Un movimiento sísmico ha cambiado por completo el mapa político británico. Ya no se trata tan sólo de una crisis interna en Downing Street, donde el primer ministro lucha por su supervivencia apenas dos años después de conseguir mayoría absoluta. Ni del auge de la derecha radical que ha dado por muerto al bipartidismo. Se trata del futuro del Reino Unido como país porque, por primera vez en la historia, los nacionalistas que aspiran a desmembrar la unión centenaria se han hecho de manera simultánea con el control de Escocia, Gales e Irlanda del Norte.. Las elecciones locales de Inglaterra y parlamentarias de Cardiff y Edimburgo del jueves, cuyo lento recuento electoral quedó ayer finalmente terminado, han dejado un escenario insólito y más que preocupante para un Gobierno central, cuyo dirigente, Keir Starmer, tendría los días contados tras llevar al laborismo a los peores resultados desde que empezaron los registros.. Por primera vez en más de un siglo, la formación ha perdido su hegemonía en Gales, donde Plaid Cymru logró una victoria histórica en el Parlamento, en el que la derecha radical de Nigel Farage quedó en segundo puesto, relegando a las filas de Starmer a un humillante tercer puesto.. Por su parte, en Escocia, el Partido Nacionalista Escocés (SNP) se hizo con una quinta victoria consecutiva. Aunque no logró la mayoría necesaria para presionar con un nuevo referéndum de secesión.. La ministra principal de Irlanda del Norte, Michelle O’Neill, dirigente de Sinn Féin —partido que busca la reunificación de Irlanda y que hizo historia en 2022 al ser por primera vez el más votado desde la división de la isla—, aseguró que «no puede haber una señal más clara de que el tiempo de Westminster está llegando a su fin para la gente de aquí y para la gente de Escocia y Gales».. Las cuatro naciones del Reino Unido tienen identidades propias muy marcadas y libraron guerras entre sí durante siglos antes de unirse progresivamente en una sola entidad política en 1922. Desde entonces, los lazos han atravesado tensiones recurrentes.. La ruptura entre Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte no es, ni mucho menos, inminente. Las encuestas muestran que los votantes han estado motivados por factores distintos a la independencia. Pero, sin duda alguna, el resultado hará que Reino Unido sea más difícil de gobernar, ya que abre la puerta a importantes disputas constitucionales que empujarían al Gobierno laborista de Starmer —o, si es desalojado tras las elecciones de mayo, al de su sucesor— a aguas muy turbulentas.. Analistas consultados aseguran que los tres partidos —Plaid Cymru, SNP y Sinn Féin— están negociando una alianza para plantar cara al Ejecutivo central en cuestiones como gasto público, fiscalidad, bienestar social y el regreso a la Unión Europea. Mientras tanto, Starmer probablemente tendrá que lidiar con un mayor número de autoridades locales inglesas controladas por Reform UK, abanderado de su particular versión del nacionalismo británico.. «Es muy importante entender que si nos encontramos con tres primeros ministros nacionalistas en tres de las cuatro naciones del Reino Unido, el statu quo no es sostenible», declaró Angus Robertson, ministro destacado del Gobierno escocés, a The Guardian. «Tendrá que haber un cambio radical en la forma en que el Reino Unido trata al resto de naciones que lo componen».. Tras décadas de colaboración entre Plaid Cymru y el SNP en Westminster, ministros escoceses han ayudado recientemente a preparar a Plaid para gobernar en Cardiff, compartiendo un manual de tácticas y experiencia acumulada durante sus 19 años de control en Edimburgo.. Rhun ap Iorwerth, líder de Plaid Cymru, se prepara para exigir a Starmer competencias que Gales lleva años reclamando y que Escocia ya posee, como policía y justicia transferidas, control de su lecho marino y un aumento de financiación. Aunque Plaid Cymru y el SNP discrepan en áreas clave, especialmente sobre la reforma de la fórmula Barnett, el sistema del Tesoro que financia a las naciones y regiones británicas.. El partido populista Reform UK, liderado por el veterano del Brexit Nigel Farage —que alcanzó notoriedad con una plataforma de nacionalismo inglés—, también obtuvo resultados sólidos en Inglaterra, Escocia y Gales, atrayendo a votantes con su rechazo a lo que denomina «la política del establishment». Con un electorado enfadado por una economía estancada, una prolongada crisis del coste de la vida y la percepción generalizada de que los mejores días del Reino Unido han quedado atrás, las voces antisistema están ganando terreno.. Estas perspectivas han inquietado a algunos aliados occidentales del Reino Unido. Algunos diplomáticos temen que un nuevo conflicto constitucional interno pueda debilitar aún más al Gobierno de Starmer en un momento de enorme inestabilidad global. Otros, sin embargo, son más serenos respecto a los riesgos para la estabilidad británica.. Michael Keating, profesor emérito de las universidades de University of Aberdeen y University of Edinburgh, considera que las victorias nacionalistas supondrían una prueba importante para la madurez política del Gobierno laborista, más que una amenaza inmediata para la integridad territorial del Reino Unido.
