Días después de la «Turangalila», la Orquesta Nacional ha ofrecido otra cumbre de la temporada: «La pasión de Buda» (2028), ópera-oratorio en seis actos del chino Tan Dun. Se evoca a Bach en el título, en los corales ―odas a la compasión― y en los tránsitos espirituales: en el caso de Bach, aclamación, tortura y muerte de Cristo; en Dun, descubrimiento del dolor, iluminación y disolución de Buda en el nirvana.. La trascendencia de la historia da grandeza a la partitura de Dun, pero también crea expectativas de tensión y hondura que no se ven del todo satisfechas. Las apoteosis fin de parte de los actos III y VI son efectivas y sería un error desdeñarlas como efectistas, porque muestran originalidad y buena artesanía, pero resultan más estimulantes los logros íntimos: las arias de la cierva traicionada y de la princesa sacrificial, ambas de soprano, y el latido de membranas y contrabajos con que Dun acompaña a algunos corales.. En este collage de estilos y culturas destacan dos aportaciones tradicionales: la bailarina Sissi Yan, que toca el laúd «pipa» al revés, por detrás de la cabeza, y, sobre todo, el canto mongol del hongkonés Hakgwai, gutural y gravísimo, bien por debajo del do del violonchelo. Del cuarteto de voces, digamos, occidentales, destacó la calidad de la soprano Candice Hung. Más irregular la voz del tenor y bonitas, pero insuficientes, las de la mezzo y el barítono. Como director, Tan Dun sabe lo que quiere y lo pide con gesto claro. La Nacional respondió muy bien. El Coro Nacional, además de cantar en sánscrito y mandarín, tocar pequeña percusión y ejecutar coreografías, sonó firme, empastado y siempre musical. Su director, Miguel Ángel Gárcía Cañamero, fue agasajado una y otra vez por el autor.
Obra: «La pasión de Buda» de Tan Dun. Orquesta y Coro Nacionales de España. Voces: C. Chung, S Chong, H. Ngan, A. Wong, voces. Canto tradicional: Hakgwai. Director: Tan Dun. Madrid, 8-5-2026.
Días después de la «Turangalila», la Orquesta Nacional ha ofrecido otra cumbre de la temporada: «La pasión de Buda» (2028), ópera-oratorio en seis actos del chino Tan Dun. Se evoca a Bach en el título, en los corales ―odas a la compasión― y en los tránsitos espirituales: en el caso de Bach, aclamación, tortura y muerte de Cristo; en Dun, descubrimiento del dolor, iluminación y disolución de Buda en el nirvana.. La trascendencia de la historia da grandeza a la partitura de Dun, pero también crea expectativas de tensión y hondura que no se ven del todo satisfechas. Las apoteosis fin de parte de los actos III y VI son efectivas y sería un error desdeñarlas como efectistas, porque muestran originalidad y buena artesanía, pero resultan más estimulantes los logros íntimos: las arias de la cierva traicionada y de la princesa sacrificial, ambas de soprano, y el latido de membranas y contrabajos con que Dun acompaña a algunos corales.. En este collage de estilos y culturas destacan dos aportaciones tradicionales: la bailarina Sissi Yan, que toca el laúd «pipa» al revés, por detrás de la cabeza, y, sobre todo, el canto mongol del hongkonés Hakgwai, gutural y gravísimo, bien por debajo del do del violonchelo. Del cuarteto de voces, digamos, occidentales, destacó la calidad de la soprano Candice Hung. Más irregular la voz del tenor y bonitas, pero insuficientes, las de la mezzo y el barítono. Como director, Tan Dun sabe lo que quiere y lo pide con gesto claro. La Nacional respondió muy bien. El Coro Nacional, además de cantar en sánscrito y mandarín, tocar pequeña percusión y ejecutar coreografías, sonó firme, empastado y siempre musical. Su director, Miguel Ángel Gárcía Cañamero, fue agasajado una y otra vez por el autor.
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