Al edificio administrativo del Aeropuerto Internacional de Jartum lo lamían este lunes las llamas. Arriba, en el cielo, los drones se alejaban de la capital sudanesa. No hubo víctimas mortales que lamentar, pero sí que se rompió algo más abstracto, más desalentador: la ilusión de que la guerra estaba lejos de Jartum. Apenas siete meses antes, en octubre de 2025, ese mismo aeropuerto había recibido su primer vuelo internacional en tres largos años. Cuatro meses atrás, el Gobierno reconocido por la comunidad internacional había regresado a una capital devastada por los combates, pero recuperada por el Ejército tras años de tiras y aflojas. En fin, la normalidad parecía posible. Ya no.. Veinticuatro horas después del ataque, el ministro de Exteriores, Mohieddin Salem, y el portavoz militar del Gobierno, el general de brigada Asim Awad Abdelwahab, comparecieron juntos ante los medios para señalar a dos países como responsables de lo sucedido. Emiratos Árabes Unidos y Etiopía. Según especificaron, al menos cuatro ataques con drones de fabricación emiratí habrían sido lanzados entre el marzo y mayo desde el aeropuerto de Bahir Dar, en la región de Amhara, en el norte de Etiopía.. La acusación más detallada se refería a un dron derribado el 17 de marzo, cuyos datos de vuelo, sumados al contacto posterior con el fabricante, habrían permitido a los sudaneses reconstruir de manera completa el itinerario del aparato, desde su fabricación… hasta su derribo. También se habló de un dron que despegó de Bahir Dar entre el 1 y el 4 de mayo, penetró hasta Yebel Aulia y atacó el aeropuerto antes de ser interceptado.. El Gobierno sudanés llamó a consultas a su embajador en Addis Abeba, además de anunciar que lo sucedido aportará documentación adicional al caso que ya mantiene contra Emiratos Árabes Unidos ante el Consejo de Seguridad de la ONU. «No queremos iniciar una agresión contra ningún país, pero quien nos ataque recibirá una respuesta», advirtió Salem. Las palabras dejaron flotando una amenaza explícita por primera vez desde el inicio de la guerra civil sudanesa, la mayor catástrofe humanitaria de la actualidad.. La respuesta de los señalados fue inmediata. El Ministerio de Exteriores etíope tachó las acusaciones de infundadas y devolvió el golpe acusando al Ejército sudanés de armar a milicianos del Frente Popular de Liberación de Tigray (FPLT) para lanzar incursiones contra Etiopía. En este punto cabe a recordar la devastadora guerra entre el FPLT y el gobierno etíope entre 2020 y 2022, que se cobró alrededor de medio millón de vidas. Abu Dabi denunció por su parte una «campaña de propaganda» destinada, en su opinión, a desviar la atención del verdadero origen del conflicto.. Cómo se construyó este triángulo vicioso. Pero esta crisis no surge de la nada. Ninguna lo hace. Hay que valorar tres ejes que se han ido enredando durante un lustro hasta confluir en este punto tan peligroso para la región. El primero es el deterioro continuado de las relaciones entre Sudán y Etiopía. La guerra de Tigray fue el detonante. Además de que existen serias sospechas de que, efectivamente, Jartum aportó armas (o facilitó su transporte) a favor del FPTL, también se conoce que, aprovechando que las milicias amhara y el Ejército etíope estaban concentrados en el norte, los sudaneses entraron en la disputada región fronteriza de Al-Fashaga; expulsaron a miles de locales y rompieron el compromiso territorial alcanzado en 2008 con los etíopes. Etiopía tampoco ha olvidado que Jartum dio refugio a altos cargos del FPLT y a decenas de miles de tigranios desplazados. A esa herida se suma la más reciente disputa en torno a la Gran Presa del Renacimiento Etíope, construida sobre el Nilo Azul y que Sudán y Egipto ven como una amenaza directa a su seguridad hídrica.. El segundo eje es la alianza entre EAU y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), el grupo paramilitar liderado por Mohamed Hamdan Dagalo (conocido como Hemedti), que es precisamente quien combate a las SAF desde el inicio de la guerra en abril de 2023. La relación entre EAU y RSF se forjó en Yemen, después de que Riad y Abu Dabi acudieran a los paramilitares sudaneses en 2015… y se consolidó con el oro.. Entre el 50% y el 80% del oro extraído en Sudán se exporta mediante el contrabando, principalmente vía Dubái, donde Hemedti construyó antes de la guerra un imperio empresarial valorado en 7.000 millones de dólares. En abril de 2025, Sudán llegó a acusar a EAU de complicidad en el genocidio de Darfur ante la Corte Internacional de Justicia. Amnistía Internacional, Human Rights Watch y expertos de la propia ONU, entre