Un movimiento sísmico ha cambiado por completo el mapa político británico. Ya no se trata tan sólo de una crisis interna en Downing Street, donde el primer ministro lucha por su supervivencia apenas dos años después de conseguir mayoría absoluta. Ni del auge de la derecha radical que ha dado por muerto al bipartidismo. Se trata del futuro del Reino Unido como país porque, por primera vez en la historia, los nacionalistas que aspiran a desmembrar la unión centenaria se han hecho de manera simultánea con el control de Escocia, Gales e Irlanda del Norte.. Las elecciones locales de Inglaterra y parlamentarias de Cardiff y Edimburgo del jueves, cuyo lento recuento electoral quedó ayer finalmente terminado, han dejado un escenario insólito y más que preocupante para un Gobierno central, cuyo dirigente, Keir Starmer, tendría los días contados tras llevar al laborismo a los peores resultados desde que empezaron los registros.. Por primera vez en más de un siglo, la formación ha perdido su hegemonía en Gales, donde Plaid Cymru logró una victoria histórica en el Parlamento, en el que la derecha radical de Nigel Farage quedó en segundo puesto, relegando a las filas de Starmer a un humillante tercer puesto.. Por su parte, en Escocia, el Partido Nacionalista Escocés (SNP) se hizo con una quinta victoria consecutiva. Aunque no logró la mayoría necesaria para presionar con un nuevo referéndum de secesión.. La ministra principal de Irlanda del Norte, Michelle O’Neill, dirigente de Sinn Féin —partido que busca la reunificación de Irlanda y que hizo historia en 2022 al ser por primera vez el más votado desde la división de la isla—, aseguró que «no puede haber una señal más clara de que el tiempo de Westminster está llegando a su fin para la gente de aquí y para la gente de Escocia y Gales».. Las cuatro naciones del Reino Unido tienen identidades propias muy marcadas y libraron guerras entre sí durante siglos antes de unirse progresivamente en una sola entidad política en 1922. Desde entonces, los lazos han atravesado tensiones recurrentes.. La ruptura entre Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte no es, ni mucho menos, inminente. Las encuestas muestran que los votantes han estado motivados por factores distintos a la independencia. Pero, sin duda alguna, el resultado hará que Reino Unido sea más difícil de gobernar, ya que abre la puerta a importantes disputas constitucionales que empujarían al Gobierno laborista de Starmer —o, si es desalojado tras las elecciones de mayo, al de su sucesor— a aguas muy turbulentas.. Analistas consultados aseguran que los tres partidos —Plaid Cymru, SNP y Sinn Féin— están negociando una alianza para plantar cara al Ejecutivo central en cuestiones como gasto público, fiscalidad, bienestar social y el regreso a la Unión Europea. Mientras tanto, Starmer probablemente tendrá que lidiar con un mayor número de autoridades locales inglesas controladas por Reform UK, abanderado de su particular versión del nacionalismo británico.. «Es muy importante entender que si nos encontramos con tres primeros ministros nacionalistas en tres de las cuatro naciones del Reino Unido, el statu quo no es sostenible», declaró Angus Robertson, ministro destacado del Gobierno escocés, a The Guardian. «Tendrá que haber un cambio radical en la forma en que el Reino Unido trata al resto de naciones que lo componen».. Tras décadas de colaboración entre Plaid Cymru y el SNP en Westminster, ministros escoceses han ayudado recientemente a preparar a Plaid para gobernar en Cardiff, compartiendo un manual de tácticas y experiencia acumulada durante sus 19 años de control en Edimburgo.. Rhun ap Iorwerth, líder de Plaid Cymru, se prepara para exigir a Starmer competencias que Gales lleva años reclamando y que Escocia ya posee, como policía y justicia transferidas, control de su lecho marino y un aumento de financiación. Aunque Plaid Cymru y el SNP discrepan en áreas clave, especialmente sobre la reforma de la fórmula Barnett, el sistema del Tesoro que financia a las naciones y regiones británicas.. El partido populista Reform UK, liderado por el veterano del Brexit Nigel Farage —que alcanzó notoriedad con una plataforma de nacionalismo inglés—, también obtuvo resultados sólidos en Inglaterra, Escocia y Gales, atrayendo a votantes con su rechazo a lo que denomina «la política del establishment». Con un electorado enfadado por una economía estancada, una prolongada crisis del coste de la vida y la percepción generalizada de que los mejores días del Reino Unido han quedado atrás, las voces antisistema están ganando terreno.. Estas perspectivas han inquietado a algunos aliados occidentales del Reino Unido. Algunos diplomáticos temen que un nuevo conflicto constitucional interno pueda debilitar aún más al Gobierno de Starmer en un momento de enorme inestabilidad global. Otros, sin embargo, son más serenos respecto a los riesgos para la estabilidad británica.. Michael Keating, profesor emérito de las universidades de University of Aberdeen y University of Edinburgh, considera que las victorias nacionalistas supondrían una prueba importante para la madurez política del Gobierno laborista, más que una amenaza inmediata para la integridad territorial del Reino Unido.
Por primera vez, las fuerzas soberanistas dominan simultáneamente Escocia, Gales e Irlanda del Norte mientras el laborista Starmer lucha por sobrevivir
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