El 24 de marzo de 1916, Enrique Granados puso fin al romanticismo con un último gesto de generosidad y desprendimiento hacia la vida y, a pesar de la fobia congénita que sentía hacia el agua y de apenas saber nadar, se arrojó al mar sin vacilar ni dejarse intimidar por el miedo para intentar salvar a su mujer. Unos minutos antes, el submarino alemán UB-29 había torpedeado el casco del Sussex, un vapor con pabellón francés que atravesaba las aguas del [[LINK:TAG|||tag|||63361abc59a61a391e0a18e7|||Canal de la Mancha]]. Su capitán, Herbert Pustkuchen, que lo había confundido con un buque minador, jamás podía imaginar que su decisión terminaría con la vida de uno de los compositores españoles más florecientes de principios del siglo XX. El músico y su esposa, agarrados el uno al otro, se hundieron en las procelosas aguas del Atlántico, dejando en los supervivientes una estampa que perduraría en su memoria y que después se perpetuaría como leyenda. Una imagen que, desde que la conoció en la sinopsis de un disco, obsesionó a Marta San Miguel, autora de «Antes del salto», que regresa ahora con «Última escala» (Libros del Asteroide), un título que noveliza la historia de un pianista que supo reconciliar la tradición musical española y la europea. «Todo surge porque descubro su historia. En casa se escuchaba música clásica y escuché esa pieza que me resultaba familiar, pero que, sin embargo, no había oído nunca. La clásica es algo que hacen los europeos, pero esta música me hablaba a mí. Busqué al autor y leí su biografía, que ocupaba la página del libreto, y desde ese momento ya se me quedó atravesada, hasta el punto de que hice reportajes en diarios», reconoce la escritora.. Con estos escasos mimbres, la novelista comenzó una indagación que le ha llevado tres años completar y que ha concretado en un título que va más allá de ese incidente final y ahonda con acierto en una de las principales figuras que ha dado la música en nuestro país. «Me di cuenta de que aquel era un mundo que habíamos perdido y olvidado, pero no podía recuperarlo si no tenía esta historia mal resuelta. Necesitaba comprender quién era este hombre que, cuando triunfa como músico, se lanza al mar para rescatar a su mujer. ¿Por qué tiene una reacción como esa, que está por encima de cualquier calificativo que podamos darle? La brutalidad de ese gesto final me hablaba de las cualidades de una persona que me requirió mucho tiempo de investigación. En ocasiones no podemos entender por qué actuamos como actuamos. La verdadera naturaleza humana sale cuando reaccionas de esta manera, sin pensar».. Granados fue el primer músico que tocó en la Casa Blanca ante un presidente de Estados Unidos. Marta San Miguel reconoce que «ha sido un esfuerzo titánico recomponer el tiempo que vivió, los vínculos que mantuvo con otros músicos, cómo era esa España y esa Europa» para intentar impregnar sus páginas de la necesaria verosimilitud y un adecuado realismo. Aunque, como matiza ella misma, esto «no es una biografía; es una reconstrucción literaria de Enrique Granados a través de escenas que existieron y que conocemos por la documentación». El resultado es un volumen riguroso y ameno que trasciende lo anecdótico para ofrecer una ajustada semblanza de esta figura principal de nuestro arte que, por el devenir del siglo y el desapego que traen consigo las modas, ha quedado soslayada para el gran público y que ahora pervive entre nosotros apenas esbozada, desdibujada, cuando no olvidada por muchos. «¿Por qué nos permitimos olvidar a Albéniz, a Sarasate, a Joaquín Rodrigo…? ¿Por qué prescindimos de estos nombres en las programaciones, en los grandes festivales, en los grandes teatros? No digo que haya que hacer una apología de nuestra música, pero debemos estar orgullosos de nuestro patrimonio musical. Podemos estar orgullosos de cómo sonamos como país. La música de Granados está ahí gracias a Alicia de Larrocha», comenta con entusiasmo.. Marta San Miguel, que apunta que «Granados improvisaba sobre el piano y nunca interpretaba sus partituras de igual manera, y es probable que este salto final desde el barco fuera quizá su última improvisación», reivindica su nombre y afirma con rotundidad que «él fue fundamental en España. Barcelona desarrolla una escuela pianística influida por la cercanía con los Pirineos y la propia efervescencia de la ciudad, que hizo que acudieran músicos europeos, pero el hecho de que él estudiara en París resultó fundamental, no solo porque aprendió a tocar de una manera que no era la común, sino por los vínculos que estableció». La autora menciona aquí a grandes