Mientras Rosalía convierte Sevilla en un espectáculo global junto a Netflix, Laura Baquero representa la otra cara de la industria musical: la de quienes intentan abrirse camino desde la independencia, compaginando trabajos, ahorros y una exposición constante en redes sociales para no desaparecer. La cantante malagueña presenta «Selene», un disco sobre desamor en tiempos donde, como ella misma resume, «la industria musical premia más el clic que la emoción».. Inicia un nuevo proyecto musical con Selene, un disco lleno de creatividad y mucha ilusión. Mientras artistas como Rosalía convierten cada lanzamiento en un acontecimiento global, ¿cómo se abre paso una cantante que viene desde Málaga y sin una gran maquinaria detrás?. Empezar hoy en la música sin una gran industria detrás significa vivir con muchísima intensidad, muchísimas dudas y las emociones al límite. En mi caso supone dedicar todos mis ahorros, mi tiempo y mi esfuerzo. Porque hoy ya no basta con tener talento o buenas canciones. También tienes que ser creadora de contenido, estar constantemente visible y generar números. Todo va rapidísimo. A veces siento que la música compite más por segundos de atención que por emoción.. ¿La industria musical escucha canciones o escucha números?. Creo que hoy la industria premia más el clic que la emoción. Yo misma he intentado hacer campañas para mover mi música y muchas veces parece que importa más cuánta gente entra en una página que cuánta gente escucha realmente una canción. Todo está enfocado al tráfico, a las cifras y a la viralidad. Eso genera muchísimo desgaste emocional, sobre todo cuando no tienes detrás una estructura potente.. Además forma parte de esa «clase obrera» de la música. Compagina su carrera artística con su trabajo como integradora social. ¿Se puede vivir hoy únicamente de crear música propia?. Sinceramente, no. O al menos no desde la independencia. Yo no podría hacer el disco que quiero hacer viviendo solo de la música. Selene es un proyecto conceptual donde todo está pensado: las canciones, la estética, los vídeos, el mensaje… y todo eso cuesta muchísimo dinero. Hay artistas que llegan lejos con muy pocos recursos y otros que invierten muchísimo y no consiguen despegar. También influyen la suerte, el momento y conectar con el público adecuado.. Hoy parece que todo el mundo canta: influencers, creadores de contenido o incluso políticos. ¿La música se ha convertido en el gran lenguaje de la sociedad del espectáculo?. Creo que la música siempre ha sido uno de los lenguajes más poderosos para conectar con la gente, pero hoy vivimos en una época donde todo necesita convertirse rápidamente en contenido, impacto y atención. Eso hace que muchas veces la música deje de entenderse solo como una expresión artística para convertirse también en una herramienta de exposición pública.. No me parece mal que personas de ámbitos muy distintos se acerquen a la música, porque al final forma parte de nuestra cultura y de nuestra manera de emocionarnos. Lo importante es no olvidar que detrás de una canción hay sensibilidad, emoción y muchísimos años de trabajo invisible.. Y además da la sensación de que todo gira ahora en torno a las grandes giras y los macroconciertos.. Claro, pero hay algo que no deberíamos olvidar: la música grande sale de salas pequeñas. Ahora todo parece centrarse en la megaexperiencia del concierto y en lo grandilocuente, pero casi todo empieza en sitios muy pequeños, delante de muy poca gente y con artistas intentando simplemente que alguien les escuche.. ¿Qué mantiene intacta la ilusión?. La música para mí es sanación. Mi sueño no es solo que me escuchen. Mi sueño es que alguien pueda sentirse acompañado con mis canciones. Prefiero que una persona me diga que mi música le ayudó a superar una depresión o un momento durísimo de su vida antes que decirme simplemente que tengo buenas canciones.. Y después de todo lo vivido, ¿sigue creyendo que el gran sueño está por venir?. Siento que la música convive conmigo. Claro que me gustaría que mi música llegara lejos y ser reconocida, porque si no eres conocida es difícil que la gente escuche lo que haces. Pero lo que quiero es conectar con la gente y que se sientan identificados conmigo y con mis canciones. Hay mucha gente que llega a cierta edad y decide abandonar. Yo no puedo.. Otro malagueño, Juanma Moreno, le ha «contraprogramado» publicando su primer single coincidiendo con la cita electoral del 17M, igual le pide un dueto.. Yo canto y compongo bien (risas) y sus métricas de seguidores pueden pasar el listón de la industria. Lo tenemos todo para triunfar.. De momento, prefiero hacer sola mi travesía a mar abierto.