otros, también han documentado en repetidas ocasiones el suministro de armas emiratíes a las RSF.. Abu Dabi lo niega.. El tercer eje es el que cierra el triángulo. Desde 2018, EAU ha actuado como salvavidas financiero de Etiopía, inyectando miles de millones a las reformas del primer ministro, Abiy Ahmed. Durante la guerra del Tigray, fueron precisamente los drones emiratíes los que evitaron el colapso del Gobierno federal frente al FPLT. Esos mismos drones, según las SAF, son los que ahora despegan rumbo a Sudán.. Al comienzo del conflicto, Abiy Ahmed recibió a Hemedti con honores de jefe de Estado. En febrero de 2026, una serie de imágenes satelitales revelaron un campo de entrenamiento de las RSF en territorio etíope, a 30 kilómetros de la frontera sudanesa. Investigadores de la Universidad de Yale, que han documentado el flujo logístico desde la base de Asosa, también sostienen que existe evidencia de asistencia militar etíope directa a las RSF.. Una guerra que no encuentra fondo. El balance humanitario es la peor noticia de esta guerra catastrófica, y lo narrado en este artículo encaja las piezas del engranaje de la desolación. Casi catorce millones de personas, un cuarto de la población sudanesa, han tenido que huir de sus hogares. Las estimaciones de muertos oscilan entre 60.000 y 400.000. Es precisamente esta diferencia entre un extremo y otro de las cifras, imposibles de verificar, lo que refleja el horror y la desidia internacional más absoluta. Veintiún millones de seres humanos viven en una situación de inseguridad alimentaria aguda, con la hambruna declarada en varias regiones del país conocido como «la canasta de alimentos árabes en África». En el primer trimestre de 2026, los ataques con drones mataron a casi setecientos civiles, según informó una investigación de Al Jazeera.. Sudán concentró en 2025 el 82% de las muertes globales por ataques contra instalaciones sanitarias. Tanto Sudán como Etiopía están siendo empujados a la escalada de la guerra por medio de sus respectivos patrocinadores externos. La pregunta que sobrevuela el Cuerno de África no es ya si la guerra civil sudanesa se ha regionalizado, sino qué consecuencias tendrá para una población exhausta.
Al edificio administrativo del Aeropuerto Internacional de Jartum lo lamían este lunes las llamas. Arriba, en el cielo, los drones se alejaban de la capital sudanesa. No hubo víctimas mortales que lamentar, pero sí que se rompió algo más abstracto, más desalentador: la ilusión de que la guerra estaba lejos de Jartum. Apenas siete meses antes, en octubre de 2025, ese mismo aeropuerto había recibido su primer vuelo internacional en tres largos años. Cuatro meses atrás, el Gobierno reconocido por la comunidad internacional había regresado a una capital devastada por los combates, pero recuperada por el Ejército tras años de tiras y aflojas. En fin, la normalidad parecía posible. Ya no.. Veinticuatro horas después del ataque, el ministro de Exteriores, Mohieddin Salem, y el portavoz militar del Gobierno, el general de brigada Asim Awad Abdelwahab, comparecieron juntos ante los medios para señalar a dos países como responsables de lo sucedido. Emiratos Árabes Unidos y Etiopía. Según especificaron, al menos cuatro ataques con drones de fabricación emiratí habrían sido lanzados entre el marzo y mayo desde el aeropuerto de Bahir Dar, en la región de Amhara, en el norte de Etiopía.. La acusación más detallada se refería a un dron derribado el 17 de marzo, cuyos datos de vuelo, sumados al contacto posterior con el fabricante, habrían permitido a los sudaneses reconstruir de manera completa el itinerario del aparato, desde su fabricación… hasta su derribo. También se habló de un dron que despegó de Bahir Dar entre el 1 y el 4 de mayo, penetró hasta Yebel Aulia y atacó el aeropuerto antes de ser interceptado.. El Gobierno sudanés llamó a consultas a su embajador en Addis Abeba, además de anunciar que lo sucedido aportará documentación adicional al caso que ya mantiene contra Emiratos Árabes Unidos ante el Consejo de Seguridad de la ONU. «No queremos iniciar una agresión contra ningún país, pero quien nos ataque recibirá una respuesta», advirtió Salem. Las palabras dejaron flotando una amenaza explícita por primera vez desde el inicio de la guerra civil sudanesa, la mayor catástrofe humanitaria de la actualidad.. La respuesta de los señalados fue inmediata. El Ministerio de Exteriores etíope tachó las acusaciones de infundadas y devolvió el golpe acusando al Ejército sudanés de armar a milicianos del Frente Popular de Liberación de Tigray (FPLT) para lanzar incursiones contra Etiopía. En este punto