El futuro de Keir Starmer pende de un hilo tras los desastrosos resultados electorales. Más de veinte diputados pidieron ayer públicamente la salida del primer ministro. Aunque la número dos del laborismo, Lucy Powell, considera que forzar ahora unas primarias sería una imprudencia al provocar una lucha «sangrienta» en un momento geopolítico sumamente delicado. Al cierre de esta edición, Starmer contaba aún con el respaldo del Gabinete. Los aliados respiraron aliviados al comprobar que el varapalo en las urnas —donde la formación perdió más de 1.000 escaños en las locales de Inglaterra y sufrió duras derrotas en Escocia y Gales— no desencadenó un golpe inmediato.. Sin embargo, la sensación es que, aunque Starmer ha logrado una prórroga de su sentencia política, la atención se desplazará ahora hacia el posible regreso de Andy Burnham, actual alcalde de Gran Mánchester, a Westminster y hacia lo que sus partidarios esperan que sea una transición suave hacia un nuevo líder, más popular y capaz de reunificar al partido.. En definitiva, Starmer sobrevive aún en Downing Street. Pero ni siquiera sus aliados más leales consideran que vaya a liderar a la formación en las próximas generales previstas para 2029. Todo apunta a que, como ocurrió en su día con Tony Blair, las filas forzarán un calendario para ejecutar un relevo ordenado, idealmente una vez que remita la crisis con Irán.. Los partidarios de Burnham no tienen interés en una batalla interna ahora mismo —el alcalde no es diputado y, por tanto, no puede presentarse a primarias—, y contemplan la posibilidad de que regrese a Westminster en los próximos meses a través de una elección parcial. Por su parte, otros posibles rivales, entre ellos Angela Rayner, ex viceprimera ministra, y Wes Streeting, ministro de Sanidad, parece que también han detenido cualquier intento de moción de confianza. Pero el ambiente que se respira en la formación es de rara calma antes de la tormenta.. Veteranos diputados como Clive Betts y Debbie Abrahams se han sumado a las voces que reclaman que Starmer fije un calendario para su salida. «Creo que es cuestión de meses», dijo Abrahams. «Hace falta un cambio profundo, no solo en nuestra comunicación, sino también en la cultura de nuestro partido», apuntó.. En un intento de calmar los ánimos, Starmer trató ayer de mostrar que tiene un nuevo plan para construir —en palabras de Downing Street— «un Reino Unido más fuerte y más justo». El lunes se espera que reafirme su apuesta por estrechar la relación con la Unión Europea y por reforzar la ayuda a los jóvenes en busca de empleo.. El primer ministro anunció además que ampliará su equipo incorporando figuras de peso, entre ellas, el ex primer ministro Gordon Brown como «enviado global para asuntos financieros». También nombró a la baronesa Harriet Harman, ex número dos del Laborismo, como asesora para asuntos de mujeres y niñas, dentro de una estrategia para erradicar lo que Downing Street calificó como «misoginia estructural».. Sin embargo, Starmer insistió en que no cambiará su rumbo político para frenar el avance de los Verdes por la izquierda o de Reform UK por la derecha. «Debemos responder al mensaje que nos han enviado los votantes, pero eso no significa girar a la derecha o a la izquierda», escribió en The Guardian. «Significa unir un amplio movimiento político, reafirmar nuestros valores, ser audaces en nuestra visión y responder a las demandas de la gente. Unir, en lugar de dividir».
El futuro de Keir Starmer pende de un hilo tras los desastrosos resultados electorales. Más de veinte diputados pidieron ayer públicamente la salida del primer ministro. Aunque la número dos del laborismo, Lucy Powell, considera que forzar ahora unas primarias sería una imprudencia al provocar una lucha «sangrienta» en un momento geopolítico sumamente delicado. Al cierre de esta edición, Starmer contaba aún con el respaldo del Gabinete. Los aliados respiraron aliviados al comprobar que el varapalo en las urnas —donde la formación perdió más de 1.000 escaños en las locales de Inglaterra y sufrió duras derrotas en Escocia y Gales— no desencadenó un golpe inmediato.. Sin embargo, la sensación es que, aunque Starmer ha logrado una prórroga de su sentencia política, la atención se desplazará ahora hacia el posible regreso de Andy Burnham, actual alcalde de Gran Mánchester, a Westminster y hacia lo que sus partidarios esperan que sea una transición suave hacia un nuevo líder, más popular y capaz de reunificar al partido.. En definitiva, Starmer sobrevive aún en Downing Street. Pero ni siquiera sus aliados más leales consideran que vaya a liderar a la formación en las próximas generales previstas para 2029. Todo apunta a que, como ocurrió en su día con Tony Blair, las filas forzarán un calendario para ejecutar un relevo ordenado, idealmente una vez que remita la crisis con Irán.. Los partidarios de Burnham no tienen interés en una batalla interna ahora mismo —el alcalde no es diputado y, por tanto, no puede presentarse a primarias—, y contemplan la posibilidad de que regrese a Westminster en los próximos meses a través de una elección parcial. Por su parte, otros posibles rivales, entre ellos Angela Rayner, ex viceprimera ministra, y Wes Streeting, ministro de Sanidad, parece que también han detenido cualquier intento de moción de confianza. Pero el ambiente que se respira en la formación es de rara calma antes de la tormenta.. Veteranos diputados como Clive Betts y Debbie Abrahams se han sumado a las voces que reclaman que Starmer fije un calendario para su salida. «Creo que es cuestión de meses», dijo Abrahams. «Hace falta un cambio profundo, no solo en nuestra comunicación, sino también en la cultura de nuestro partido», apuntó.. En un intento de calmar los ánimos, Starmer trató ayer de mostrar que tiene un nuevo plan para construir —en palabras de Downing Street— «un Reino Unido más fuerte y más justo». El lunes se espera que reafirme su apuesta por estrechar la relación con la Unión Europea y por reforzar la ayuda a los jóvenes en busca de empleo.. El primer ministro anunció además que ampliará su equipo incorporando figuras de peso, entre ellas, el ex primer ministro Gordon Brown como «enviado global para asuntos financieros». También nombró a la baronesa Harriet Harman, ex número dos del Laborismo, como asesora para asuntos de mujeres y niñas, dentro de una estrategia para erradicar lo que Downing Street calificó como «misoginia estructural».. Sin embargo, Starmer insistió en que no cambiará su rumbo político para frenar el avance de los Verdes por la izquierda o de Reform UK por la derecha. «Debemos responder al mensaje que nos han enviado los votantes, pero eso no significa girar a la derecha o a la izquierda», escribió en The Guardian. «Significa unir un amplio movimiento político, reafirmar nuestros valores, ser audaces en nuestra visión y responder a las demandas de la gente. Unir, en lugar de dividir».
Más de veinte diputados piden la salida del primer ministro tras el desastre electoral, mientras el partido empieza a preparar una transición ordenada ante el desgaste de su liderazgo
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