Diecisiete años después de conquistar a millones de lectores con «Criadas y señoras», Kathryn Stockett (Misisipi, 1969) regresa a las librerías con «El club de las indomables» (Planeta), una ambiciosa novela ambientada en el Misisipi de 1933, en plena Gran Depresión. La escritora estadounidense ha pasado el fin de semana firmando ejemplares en la Feria del Libro de Madrid, donde ha compartido con los lectores una historia protagonizada por mujeres que luchan contra la pobreza, las convenciones sociales y unas leyes diseñadas para controlar sus vidas.. La espera ha sido larga, mucho más de lo habitual en una industria editorial acostumbrada a las novedades constantes. Stockett no esconde que el éxito extraordinario de su primera novela, rechazada en su día por sesenta editoriales antes de convertirse en un fenómeno internacional y dar el salto al cine, acabó convirtiéndose en una presión difícil de gestionar. «Cuando escribí ‘‘Criadas y señoras’’ vivía en Nueva York y conté esa historia porque me apetecía volver a escuchar las voces de mi infancia en Misisipi. La escribí para mí misma», recuerda. Sin embargo, la situación era muy distinta cuando comenzó a trabajar en su nueva novela. «Con ‘‘El club de las indomables’’ ya no estaba sola; había mucha gente en la habitación conmigo: lectores, editores… Pasé por un proceso paralizante», admite.. «He tardado 17 años porque pasé por un proceso paralizante después de ‘‘Criadas y señoras’’». Aquella parálisis creativa se prolongó durante años. La autora quería escribir una historia breve, pero el contexto histórico terminó imponiendo otras exigencias. «Sentía que tenía que ahondar en la discriminación, el machismo, la hipocresía, el racismo… No podía no hacerlo», explica. El resultado es una novela coral protagonizada por Meg, una niña huérfana; Birdie, una joven que intenta salvar la granja familiar; y Charlie, una madre decidida a recuperar a su hija.. Esterilización forzosa. Durante mucho tiempo, sin embargo, Stockett sintió que a la historia le faltaba algo esencial. «Llevaba cinco o seis años escribiendo el libro y sentía que le faltaba alma», admite. El desbloqueo llegó cuando descubrió las leyes de esterilización forzosa que estuvieron vigentes en distintos estados norteamericanos. «Di con una ley que legalizaba la esterilización de las personas por motivos increíbles. Sobre todo afectaba a mujeres jóvenes, especialmente en el sur, donde llegó a extenderse a las que eran consideradas promiscuas».. La investigación la llevó a profundizar en unas políticas eugenésicas que durante décadas contaron con respaldo institucional. «La policía tenía autoridad para detener a una mujer aleatoriamente por la calle solo por su imagen. Después de la Primera Guerra Mundial muchos soldados volvieron con enfermedades de transmisión sexual y se culpó, cómo no, a las mujeres», señala. Lo que más la sorprendió fue descubrir que algunas de aquellas leyes permanecieron vigentes hasta finales del siglo XX. «A veces se tomaba una simple operación de apendicitis como excusa para esterilizar a la persona».. La conversación deriva inevitablemente hacia la situación actual de los derechos de las mujeres en Estados Unidos. Aunque Stockett reconoce que suele evitar los debates políticos, no oculta su preocupación. «No suelo hablar de política porque es un tema muy polarizante, sobre todo en mi país hoy en día», afirma. «Pero sí, las mujeres ahora estamos perdiendo nuestros derechos, sobre todo en materia de salud. El acceso al aborto cada vez está más restringido». Su valoración del momento que atraviesa el país es contundente: «No me gusta el gobierno actual de Estados Unidos. Es una locura y es muy triste que estemos así».. Pese a ello, no parece interesada en trasladar directamente esa realidad al terreno de la ficción. «Sería interesante escribir una novela sobre esta situación, desde luego, pero yo prefiero escribir sobre el pasado», explica. Para la autora, la literatura tiene una capacidad única para transportar al lector a otros contextos y otras épocas. «Creo que los libros funcionan como una máquina del tiempo. Nos ponen en la piel de otra persona para entender sus circunstancias vitales y desarrollar simpatía y sabiduría».. Aunque los acontecimientos históricos desempeñan un papel fundamental en la novela, Stockett insiste en que sus protagonistas