Su estudio es una acumulación de recuerdos. La decantación de una vida. Una estratificación hecha de chupas de cuero, cartelería, cuadros, una biblioteca y un par de Harleys, entre un chester, otra biblioteca y la carrocería de una moto cubierta de polvo, pero con valor sentimental. No resultaría exagerado afirmar que [[LINK:TAG|||tag|||6336183959a61a391e0a13e3|||Alberto García-Alix]] ha convertido una vieja nave industrial en un autorretrato y que esa arquitectura reciclada es, de alguna manera, una biografía indirecta hecha con los objetos y recuerdos que le ha dejado la vida. El fotógrafo, que participará con una conferencia en el Festival Europeo de Fotografía de Fujifilm, que se celebra en Madrid, habla de su evolución. Se enfada de que siempre hablen de él por las fotos que hizo en el pasado y de que sean pocos los que hayan reparado en su nueva deriva, más abstracta, hecha de sombras y superposiciones.. ¿Ha cambiado su mirada?. Ahora tengo más recursos, imaginativos y técnicos, pero eso es una media verdad, porque cuanto más sé, al mismo tiempo las cámaras están más viejas, me cuesta cada vez más enfocar y la película que se fabrica hoy en día no me gusta. Ahora los carretes no llevan tanta plata como antes y no definen igual, porque llevan pigmento. No hay la misma calidad. Entonces te conviertes en un ratón de mercadillo, porque las cámaras ya no se fabrican. Nadie hace cámaras analógicas. Tienes que buscar en el mercado de segunda mano. Si se rompe la ampliadora, es muy difícil encontrar otra buena.. «Soy un fotógrafo conocido por la chincheta; la gente cortaba mis fotos y las ponía en la pared». Alberto García-Alix. Me está hablando de lo técnico.. Sí, es cierto. (Risas).La mirada evoluciona, porque la mirada se educa a lo largo de los años. Yo hoy soy bastante más abstracto. Busco recursos nuevos en lo natural. Hay una sobresaturación de imágenes en el mundo contemporáneo que han traído lo digital y las redes. Ya no hay una imagen que te sorprenda, pero creo que mi mirada es más imaginativa, más abstracta y más expresionista. Como corriente recurro al expresionismo y a su alma. Lo que intento hoy es reinventarme, volver a crear un mundo propio, no solo basado en lo natural, en lo que veo, sino abrir otros caminos. Continúo haciendo retratos, pero busco fórmulas más expresionistas con la fotografía a través de la doble o la triple exposición.. Siempre tuvo un mundo propio.. Durante muchos años retraté. No he dejado de hacerlo. Continúo haciendo retratos a amigos y a la gente, pero también busco fórmulas más expresionistas con la fotografía. Por ejemplo, a través de la doble o la triple exposición.. Esa doble exposición la ha aplicado en el autorretrato.. En los autorretratos se aprecia mucho ese cambio. Cuando empecé, en 1976, me hice los primeros autorretratos. En aquella época ponía la cámara con disparador automático, me colocaba delante y me movía para ver qué salía. O me fotografiaba sentado en la escalera de mi casa. Era una forma de aprender. Ponías la cámara con el disparador automático, movías la cabeza y salía movida. Ya veías qué pasaba con el movimiento. Pero también había coquetería juvenil. Lo que pasa es que la coquetería juvenil se pierde, porque los años pasan. Creo que mientras haga autorretratos me mantendré con vida. Mientras pueda seguir viéndome en la fotografía es que me mantengo vivo e interesado en ella. El deseo de verme para tenerme presente. Pero esas imágenes han cambiado mucho.. «En el retrato quisiera mirar hasta donde duele; el primer plano es incisivo y violento». Alberto García-Alix. Son sinceros.. No, sí es sinceridad. Sí, lo que pasa es que reflejan cómo te ves, cómo estás, cómo es la vida. Los años te van cambiando. No quiero ser muy clemente con esa fotografía. La clemencia me parece… Pero cuando intentamos hacer fotos hoy queremos que la gente salga muy guapa.. ¿Existe diferencia entre el selfie y sus autorretratos?. No es lo mismo. Los selfies vienen a ser complacientes. El selfie no tiene ninguna intencionalidad. La fotografía, tal como yo la entiendo, necesita