Es uno de los grandes autores de la novela histórica contemporánea. Porque John Irving es, ante todo, un escritor empático, alguien que construye personajes con los que no guarda ninguna afinidad, pero con los que logra identificarse. Así es como el estadounidense ha construido una obra que no convierte los hechos históricos en un mero gatillo para disparar los habituales melodramas o los asuntos de actualidad, sino alguien que realmente se coloca en una posición y la contraria. Irving publica ahora «La Reina Esther» (Tusquets), una novela que, ya lo ha anunciado, partía de un ángulo: una novela «empática» con el sionismo nacida de su experiencia personal, pero que, al mismo tiempo se volvía premonitoria cuando, la guerra estalló en Gaza y, a continuación, la violencia se ha extendido como una negra amenaza mundial. Irving regresa al escenario de «Las normas de la casa de la sidra», el orfanato St. Cloud’s, como punto de partida para contar la vida de Esther, marcada por el arco temporal moderno del devenir del pueblo judío.. La historia arranca con una niña abandonada en Maine (EE UU), de la que solo se conoce que es judía nacida en Viena. Esther regresará a su ciudad natal cuando es una joven adulta en la década de los años 30, trazando el camino inverso al de todos los judíos, y vivirá el horror de la persecución y el Holocausto. Sobrevivirá a aquel trauma antisemita reforzando su identidad y sus creencias, y se convertirá en impulsora del movimiento sionista. «Le doy a su vida un arco temporal que espero que le proporcione cierta empatía respecto a quién se quiere convertir. Como la Esther bíblica, posee algunas características: la ferocidad y la tenacidad», explicaba ayer Irving ante los periodistas.. «Führer Trump». Sin embargo, como es habitual en su obra, la novela no trata de un solo tema: no es un rígido vodevil delante del telón de la historia. Irving entrecruza múltiples tramas que no desvelaremos y en las que aparecen elementos como la sexualidad, el aborto, la identidad y la familia. «He hecho novelas feministas sin ser mujer, ni nunca he tenido un embarazo no deseado por razones obvias, pero mi empatía ha sido a menudo para con las mujeres en situaciones comprometidas a nivel social y político. Mi madre era una defensora de los derechos del aborto y mis hermanos pequeños mellizos, hermano y hermana, eran gay y lesbiana y salieron del armario muy temprano. Yo viví la discriminación a la que se iban a enfrentar. Y por eso defiendo en mi ficción personajes que no se me parecen. Cuando era estudiante en Viena en los años 60, tuve un compañero judío que me abrió los ojos al antisemitismo. Vi a través de sus ojos lo que él experimentaba, y te hablo de los años 60. Fue un amigo de por vida y leyó todos los manuscritos de mis novelas empezando por la primera. Y, mientras escribía esta historia de la sionista, siempre pensé que para él sería su novela preferida. Por desgracia, cuando volví a Jerusalén en 2024 y comprobé que lo que había escrito se había cumplido, ya había muerto».. La novela de Irving no es un manifiesto ni un panfleto ideológico. «Creo que la novela se explica por sí misma. Es empática y es histórica», dice consciente de que se trata de un tema que hiere sensibilidades. El objetivo de Irving era plasmar los acontecimientos e ideas que dan lugar al presente. «La historia de la novela concluye en el año 1981, que es el año en que yo estuve en Israel y en el que experimenté toda la simpatía respecto a por qué esos primeros sionistas se vieron con la necesidad de fundar el estado de Israel. Sin embargo, ya entonces se veía claramente cómo estaban en conflicto con la mera idea de la solución de los dos estados. Y eso, mientras escribía la novela, ya sabía que era algo más que un presagio. Cuando regresé, primero en 2004 y después en 2024, me di cuenta de hasta qué punto», explicaba el autor de «El mundo según Garp». «Al escribir sobre historia, uno no puede predecir el futuro, pero sí acercarse».. Irving se trasladó a Canadá durante la primera legislatura de Donald Trump. «Pero no se debió a su llegada al poder –aclara–. Fue una coincidencia, un pacto que tenía con mi mujer, de origen canadiense: de trasladarnos a su país natal después de muchos años en el mío. Pero no tengo ninguna intención de volver. Hay cobardes en los republicanos que fueron elegidos para defender la Constitución en el Congreso y el Senado, pero han resultado ser fascistas autoritarios. Me perturba decir que quizá haya gente en mi país que no está suficientemente formada para reconocer el fascismo. No reconozco a los EE UU, ya no es un país democrático. Estamos en manos de un dictador y debería haber un impeachment», dijo sin apenas inmutarse y mencionó al «Führer Trump». Lo que nos llevaba a la cuestión siguiente, Netanyahu. «La guerra de Oriente medio es la de Netanyahu. Es la guerra que ese fascista torpe de Tump, que no para de meter la pata, ha alentado y Netanyahu le ha utilizado en su beneficio».
