralmente elementales que todo gobernante democrático debe respetar y que cualquier manual de deontología política recoge: la separación de poderes. Es evidente que Pedro Sánchez está muy lejos de cumplir esta premisa cuando continuamente está criticando ferozmente a los jueces que están juzgando a las personas de su entorno más cercano, (su mujer y su hermano), además de las de su gobierno y de su partido. Otra regla moral que Sánchez obvia es la asunción de límites, no cruzar ciertas líneas rojas: aquí entran las continuas dádivas ofertadas a los independentistas para poder seguir gobernando, o el cambio de postura sobre el Sahara, algo que atenta con la tradicional postura del Estado español al respecto; la liberación de etarras sin haber cumplido las penas a las que habían sido sentenciados ni haber mostrado arrepentimiento, decisiones que no ha explicado en sede parlamentaria, y por lo tanto, lo ha llevado a cabo de manera opaca; el uso y abuso del decreto ley y gobernar a espaldas del Parlamento, así como pactar con Bildu, herederos de la sanguinaria ETA. Por último, que se resiste a someterse a la ley cuando le perjudica.. Voy a poner algunos ejemplos más del terrorismo moral de estado que ejerce el presidente del gobierno y el resto de su gabinete que actúa como colaboracionista. La sociedad está perdiendo referentes fundamentales: la justicia como principio, el pluralismo como valor, la controversia razonada como método y la responsabilidad como deber, dejando a la democracia sin sus fundamentos éticos. Y esto es así, entre otras cosas, porque el Parlamento ha dejado de ser un espacio común y si los políticos no logran restablecer el diálogo sereno, constructivo, corremos el riesgo de que desaparezca la democracia (Martínez-Bascuñan dixit). Hay que restaurar la pluralidad porque no se trata de coexistir, sino de convivir. Adela Cortina comenta: “Quien tiene el poder suficiente se permite el lujo de mentir, además de dañar”. Esta banalización de la mentira, como algo que no tuviese importancia, es un paso más hacia la autocracia.. En Ciencia Política se suele considerar lícito llevar a cabo un mal menor si con ello se evita un mal mayor. Bajo este prisma cabe preguntarse si la amnistía concedida a los lideres del Procés, Sánchez la considera un mal menor, siendo el mal mayor evitar que la derecha llegue al poder al conseguir él los votos de los independentistas necesarios para gobernar.. Esa es la lógica de nuestro autócrata presidente: quiere evitar la alternancia política cuando ésta es uno de los requisitos indispensables de una sana democracia. Pero, además, la amnistía de Pedro Sánchez echa por tierra la teoría de la ética clásica que defiende el valor ético «per se» de cada acción. Pero nos encontramos ante una persona que es simplemente un oportunista, un amoral, carente de valores y principios que actúa por puro pragmatismo para perpetuarse en el poder. Voy a transcribir, porque viene a cuento, un párrafo de Ana Morilla, experta en integridad pública: “Una buena refutación de las teorías del mal menor podemos encontrarlas en Baltasar Gracián cuando dice que nunca abras la puerta a un mal menor porque otros males mayores invariablemente se filtran tras él”. Recordemos las peticiones a las que ha tenido que claudicar el presidente del Ejecutivo ante los independentista: indultos a sus líderes, eliminación del delito de sedición,. condonación de miles de millones de la deuda catalana, etc. Y continua Morilla: “Es Hanna Arendt quien más nos interpela sobre esas desviaciones de la justicia cuando dice que el exterminio de los judíos fue precedido de una serie muy gradual de medidas cada una de las cuales fue aceptada como mal menor”. Este tipo de desviaciones de la conducta inmoral propias de Sánchez carecen de integridad y de ética. La política sin ética sólo es un sistema para perpetuarse en el poder (Morilla dixit).. Los autócratas son una mezcla de comunistas, demagogos, populistas…, es decir una amalgama cuya principal inspiración no es la ideología, son la ideas comunes que tienen sobre los negocios merced a los cuales se compran o alquilan los votos a cambio de dádivas multimillonarias que pagamos todos los españoles. Es decir, que a Sánchez le sale gratis dormir en la Moncloa, una residencia como si de un Airbnb se tratase, cuyos dueños son los avaros independentistas. Y esta disparidad de insensibilidades hacen de un gobierno como el de Sánchez, ineficaz, inepto e incompetente. Incapaz de resolver los problemas de los ciudadanos, como el deterioro del transporte por ferrocarril, que ha llegado hasta el extremo de provocar la muerte de 46 personas, el desgaste de las carreteras que provocan accidentes a diario, el problema de la