Hay movimientos políticos que tienen continuidad más allá de sus fundadores y otros que no. El macronismo debe despejar esa incógnita y las próximas elecciones presidenciales dictaminarán si queda definitivamente enterrado tras Emmanuel Macron o si tiene un relevo que lo proyecte a futuro. Es una pregunta que aparece con frecuencia estos días en la prensa francesa porque se cumple una década de la creación de En Marcha, el partido político inventado por Macron para saltar al Elíseo cuando aún era ministro de Economía del presidente socialista François Hollande, una vez que este confirmó que no se presentaría a su reelección en 2017 a causa de su baja popularidad.. Como artefacto de campaña fue un éxito indiscutible en aquel momento. La consigna «ni de izquierdas ni de derechas» tuvo buena acogida incluso entre los más incrédulos con el centro. Francia apostó por un presidente joven, europeísta, dinámico y con ímpetu reformador para poner freno a Marine Le Pen. Macron logró picotear a derecha e izquierda para ensanchar los márgenes de su hipercentro dejando en la UVI tanto a Los Republicanos como al Partido Socialista y Francia acabó convirtiéndose en un espacio político tripolar: un centro macronista y dos extremos encarnados por Le Pen y Jean Luc Mélenchon. Era una configuración con la que capeó múltiples crisis que durante sus dos mandatos ha tenido que gestionar: los «chalecos amarillos», la crisis sanitaria, la crisis energética derivada de Ucrania, los años de Trump y el vuelco al tablero internacional.. Las europeas de 2024. A su segundo mandato, llegó erosionado y su impopular reforma de las pensiones hizo el resto para que perdiera las europeas de 2024 y cometiera su gran error de cálculo interno: disolver la Asamblea Nacional y convocar unas legislativas que dieron a luz a una Francia ingobernable con una sucesión de primeros ministros fugaces y la persistente amenaza de la moción de censura.. Los candidatos a tomar el relevo del macronismo tienen un dilema a la hora de manejar el legado de esta década, teniendo en cuenta unos últimos años en los que Macron, ya con minoría parlamentaria, se ha dedicado más a sus funciones en la escena internacional que a los asuntos mundanos del francés medio. Por el camino, En Marcha cambió de nombre en varias ocasiones. Pasó a llamarse La República en Marcha para acentuar su carácter republicano en su batalla ideológica con el Reagrupamiento Nacional cuando el «cordón sanitario» a la ultraderecha comenzaba a debilitarse y ahora se ha rebautizado como Renacimiento y ni siquiera está ya en manos de Macron, que figura como presidente de honor.. El partido está ahora bajo el control de Gabriel Attal, con quien el presidente no mantiene ninguna relación tras ser su escudero más fiel. Atrapado por sorpresa como primer ministro por aquella disolución parlamentaria que dictó Macron, de la que ni siquiera fue avisado, el antiguo primer ministro se emancipó, logrando ser elegido al frente del grupo en la Asamblea y luego del partido en 2024.. Ahora prepara su camino a las presidenciales mirando de reojo los pasos de los otros nombres que concurren por ese mismo espacio político, pero con otras siglas. Es el caso, sobre todo, del primer jefe de Gobierno que tuvo Macron, Édouard Philippe, quien fundó su propio partido, Horizons, con el que ahora pretende impulsarse a la presidencia.. El relevo de Macron. No son los únicos nombres que van a competir por el relevo de Macron, a quien ya desde hace un año critican de forma abierta para tomar distancias en algunos asuntos, pero de forma calculada para conservar a ese menguado sector que aún vota centro.. Desde su fundación en 2017, una de las críticas más habituales que se ha hecho al movimiento macronista es su falta de arraigo local, a pesar de algunos éxitos en las recientes elecciones municipales, en Annecy y Burdeos. Esa falta de implantación ha llevado en ocasiones a fortalecer el recelo de la Francia rural hacia un presidente con un carácter que tampoco ha ayudado a mitigar esa desconfianza. El macronismo siempre se ha percibido urbanita, de buena clase, y condescendiente con los problemas del campo.. Con motivo de este décimo aniversario, se ha invitado a los 33000 afiliados que hoy por hoy tiene la formación macronista a compartir sus recuerdos más destacados y se están organizando actos estos días en cada uno de los comités locales. El propio Macron envió hace unos días una carta entusiasta a los afiliados de Renacimiento, con motivo del décimo aniversario de la creación del partido, entonces llamado En Marcha.. En esta misiva, el presidente de la República hace un balance elogioso de esta década política y exhorta a sus seguidores a mantener el impulso iniciado en 2016. «¡Seguimos adelante! ¡No nos rendimos!». Aunque este ímpetu, con varias cicatrices en una década, ya no suena tan natural ni creíble.
