Aquel que se adentra en esta muestra se encuentra frente a obras que, más allá de su relevancia histórica, han recuperado una nueva vida. Entre ellas destacan el «Cristo resucitado abrazando a la cruz» de Guido Reni o «Ángel de la Guarda» de Claudio Coello, cuya restauración -realizada específicamente para esta muestra- ha permitido redescubrir la «inmensa» calidad que se escondía tras la suciedad depositada durante siglos en esta pieza.. Sobre el «Ángel de la Guarda» de Coello, en palabras de la comisaria, Mercedes González de Amezúa, el proceso de restauración «ha sorprendido a todos» hasta el punto que «ha revelado la verdadera calidad de una obra que hasta ahora pasaba desapercibida» por su mala conservación. Ese redescubrimiento material y simbólico constituye uno de los grandes atractivos de «El viaje de la luz. De Guido Reni a Murillo», una nueva exposición que se podrá visitar en el Centro Cultural Fundación Unicaja de Málaga hasta el cinco de julio.. Llama la atención dos elementos especialmente singulares. Por un lado, la construcción de la narrativa expositiva a través de la luz, el hilo conductor de la la muestra. Por otro, la puesta en valor de pintores contemporáneos de grandes nombres como Velázquez o Zurbarán que, pese a su enorme calidad y reconocimiento entre los expertos, han permanecido a la sombra.. Organizada junto a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la exposición reúne 81 obras procedentes de los fondos de la institución madrileña, un conjunto excepcional que abarca retratos, escenas religiosas, bodegones y paisajes realizados entre los siglos XVI y XVIII.. Durante la presentación de la muestra, los responsables del proyecto han insistido en que no se trata de una sucesión de obras maestras, sino más bien de un recorrido que explica cómo la pintura europea evolucionó a través del dominio de la iluminación. Como ha señalado el académico Víctor Nieto, «la pintura ha sido siempre un hecho sobresaliente», especialmente en el Siglo de Oro español, aunque figuras de «enorme prestigio» terminaron «eclipsando a otros grandes artistas contemporáneos suyos».. Ese «eclipse histórico», como lo podríamos llamar, es precisamente uno de los puntos fuertes de este proyecto. González de Amezúa ha adelantado que lo interesante de esta exposición es mostrar a los artistas más conocidos dentro de «un contexto de una calidad media grandísima», para explicar después que muchos de los autores presentes «no son tan conocidos para el público, pero sí muy apreciados por los especialistas». El visitante descubre así nombres como Vicente Carducho, Juan de Arellano, Pietro Novelli o Gerard Segher dialogando con Murillo, Ribera o Guido Ren.. El recorrido se organiza en cuatro grandes secciones -Manierismo, Inicio del Barroco y Caravaggismo, Color frente a dibujo y Luminosidad- que permiten observar cómo la luz evoluciona desde un recurso técnico hasta convertirse en un elemento narrativo y espiritual.. La luz como elemento de persuasión. La comisaria ha señalado que la luz puede presentarse «intensa, tamizada, capaz de derramarse en escenas celestiales, modelar los cuerpos o crear espacios fingidos». En ese sentido, la exposición demuestra que el pintor barroco buscaba manipular la realidad para emocionar y persuadir.. De hecho, esa idea está directamente relacionada con el contexto religioso de la época. Nieto ha recordado que, mientras en los países protestantes la fe se transmitía mediante la lectura, en el mundo católico -y especialmente en España- las imágenes desempeñaban un papel fundamental, ya que eran herramientas destinadas a conmover al espectador. «Son imágenes para la persuasión», ha afirmado, vinculándolas directamente con la cultura de la Contrarreforma. La luz, por tanto, «no era naturalista», sino un lenguaje simbólico capaz de dirigir la mirada y despertar la devoción.. Entre las obras más llamativas se encuentra «La Abundancia» de Martín de Vos, que recibe al visitante al inicio del recorrido, o el monumental paisaje de Leandro Bassano con la Riva degli Schiavoni veneciana. También destaca el dramatismo del «Ecce Homo» de José de Ribera, el «Prendimiento de Cristo» de Adam de Coster, que introduce el claroscuro caravaggista con una iluminación dirigida que concentra la tensión narrativa en los gestos y rostros, o los trampantojos del sevillano Bernardo Lorente.. Especial interés despierta el lienzo de Guido Reni, superviviente del incendio del Alcázar de Madrid en 1734, cuyo equilibrio compositivo muestra un Barroco más clásico. Frente a él, el restaurado «Ángel de la Guarda» de Coello simboliza la esencia de esta