cabe a recordar la devastadora guerra entre el FPLT y el gobierno etíope entre 2020 y 2022, que se cobró alrededor de medio millón de vidas. Abu Dabi denunció por su parte una «campaña de propaganda» destinada, en su opinión, a desviar la atención del verdadero origen del conflicto.. Cómo se construyó este triángulo vicioso. Pero esta crisis no surge de la nada. Ninguna lo hace. Hay que valorar tres ejes que se han ido enredando durante un lustro hasta confluir en este punto tan peligroso para la región. El primero es el deterioro continuado de las relaciones entre Sudán y Etiopía. La guerra de Tigray fue el detonante. Además de que existen serias sospechas de que, efectivamente, Jartum aportó armas (o facilitó su transporte) a favor del FPTL, también se conoce que, aprovechando que las milicias amhara y el Ejército etíope estaban concentrados en el norte, los sudaneses entraron en la disputada región fronteriza de Al-Fashaga; expulsaron a miles de locales y rompieron el compromiso territorial alcanzado en 2008 con los etíopes. Etiopía tampoco ha olvidado que Jartum dio refugio a altos cargos del FPLT y a decenas de miles de tigranios desplazados. A esa herida se suma la más reciente disputa en torno a la Gran Presa del Renacimiento Etíope, construida sobre el Nilo Azul y que Sudán y Egipto ven como una amenaza directa a su seguridad hídrica.. El segundo eje es la alianza entre EAU y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), el grupo paramilitar liderado por Mohamed Hamdan Dagalo (conocido como Hemedti), que es precisamente quien combate a las SAF desde el inicio de la guerra en abril de 2023. La relación entre EAU y RSF se forjó en Yemen, después de que Riad y Abu Dabi acudieran a los paramilitares sudaneses en 2015… y se consolidó con el oro.. Entre el 50% y el 80% del oro extraído en Sudán se exporta mediante el contrabando, principalmente vía Dubái, donde Hemedti construyó antes de la guerra un imperio empresarial valorado en 7.000 millones de dólares. En abril de 2025, Sudán llegó a acusar a EAU de complicidad en el genocidio de Darfur ante la Corte Internacional de Justicia. Amnistía Internacional, Human Rights Watch y expertos de la propia ONU, entre otros, también han documentado en repetidas ocasiones el suministro de armas emiratíes a las RSF.. Abu Dabi lo niega.. El tercer eje es el que cierra el triángulo. Desde 2018, EAU ha actuado como salvavidas financiero de Etiopía, inyectando miles de millones a las reformas del primer ministro, Abiy Ahmed. Durante la guerra del Tigray, fueron precisamente los drones emiratíes los que evitaron el colapso del Gobierno federal frente al FPLT. Esos mismos drones, según las SAF, son los que ahora despegan rumbo a Sudán.. Al comienzo del conflicto, Abiy Ahmed recibió a Hemedti con honores de jefe de Estado. En febrero de 2026, una serie de imágenes satelitales revelaron un campo de entrenamiento de las RSF en territorio etíope, a 30 kilómetros de la frontera sudanesa. Investigadores de la Universidad de Yale, que han documentado el flujo logístico desde la base de Asosa, también sostienen que existe evidencia de asistencia militar etíope directa a las RSF.. Una guerra que no encuentra fondo. El balance humanitario es la peor noticia de esta guerra catastrófica, y lo narrado en este artículo encaja las piezas del engranaje de la desolación. Casi catorce millones de personas, un cuarto de la población sudanesa, han tenido que huir de sus hogares. Las estimaciones de muertos oscilan entre 60.000 y 400.000. Es precisamente esta diferencia entre un extremo y otro de las cifras, imposibles de verificar, lo que refleja el horror y la desidia internacional más absoluta. Veintiún millones de seres humanos viven en una situación de inseguridad alimentaria aguda, con la hambruna declarada en varias regiones del país conocido como «la canasta de alimentos árabes en África». En el primer trimestre de 2026, los ataques con drones mataron a casi setecientos civiles, según informó una investigación de Al Jazeera.. Sudán concentró en 2025 el 82% de las muertes globales por ataques contra instalaciones sanitarias. Tanto Sudán como Etiopía están siendo empujados a la escalada de la guerra por medio de sus respectivos patrocinadores externos. La pregunta que sobrevuela el Cuerno de África no es ya si la guerra civil sudanesa se ha regionalizado, sino qué consecuencias tendrá para una población exhausta.
El Ministerio de Exteriores etíope niega su participación y asegura que el Ejército sudanés ha armado a milicianos del Frente Popular de Liberación de Tigray (FPLT)
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