vivienda, el nulo mantenimiento de los embalses y un largo etc. Por no hablar de la incapacidad de sacar adelante leyes en el Parlamento por sus exiguos y frágiles apoyos.. Junto a la autocracia, el populismo se erige como otro de los rasgos distintivos del sanchismo. Un populismo que busca enfrentar a los ciudadanos con unas supuestas élites económicas, cuando él forma parte de esa élite que antes de ser presidente vivió de los negocios turbios de los prostíbulos que regentaba su suegro.. Un rasgo especialmente sangrante del populismo del presidente del ejecutivo no es sólo el intento de dividir políticamente a la sociedad, sino que pretende presentar falazmente a los adversarios políticos, y a determinados medios de comunicación, como una amenaza a la democracia, en lugar de simplemente contendientes políticos e informadores de la realidad.. Siguiendo con Hanna Arendt y a propósito del pluralismo político, que Sánchez desprecia, dice que si se anula el pluralismo se anula la reflexión crítica, lo que conlleva a una debilitación de la democracia y, por ende, al auge del totalitarismo, (este término lo cambiamos, de momento, por autocracia). El jefe del gobierno busca únicamente controlar la política, ejerciéndola exclusivamente para sus allegados y aliados. Este tipo de actitudes políticas es lo que lleva a la mayoría de los ciudadanos a recelar y despreciar a esta clase de políticos y a las instituciones que representan (Arendt dixit).. Applebaum, historiadora y escritora experta en autoritarismos y populismos, habla en sus libros de que las democracias pueden deteriorarse gradualmente si las instituciones se debilitan y la sociedad se polariza. Que es justo lo que está haciendo Sánchez. Está debilitando instituciones como el Tribunal Constitucional, RTVE, el Banco de España, medios de comunicación, Fiscalía del Estado y un largo etc. También creando tecnologías de vigilancia como la plataforma Hocio.. Applebaum piensa que los autoritarismos, que las autocracias modernas rara vez se materializan a través de un golpe de estado, sino que aparecen gradualmente por las siguientes concurrencias: debilitando las instituciones, desacreditando a la prensa, polarizando a la sociedad y concentrando poder ejecutivo. Pareciera que Sánchez o más bien sus cientos de asesores, estén usando como manual los libros de Anne Applebaum.. Moisés Egido es periodista
El Ejecutivo todavía no se ha enterado de que su verdadera función es gobernar, no hacer oposición
Existen comportamientos políticos que bien podrían considerarse como violencia política. Es el caso de la forma en que Sánchez y su Gobierno tienen de ejercer el poder. Un ejemplo muy claro es el que hemos presenciado con las críticas al juez Peinado por su decisión de dictar un auto de procesamiento a la mujer del presidente del Gobierno bajo la supervisión de la Audiencia Provincial de Madrid.. Esas críticas furibundas de todo el Gobierno en tromba, además de ser un atentado gravísimo a la separación de poderes, es un ejercicio de violencia política tan extremo que no tiene parangón en nuestra reciente democracia. Como también lo son las intervenciones de Pedro Sánchez y sus ministros en el Parlamento cuando son interpelados por la oposición y no responden a ninguna de las preguntas que se les formulan. Y lo peor es que es el Gobierno quien interpela a los demás parlamentarios haciendo oposición a la oposición. Algo realmente inaudito en democracia. El Ejecutivo todavía no se ha enterado de que su verdadera función es gobernar, no hacer oposición, y cuando está en el Parlamento lo que tiene que hacer es discutir las ideas de unos y de otros y resolver los conflictos mediante el debate racional. Decía Popper “prefiero que discutamos las ideas y no que nos matemos por ellas”. Cuando Sánchez es preguntado por alguien de la oposición sobre alguna cuestión relevante de su acción política, se acoge al “y tú más”, “facha”, “ultraderecha”. No realiza ninguna argumentación, no da ningún razonamiento y la sociedad se encrespa porque provoca violencia política.. Los desacuerdos en política se resuelven con argumentos. En los gobiernos racionales la pelea debe darse mediante el debate. Los desacuerdos deben refutarse con argumentos. El progreso se alcanza mediante la discusión libre, no con la imposición, que es los que hace Sánchez con el uso abusivo de los decretos ley. Ya lo dijo Habermas, “el diálogo debe producirse libre de coerción”, coerción que el ejecutivo ejerce, por ejemplo, sobre ciertos medios de comunicación a los que llama fake y bulos por publicar informaciones que no son de su agrado. Y es que por encima de todo está la verdad (Stuart Mill dixit).. Voy a tratar de hacer un paralelismo entre el terrorismo de