exposición, la puesta en valor de obras que, tras siglos en segundo plano, recuperan protagonismo. Como ha subrayado la comisaria, estas intervenciones permiten «valorar mucho mejor la calidad de su labor» y ofrecer una lectura renovada de piezas menos conocidas.. Asimismo, la muestra también narra la historia de las colecciones y del coleccionismo. González de Amezúa ha señalado que la Real Academia de San Fernando se ha configurado durante tres siglos como una auténtica «colección de colecciones», fruto del interés de mecenas y figuras históricas que financiaban obras y que exigían altos estándares artísticos, lo que explica la diversidad de escuelas presentes como la italiana, la flamenca y la española.. «El viaje de la luz» es una invitación sin pretensiones a contemplar pinturas extraordinarias, pero también a aprender a mirar de nuevo. La iluminación, entendida como un elemento de manipulación -en el que contexto que se ha desarrollado en este reportaje- guía al visitante a través de un recorrido donde cada obra demuestra que la historia del arte está en constante revisión. Y quizá sea esa la mayor virtud de la muestra, descubrir que a veces basta con devolver la mirada a aquello que desconocemos para cambiar también nuestra forma de entender toda una época.. Por su parte, el director de Actividades Culturales de la Fundación Unicaja, José María Luna, ha subrayado la institución mantiene «la ambición de ser un referente cultural de primer orden, proyectándose también a España», una vocación que se materializa en proyectos como este, capaces de «acercar grandes colecciones al público andaluz».. Luna ha recordado que, hasta hace poco, para disfrutar de exposiciones de este nivel «había que ir a Madrid», mientras que ahora se ponen «a disposición de todos los andaluces». Asimismo, en consonancia con el planteamiento curatorial, ha insistido en que «la luz nos acompaña transversalmente a través de más de ochenta obras», muchas de ellas restauradas para la ocasión, lo que supone «una primicia para los malagueños y visitantes que acudan a la muestra».
El Centro Cultural Fundación Unicaja propone un recorrido por tres siglos de pintura en el que la luz actúa como hilo conductor y en el que se muestran por primera vez obras restauradas para la ocasión
Aquel que se adentra en esta muestra se encuentra frente a obras que, más allá de su relevancia histórica, parecen haber recuperado una nueva vida. Entre ellas destacan el «Cristo resucitado abrazando a la cruz» deGuido Reni o «Ángel de la Guarda» de Claudio Coello, cuya restauración -realizada específicamente para esta muestra- ha permitido redescubrir la inmensa calidad que se escondía tras la suciedad depositada durante siglos en esta pieza.. Sobre el «Ángel de la Guarda» de Coello, en palabras de la comisaria, Mercedes González de Amezúa, el proceso de restauración «ha sorprendido a todos» hasta el punto que «ha revelado la verdadera calidad de una obra que hasta ahora pasaba desapercibida» por su mala conservación. Ese redescubrimiento material y simbólico constituye uno de los grandes atractivos de «El viaje de la luz. De Guido Reni a Murillo», una nueva exposición que se podrá visitar en el Centro Cultural Fundación Unicaja de Málaga hasta el cinco de julio.. Llama la atención dos elementos especialmente singulares. Por un lado, la construcción de una narrativa coherente a través de la luz, el hilo conductor de la exposición. Por otro, la puesta en valor de pintores contemporáneos de grandes nombres como Velázquez o Zurbarán que, pese a su enorme calidad y reconocimiento entre especialistas, han permanecido a la sombra. La muestra propone así una mirada distinta al Barroco y a los siglos precedentes e invita a reconsiderar jerarquías artísticas demasiado asentadas.. Organizada junto a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la exposición reúne 81 obras procedentes de los fondos de la institución madrileña, un conjunto excepcional que abarca retratos, escenas religiosas, bodegones y paisajes realizados entre los siglos XVI y XVIII.. Durante la presentación de la muestra, los responsables del proyecto han insistido en que no se trata únicamente de una sucesión de obras maestras, sino de un recorrido intelectual que explica cómo la pintura europea evolucionó a través del dominio de la iluminación. Como ha explicado el académico Víctor Nieto, «la pintura ha sido siempre un hecho sobresaliente», especialmente en el Siglo de Oro español, aunque figuras de enorme prestigio terminaron «eclipsando a otros grandes artistas contemporáneos suyos».. Ese «eclipse histórico», como lo podríamos