son fruto de la imaginación. «Son ficticios. No puedo escribir sobre personas reales porque me demandarían otra vez», bromea. Aun así, reconoce que suelen construirse a partir de una mezcla de personas queridas y otras no tanto. «Es placentero ejercer de Dios y crear tu propio mundo».. Humor pese a todo. La novela también aborda otras realidades silenciadas en el sur de Estados Unidos, como la persecución de la homosexualidad. «Era una realidad de la que todo el mundo sabía pero nadie hablaba», explica Stockett. «En los años veinte la homosexualidad estaba considerada una enfermedad y en algunos hospitales se llegaba incluso a practicar terapia de conversión». Una muestra más de una época marcada por el control social y la estigmatización de quienes se apartaban de la norma.. «Si no me hubiese reído mientras escribía este libro, me hubiese muerto de pena». La escritora asegura que nunca ha dejado de escribir durante estos diecisiete años. «Espero que este largo periodo me haya convertido en una mejor escritora», reflexiona. La presión tras el éxito de «Criadas y señoras» fue enorme. «Mi editorial me despidió porque en diez años no entregué nada», reconoce entre risas. Pese a la dureza de muchos de los asuntos que aborda, la autora reivindica también la importancia del humor. «Es necesario reír para nuestra salud mental. He escrito este libro durante diecisiete años y, si no me hubiese reído mientras lo escribía, me habría muerto de pena».. Las mujeres de «El club de las indomables» sobreviven en un entorno hostil y encuentran fuerzas para desafiar las normas de su tiempo. Para Stockett, esa resistencia nace de una necesidad elemental. «No tenían alternativa», responde cuando se le pregunta por el coraje de sus protagonistas. «¿Hasta qué punto somos capaces de llegar para recuperar a un hijo que hemos perdido? Yo, como madre, sé que daría la vida por mi hija», dice. Esa convicción atraviesa toda la novela. «Como mujeres tenemos ese coraje de resolver los problemas por nosotras mismas. Somos mucho más fuertes de lo que pensamos», concluye la novelista.
Kathryn Stockett narra en «El club de las indomables» la rebelión de unas mujeres en el Misisipi de los años 30
Diecisiete años después de conquistar a millones de lectores con «Criadas y señoras», Kathryn Stockett (Misisipi, 1969) regresa a las librerías con «El club de las indomables» (Planeta), una ambiciosa novela ambientada en el Misisipi de 1933, en plena Gran Depresión. La escritora estadounidense ha pasado el fin de semana firmando ejemplares en la Feria del Libro de Madrid, donde ha compartido con los lectores una historia protagonizada por mujeres que luchan contra la pobreza, las convenciones sociales y unas leyes diseñadas para controlar sus vidas.. La espera ha sido larga, mucho más de lo habitual en una industria editorial acostumbrada a las novedades constantes. Stockett no esconde que el éxito extraordinario de su primera novela, rechazada en su día por sesenta editoriales antes de convertirse en un fenómeno internacional y dar el salto al cine, acabó convirtiéndose en una presión difícil de gestionar. «Cuando escribí ‘‘Criadas y señoras’’ vivía en Nueva York y conté esa historia porque me apetecía volver a escuchar las voces de mi infancia en Misisipi. La escribí para mí misma», recuerda. Sin embargo, la situación era muy distinta cuando comenzó a trabajar en su nueva novela. «Con ‘‘El club de las indomables’’ ya no estaba sola; había mucha gente en la habitación conmigo: lectores, editores… Pasé por un proceso paralizante», admite.. «He tardado 17 años porque pasé por un proceso paralizante después de ‘‘Criadas y señoras’’». Aquella parálisis creativa se prolongó durante años. La autora quería escribir una historia breve, pero el contexto histórico terminó imponiendo otras exigencias. «Sentía que tenía que ahondar en la discriminación, el machismo, la hipocresía, el racismo… No podía no hacerlo», explica. El resultado es una novela coral protagonizada por Meg, una niña huérfana; Birdie, una joven que intenta salvar la granja familiar; y Charlie, una madre decidida a recuperar a su hija.. Esterilización forzosa. Durante mucho tiempo, sin embargo, Stockett sintió que a la historia le faltaba algo esencial. «Llevaba cinco o seis años escribiendo el libro y sentía que le faltaba alma», admite. El desbloqueo