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  Cultura  Sílvia Pérez Cruz: «Se me da bien cuidar la belleza de la vulnerabilidad»
Cultura

Sílvia Pérez Cruz: «Se me da bien cuidar la belleza de la vulnerabilidad»

11 de mayo de 2026
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Sílvia Pérez Cruz(Palafrugell, Gerona, 1983), artista de la canción cuya trayectoria ha sido reconocida con numerosos galardones, entre ellos el Premio Nacional de las Músicas Actuales, concedido por el Ministerio de Cultura, presenta nuevo disco, «Oral-abisal», con el que ha emprendido una gira que ya ha tenido paradas mayúsculas: el Teatro Real de Madrid, el Gran Teatro del Liceo de Barcelona y el Olympia de París. Ya tiene cerradas, por el momento, cerca de 20 fechas por España, muchas de ellas con todo vendido, y después viajará a América (México, Colombia, Chile, Argentina).. Le pregunto el porqué de ese título dual y su respuesta evidencia que la hondura de su obra es el reflejo exacto de su modo de concebir la existencia: «Hubo un tiempo en el que dudaba de si serían dos discos –explica–. Ha sido una búsqueda de tres años. Trabajaba dos texturas, una que tenía más que ver con lo que ya es más conocido para mí, un canto más luminoso, más popular, y luego la parte abisal era ir a buscar otras profundidades, otras sonoridades y texturas, aquí dentro –se toca el pecho– y atravesándome. Para mí, “Abisal” tiene esa parte sin norte ni sur ni este ni oeste. Pero yo soy lo oral y lo abisal porque me interesan mucho las dos cosas, la búsqueda, el perder el eje, el sentir ese abismo, y luego el volver a casa: a la sopa de tu madre, al abrazo de tu amigo, a la canción que ya conoces. Esta ida y vuelta constante en la vida de uno me parece algo muy hermoso».. «Querer llegar a una perfección es muy peligroso, porque no existe». Sílvia Pérez Cruz. Sílvia es hija de músico y de poeta, ¿se puede concebir en su caso la música desgajándola de la poesía o es imposible? «Ha habido una evolución en eso –afirma–. Al principio yo estaba loca con la música; no me importaban las palabras porque la música lo contaba todo, pues tiene la capacidad de contar lo innombrable. Pero a los 20 o 21 años estaba en Barcelona y empecé a trabajar también con el teatro y a sentir el gusto y la belleza de la palabra. Es verdad que mi madre tiene una relación con la belleza de las palabras que me ha marcado mucho. Bueno, su relación con el arte en general me ha marcado profundamente. La poesía y la música me parecen dos terrenos en los que puedes llegar adonde quieras, porque estás en lo más abstracto y, de repente, con una palabra puedes llegar a un sitio muy concreto. Hay que tener responsabilidad porque son dos armas muy potentes. A la poesía le tengo mucho respeto; me ha inspirado mucho y la he ido amando con el tiempo. Y la primera vez que escribí fue para hablar de la muerte de mi padre. Pensé que la forma no la tendría, pero la verdad la tenía toda, y por eso me atreví».. Una obra extensa. Posee Sílvia una discografía muy extensa, tanto la propia como las colaboraciones con otros artistas, y, además, una vinculación especial con el mundo del cine (tres premios Goya en su haber) y el del teatro, así como con espectáculos de danza. ¿Todas esas trochas son tan importantes como la carretera principal, la obra con su solo nombre, en la medida en que todo lo que uno hace alimenta? «Todo lo que uno hace alimenta, claro. Mi carrera musical la separo entre la que es de intérprete, como cuando me junto con otro músico, que es animalidad pura, no hay pensamiento, es la creación de la interpretación, y luego la de mi imaginario, como este último disco, en el que estoy expresando mis sentimientos, un concepto artístico, musical, visual. A mí me enseñaron a disfrutar de un cuadro, de una persona, de un paisaje, de una canción…, a ver la belleza que comparten. Son lenguajes diferentes, pero buscan expresar una misma belleza. Y en momentos en los que no puedo expresarme más cantando, me va muy bien trabajar con el cine, la danza o el teatro porque te llevan a lo esencial».. Sílvia se formó musicalmente en el conservatorio. Muchos músicos que han pasado por esa institución reniegan del grado de exigencia que allí se da y señalan que los niños no tienen la capacidad para soportar esa severidad que los profesores practican en busca de la excelencia: «No me gusta la superioridad que da la escuela ni tampoco que se piense que eso es malo –señala–. Si hay que elegir entre técnica y emoción, elijo emoción. Pero si puedes usar las dos… En la música clásica y en el ballet se trabaja mucho la forma y eso, a veces, te hace un poco esclavo. Querer llegar a una perfección es muy peligroso, porque no existe. Es que yo no veo el error. En el grupo, con los músicos, lo hablamos mucho y les digo: “No existe el error”. Me puedo equivocar, pero no pasa nada».. «Me alegró mucho lo que hizo Bad Bunny en la Super Bowl. Pensé: “¡Qué valiente!”». Sílvia Pérez Cruz. En el plano