llamar, es precisamente uno de los puntos fuertes de este proyecto. González de Amezúa ha adelantado que lo interesante de esta exposición es mostrar a los artistas más conocidos dentro de «un contexto de una calidad media grandísima», para explicar después que muchos de los autores presentes «no son tan conocidos para el público, pero sí muy apreciados por los expertos». El visitante descubre así nombres como Vicente Carducho, Juan de Arellano, Pietro Novelli o Gerard Segher dialogando con Murillo, Ribera o Guido Ren.. El recorrido se organiza en cuatro grandes secciones -Manierismo, Inicio del Barroco y Caravaggismo, Color frente a dibujo y Luminosidad- que permiten observar cómo la luz evoluciona desde un recurso técnico hasta convertirse en un elemento narrativo y espiritual.. La luz como elemento de persuasión. La comisaria ha señalado que la luz puede presentarse «intensa, tamizada, capaz de derramarse en escenas celestiales, modelar los cuerpos o crear espacios fingidos». En ese sentido, la exposición demuestra que el pintor barroco no buscaba reproducir la realidad de forma objetiva, sino manipularla para emocionar y persuadir.. De hecho, esa idea está directamente relacionada con el contexto religioso de la época. Nieto ha recordado que, mientras en los países protestantes la fe se transmitía mediante la lectura, en el mundo católico -y especialmente en España- las imágenes desempeñaban un papel fundamental, ya que eran herramientas destinadas a conmover al espectador. «Son imágenes para la persuasión», ha afirmado, vinculándolas directamente con la cultura de la Contrarreforma. La luz, por tanto, «no era naturalista», sino un lenguaje simbólico capaz de dirigir la mirada y despertar la devoción.. Entre las obras más llamativas se encuentra «La Abundancia» de Martín de Vos, que recibe al visitante al inicio del recorrido, o el monumental paisaje de Leandro Bassano con la Riva degli Schiavoni veneciana. También destacan el dramatismo del «Ecce Homo» de José de Ribera, el «Prendimiento de Cristo» de Adam de Coster, que introduce el claroscuro caravaggista con una iluminación dirigida que concentra la tensión narrativa en los gestos y rostros, o los trampantojos del sevillano Bernardo Lorente.. Especial interés despierta el lienzo de Guido Reni, superviviente del incendio del Alcázar de Madrid en 1734, cuyo equilibrio compositivo muestra un Barroco más clásico. Frente a él, el restaurado «Ángel de la Guarda» de Coello simboliza la esencia de esta exposición, la puesta en valor de obras que, tras siglos en segundo plano, recuperan protagonismo. Como ha subrayado la comisaria, estas intervenciones permiten «valorar mucho mejor la calidad de su labor» y ofrecer una lectura renovada de piezas menos conocidas.. Asimismo, la muestra también narra la historia de las colecciones y del coleccionismo. González de Amezúa ha señalado que la Real Academia de San Fernando se ha configurado durante tres siglos como una auténtica «colección de colecciones», fruto del interés de mecenas y figuras históricas que financiaban obras y que exigían altos estándares artísticos, lo que explica la diversidad de escuelas presentes como la italiana, la flamenca y la española.. «El viaje de la luz» es una invitación sin pretensiones a contemplar pinturas extraordinarias, pero también a aprender a mirar de nuevo. La iluminación, entendida como un elemento de manipulación -en el que contexto que se ha desarrollado en este reportaje- guía al visitante a través de un recorrido donde cada obra demuestra que la historia del arte está en constante revisión. Y quizá sea esa la mayor virtud de la muestra, descubrir que a veces basta con devolver la mirada a aquello que desconocemos para cambiar también nuestra forma de entender toda una época.. Por su parte, el director de Actividades Culturales de la Fundación Unicaja, José María Luna, ha subrayado la institución mantiene «la ambición de ser un referente cultural de primer orden, proyectándose también a España», una vocación que se materializa en proyectos como este, capaces de «acercar grandes colecciones al público andaluz».. Luna ha recordado que, hasta hace poco, para disfrutar de exposiciones de este nivel «había que ir a Madrid», mientras que ahora se ponen «a disposición de todos los andaluces». Asimismo, en consonancia con el planteamiento curatorial, ha insistido en que «la luz nos acompaña transversalmente a través de más de ochenta obras», muchas de ellas restauradas para la ocasión, lo que supone «una primicia para los malagueños y visitantes que acudan a la muestra».
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