A unos cinco kilómetros del núcleo urbano de Huelva se extienden en toda su extensión, un total de 7.180 hectáreas, las Marismas del Odiel, un organismo vivo que late al ritmo de las mareas y que custodia, bajo su fango y sus arenas, vestigios de civilizaciones que moldearon el suroeste peninsular. Con 41 años de historia como paraje natural y 42 como Reserva de la Biosfera, este espacio se reivindica hoy no solo como un santuario ornitológico de relevancia internacional, sino como un espacio en el que la gestión ambiental, la explotación industrial y un patrimonio cultural milenario conviven en equilibrio.. Fidel Astudillo , director conservador del paraje, tiene clara la identidad de este espacio: es un ecosistema de transición donde el mar manda. A diferencia de Doñana o la Laguna de Fuente de Piedra, en Málaga, que tienen una mayor dependencia de la lluvia y, por tanto, se ven más afectados por períodos de sequía, «nosotros somos un espacio natural basado sobre todo en la marisma con un régimen de mareas muy importante, y eso es lo que condiciona todo el tipo de aves que tenemos por aquí», explica a LA RAZÓN.. Además, de este hábitat mareal, que es el corazón del paraje, en él conviven en perfecta simbiosis otros tres, según Astudillo: el bosque mediterráneo, una zona mixta de pinos y alcornoques que aporta refugio a especies terrestres; los sistemas dunares, formados principalmente en la Isla de Saltés y potenciados tras la construcción del espigón Juan Carlos I en los años 70; y las salinas industriales, que con casi 1.000 hectáreas de explotación activa, se ha revelado también como un aliado vital para su biodiversidad.. «Todas esas balsas previas a los cristalizadores son ahora mismo un hábitat muy importante dentro del paraje», señala el director. En estas aguas hipersalinas es donde especies como el flamenco encuentran su sustento ideal, demostrando que industria y conservación no tienen por qué ser términos excluyentes.. En lo que a la relevancia biológica del paraje se refiere, esta se mide en alas, ya que su situación estratégica lo convierte en un lugar de paso y descanso estratégico para las aves en sus rutas migratorias entre Europa y África. Son numerosas las especies de aves que eligen este espacio y algunas han constituido auténticos hitos de gestión como el caso del águila pescadora que, tras un programa de reintroducción iniciado en 2004 mediante la técnica de hacking (crianza asistida), ha pasado de ser un visitante invernal a una residente que cría con éxito. «El año pasado tuvimos cifras récords, 21 pollos y 10 parejas criando. Ahora mismo ya tenemos otras 10 parejas asentadas e incluso hemos detectado parejas en el entorno que se están expandiendo», afirma.. Destacan también los flamencos con más de 14.000 parejas reproductoras, que sacaron adelante más de 5.000 pollos en la temporada de cría de 2025. A estas cifras se suma el regreso del halcón peregrino, que ha vuelto a anidar después de una década, o la consolidación de la colonia de espátula, el ave emblemática que motivó originalmente la protección de la Isla de Enmedio.. El paso de la historia. Pero, además de naturaleza, Marismas del Odiel es también cultura e historia. Por sus canales navegaron tartesios, fenicios o romanos, estos últimos dejando huella con sus pilas de salazón. Pero el gran tesoro arqueológico es la ciudad islámica de Saltés, una urbe que en el siglo XII, llegó a albergar a más de 10.000 habitantes, contando con su propia Alcazaba y Medina, destaca Astudillo.. Administraciones como la Junta de Andalucía trabajan en la búsqueda de la forma para poner en valor todo este patrimonio sin poner en riesgo su integridad ya que, su estado de conservación actual obedece, en gran medida, a que permanece enterrado bajo el lodo.. La historia del paraje llega incluso a la época contemporánea, con huellas de la influencia minera inglesa (el Muelle de Tharsis) y episodios más oscuros, como «el campo de concentración que albergó a más de 3.000 de represaliados en el antiguo recinto de la Almadraba durante la época franquista», señala.. A pesar de su magnitud, Astudillo reconoce un desafío pendiente: la visibilidad local. Mientras que el turismo ornitológico europeo (británicos, holandeses y alemanes) llega cada semana, el espacio sigue siendo «un gran desconocido» para sobre todo en la provincia de Huelva e, incluso, a nivel nacional.. Para revertir esto, la dirección apuesta por las generaciones futuras. Programas como la «Escuela de Exploradores» , que atrae a casi mil niños cada verano, o «Mi marisma, mi escuela», buscan crear un vínculo emocional entre la población y el territorio. «Concienciar a los niños sobre la naturaleza, la conservación y el medio ambiente es el pilar fundamental del futuro de este espacio», concluye.. Marismas del Odiel es, en definitiva, un lugar donde las mareas borran las huellas cada día, pero donde la vida y la historia permanecen haciendo de este estuario un lugar fascinante y único.