musical son ya muchos años los que llevamos bajo la tiranía de la latinidad, es decir, del rap, el trap, el reguetón. ¿Cómo asiste a eso quien, como ella, cultiva una música de raíz? «Hace un tiempo había muchas cosas que me incomodaban –reconoce–. No tanto por un estilo en concreto, sino por superficies de plástico: me parecía que todo el mundo se podía inventar un personaje sin tener nada dentro. Pero luego pensé que el arte es libertad y me es muy difícil ya juzgar lo que hace uno u otro. Es más, viajas y cambian las cosas. Te vas a Puerto Rico y la manera en que ellos viven el reguetón no tiene nada que ver con cómo lo vivimos aquí. En vez de vivir en un enfado, creo que esa diferencia es hermosa y que lo que uno tiene que hacer es cuidar lo que hace y ser honesto con ello. Yo entiendo que a mí lo que se me da bien es cuidar la belleza de la vulnerabilidad; es lo que me sirve y lo que quiero y lo que me hace estar en paz». De ahí pasamos a hablar de Residente, a quien tan bien conoce («es muy generoso y tiene un uso de las palabras que todo el mundo puede entender, me encanta su poesía»), pero también de Bad Bunny y de su hermoso pulso a Trump en la Super Bowl, donde hizo un audaz elogio de lo español: «Me alegró mucho lo que hizo Bad Bunny en la Super Bowl. Pensé: “¡Qué valiente!”. Porque no era fácil y era muy necesario. Y también volverle el significado a la palabra América y citar a todos los países, porque mucha gente se piensa que América solo son los Estados Unidos. Fue un volver a dibujar el mapa de una manera muy elegante, sin atacar. Lo que hizo fue muy importante y me emocioné. Pensé: “Muy bien, Benito”, ja, ja, ja».. Cantarle al mar es desahogarse. Por Javier Menéndez Flores. Niego los contornos y cualquier frontera que me salga al paso porque soy enteramente agua. Y digo no al hielo y al aliento inconmovible de sus secuaces porque desde que me levanto hasta que me acuesto soy fuego. Y si con tanta facilidad me suelto de todo y de todos y me dejo arrastrar por las sacudidas de la emoción es porque soy una hija indócil del aire. Ahí, en esas coordenadas, podrá encontrarme quien quiera dar conmigo. Y me sumerjo en toda canción, del género que sea, para extraer de ella cada gota de sangre y también la alegría salvaje de quien la inventó. Porque en el ejercicio de la creación, aun en aquel que procede del dolor más intenso, brota igual que un géiser una dicha que lo empapa todo.. Hay artistas que no pueden ser descifrados ni explicados, y de ahí este atrio. En Sílvia confluyen la voz desmelenada de la calle, el canto popular que abrasa y llena de euforia y resiste la voracidad del tiempo, y esos sentimientos que articula el poeta desde un mirador en donde la belleza nítida y la brutalidad extrema libran una batalla sin final. Y le ocurre a veces que le vienen a la cabeza letras enteras y las vuelca en el papel a toda prisa, como si un ser invisible se las estuviera dictando al oído y temiese olvidarlas. Y eso le hace pensar que el artista no es más que un traductor aplicado y que si tiene las antenas alerta le llegará el regalo supremo de la inspiración.. Hay algo en aquello que escribió William Carlos Williams y tú cantaste –«Aterrados / buscan una flor familiar donde guarecerse / y les asusta la inmensidad del campo»– que si no es la definición exacta del artista de veras, Sílvia, se le parece muchísimo. De quienes ansían más de lo que la existencia les ofrece, un refugio en los intestinos de la vastedad terrible. Y qué poco cuesta encontrar rasgos de uno mismo en la «Elegía a Ramón Sijé» («… y besarte la noble calavera / y desamordazarte y regresarte») y en el «Pequeño vals vienés» («En Viena bailaré contigo / con un disfraz que tenga / cabeza de río»). Qué torres altísimas esas, qué alarde de la esgrima de la palabra.. Has cantado en las tabernas y en los palacios y concitas la animalidad y la academia. Y en la plaza Nova de Palafrugell, con sus edificios modernistas y su olor a bullicio, saludabas a los tenderos con el saxo en la mano, de camino a la escuela, con esa sonrisa que aún no te ha abandonado. Y en el Ampurdán todos los árboles tienen nombre y apellidos y qué fácil es tutearse con ellos mientras la tramontana susurra su afiladísima canción. Y sabes bien que no es lo mismo pasear frente al mar en invierno que en el ecuador del verano, pero cantarle a esa mole, en la estación que sea, siempre es desahogarse. Aunque a veces solo hay que guardar silencio y entrar en él como un pez y, con los ojos cerrados, reunirte de nuevo con Càstor, que decidió mudarse allí.. Tienes la autoridad suficiente como para sentenciar que en el flamenco el tronco de quien canta adquiere múltiples formas, mientras que en el fado, aunque comparta ese sufrir, la espalda está igual de recta que una lanza. Y ahora que empieza a anochecer, Sílvia, ve y dile a Glòria que se ponga su mejor traje, que vais a mirar el paisaje y a sentir el abrazo de los pinos y quizá os subáis juntas a la ola más alta.

