La seda se obtiene del hilo desenrollado de un capullo producido por un gusano de seda, «bombyx mori», nutrido normalmente de hojas de morera, sus cualidades de brillo y elasticidad la convirtieron en un producto de lujo en la Antigüedad cuyo monopolio tenía originalmente China. Las excavaciones en Hemudu, en la provincia de Zhejiang, han sacado a la luz herramientas neolíticas para tejer gasas de seda. Los primeros ejemplos conocidos de seda tejida datan del año 2700 a.C. y proceden del yacimiento de Qianshanyang, también en Zhejiang. Sin embargo, la producción de seda a gran escala y con técnicas de tejido más sofisticadas sólo aparecería a partir de las dinastías chinas Shang y Zhou, en el segundo milenio antes de Cristo.. Aunque antes hubo intercambios el comercio de la seda se desarrolla durante la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.) creándose una red de rutas comerciales que conectaban Oriente como el Imperio Romano. Durante siglos China protegió celosamente este proceso penalizando con la muerte a quien revelara el secreto de la producción del valioso tejido o sacara huevos de gusanos del país, lo que convirtió a la seda en un valioso tejido de lujo, moneada diplomática o símbolo de estatus. En Roma, la seda causó un gran revuelo político, filósofos como Séneca se quejaban de la trasparencia de los vestidos argumentando que dejaban al descubierto la mayor parte del cuerpo. Cuando los visigodos de Alarico I sitiaron Roma en 410, exigieron un rescate para levantar el asedio que incluía, entre otras mercancías de lujo, cuatro mil túnicas de seda.. La producción propia de seda en Occidente no comenzaría hasta la época de Justiniano en el siglo VI, cuando dos monjes nestorianos que habían visitado la India y China se entrevistaron con Justiniano informándole de la posibilidad de traer la seda a Bizancio, según Procopio de Cesarea en su obra «Historia de las Guerras»: «Decían haber vivido durante algún tiempo en un país llamado Serinda, situado más allá del territorio habitado por numerosas tribus indias, donde habían estudiado con gran cuidado la posibilidad de fabricar seda en el país de los romanos. Ante las insistentes preguntas del emperador, que deseaba asegurarse de que decían la verdad, los monjes explicaron que era imposible transportar las larvas vivas desde Serinda, pero que sí resultaba sencillo producirlas. La semilla de aquellas larvas consistía en una gran cantidad de huevos que, mucho tiempo después de la puesta, los habitantes de Serinda cubrían con paja y calentaban durante un período suficiente para provocar el nacimiento de los animales. Tras escuchar esto, el emperador les prometió grandes favores y les pidió que confirmaran sus palabras mediante una prueba. Ellos regresaron a Serinda y desde allí llevaron a Bizancio huevos que lograron transformar en larvas del modo descrito, alimentando después a aquellas larvas con hojas de morera. Desde entonces comenzó a fabricarse seda entre los romanos».. Una afirmación semejante apareció en la obra de Teófanes de Bizancio transmitida por Focio poniendo de manifiesto el conocimiento del gusano de seda a través de la semilla que venía de la tierra de los Seres. Los monjes trajeron los huevos de los gusanos en bastones de bambú siendo el episodio conocido como uno de los primeros casos de lo que hoy llamaríamos espionaje industrial de la historia.. Puño de hierro, guante de seda. A partir de Justiniano, el Imperio desarrolló una sericultura propia y un monopolio estatal sobre ciertas sedas, especialmente las púrpuras imperiales. Eso permitió transformar la seda en un instrumento de poder, protegida mediante la legislación imperial; indispensable en el ceremonial imperial, empleada como regalo diplomático. La legislación imperial sobre la seda se conserva en dos formas: decretos imperiales, incorporados en los Códigos Teodosiano y Justinianeo, el Codex Iurex Civilis, en una Novela de León el Sabio y en las Basílikas, codificación de leyes del emperador Basilio I en el siglo IX y legislación económica, como la recogida en el Libro del Prefecto del siglo IX.. Los decretos se preocuparon, en primer lugar, de establecer y después de mantener un monopolio imperial sobre la producción de sedas destinadas al consumo cortesano, siendo las principales las sedas púrpuras teñidas con múrex. Desde el siglo cuarto hasta el décimo, las sedas y púrpuras imperiales parecen haber sido manufacturadas exclusivamente en talleres imperiales, pero en el siglo X algunas comenzaron a producirse, bajo estricto control, por gremios sederos no imperiales en Constantinopla. En Bizancio cubrieron los iconostasios de las iglesias y los mantos de los emperadores funcionado como importante regalo diplomático concebido tanto para salvaguardar la paz con el mundo árabe como para sellar alianzas con Occidente. La Cuarta Cruzada y el saqueo de Constantinopla en 1204 destruyeron buena parte de la infraestructura económica y administrativa imperial. Desde entonces, Bizancio dejó de controlar la producción y circulación mediterránea de seda. La hegemonía pasó progresivamente a talleres italianos, especialmente los de Lucca, Venecia y más tarde Florencia, de la púrpura imperial en el sigo XIV sólo quedaba el recuerdo.