Reserva de la Biosfera desde 1983, combina marisma mareal, biodiversidad estratégica para las rutas migratorias entre Europa y África y un patrimonio arqueológico que abarca desde Tartessos hasta la ciudad islámica de Saltés
A unos cinco kilómetros del núcleo urbano de Huelva se extienden en toda su extensión, un total de 7.180 hectáreas, las Marismas del Odiel, un organismo vivo que late al ritmo de las mareas y que custodia, bajo su fango y sus arenas, vestigios de civilizaciones que moldearon el suroeste peninsular. Con 41 años de historia como paraje natural y 42 como Reserva de la Biosfera, este espacio se reivindica hoy no solo como un santuario ornitológico de relevancia internacional, sino como un espacio en el que la gestión ambiental, la explotación industrial y un patrimonio cultural milenario conviven en equilibrio.. Fidel Astudillo , director conservador del paraje, tiene clara la identidad de este espacio: es un ecosistema de transición donde el mar manda. A diferencia de Doñana o la Laguna de Fuente de Piedra, en Málaga, que tienen una mayor dependencia de la lluvia y, por tanto, se ven más afectados por períodos de sequía, «nosotros somos un espacio natural basado sobre todo en la marisma con un régimen de mareas muy importante, y eso es lo que condiciona todo el tipo de aves que tenemos por aquí», explica a LA RAZÓN.. Además, de este hábitat mareal, que es el corazón del paraje, en él conviven en perfecta simbiosis otros tres, según Astudillo: el bosque mediterráneo, una zona mixta de pinos y alcornoques que aporta refugio a especies terrestres; los sistemas dunares, formados principalmente en la Isla de Saltés y potenciados tras la construcción del espigón Juan Carlos I en los años 70; y las salinas industriales, que con casi 1.000 hectáreas de explotación activa, se ha revelado también como un aliado vital para su biodiversidad.. «Todas esas balsas previas a los cristalizadores son ahora mismo un hábitat muy importante dentro del paraje», señala el director. En estas aguas hipersalinas es donde especies como el flamenco encuentran su sustento ideal, demostrando que industria y conservación no tienen por qué ser términos excluyentes.. En lo que a la relevancia biológica del paraje se refiere, esta se mide en alas, ya que su situación estratégica lo convierte en un lugar de paso y descanso estratégico para las aves en sus rutas migratorias entre Europa y África. Son numerosas las especies de aves que eligen este espacio y algunas han constituido auténticos hitos de gestión como el caso del águila pescadora que, tras un programa de reintroducción iniciado en 2004 mediante la técnica de hacking (crianza asistida), ha pasado de ser un visitante invernal a una residente que cría con éxito. «El año pasado tuvimos cifras récords, 21 pollos y 10 parejas criando. Ahora mismo ya tenemos otras 10 parejas asentadas e incluso hemos detectado parejas en el entorno que se están expandiendo», afirma.. Destacan también los flamencos con más de 14.000 parejas reproductoras, que sacaron adelante más de 5.000 pollos en la temporada de cría de 2025. A estas cifras se suma el regreso del halcón peregrino, que ha vuelto a anidar después de una década, o la consolidación de la colonia de espátula, el ave emblemática que motivó originalmente la protección de la Isla de Enmedio.. El paso de la historia. Pero, además de naturaleza, Marismas del Odiel es también cultura e historia. Por sus canales navegaron tartesios, fenicios o romanos, estos últimos dejando huella con sus pilas de salazón. Pero el gran tesoro arqueológico es la ciudad islámica de Saltés, una urbe que en el siglo XII, llegó a albergar a más de 10.000 habitantes, contando con su propia Alcazaba y Medina, destaca Astudillo.. Administraciones como la Junta de Andalucía trabajan en la búsqueda de la forma para poner en valor todo este patrimonio sin poner en riesgo su integridad ya que, su estado de conservación actual obedece, en gran medida, a que permanece enterrado bajo el lodo.. La historia del paraje llega incluso a la época contemporánea, con huellas de la influencia minera inglesa (el Muelle de Tharsis) y episodios más oscuros, como «el campo de concentración que albergó a más de 3.000 de represaliados en el antiguo recinto de la Almadraba durante la época franquista», señala.. A pesar de su magnitud, Astudillo reconoce un desafío pendiente: la visibilidad local. Mientras que el turismo ornitológico europeo (británicos, holandeses y alemanes) llega cada semana, el espacio sigue siendo «un gran desconocido» para sobre todo en la provincia de Huelva e, incluso, a nivel nacional.. Para revertir esto, la dirección apuesta por las generaciones futuras. Programas como la «Escuela de Exploradores» , que atrae a casi mil niños cada verano, o «Mi marisma, mi escuela», buscan crear un vínculo emocional entre la población y el territorio. «Concienciar a los niños sobre la naturaleza, la conservación y el medio ambiente es el pilar fundamental del futuro de este espacio», concluye.. Marismas del Odiel es, en definitiva, un lugar donde las mareas borran las huellas cada día, pero donde la vida y la historia permanecen haciendo de este estuario un lugar fascinante y único.
Noticias de Andalucía en La Razón