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La prestigiosa artista catalana estrena disco de estudio, «Oral-abisal», con el que recorrerá España y buena parte de América Latina

  

Sílvia Pérez Cruz(Palafrugell, Gerona, 1983), artista de la canción cuya trayectoria ha sido reconocida con numerosos galardones, entre ellos el Premio Nacional de las Músicas Actuales, concedido por el Ministerio de Cultura, presenta nuevo disco, «Oral-abisal», con el que ha emprendido una gira que ya ha tenido paradas mayúsculas: el Teatro Real de Madrid, el Gran Teatro del Liceo de Barcelona y el Olympia de París. Ya tiene cerradas, por el momento, cerca de 20 fechas por España, muchas de ellas con todo vendido, y después viajará a América (México, Colombia, Chile, Argentina).. Le pregunto el porqué de ese título dual y su respuesta evidencia que la hondura de su obra es el reflejo exacto de su modo de concebir la existencia: «Hubo un tiempo en el que dudaba de si serían dos discos –explica–. Ha sido una búsqueda de tres años. Trabajaba dos texturas, una que tenía más que ver con lo que ya es más conocido para mí, un canto más luminoso, más popular, y luego la parte abisal era ir a buscar otras profundidades, otras sonoridades y texturas, aquí dentro –se toca el pecho– y atravesándome. Para mí, “Abisal” tiene esa parte sin norte ni sur ni este ni oeste. Pero yo soy lo oral y lo abisal porque me interesan mucho las dos cosas, la búsqueda, el perder el eje, el sentir ese abismo, y luego el volver a casa: a la sopa de tu madre, al abrazo de tu amigo, a la canción que ya conoces. Esta ida y vuelta constante en la vida de uno me parece algo muy hermoso».. «Querer llegar a una perfección es muy peligroso, porque no existe». Sílvia es hija de músico y de poeta, ¿se puede concebir en su caso la música desgajándola de la poesía o es imposible? «Ha habido una evolución en eso –afirma–. Al principio yo estaba loca con la música; no me importaban las palabras porque la música lo contaba todo, pues tiene la capacidad de contar lo innombrable. Pero a los 20 o 21 años estaba en Barcelona y empecé a trabajar también con el teatro y a sentir el gusto y la belleza de la palabra. Es verdad que mi madre tiene una relación con la belleza de las palabras que me ha marcado mucho. Bueno, su relación con el arte en general me ha marcado profundamente. La poesía y la música me parecen dos terrenos en los que puedes llegar adonde quieras, porque estás en lo más abstracto y, de repente, con una palabra puedes llegar a un sitio muy concreto. Hay que tener responsabilidad porque son dos armas muy potentes. A la poesía le tengo mucho respeto; me ha inspirado mucho y la he ido amando con el tiempo. Y la primera vez que escribí fue para hablar de la muerte de mi padre. Pensé que la forma no la tendría, pero la verdad la tenía toda, y por eso me atreví».. Una obra extensa. Posee Sílvia una discografía muy extensa, tanto la propia como las colaboraciones con otros artistas, y, además, una vinculación especial con el mundo del cine (tres premios Goya en su haber) y el del teatro, así como con espectáculos de danza. ¿Todas esas trochas son tan importantes como la carretera principal, la obra con su solo nombre, en la medida en que todo lo que uno hace alimenta? «Todo lo que uno hace alimenta, claro. Mi carrera musical la separo entre la que es de intérprete, como cuando me junto con otro músico, que es animalidad pura, no hay pensamiento, es la creación de la interpretación, y luego la de mi imaginario, como este último disco, en el que estoy expresando mis sentimientos, un concepto artístico, musical, visual. A mí me enseñaron a disfrutar de un cuadro, de una persona, de un paisaje, de una canción…, a ver la belleza que comparten. Son lenguajes diferentes, pero buscan expresar una misma belleza. Y en momentos en los que