una intención. Empieza en el lugar en que posicionas la cámara. Donde posicionar la cámara es el camino. Ese es el punto de partida. Yo amo la frontalidad. Retratar, para mí, es un ejercicio obsesivo. Necesito dialogar con el modelo. En el retrato quisiera mirar hasta donde duele y la frontalidad precisamente no ofrece ninguna clemencia. El rostro, el primerísimo plano, pierde el sentido del tiempo. El primer plano es incisivo, violento. En el selfie no hay reflexión, mientras que el retrato es una posición tanto física como moral, digamos. Es una posición mental para comprender el hecho fotográfico. Y otra cosa.. «En el retrato me siento como un forense». Alberto García-Alix. Sí.. Los planos más cortos son intemporales. Si yo te hago una foto sin ropa, sin fondo, no hay referencia. Dentro de 50 años no se sabrá si eres de ahora o de dentro de 50 años. El pelo no cambia. Cambian las modas, pero el hombre no.. Son retratos psicológicos, muy de Goya. Implacables.. Pero ahí tiene que haber una incongruencia. La incongruencia es lo más humano de nuestro pensamiento, ¿verdad? Pues bien, en esa frontalidad busco también una naturalidad. Yo odio que la gente me ría o sonría. Necesito por parte de ellos una confrontación, por decirlo así, en el retrato. Me siento como un forense en este género.. Una foto suya: «Autorretrato con el cuerpo herido», de 1981.. Esa foto se hizo cuando entró un grupo de extrema derecha en la Sala El Sol. Yo estaba bailando y esos debían de estar muy pasados. Subieron a la pista echando a todo el mundo a patadas. Me empujaron, me di la vuelta y respondí. Lo que pasa es que me encontré con un hombre con un cuchillo. Ya habían pegado varias puñaladas a otros, como a un amigo mío en el riñón. En ese primer momento no sentí nada, ni me enteré. Solo cuando llegó la policía, que menos mal que llegó… Recuerdo que cogí una botella de Coca-Cola para defenderme y nos quedamos amagando. Cuando llegó la policía los detuvo. Luego el juez los absolvió, lógicamente. No iban a condenar a los cachorros.. Fue un tiempo duro.. En aquella época había mucha violencia de extrema derecha en Madrid. No se cuenta, pero hubo muchas muertes. Siempre nos dicen que la Transición fue modélica, pero yo nunca la he percibido así. Hasta que no llegó Felipe González no se acabó la violencia de extrema derecha en Madrid. Recuerdo que entraban en los bares y cantaban «Cara al sol». El que no cantaba, cobraba. Pero bueno, el caso es que cuando se fue la policía fui a fumarme un cigarro y, al coger el paquete del bolsillo, la mano se me llenó de sangre. Al bajar al cuarto de baño vi que estaba herido. Fui al hospital y el médico me dijo que me había salvado el paquete de Fortuna. El doctor me dijo entonces: «Fume usted Fortuna» (risas). Fíjate si tuve suerte, que esa foto fue de las primeras imágenes mías que salieron al exterior. Se hizo un cartel con esa foto y llegó a Francia. Nunca sabes los caminos por los que las imágenes llegan y dan un paso más allá para darse a conocer.. La extrema derecha ha vuelto.. No me lo esperaba. Del 74 al 80 estaba metido en todo. Los 80 fueron lo que se llamó la Movida y los 90 eran la alegría. Luego entramos en el mercado europeo. Éramos ya socios de pleno derecho. Por todo esto, lo que está pasando no me lo esperaba. Era imposible de imaginar para mí. Es un paso atrás de tal calibre… Pero no es una cosa solo española, es una corriente de los tiempos. Toda aquella alegría de vivir… Ahora todo es un control absoluto… Las calles con cámaras… Todo es otra cosa. Creo que soy un privilegiado porque conocí lo underground, la Movida… Tuve suerte. Estuve en el momento adecuado con el talento preciso.. ¿Qué aprendió de esa cuchillada?. La autorreferencialidad en el retrato. No necesito retratar solo mi cara. A través de una cicatriz podemos buscar el autorretrato. Necesita la sinceridad de no mentir. La autorreferencialidad es importante.. ¿Es lo que hizo al fotografiar el tatuaje de la mano de Camarón?. Claro. El tatuaje de Camarón… Ahora veo gente que lleva mis fotos de Camarón tatuadas en el