Su introducción permitió a Bizancio controlar uno de los productos más prestigiosos, cuyo valor simboliza el poder imperial y la alianza diplomática
La seda se obtiene del hilo desenrollado de un capullo producido por un gusano de seda, «bombyx mori», nutrido normalmente de hojas de morera, sus cualidades de brillo y elasticidad la convirtieron en un producto de lujo en la Antigüedad cuyo monopolio tenía originalmente China. Las excavaciones en Hemudu, en la provincia de Zhejiang, han sacado a la luz herramientas neolíticas para tejer gasas de seda. Los primeros ejemplos conocidos de seda tejida datan del año 2700 a.C. y proceden del yacimiento de Qianshanyang, también en Zhejiang. Sin embargo, la producción de seda a gran escala y con técnicas de tejido más sofisticadas sólo aparecería a partir de las dinastías chinas Shang y Zhou, en el segundo milenio antes de Cristo.. Aunque antes hubo intercambios el comercio de la seda se desarrolla durante la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.) creándose una red de rutas comerciales que conectaban Oriente como el Imperio Romano. Durante siglos China protegió celosamente este proceso penalizando con la muerte a quien revelara el secreto de la producción del valioso tejido o sacara huevos de gusanos del país, lo que convirtió a la seda en un valioso tejido de lujo, moneada diplomática o símbolo de estatus. En Roma, la seda causó un gran revuelo político, filósofos como Séneca se quejaban de la trasparencia de los vestidos argumentando que dejaban al descubierto la mayor parte del cuerpo. Cuando los visigodos de Alarico I sitiaron Roma en 410, exigieron un rescate para levantar el asedio que incluía, entre otras mercancías de lujo, cuatro mil túnicas de seda.. La producción propia de seda en Occidente no comenzaría hasta la época de Justiniano en el siglo VI, cuando dos monjes nestorianos que habían visitado la India y China se entrevistaron con Justiniano informándole de la posibilidad de traer la seda a Bizancio, según Procopio de Cesarea en su obra «Historia de las Guerras»: «Decían haber vivido durante algún tiempo en un país llamado Serinda, situado más allá del territorio habitado por numerosas tribus indias, donde habían estudiado con gran cuidado la posibilidad de fabricar seda en el país de los romanos. Ante las insistentes preguntas del emperador, que deseaba asegurarse de que decían la verdad, los monjes explicaron que era imposible transportar las larvas vivas desde Serinda, pero que sí resultaba sencillo producirlas. La semilla de aquellas larvas consistía en una gran cantidad de huevos que, mucho tiempo después de la puesta, los habitantes de Serinda cubrían con paja y calentaban durante un período suficiente para provocar el nacimiento de los animales. Tras escuchar esto, el emperador les prometió grandes favores y les pidió que confirmaran sus palabras mediante una prueba. Ellos regresaron a Serinda y desde allí llevaron a Bizancio huevos que lograron transformar en larvas del modo descrito, alimentando después a aquellas larvas con hojas de morera. Desde entonces comenzó a fabricarse seda entre los romanos».. Una afirmación semejante apareció en la obra de Teófanes de Bizancio transmitida por Focio poniendo de manifiesto el conocimiento del gusano de seda a través de la semilla que venía de la tierra de los Seres. Los monjes trajeron los huevos de los gusanos en bastones de bambú siendo el episodio conocido como uno de los primeros casos de lo que hoy llamaríamos espionaje industrial de la historia.. Puño de hierro, guante de seda. A partir de Justiniano, el Imperio desarrolló una sericultura propia y un monopolio estatal sobre ciertas sedas, especialmente las púrpuras imperiales. Eso permitió transformar la seda en un instrumento de poder, protegida mediante la legislación imperial; indispensable en el ceremonial imperial, empleada como regalo diplomático. La legislación imperial sobre la seda se conserva en dos formas: decretos imperiales, incorporados en los Códigos Teodosiano y Justinianeo, el Codex Iurex Civilis, en una Novela de León el Sabio y en las Basílikas, codificación de leyes del emperador Basilio I en el siglo IX y legislación económica, como la recogida en el Libro del Prefecto del siglo IX.. Los decretos se preocuparon, en primer lugar, de establecer y después de mantener un monopolio imperial sobre la producción de sedas destinadas al consumo cortesano, siendo las principales las sedas púrpuras teñidas con múrex. Desde el siglo cuarto hasta el décimo, las sedas y púrpuras imperiales parecen haber sido manufacturadas exclusivamente en talleres imperiales, pero en el siglo X algunas comenzaron a producirse, bajo estricto control, por gremios sederos no imperiales en Constantinopla. En Bizancio cubrieron los iconostasios de las iglesias y los mantos de los emperadores funcionado como importante regalo diplomático concebido tanto para salvaguardar la paz con el mundo árabe como para sellar alianzas con Occidente. La Cuarta Cruzada y el saqueo de Constantinopla en 1204 destruyeron buena parte de la infraestructura económica y administrativa imperial. Desde entonces, Bizancio dejó de controlar la producción y circulación mediterránea de seda. La hegemonía pasó progresivamente a talleres italianos, especialmente los de Lucca, Venecia y más tarde Florencia, de la púrpura imperial en el sigo XIV sólo quedaba el recuerdo.
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