llegó cuando descubrió las leyes de esterilización forzosa que estuvieron vigentes en distintos estados norteamericanos. «Di con una ley que legalizaba la esterilización de las personas por motivos increíbles. Sobre todo afectaba a mujeres jóvenes, especialmente en el sur, donde llegó a extenderse a las que eran consideradas promiscuas».. La investigación la llevó a profundizar en unas políticas eugenésicas que durante décadas contaron con respaldo institucional. «La policía tenía autoridad para detener a una mujer aleatoriamente por la calle solo por su imagen. Después de la Primera Guerra Mundial muchos soldados volvieron con enfermedades de transmisión sexual y se culpó, cómo no, a las mujeres», señala. Lo que más la sorprendió fue descubrir que algunas de aquellas leyes permanecieron vigentes hasta finales del siglo XX. «A veces se tomaba una simple operación de apendicitis como excusa para esterilizar a la persona».. La conversación deriva inevitablemente hacia la situación actual de los derechos de las mujeres en Estados Unidos. Aunque Stockett reconoce que suele evitar los debates políticos, no oculta su preocupación. «No suelo hablar de política porque es un tema muy polarizante, sobre todo en mi país hoy en día», afirma. «Pero sí, las mujeres ahora estamos perdiendo nuestros derechos, sobre todo en materia de salud. El acceso al aborto cada vez está más restringido». Su valoración del momento que atraviesa el país es contundente: «No me gusta el gobierno actual de Estados Unidos. Es una locura y es muy triste que estemos así».. Pese a ello, no parece interesada en trasladar directamente esa realidad al terreno de la ficción. «Sería interesante escribir una novela sobre esta situación, desde luego, pero yo prefiero escribir sobre el pasado», explica. Para la autora, la literatura tiene una capacidad única para transportar al lector a otros contextos y otras épocas. «Creo que los libros funcionan como una máquina del tiempo. Nos ponen en la piel de otra persona para entender sus circunstancias vitales y desarrollar simpatía y sabiduría».. Aunque los acontecimientos históricos desempeñan un papel fundamental en la novela, Stockett insiste en que sus protagonistas son fruto de la imaginación. «Son ficticios. No puedo escribir sobre personas reales porque me demandarían otra vez», bromea. Aun así, reconoce que suelen construirse a partir de una mezcla de personas queridas y otras no tanto. «Es placentero ejercer de Dios y crear tu propio mundo».. Humor pese a todo. La novela también aborda otras realidades silenciadas en el sur de Estados Unidos, como la persecución de la homosexualidad. «Era una realidad de la que todo el mundo sabía pero nadie hablaba», explica Stockett. «En los años veinte la homosexualidad estaba considerada una enfermedad y en algunos hospitales se llegaba incluso a practicar terapia de conversión». Una muestra más de una época marcada por el control social y la estigmatización de quienes se apartaban de la norma.. «Si no me hubiese reído mientras escribía este libro, me hubiese muerto de pena». La escritora asegura que nunca ha dejado de escribir durante estos diecisiete años. «Espero que este largo periodo me haya convertido en una mejor escritora», reflexiona. La presión tras el éxito de «Criadas y señoras» fue enorme. «Mi editorial me despidió porque en diez años no entregué nada», reconoce entre risas. Pese a la dureza de muchos de los asuntos que aborda, la autora reivindica también la importancia del humor. «Es necesario reír para nuestra salud mental. He escrito este libro durante diecisiete años y, si no me hubiese reído mientras lo escribía, me habría muerto de pena».. Las mujeres de «El club de las indomables» sobreviven en un entorno hostil y encuentran fuerzas para desafiar las normas de su tiempo. Para Stockett, esa resistencia nace de una necesidad elemental. «No tenían alternativa», responde cuando se le pregunta por el coraje de sus protagonistas. «¿Hasta qué punto somos capaces de llegar para recuperar a un hijo que hemos perdido? Yo, como madre, sé que daría la vida por mi hija», dice. Esa convicción atraviesa toda la novela. «Como mujeres tenemos ese coraje de resolver los problemas por nosotras mismas. Somos mucho más fuertes de lo que pensamos», concluye la novelista.
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