pecho. Pero siempre que me lo enseñan no llevo cámara (risas). Gracias a esa foto se abrió una corriente de amistad y respeto entre Camarón y yo. Yo había visto ese tatuaje y le pedí que me dejara fotografiarlo. En ese momento, un hombre, Candado, que estaba con Camarón, dijo: «Los artistas no llevan tatuajes». A mí me sentó mal. ¿Cómo que los artistas no llevan tatuajes? ¿Y yo qué soy? Me abrí la camisa y, como llevo el pecho tatuado, el tío dijo: «Hostia, un mapamundi» (risas). Observé que Camarón seguía quieto, con la mano sin moverla. Yo estaba un poco lejos, pero dije: «La tiro». Los otros seguían en su conversación y el único que me estaba mirando era él. Luego me sonrió como diciendo: «Esto es entre tú y yo». Y, a partir de ese momento, entre nosotros hubo una plena comunicación.. «La autoría es un crisol único de la personalidad, el carácter y el conocimiento». Alberto García-Alix. ¿Cómo se gana a la gente para que posen?. En el retrato habita un cosmos físico de miradas, respiraciones y latidos. En un retrato pongo toda mi intención en la mirada. Lo que yo veo sé que es lo que quiero que vea el espectador. Y quiero que el espectador se vea enfrentado al modelo a través de la mirada.. Muy diferente a su foto de Inés Sastre.. Salió en una revista esa imagen. Me convertí en un fotógrafo para la gente joven de la época, un fotógrafo conocido por la chincheta, porque la gente recortaba mis fotos, como esa, y las ponía con una chincheta en la pared. Me parece precioso, la verdad. Fue una manera increíble de llegar a la gente.. ¿Qué convierte una imagen en un icono?. Nunca lo he entendido bien. Pero sí hay imágenes que, de repente, son publicadas en todo el mundo. Lo divertido era que muchas de las fotos de moda pasaban al arte y se vendían en las galerías.. ¿Qué es la autoría?. Concibo la autoría de la imagen bajo una premisa: es una forma de ser y de ver. Es ese crisol único de la personalidad, el carácter y el conocimiento.
El fotógrafo, que impartirá una conferencia en Festival Europeo de Fotografía de Fujifilm en Madrid, habla de su evolución desde el naturalismo a una fotografía nueva marcada por la doble exposición, la abstracción y el expresionismo
Su estudio es una acumulación de recuerdos. La decantación de una vida. Una estratificación hecha de chupas de cuero, cartelería, cuadros, una biblioteca y un par de Harleys, entre un chester, otra biblioteca y la carrocería de una moto cubierta de polvo, pero con valor sentimental. No resultaría exagerado afirmar que Alberto García-Alix ha convertido una vieja nave industrial en un autorretrato y que esa arquitectura reciclada es, de alguna manera, una biografía indirecta hecha con los objetos y recuerdos que le ha dejado la vida. El fotógrafo, que participará con una conferencia en el Festival Europeo de Fotografía de Fujifilm, que se celebra en Madrid, habla de su evolución. Se enfada de que siempre hablen de él por las fotos que hizo en el pasado y de que sean pocos los que hayan reparado en su nueva deriva, más abstracta, hecha de sombras y superposiciones.. ¿Ha cambiado su mirada?. Ahora tengo más recursos, imaginativos y técnicos, pero eso es una media verdad, porque cuanto más sé, al mismo tiempo las cámaras están más viejas, me cuesta cada vez más enfocar y la película que se fabrica hoy en día no me gusta. Ahora los carretes no llevan tanta plata como antes y no definen igual, porque llevan pigmento. No hay la misma calidad. Entonces te conviertes en un ratón de mercadillo, porque las cámaras ya no se fabrican. Nadie hace cámaras analógicas. Tienes que buscar en el mercado de segunda mano. Si se rompe la ampliadora, es muy difícil encontrar otra buena.. «Soy un fotógrafo conocido por la chincheta; la gente cortaba mis fotos y las ponía en la pared». Me está hablando de lo técnico.. Sí, es cierto. (Risas).La mirada evoluciona, porque la mirada se educa a lo largo de los años. Yo hoy soy bastante más abstracto. Busco recursos nuevos en lo natural. Hay una sobresaturación de imágenes en el mundo contemporáneo que han traído lo digital y las