talentos, como Ravel o Debussy, «que se movían en un entorno impresionista. Granados estaba ahí y se empapó de todo aquello. Es crucial que saliera y que volviera, aunque aquí, sin Albéniz, no hay Granados».. «Su muerte le llegó en lo más alto y nos privó de lo que nos pudo haber dado». Marta San Miguel. Para ella, estos creadores «no imitaron a los europeos. Con lo que aprendieron, escucharon, sintieron y tomaron de toda la música popular española, crearon un sonido basado en la excelencia de los músicos europeos, pero aplicándolo a las canciones populares». Marta San Miguel relata la curiosidad de que Granados, un hombre de carácter simpático, desenvuelto, sin miriñaques que sujetaran su espontaneidad, «se iba por las masías, pasaba el día con los payeses y escuchaba cantar. Debía de ser carismático. Luego, al regresar, tomaba papel y componía; por eso lo llamaban el Grieg. Albéniz y Granados miraron a las raíces españolas para encontrar un sonido propio y evitar imitar a los franceses o a los demás».. Granados muere cuando había alcanzado la cima. Su talento comienza a ser reconocido y se convierte en el primer músico español en tocar en la[[LINK:TAG|||tag|||6336188e87d98e3342b2714c||| Casa Blanca]], en presencia del presidente de Estados Unidos. Pero siempre tuvo mala suerte. «Su carrera comienza cuando está en el barco. Su carrera comienza ahí. Ha atraído por fin la atención internacional. Y eso que él mismo sabía que las “Goyescas” no era una obra perfecta. Pero había obtenido el beneplácito, tenía propuestas para tocar en América y Europa. Por fin podía quitarse las deudas y dedicarse por primera vez en exclusiva a la música». Lo que sucedió fue una fatalidad. Al aceptar la invitación del presidente Wilson y tocar ante él, renunció a tomar un barco de bandera española que lo devolvía a su país y tomó otra embarcación días después que le obligaba a hacer escala en Gran Bretaña y embarcar en el buque que le llevaría a Francia. Pero la[[LINK:TAG|||tag|||63361a0687d98e3342b273fb||| Primera Guerra Mundial]] ya había estallado y navegar a través del Canal de la Mancha era jugar a la ruleta rusa. «Es una conjetura pensar hasta dónde pudo haber llegado. A saber qué habría hecho, pero me temo que el destino nos ha privado de tener lo mejor de Granados».
Marta San Miguel recupera en «Última escala» la figura del compositor, que murió en el mar después de que un submarino alemán torpedeara su barco
El 24 de marzo de 1916, Enrique Granados puso fin al romanticismo con un último gesto de generosidad y desprendimiento hacia la vida y, a pesar de la fobia congénita que sentía hacia el agua y de apenas saber nadar, se arrojó al mar sin vacilar ni dejarse intimidar por el miedo para intentar salvar a su mujer. Unos minutos antes, el submarino alemán UB-29 había torpedeado el casco del Sussex, un vapor con pabellón francés que atravesaba las aguas del Canal de la Mancha. Su capitán, Herbert Pustkuchen, que lo había confundido con un buque minador, jamás podía imaginar que su decisión terminaría con la vida de uno de los compositores españoles más florecientes de principios del siglo XX. El músico y su esposa, agarrados el uno al otro, se hundieron en las procelosas aguas del Atlántico, dejando en los supervivientes una estampa que perduraría en su memoria y que después se perpetuaría como leyenda. Una imagen que, desde que la conoció en la sinopsis de un disco, obsesionó a Marta San Miguel, autora de «Antes del salto», que regresa ahora con «Última escala» (Libros del Asteroide), un título que noveliza la historia de un pianista que supo reconciliar la tradición musical española y la europea. «Todo surge porque descubro su historia. En casa se escuchaba música clásica y escuché esa pieza que me resultaba familiar, pero que, sin embargo, no había oído nunca. La clásica es algo que hacen los europeos, pero esta música me hablaba a mí. Busqué al autor y leí su biografía, que ocupaba la página del libreto, y desde ese momento ya se me quedó atravesada, hasta el punto de que hice reportajes en diarios», reconoce la escritora.. Con estos escasos mimbres, la novelista comenzó una indagación que le ha llevado tres años completar y que ha concretado en un título que va más allá de ese incidente final y ahonda con acierto en una de las principales figuras que ha dado la música en nuestro país. «Me di cuenta de que aquel era un mundo que habíamos perdido y olvidado, pero no podía recuperarlo si no tenía esta historia mal resuelta. Necesitaba comprender quién era este hombre que, cuando triunfa como músico, se lanza al mar para rescatar a su mujer. ¿Por