Durante meses, las muertes y desapariciones de científicos vinculados a programas nucleares y aeroespaciales fueron tratadas como episodios aislados o incluso como teorías conspirativas, pero ahora el FBI investiga si existe conexión entre al menos 11 casos. El primero se remonta a julio de 2023, cuando falleció Michael David Hicks, un trabajador de la NASA de 59 años centrado en probar si es posible desviar la trayectoria de un asteroide. Su hija sostuvo que estaba enfermo, pero ahora, tras las nuevas informaciones, duda.. Un año después, moría en Los Ángeles Frank Maiwald, de 61 años, especialista en investigación espacial y también científico del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA. No trascendió la causa de la defunción. Menos de un año después llegó otro caso misterioso. Matthew James Sullivan fallecía con 39 años antes de poder declarar como testigo en un caso federal de avistamiento de ovnis. El congresista de Missouri que denunció el caso, Eric Burlison, cuando le pidió al FBI que investigara. Las pesquisas apuntaron a un suicidio.. Meses después, el 22 de junio de 2025, desapareció otra compañera de la agencia experta en cohetes. A Mónica Jacinto Reza, de 60 años, se la vio por última vez mientras realizaba una ruta de senderismo. Un desenlace parecido al de William Neil McCasland, un general de división retirado de la Fuerza Aérea en paradero desconocido desde el pasado 27 de febrero cuando salió de su casa en Alburquerque, Nuevo México. A los investigadores les llama la atención que McCasland dejara atrás sus gafas graduadas y la cartera.. Un patrón similar se repite en la desaparición de Melissa Casias, de 53 años. Su esposo, Mark Casias, explicó ante la prensa que la última vez que la vio eran las 6:15 de la mañana del 26 de junio de 2025, cuando ella le dejó en el Laboratorio Nacional de Los Álamos (LANL), donde trabajan ambos. El LANL es uno de los grandes centros de referencia en materia nuclear del país, la cual fue crucial para el desarrollo de la primera bomba atómica de Robert Oppenheimer en los años 50 y donde hoy aún se trabaja con materiales estratégicos de la cuestión atómica como el uranio. Anthony Chavez, un jubilado de 78 años, también trabajó en el laboratorio de Los Álamos hasta 2017 como supervisor de obras. Fue visto por última vez en mayo de 2025. Un detective privado reveló que no existían indicios de delito ni pruebas que apuntasen a que planeara marcharse.. La misma ausencia de respuestas rodea el caso de Steven García, de 50 años. Trabajó como encargado de almacén y contratista de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear. No se sabe nada de él desde que salió de su casa en Alburquerque, Nuevo México, el pasado mes de agosto.. A estas desapariciones se suman muertes violentas como el asesinato a balazos de Carl Grillmair, de 67 años, en el porche de su casa. El astrofísico trabajaba en la Universidad de Caltech, en Pasadena (California) y colaboraba con la NASA. Era muy conocido por sus estudios sobre la búsqueda de agua en planetas fuera de nuestro sistema solar. La policía detuvo a un sospechoso que no creen que tuviera relación anterior con su víctima. Un modus operandi similar acabó con la vida del profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Nuno F.G. Loureiro (47 años), asesinado a tiros en su casa de Boston, en diciembre de 2025. Era padre de familia y estaba a punto de lograr un avance decisivo en fusión nuclear, una tecnología que promete generar energía limpia que podría reducir la dependencia de los combustibles fósiles.. Otra muerte sospechosa es la de Amy Eskridge, especializada en ovnis. Inicialmente su fallecimiento se registró como un suicidio, pero la joven de 34 años había denunciado que estaba siendo víctima del Síndrome de La Habana y sufría mareos y afecciones auditivas. En el caso de Jason Thomas, un trabajador de Novartis de 45 años, la policía encontró su cadáver el 17 de marzo en el lago Quannapowitt. Había desaparecido en diciembre de 2025.. Todos ellos, científicos y profesionales de alto valor estratégico que desparecieron o murieron en extrañas circunstancias y ahora están en el centro de una investigación en la que colaboran varias agencias, entre ellas la NASA, los departamentos de Energía y de Estado, así como fuerzas de seguridad locales y estatales. En paralelo, la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes también ha puesto el foco en las desapariciones de estas personas que ¨tenían acceso a información científica sensible¨. Incluso Donald Trump se ha pronunciado asegurando que “espero que sea algo aleatorio¨.