redes. Ya no hay una imagen que te sorprenda, pero creo que mi mirada es más imaginativa, más abstracta y más expresionista. Como corriente recurro al expresionismo y a su alma. Lo que intento hoy es reinventarme, volver a crear un mundo propio, no solo basado en lo natural, en lo que veo, sino abrir otros caminos. Continúo haciendo retratos, pero busco fórmulas más expresionistas con la fotografía a través de la doble o la triple exposición.. Siempre tuvo un mundo propio.. Durante muchos años retraté. No he dejado de hacerlo. Continúo haciendo retratos a amigos y a la gente, pero también busco fórmulas más expresionistas con la fotografía. Por ejemplo, a través de la doble o la triple exposición.. Esa doble exposición la ha aplicado en el autorretrato.. En los autorretratos se aprecia mucho ese cambio. Cuando empecé, en 1976, me hice los primeros autorretratos. En aquella época ponía la cámara con disparador automático, me colocaba delante y me movía para ver qué salía. O me fotografiaba sentado en la escalera de mi casa. Era una forma de aprender. Ponías la cámara con el disparador automático, movías la cabeza y salía movida. Ya veías qué pasaba con el movimiento. Pero también había coquetería juvenil. Lo que pasa es que la coquetería juvenil se pierde, porque los años pasan. Creo que mientras haga autorretratos me mantendré con vida. Mientras pueda seguir viéndome en la fotografía es que me mantengo vivo e interesado en ella. El deseo de verme para tenerme presente. Pero esas imágenes han cambiado mucho.. «En el retrato quisiera mirar hasta donde duele; el primer plano es incisivo y violento». Son sinceros.. No, sí es sinceridad. Sí, lo que pasa es que reflejan cómo te ves, cómo estás, cómo es la vida. Los años te van cambiando. No quiero ser muy clemente con esa fotografía. La clemencia me parece… Pero cuando intentamos hacer fotos hoy queremos que la gente salga muy guapa.. ¿Existe diferencia entre el selfie y sus autorretratos?. No es lo mismo. Los selfies vienen a ser complacientes. El selfie no tiene ninguna intencionalidad. La fotografía, tal como yo la entiendo, necesita una intención. Empieza en el lugar en que posicionas la cámara. Donde posicionar la cámara es el camino. Ese es el punto de partida. Yo amo la frontalidad. Retratar, para mí, es un ejercicio obsesivo. Necesito dialogar con el modelo. En el retrato quisiera mirar hasta donde duele y la frontalidad precisamente no ofrece ninguna clemencia. El rostro, el primerísimo plano, pierde el sentido del tiempo. El primer plano es incisivo, violento. En el selfie no hay reflexión, mientras que el retrato es una posición tanto física como moral, digamos. Es una posición mental para comprender el hecho fotográfico. Y otra cosa.. «En el retrato me siento como un forense». Sí.. Los planos más cortos son intemporales. Si yo te hago una foto sin ropa, sin fondo, no hay referencia. Dentro de 50 años no se sabrá si eres de ahora o de dentro de 50 años. El pelo no cambia. Cambian las modas, pero el hombre no.. Son retratos psicológicos, muy de Goya. Implacables.. Pero ahí tiene que haber una incongruencia. La incongruencia es lo más humano de nuestro pensamiento, ¿verdad? Pues bien, en esa frontalidad busco también una naturalidad. Yo odio que la gente me ría o sonría. Necesito por parte de ellos una confrontación, por decirlo así, en el retrato. Me siento como un forense en este género.. Una foto suya: «Autorretrato con el cuerpo herido», de 1981.. Esa foto se hizo cuando entró un grupo de extrema derecha en la Sala El Sol. Yo estaba bailando y esos debían de estar muy pasados. Subieron a la pista echando a todo el mundo a patadas. Me empujaron, me di la vuelta y respondí. Lo que pasa es que me encontré con un hombre con un cuchillo. Ya habían pegado varias puñaladas a otros, como a un amigo mío en el riñón. En ese primer momento no sentí nada, ni me enteré. Solo cuando llegó la policía, que menos mal que llegó… Recuerdo que cogí una botella de Coca-Cola para defenderme y nos quedamos amagando. Cuando llegó la policía los detuvo. Luego el juez los