La cantante malagueña presenta «Selene», un disco atravesado por el desamor, la salud mental y la resistencia emocional en tiempos de algoritmos y viralidad
Mientras Rosalía convierte Sevilla en un espectáculo global junto a Netflix, Laura Baquero representa la otra cara de la industria musical: la de quienes intentan abrirse camino desde la independencia, compaginando trabajos, ahorros y una exposición constante en redes sociales para no desaparecer. La cantante malagueña presenta «Selene», un disco sobre desamor en tiempos donde, como ella misma resume, «la industria musical premia más el clic que la emoción».. Inicia un nuevo proyecto musical con Selene, un disco lleno de creatividad y mucha ilusión. Mientras artistas como Rosalía convierten cada lanzamiento en un acontecimiento global, ¿cómo se abre paso una cantante que viene desde Málaga y sin una gran maquinaria detrás?. Empezar hoy en la música sin una gran industria detrás significa vivir con muchísima intensidad, muchísimas dudas y las emociones al límite. En mi caso supone dedicar todos mis ahorros, mi tiempo y mi esfuerzo. Porque hoy ya no basta con tener talento o buenas canciones. También tienes que ser creadora de contenido, estar constantemente visible y generar números. Todo va rapidísimo. A veces siento que la música compite más por segundos de atención que por emoción.. ¿La industria musical escucha canciones o escucha números?. Creo que hoy la industria premia más el clic que la emoción. Yo misma he intentado hacer campañas para mover mi música y muchas veces parece que importa más cuánta gente entra en una página que cuánta gente escucha realmente una canción. Todo está enfocado al tráfico, a las cifras y a la viralidad. Eso genera muchísimo desgaste emocional, sobre todo cuando no tienes detrás una estructura potente.. Además forma parte de esa «clase obrera» de la música. Compagina su carrera artística con su trabajo como integradora social. ¿Se puede vivir hoy únicamente de crear música propia?. Sinceramente, no. O al menos no desde la independencia. Yo no podría hacer el disco que quiero hacer viviendo solo de la música. Selene es un proyecto conceptual donde todo está pensado: las canciones, la estética, los vídeos, el mensaje… y todo eso cuesta muchísimo dinero. Hay artistas que llegan lejos con muy pocos recursos y otros que invierten muchísimo y no consiguen despegar. También influyen la suerte, el momento y conectar con el público adecuado.. Hoy parece que todo el mundo canta: influencers, creadores de contenido o incluso políticos. ¿La música se ha convertido en el gran lenguaje de la sociedad del espectáculo?. Creo que la música siempre ha sido uno de los lenguajes más poderosos para conectar con la gente, pero hoy vivimos en una época donde todo necesita convertirse rápidamente en contenido, impacto y atención. Eso hace que muchas veces la música deje de entenderse solo como una expresión artística para convertirse también en una herramienta de exposición pública.. No me parece mal que personas de ámbitos muy distintos se acerquen a la música, porque al final forma parte de nuestra cultura y de nuestra manera de emocionarnos. Lo importante es no olvidar que detrás de una canción hay sensibilidad, emoción y muchísimos años de trabajo invisible.. Y además da la sensación de que todo gira ahora en torno a las grandes giras y los macroconciertos.. Claro, pero hay algo que no deberíamos olvidar: la música grande sale de salas pequeñas. Ahora todo parece centrarse en la megaexperiencia del concierto y en lo grandilocuente, pero casi todo empieza en sitios muy pequeños, delante de muy poca gente y con artistas intentando simplemente que alguien les escuche.. ¿Qué mantiene intacta la ilusión?. La música para mí es sanación. Mi sueño no es solo que me escuchen. Mi sueño es que alguien pueda sentirse acompañado con mis canciones. Prefiero que una persona me diga que mi música le ayudó a superar una depresión o un momento durísimo de su vida antes que decirme simplemente que tengo buenas canciones.. Y después de todo lo vivido, ¿sigue creyendo que el gran sueño está por venir?. Siento que la música convive conmigo. Claro que me gustaría que mi música llegara lejos y ser reconocida, porque si no eres conocida es difícil que la gente escuche lo que haces. Pero lo que quiero es conectar con la gente y que se sientan identificados conmigo y con mis canciones. Hay mucha gente que llega a cierta edad y decide abandonar. Yo no puedo.. Otro malagueño, Juanma Moreno, le ha «contraprogramado» publicando su primer single coincidiendo con la cita electoral del 17M, igual le pide un dueto.. Yo canto y compongo bien (risas) y sus métricas de seguidores pueden pasar el listón de la industria. Lo tenemos todo para triunfar.. De momento, prefiero hacer sola mi travesía a mar abierto.
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