El escritor publica una novela histórica «empática» con el sionismo y cruda con la realidad
Es uno de los grandes autores de la novela histórica contemporánea. Porque John Irving es, ante todo, un escritor empático, alguien que construye personajes con los que no guarda ninguna afinidad, pero con los que logra identificarse. Así es como el estadounidense ha construido una obra que no convierte los hechos históricos en un mero gatillo para disparar los habituales melodramas o los asuntos de actualidad, sino alguien que realmente se coloca en una posición y la contraria. Irving publica ahora «La Reina Esther» (Tusquets), una novela que, ya lo ha anunciado, partía de un ángulo: una novela «empática» con el sionismo nacida de su experiencia personal, pero que, al mismo tiempo se volvía premonitoria cuando, la guerra estalló en Gaza y, a continuación, la violencia se ha extendido como una negra amenaza mundial. Irving regresa al escenario de «Las normas de la casa de la sidra», el orfanato St. Cloud’s, como punto de partida para contar la vida de Esther, marcada por el arco temporal moderno del devenir del pueblo judío.. La historia arranca con una niña abandonada en Maine (EE UU), de la que solo se conoce que es judía nacida en Viena. Esther regresará a su ciudad natal cuando es una joven adulta en la década de los años 30, trazando el camino inverso al de todos los judíos, y vivirá el horror de la persecución y el Holocausto. Sobrevivirá a aquel trauma antisemita reforzando su identidad y sus creencias, y se convertirá en impulsora del movimiento sionista. «Le doy a su vida un arco temporal que espero que le proporcione cierta empatía respecto a quién se quiere convertir. Como la Esther bíblica, posee algunas características: la ferocidad y la tenacidad», explicaba ayer Irving ante los periodistas.. Sin embargo, como es habitual en su obra, la novela no trata de un solo tema: no es un rígido vodevil delante del telón de la historia. Irving entrecruza múltiples tramas que no desvelaremos y en las que aparecen elementos como la sexualidad, el aborto, la identidad y la familia. «He hecho novelas feministas sin ser mujer, ni nunca he tenido un embarazo no deseado por razones obvias, pero mi empatía ha sido a menudo para con las mujeres en situaciones comprometidas a nivel social y político. Mi madre era una defensora de los derechos del aborto y mis hermanos pequeños mellizos, hermano y hermana, eran gay y lesbiana y salieron del armario muy temprano. Yo viví la discriminación a la que se iban a enfrentar. Y por eso defiendo en mi ficción personajes que no se me parecen. Cuando era estudiante en Viena en los años 60, tuve un compañero judío que me abrió los ojos al antisemitismo. Vi a través de sus ojos lo que él experimentaba, y te hablo de los años 60. Fue un amigo de por vida y leyó todos los manuscritos de mis novelas empezando por la primera. Y, mientras escribía esta historia de la sionista, siempre pensé que para él sería su novela preferida. Por desgracia, cuando volví a Jerusalén en 2024 y comprobé que lo que había escrito se había cumplido, ya había muerto».. La novela de Irving no es un manifiesto ni un panfleto ideológico. «Creo que la novela se explica por sí misma. Es empática y es histórica», dice consciente de que se trata de un tema que hiere sensibilidades. El objetivo de Irving era plasmar los acontecimientos e ideas que dan lugar al presente. «La historia de la novela concluye en el año 1981, que es el año en que yo estuve en Israel y en el que experimenté toda la simpatía respecto a por qué esos primeros sionistas se vieron con la necesidad de fundar el estado de Israel. Sin embargo, ya entonces se veía claramente cómo estaban en conflicto con la mera idea de la solución de los dos estados. Y eso, mientras escribía la novela, ya sabía que era algo más que un presagio. Cuando regresé, primero en 2004 y después en 2024, me di cuenta de hasta qué punto», explicaba el autor de «El mundo según Garp». «Al escribir sobre historia, uno no puede predecir el futuro, pero sí acercarse».. Irving se trasladó a Canadá durante la primera legislatura de Donald Trump. «Pero no se debió a su llegada al poder –aclara–. Fue una coincidencia, un pacto que tenía con mi mujer, de origen canadiense: de trasladarnos a su país natal después de muchos años en el mío. Pero no tengo ninguna intención de volver. Hay cobardes en los republicanos que fueron elegidos para defender la Constitución en el Congreso y el Senado, pero han resultado ser fascistas autoritarios. Me perturba decir que quizá haya gente en mi país que no está suficientemente formada para reconocer el fascismo. No reconozco a los EE UU, ya no es un país democrático. Estamos en manos de un dictador y debería haber un impeachment», dijo sin apenas inmutarse y mencionó al «Führer Trump». Lo que nos llevaba a la cuestión siguiente, Netanyahu. «La guerra de Oriente medio es la de Netanyahu. Es la guerra que ese fascista torpe de Tump, que no para de meter la pata, ha alentado y Netanyahu le ha utilizado en su beneficio».
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