ETA y el terrorismo moral que está ejerciendo el gobierno de Sánchez a todos los ciudadanos españoles, que también fueron los que sufrieron el terrorismo asesino de ETA.. Entre las muchas acepciones que tiene la palabra democracia, fundamentalmente la del gobierno del pueblo, existe otra menos comentada, y es la democracia entendida como ética prescriptiva, es decir como un modo de convivir en sociedad, una convivencia que tiene que garantizar, desde una perspectiva ética política, la propiciación del progreso de la economía, la cultura, la educación, etc., que asegure la más alta calidad de vida posible a un mayor número de ciudadanos.. Una de las principales virtudes de la que debe hacer gala un representante político, y no digamos un presidente de gobierno, es dirigirse rectamente, tener una conducta moralmente virtuosa que le permita gobernar con acierto, que no sólo ejerza legalmente el poder, sino que también lo haga legítimamente. Pero Sánchez ha perdido la legitimidad por, al menos tres razones principales: Primera, por mentir sistemáticamente, no olvidemos la famosa frase: “cuántas veces quiere que se lo repita, no gobernaré con Podemos” o aquello de que la amnistía era anticonstitucional. Otra gran mentira es la de que no indultaría a los líderes del Procés, y al poco tiempo los indultó. Y varias decenas de mentiras más. Sánchez y su Gobierno están instalados constantemente en la posverdad, en el relato político basado en la mentira sin reparar en ocultarla, disfrazarla o disimularla, mienten descaradamente con indolencia. Ese uso continuo de la posverdad produce una anestesia moral de la ciudadanía. El Gobierno busca conscientemente que se borre la distinción entre verdad y ficción, empobreciendo el debate político hasta convertirlo en una disputa sobre irrealidades y no sobre proyectos políticos.. La segunda, utilizar las instituciones como un instrumento a su favor: la Fiscalía del estado, RTVE, Abogacía del Estado, etc. Y la última: utilizar las leyes para protegerse y perpetuarse en el poder, aquí podríamos incluir la pretendida reforma del poder judicial y la llamada ley Begoña, que, afortunadamente aún no han cristalizado.. Otros aspectos que ahondan en lo que llamo terrorismo moral ejercido por el gobierno sanchista, es que existen unas reglas moralmente elementales que todo gobernante democrático debe respetar y que cualquier manual de deontología política recoge: la separación de poderes. Es evidente que Pedro Sánchez está muy lejos de cumplir esta premisa cuando continuamente está criticando ferozmente a los jueces que están juzgando a las personas de su entorno más cercano, (su mujer y su hermano), además de las de su gobierno y de su partido. Otra regla moral que Sánchez obvia es la asunción de límites, no cruzar ciertas líneas rojas: aquí entran las continuas dádivas ofertadas a los independentistas para poder seguir gobernando, o el cambio de postura sobre el Sahara, algo que atenta con la tradicional postura del Estado español al respecto; la liberación de etarras sin haber cumplido las penas a las que habían sido sentenciados ni haber mostrado arrepentimiento, decisiones que no ha explicado en sede parlamentaria, y por lo tanto, lo ha llevado a cabo de manera opaca; el uso y abuso del decreto ley y gobernar a espaldas del Parlamento, así como pactar con Bildu, herederos de la sanguinaria ETA. Por último, que se resiste a someterse a la ley cuando le perjudica.. Voy a poner algunos ejemplos más del terrorismo moral de estado que ejerce el presidente del gobierno y el resto de su gabinete que actúa como colaboracionista. La sociedad está perdiendo referentes fundamentales: la justicia como principio, el pluralismo como valor, la controversia razonada como método y la responsabilidad como deber, dejando a la democracia sin sus fundamentos éticos. Y esto es así, entre otras cosas, porque el Parlamento ha dejado de ser un espacio común y si los políticos no logran restablecer el diálogo sereno, constructivo, corremos el riesgo de que desaparezca la democracia (Martínez-Bascuñan dixit). Hay que restaurar la pluralidad porque no se trata de coexistir, sino de convivir. Adela Cortina comenta: “Quien tiene el poder suficiente se permite el lujo de mentir, además de dañar”. Esta banalización de la mentira, como algo que no tuviese importancia, es un paso más hacia la autocracia.. En Ciencia Política se suele considerar lícito llevar a cabo un mal menor si con ello se evita un mal mayor. Bajo este prisma cabe preguntarse si la amnistía concedida a los lideres del Procés, Sánchez la considera un mal menor, siendo el mal mayor evitar que la derecha llegue al poder al conseguir él los votos de los independentistas necesarios para gobernar.. Esa