no puedo expresarme más cantando, me va muy bien trabajar con el cine, la danza o el teatro porque te llevan a lo esencial».. Sílvia se formó musicalmente en el conservatorio. Muchos músicos que han pasado por esa institución reniegan del grado de exigencia que allí se da y señalan que los niños no tienen la capacidad para soportar esa severidad que los profesores practican en busca de la excelencia: «No me gusta la superioridad que da la escuela ni tampoco que se piense que eso es malo –señala–. Si hay que elegir entre técnica y emoción, elijo emoción. Pero si puedes usar las dos… En la música clásica y en el ballet se trabaja mucho la forma y eso, a veces, te hace un poco esclavo. Querer llegar a una perfección es muy peligroso, porque no existe. Es que yo no veo el error. En el grupo, con los músicos, lo hablamos mucho y les digo: “No existe el error”. Me puedo equivocar, pero no pasa nada».. «Me alegró mucho lo que hizo Bad Bunny en la Super Bowl. Pensé: “¡Qué valiente!”». En el plano musical son ya muchos años los que llevamos bajo la tiranía de la latinidad, es decir, del rap, el trap, el reguetón. ¿Cómo asiste a eso quien, como ella, cultiva una música de raíz? «Hace un tiempo había muchas cosas que me incomodaban –reconoce–. No tanto por un estilo en concreto, sino por superficies de plástico: me parecía que todo el mundo se podía inventar un personaje sin tener nada dentro. Pero luego pensé que el arte es libertad y me es muy difícil ya juzgar lo que hace uno u otro. Es más, viajas y cambian las cosas. Te vas a Puerto Rico y la manera en que ellos viven el reguetón no tiene nada que ver con cómo lo vivimos aquí. En vez de vivir en un enfado, creo que esa diferencia es hermosa y que lo que uno tiene que hacer es cuidar lo que hace y ser honesto con ello. Yo entiendo que a mí lo que se me da bien es cuidar la belleza de la vulnerabilidad; es lo que me sirve y lo que quiero y lo que me hace estar en paz». De ahí pasamos a hablar de Residente, a quien tan bien conoce («es muy generoso y tiene un uso de las palabras que todo el mundo puede entender, me encanta su poesía»), pero también de Bad Bunny y de su hermoso pulso a Trump en la Super Bowl, donde hizo un audaz elogio de lo español: «Me alegró mucho lo que hizo Bad Bunny en la Super Bowl. Pensé: “¡Qué valiente!”. Porque no era fácil y era muy necesario. Y también volverle el significado a la palabra América y citar a todos los países, porque mucha gente se piensa que América solo son los Estados Unidos. Fue un volver a dibujar el mapa de una manera muy elegante, sin atacar. Lo que hizo fue muy importante y me emocioné. Pensé: “Muy bien, Benito”, ja, ja, ja».. Cantarle al mar es desahogarse. Por Javier Menéndez Flores. Niego los contornos y cualquier frontera que me salga al paso porque soy enteramente agua. Y digo no al hielo y al aliento inconmovible de sus secuaces porque desde que me levanto hasta que me acuesto soy fuego. Y si con tanta facilidad me suelto de todo y de todos y me dejo arrastrar por las sacudidas de la emoción es porque soy una hija indócil del aire. Ahí, en esas coordenadas, podrá encontrarme quien quiera dar conmigo. Y me sumerjo en toda canción, del género que sea, para extraer de ella cada gota de sangre y también la alegría salvaje de quien la inventó. Porque en el ejercicio de la creación, aun en aquel que procede del dolor más intenso, brota igual que un géiser una dicha que lo empapa todo.. Hay artistas que no pueden ser descifrados ni explicados, y de ahí este atrio. En Sílvia confluyen la voz desmelenada de la calle, el canto popular que abrasa y llena de euforia y resiste la voracidad del tiempo, y esos sentimientos que articula el poeta desde un mirador en donde la belleza nítida y la brutalidad extrema libran una batalla sin final. 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