qué tiene una reacción como esa, que está por encima de cualquier calificativo que podamos darle? La brutalidad de ese gesto final me hablaba de las cualidades de una persona que me requirió mucho tiempo de investigación. En ocasiones no podemos entender por qué actuamos como actuamos. La verdadera naturaleza humana sale cuando reaccionas de esta manera, sin pensar».. Granados fue el primer músico que tocó en la Casa Blanca ante un presidente de Estados Unidos. Marta San Miguel reconoce que «ha sido un esfuerzo titánico recomponer el tiempo que vivió, los vínculos que mantuvo con otros músicos, cómo era esa España y esa Europa» para intentar impregnar sus páginas de la necesaria verosimilitud y un adecuado realismo. Aunque, como matiza ella misma, esto «no es una biografía; es una reconstrucción literaria de Enrique Granados a través de escenas que existieron y que conocemos por la documentación». El resultado es un volumen riguroso y ameno que trasciende lo anecdótico para ofrecer una ajustada semblanza de esta figura principal de nuestro arte que, por el devenir del siglo y el desapego que traen consigo las modas, ha quedado soslayada para el gran público y que ahora pervive entre nosotros apenas esbozada, desdibujada, cuando no olvidada por muchos. «¿Por qué nos permitimos olvidar a Albéniz, a Sarasate, a Joaquín Rodrigo…? ¿Por qué prescindimos de estos nombres en las programaciones, en los grandes festivales, en los grandes teatros? No digo que haya que hacer una apología de nuestra música, pero debemos estar orgullosos de nuestro patrimonio musical. Podemos estar orgullosos de cómo sonamos como país. La música de Granados está ahí gracias a Alicia de Larrocha», comenta con entusiasmo.. Marta San Miguel, que apunta que «Granados improvisaba sobre el piano y nunca interpretaba sus partituras de igual manera, y es probable que este salto final desde el barco fuera quizá su última improvisación», reivindica su nombre y afirma con rotundidad que «él fue fundamental en España. Barcelona desarrolla una escuela pianística influida por la cercanía con los Pirineos y la propia efervescencia de la ciudad, que hizo que acudieran músicos europeos, pero el hecho de que él estudiara en París resultó fundamental, no solo porque aprendió a tocar de una manera que no era la común, sino por los vínculos que estableció». La autora menciona aquí a grandes talentos, como Ravel o Debussy, «que se movían en un entorno impresionista. Granados estaba ahí y se empapó de todo aquello. Es crucial que saliera y que volviera, aunque aquí, sin Albéniz, no hay Granados».. «Su muerte le llegó en lo más alto y nos privó de lo que nos pudo haber dado». Para ella, estos creadores «no imitaron a los europeos. Con lo que aprendieron, escucharon, sintieron y tomaron de toda la música popular española, crearon un sonido basado en la excelencia de los músicos europeos, pero aplicándolo a las canciones populares». Marta San Miguel relata la curiosidad de que Granados, un hombre de carácter simpático, desenvuelto, sin miriñaques que sujetaran su espontaneidad, «se iba por las masías, pasaba el día con los payeses y escuchaba cantar. Debía de ser carismático. Luego, al regresar, tomaba papel y componía; por eso lo llamaban el Grieg. Albéniz y Granados miraron a las raíces españolas para encontrar un sonido propio y evitar imitar a los franceses o a los demás».. Granados muere cuando había alcanzado la cima. Su talento comienza a ser reconocido y se convierte en el primer músico español en tocar en la Casa Blanca, en presencia del presidente de Estados Unidos. Pero siempre tuvo mala suerte. «Su carrera comienza cuando está en el barco. Su carrera comienza ahí. Ha atraído por fin la atención internacional. Y eso que él mismo sabía que las “Goyescas” no era una obra perfecta. Pero había obtenido el beneplácito, tenía propuestas para tocar en América y Europa. Por fin podía quitarse las deudas y dedicarse por primera vez en exclusiva a la música». Lo que sucedió fue una fatalidad. Al aceptar la invitación del presidente Wilson y tocar ante él, renunció a tomar un barco de bandera española que lo devolvía a su país y tomó otra embarcación días después que le obligaba a hacer escala en Gran Bretaña y embarcar en el buque que le llevaría a Francia. Pero la Primera Guerra Mundial ya había estallado y navegar a través del Canal de la Mancha era jugar a la ruleta rusa. «Es una conjetura pensar hasta dónde pudo haber llegado. A saber qué habría hecho, pero me temo que el destino nos ha privado de tener lo mejor de Granados».
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