absolvió, lógicamente. No iban a condenar a los cachorros.. Fue un tiempo duro.. En aquella época había mucha violencia de extrema derecha en Madrid. No se cuenta, pero hubo muchas muertes. Siempre nos dicen que la Transición fue modélica, pero yo nunca la he percibido así. Hasta que no llegó Felipe González no se acabó la violencia de extrema derecha en Madrid. Recuerdo que entraban en los bares y cantaban «Cara al sol». El que no cantaba, cobraba. Pero bueno, el caso es que cuando se fue la policía fui a fumarme un cigarro y, al coger el paquete del bolsillo, la mano se me llenó de sangre. Al bajar al cuarto de baño vi que estaba herido. Fui al hospital y el médico me dijo que me había salvado el paquete de Fortuna. El doctor me dijo entonces: «Fume usted Fortuna» (risas). Fíjate si tuve suerte, que esa foto fue de las primeras imágenes mías que salieron al exterior. Se hizo un cartel con esa foto y llegó a Francia. Nunca sabes los caminos por los que las imágenes llegan y dan un paso más allá para darse a conocer.. La extrema derecha ha vuelto.. No me lo esperaba. Del 74 al 80 estaba metido en todo. Los 80 fueron lo que se llamó la Movida y los 90 eran la alegría. Luego entramos en el mercado europeo. Éramos ya socios de pleno derecho. Por todo esto, lo que está pasando no me lo esperaba. Era imposible de imaginar para mí. Es un paso atrás de tal calibre… Pero no es una cosa solo española, es una corriente de los tiempos. Toda aquella alegría de vivir… Ahora todo es un control absoluto… Las calles con cámaras… Todo es otra cosa. Creo que soy un privilegiado porque conocí lo underground, la Movida… Tuve suerte. Estuve en el momento adecuado con el talento preciso.. ¿Qué aprendió de esa cuchillada?. La autorreferencialidad en el retrato. No necesito retratar solo mi cara. A través de una cicatriz podemos buscar el autorretrato. Necesita la sinceridad de no mentir. La autorreferencialidad es importante.. ¿Es lo que hizo al fotografiar el tatuaje de la mano de Camarón?. Claro. El tatuaje de Camarón… Ahora veo gente que lleva mis fotos de Camarón tatuadas en el pecho. Pero siempre que me lo enseñan no llevo cámara (risas). Gracias a esa foto se abrió una corriente de amistad y respeto entre Camarón y yo. Yo había visto ese tatuaje y le pedí que me dejara fotografiarlo. En ese momento, un hombre, Candado, que estaba con Camarón, dijo: «Los artistas no llevan tatuajes». A mí me sentó mal. ¿Cómo que los artistas no llevan tatuajes? ¿Y yo qué soy? Me abrí la camisa y, como llevo el pecho tatuado, el tío dijo: «Hostia, un mapamundi» (risas). Observé que Camarón seguía quieto, con la mano sin moverla. Yo estaba un poco lejos, pero dije: «La tiro». Los otros seguían en su conversación y el único que me estaba mirando era él. Luego me sonrió como diciendo: «Esto es entre tú y yo». Y, a partir de ese momento, entre nosotros hubo una plena comunicación.. «La autoría es un crisol único de la personalidad, el carácter y el conocimiento». ¿Cómo se gana a la gente para que posen?. En el retrato habita un cosmos físico de miradas, respiraciones y latidos. En un retrato pongo toda mi intención en la mirada. Lo que yo veo sé que es lo que quiero que vea el espectador. Y quiero que el espectador se vea enfrentado al modelo a través de la mirada.. Muy diferente a su foto de Inés Sastre.. Salió en una revista esa imagen. Me convertí en un fotógrafo para la gente joven de la época, un fotógrafo conocido por la chincheta, porque la gente recortaba mis fotos, como esa, y las ponía con una chincheta en la pared. Me parece precioso, la verdad. Fue una manera increíble de llegar a la gente.. ¿Qué convierte una imagen en un icono?. Nunca lo he entendido bien. Pero sí hay imágenes que, de repente, son publicadas en todo el mundo. Lo divertido era que muchas de las fotos de moda pasaban al arte y se vendían en las galerías.. ¿Qué es la autoría?. Concibo la autoría de la imagen bajo una premisa: es una forma de ser y de ver. Es ese crisol único de la personalidad, el carácter y el conocimiento.
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