Hay movimientos políticos que tienen continuidad más allá de sus fundadores y otros que no. El macronismo debe despejar esa incógnita y las próximas elecciones presidenciales dictaminarán si queda definitivamente enterrado tras Emmanuel Macron o si tiene un relevo que lo proyecte a futuro. Es una pregunta que aparece con frecuencia estos días en la prensa francesa porque se cumple una década de la creación de En Marcha, el partido político inventado por Macron para saltar al Elíseo cuando aún era ministro de Economía del presidente socialista François Hollande, una vez que este confirmó que no se presentaría a su reelección en 2017 a causa de su baja popularidad.. Como artefacto de campaña fue un éxito indiscutible en aquel momento. La consigna «ni de izquierdas ni de derechas» tuvo buena acogida incluso entre los más incrédulos con el centro. Francia apostó por un presidente joven, europeísta, dinámico y con ímpetu reformador para poner freno a Marine Le Pen. Macron logró picotear a derecha e izquierda para ensanchar los márgenes de su hipercentro dejando en la UVI tanto a Los Republicanos como al Partido Socialista y Francia acabó convirtiéndose en un espacio político tripolar: un centro macronista y dos extremos encarnados por Le Pen y Jean Luc Mélenchon. Era una configuración con la que capeó múltiples crisis que durante sus dos mandatos ha tenido que gestionar: los «chalecos amarillos», la crisis sanitaria, la crisis energética derivada de Ucrania, los años de Trump y el vuelco al tablero internacional.. Las europeas de 2024. A su segundo mandato, llegó erosionado y su impopular reforma de las pensiones hizo el resto para que perdiera las europeas de 2024 y cometiera su gran error de cálculo interno: disolver la Asamblea Nacional y convocar unas legislativas que dieron a luz a una Francia ingobernable con una sucesión de primeros ministros fugaces y la persistente amenaza de la moción de censura.. Los candidatos a tomar el relevo del macronismo tienen un dilema a la hora de manejar el legado de esta década, teniendo en cuenta unos últimos años en los que Macron, ya con minoría parlamentaria, se ha dedicado más a sus funciones en la escena internacional que a los asuntos mundanos del francés medio. Por el camino, En Marcha cambió de nombre en varias ocasiones. Pasó a llamarse La República en Marcha para acentuar su carácter republicano en su batalla ideológica con el Reagrupamiento Nacional cuando el «cordón sanitario» a la ultraderecha comenzaba a debilitarse y ahora se ha rebautizado como Renacimiento y ni siquiera está ya en manos de Macron, que figura como presidente de honor.. El partido está ahora bajo el control de Gabriel Attal, con quien el presidente no mantiene ninguna relación tras ser su escudero más fiel. Atrapado por sorpresa como primer ministro por aquella disolución parlamentaria que dictó Macron, de la que ni siquiera fue avisado, el antiguo primer ministro se emancipó, logrando ser elegido al frente del grupo en la Asamblea y luego del partido en 2024.. Ahora prepara su camino a las presidenciales mirando de reojo los pasos de los otros nombres que concurren por ese mismo espacio político, pero con otras siglas. Es el caso, sobre todo, del primer jefe de Gobierno que tuvo Macron, Édouard Philippe, quien fundó su propio partido, Horizons, con el que ahora pretende impulsarse a la presidencia.. El relevo de Macron. No son los únicos nombres que van a competir por el relevo de Macron, a quien ya desde hace un año critican de forma abierta para tomar distancias en algunos asuntos, pero de forma calculada para conservar a ese menguado sector que aún vota centro.. Desde su fundación en 2017, una de las críticas más habituales que se ha hecho al movimiento macronista es su falta de arraigo local, a pesar de algunos éxitos en las recientes elecciones municipales, en Annecy y Burdeos. Esa falta de implantación ha llevado en ocasiones a fortalecer el recelo de la Francia rural hacia un presidente con un carácter que tampoco ha ayudado a mitigar esa desconfianza. El macronismo siempre se ha percibido urbanita, de buena clase, y condescendiente con los problemas del campo.. Con motivo de este décimo aniversario, se ha invitado a los 33000 afiliados que hoy por hoy tiene la formación macronista a compartir sus recuerdos más destacados y se están organizando actos estos días en cada uno de los comités locales. El propio Macron envió hace unos días una carta entusiasta a los afiliados de Renacimiento, con motivo del décimo aniversario de la creación del partido, entonces llamado En Marcha.. En esta misiva, el presidente de la República hace un balance elogioso de esta década política y exhorta a sus seguidores a mantener el impulso iniciado en 2016. «¡Seguimos adelante! ¡No nos rendimos!». Aunque este ímpetu, con varias cicatrices en una década, ya no suena tan natural ni creíble.
Sus herederos políticos, Gabriel Attal y Édouard Philippe, se distancian del presidente para aglutinar el voto centrista
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