es la lógica de nuestro autócrata presidente: quiere evitar la alternancia política cuando ésta es uno de los requisitos indispensables de una sana democracia. Pero, además, la amnistía de Pedro Sánchez echa por tierra la teoría de la ética clásica que defiende el valor ético «per se» de cada acción. Pero nos encontramos ante una persona que es simplemente un oportunista, un amoral, carente de valores y principios que actúa por puro pragmatismo para perpetuarse en el poder. Voy a transcribir, porque viene a cuento, un párrafo de Ana Morilla, experta en integridad pública: “Una buena refutación de las teorías del mal menor podemos encontrarlas en Baltasar Gracián cuando dice que nunca abras la puerta a un mal menor porque otros males mayores invariablemente se filtran tras él”. Recordemos las peticiones a las que ha tenido que claudicar el presidente del Ejecutivo ante los independentista: indultos a sus líderes, eliminación del delito de sedición,. condonación de miles de millones de la deuda catalana, etc. Y continua Morilla: “Es Hanna Arendt quien más nos interpela sobre esas desviaciones de la justicia cuando dice que el exterminio de los judíos fue precedido de una serie muy gradual de medidas cada una de las cuales fue aceptada como mal menor”. Este tipo de desviaciones de la conducta inmoral propias de Sánchez carecen de integridad y de ética. La política sin ética sólo es un sistema para perpetuarse en el poder (Morilla dixit).. Los autócratas son una mezcla de comunistas, demagogos, populistas…, es decir una amalgama cuya principal inspiración no es la ideología, son la ideas comunes que tienen sobre los negocios merced a los cuales se compran o alquilan los votos a cambio de dádivas multimillonarias que pagamos todos los españoles. Es decir, que a Sánchez le sale gratis dormir en la Moncloa, una residencia como si de un Airbnb se tratase, cuyos dueños son los avaros independentistas. Y esta disparidad de insensibilidades hacen de un gobierno como el de Sánchez, ineficaz, inepto e incompetente. Incapaz de resolver los problemas de los ciudadanos, como el deterioro del transporte por ferrocarril, que ha llegado hasta el extremo de provocar la muerte de 46 personas, el desgaste de las carreteras que provocan accidentes a diario, el problema de la vivienda, el nulo mantenimiento de los embalses y un largo etc. Por no hablar de la incapacidad de sacar adelante leyes en el Parlamento por sus exiguos y frágiles apoyos.. Junto a la autocracia, el populismo se erige como otro de los rasgos distintivos del sanchismo. Un populismo que busca enfrentar a los ciudadanos con unas supuestas élites económicas, cuando él forma parte de esa élite que antes de ser presidente vivió de los negocios turbios de los prostíbulos que regentaba su suegro.. Un rasgo especialmente sangrante del populismo del presidente del ejecutivo no es sólo el intento de dividir políticamente a la sociedad, sino que pretende presentar falazmente a los adversarios políticos, y a determinados medios de comunicación, como una amenaza a la democracia, en lugar de simplemente contendientes políticos e informadores de la realidad.. Siguiendo con Hanna Arendt y a propósito del pluralismo político, que Sánchez desprecia, dice que si se anula el pluralismo se anula la reflexión crítica, lo que conlleva a una debilitación de la democracia y, por ende, al auge del totalitarismo, (este término lo cambiamos, de momento, por autocracia). El jefe del gobierno busca únicamente controlar la política, ejerciéndola exclusivamente para sus allegados y aliados. Este tipo de actitudes políticas es lo que lleva a la mayoría de los ciudadanos a recelar y despreciar a esta clase de políticos y a las instituciones que representan (Arendt dixit).. Applebaum, historiadora y escritora experta en autoritarismos y populismos, habla en sus libros de que las democracias pueden deteriorarse gradualmente si las instituciones se debilitan y la sociedad se polariza. Que es justo lo que está haciendo Sánchez. Está debilitando instituciones como el Tribunal Constitucional, RTVE, el Banco de España, medios de comunicación, Fiscalía del Estado y un largo etc. También creando tecnologías de vigilancia como la plataforma Hocio.. Applebaum piensa que los autoritarismos, que las autocracias modernas rara vez se materializan a través de un golpe de estado, sino que aparecen gradualmente por las siguientes concurrencias: debilitando las instituciones, desacreditando a la prensa, polarizando a la sociedad y concentrando poder ejecutivo. Pareciera que Sánchez o más bien sus cientos de asesores, estén usando como manual los libros de Anne Applebaum.. Moisés Egido es periodista
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