Durante meses, las muertes y desapariciones de científicos vinculados a programas nucleares y aeroespaciales fueron tratadas como episodios aislados o incluso como teorías conspirativas, pero ahora el FBI investiga si existe conexión entre al menos 11 casos. El primero se remonta a julio de 2023, cuando falleció Michael David Hicks, un trabajador de la NASA de 59 años centrado en probar si es posible desviar la trayectoria de un asteroide. Su hija sostuvo que estaba enfermo, pero ahora, tras las nuevas informaciones, duda.. Un año después, moría en Los Ángeles Frank Maiwald, de 61 años, especialista en investigación espacial y también científico del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA. No trascendió la causa de la defunción. Menos de un año después llegó otro caso misterioso. Matthew James Sullivan fallecía con 39 años antes de poder declarar como testigo en un caso federal de avistamiento de ovnis. El congresista de Missouri que denunció el caso, Eric Burlison, cuando le pidió al FBI que investigara. Las pesquisas apuntaron a un suicidio.. Meses después, el 22 de junio de 2025, desapareció otra compañera de la agencia experta en cohetes. A Mónica Jacinto Reza, de 60 años, se la vio por última vez mientras realizaba una ruta de senderismo. Un desenlace parecido al de William Neil McCasland, un general de división retirado de la Fuerza Aérea en paradero desconocido desde el pasado 27 de febrero cuando salió de su casa en Alburquerque, Nuevo México. A los investigadores les llama la atención que McCasland dejara atrás sus gafas graduadas y la cartera.. Un patrón similar se repite en la desaparición de Melissa Casias, de 53 años. Su esposo, Mark Casias, explicó ante la prensa que la última vez que la vio eran las 6:15 de la mañana del 26 de junio de 2025, cuando ella le dejó en el Laboratorio Nacional de Los Álamos (LANL), donde trabajan ambos. El LANL es uno de los grandes centros de referencia en materia nuclear del país, la cual fue crucial para el desarrollo de la primera bomba atómica de Robert Oppenheimer en los años 50 y donde hoy aún se trabaja con materiales estratégicos de la cuestión atómica como el uranio. Anthony Chavez, un jubilado de 78 años, también trabajó en el laboratorio de Los Álamos hasta 2017 como supervisor de obras. Fue visto por última vez en mayo de 2025. Un detective privado reveló que no existían indicios de delito ni pruebas que apuntasen a que planeara marcharse.. La misma ausencia de respuestas rodea el caso de Steven García, de 50 años. Trabajó como encargado de almacén y contratista de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear. No se sabe nada de él desde que salió de su casa en Alburquerque, Nuevo México, el pasado mes de agosto.. A estas desapariciones se suman muertes violentas como el asesinato a balazos de Carl Grillmair, de 67 años, en el porche de su casa. El astrofísico trabajaba en la Universidad de Caltech, en Pasadena (California) y colaboraba con la NASA. Era muy conocido por sus estudios sobre la búsqueda de agua en planetas fuera de nuestro sistema solar. La policía detuvo a un sospechoso que no creen que tuviera relación anterior con su víctima. Un modus operandi similar acabó con la vida del profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Nuno F.G. Loureiro (47 años), asesinado a tiros en su casa de Boston, en diciembre de 2025. Era padre de familia y estaba a punto de lograr un avance decisivo en fusión nuclear, una tecnología que promete generar energía limpia que podría reducir la dependencia de los combustibles fósiles.. Otra muerte sospechosa es la de Amy Eskridge, especializada en ovnis. Inicialmente su fallecimiento se registró como un suicidio, pero la joven de 34 años había denunciado que estaba siendo víctima del Síndrome de La Habana y sufría mareos y afecciones auditivas. En el caso de Jason Thomas, un trabajador de Novartis de 45 años, la policía encontró su cadáver el 17 de marzo en el lago Quannapowitt. Había desaparecido en diciembre de 2025.. Todos ellos, científicos y profesionales de alto valor estratégico que desparecieron o murieron en extrañas circunstancias y ahora están en el centro de una investigación en la que colaboran varias agencias, entre ellas la NASA, los departamentos de Energía y de Estado, así como fuerzas de seguridad locales y estatales. En paralelo, la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes también ha puesto el foco en las desapariciones de estas personas que tenían acceso a información científica sensible. Incluso Donald Trump se ha pronunciado asegurando que “espero que sea algo aleatorio.
Buscan una conexión entre los casos, ya que todos eran profesionales del sector nuclear y del aeroespacial con acceso a información sensible
Internacional: noticias internacionales de hoy en La Razón
