La décima edición de La isla de las tentaciones arrancó con un giro inédito en las reglas del juego. Sandra Barneda presentó a los concursantes los collares negros, un poder con el que cada villa podía anular la cita de un miembro de la villa contraria con su tentador o tentadora elegido. Con el reloj corriendo, chicos y chicas tuvieron solo un minuto para ponerse de acuerdo.. Las chicas de Villa Deseo fueron las primeras en comunicar su decisión. Leila tomó la palabra para explicarla sin rodeos: «Por maleducada, porque no se ha portado bien con nosotras desde el principio. Solo quiere protagonismo y no se lo vamos a dar. Así que, es Fátima». La aludida, lejos de acusar el golpe, respondió que le generaba un «terror interno» a las concursantes y que podía «con ellas y con 10 más».. La reacción de Fátima no pasó desapercibida entre las chicas. Ainhoa resumió lo que muchas pensaban: «Esta vive en una nube que me encantaría visitar». Álex, por su parte, admitió que, aunque había venido a tentarse, las actitudes de la tentadora no le habían gustado, por lo que su bloqueo no le «preocupaba» en absoluto.. En Villa Montaña, el portavoz fue Álex, que justificó la elección con una lógica muy particular: «Yo confío en mi novia y quiero que se tiente. Pero estoy tan seguro de que no va a caer que he decidido que no me hace falta ver la cita. Ha sido por descarte, la verdad». Los chicos apuntaron también a Fátima, convirtiendo a la tentadora en el blanco unánime de ambas villas.. La tentadora acusó el golpe con la misma suficiencia que había mostrado ante las chicas, aunque la coincidencia de criterios entre ambas villas dijo más que cualquier discurso. Fátima arrancó la edición como la figura que más revuelo genera, sin haber protagonizado todavía ninguna cita.
La ceremonia de los collares negros desató tensión entre ambas villas, con Fátima como principal diana de las decisiones.
20MINUTOS.ES – Televisión
La décima edición de La isla de las tentaciones arrancó con un giro inédito en las reglas del juego. Sandra Barneda presentó a los concursantes los collares negros, un poder con el que cada villa podía anular la cita de un miembro de la villa contraria con su tentador o tentadora elegido. Con el reloj corriendo, chicos y chicas tuvieron solo un minuto para ponerse de acuerdo.. Las chicas de Villa Deseo fueron las primeras en comunicar su decisión. Leila tomó la palabra para explicarla sin rodeos: «Por maleducada, porque no se ha portado bien con nosotras desde el principio. Solo quiere protagonismo y no se lo vamos a dar. Así que, es Fátima». La aludida, lejos de acusar el golpe, respondió que le generaba un «terror interno» a las concursantes y que podía «con ellas y con 10 más».. La reacción de Fátima no pasó desapercibida entre las chicas. Ainhoa resumió lo que muchas pensaban: «Esta vive en una nube que me encantaría visitar». Álex, por su parte, admitió que, aunque había venido a tentarse, las actitudes de la tentadora no le habían gustado, por lo que su bloqueo no le «preocupaba» en absoluto.. En Villa Montaña, el portavoz fue Álex, que justificó la elección con una lógica muy particular: «Yo confío en mi novia y quiero que se tiente. Pero estoy tan seguro de que no va a caer que he decidido que no me hace falta ver la cita. Ha sido por descarte, la verdad». Los chicos apuntaron también a Fátima, convirtiendo a la tentadora en el blanco unánime de ambas villas.. La tentadora acusó el golpe con la misma suficiencia que había mostrado ante las chicas, aunque la coincidencia de criterios entre ambas villas dijo más que cualquier discurso. Fátima arrancó la edición como la figura que más revuelo genera, sin haber protagonizado todavía ninguna cita.
