«Tenemos que ser pacientes, pero no complacientes». Así ha definido el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, la aproximación de la Casa Blanca hacia la coyuntura venezolana. Ciertamente, las paradojas se encuentran a la orden del día. La Administración Trump, por un lado, reconoce al gobierno de Delcy Rodríguez como legítimo, admite su buena relación y se entienden bajo la lógica petrolera y comercial. Por otro lado, el Gobierno estadounidense confirma que habrá elecciones en 2027 y la sintonía con María Corina Machado es evidente.. En la ciudad de Madrid, la líder moral de la oposición venezolana reconoció que su regreso «se hará de manera coordinada con la Casa Blanca». Al mismo tiempo, dejó entrever que las elecciones no son prioritarias para Trump y para Rubio, por lo menos en lo que respecta a este año 2026. En este sentido, parte del reto que tiene Machado es convencer a los aliados de que las elecciones son necesarias para esa «recuperación» que el mismo Rubio ha definido como fundamental. No habrá inversión en Venezuela si no hay reglas claras, si no se instaura un nuevo sistema de justicia fiable e independiente. Y, ciertamente, no habrá elecciones limpias si no es un árbitro ajeno a los partidos políticos y al gobierno quien cuente los votos.. Por otro lado, Delcy Rodríguez ha renovado prácticamente a todo su gabinete. La sombra de Nicolás Maduro parece desvanecerse, mientras su sucesora tiene claro que el año que viene será el mayor reto de su carrera: mantenerse vigente en la lucha política con el propósito de reavivar a un chavismo vaciado de contenido y atrapado en sus propias contradicciones, al tiempo que buscará evitar la suerte de su antiguo jefe, que hoy parece destinado a pasar el resto de sus días en una prisión de máxima seguridad en los Estados Unidos. En este sentido, Delcy y su hermano construyen su agenda alejados de los muros del Palacio de Miraflores. Algunas zonas del país se han vestido con pancartas y espectaculares donde se muestra el rostro de la presidenta encargada y un eslogan que sentencia: «Delcy avanza, tú tienes mi confianza».. En todo este marco que abraza la agenda de unos y otros, la ruta para acometer unas elecciones se va despejando. Resulta claro que Machado y el resto de las fuerzas políticas que la acompañan tendrán que conquistar el poder sobre la base de un trabajo minucioso y estratégico en las calles del país. El cimiento de su lucha ya lo tienen, producto de las elecciones fraudulentas del 28 de julio de 2024. Queda aprovechar esa reserva moral y conciencia democrática con una movilización que haga evidente el deseo de cambio, asentado en el imaginario colectivo venezolano.. Trump y Rubio irán convirtiendo en comprensible lo que hoy parece paradójico. Y esa «paciencia» resulta fundamental para que el cambio no solamente sea posible, sino también duradero y sólido; para que Venezuela recupere la normalidad democrática que le fue arrebatada.
«Tenemos que ser pacientes, pero no complacientes». Así ha definido el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, la aproximación de la Casa Blanca hacia la coyuntura venezolana. Ciertamente, las paradojas se encuentran a la orden del día. La Administración Trump, por un lado, reconoce al gobierno de Delcy Rodríguez como legítimo, admite su buena relación y se entienden bajo la lógica petrolera y comercial. Por otro lado, el Gobierno estadounidense confirma que habrá elecciones en 2027 y la sintonía con María Corina Machado es evidente.. En la ciudad de Madrid, la líder moral de la oposición venezolana reconoció que su regreso «se hará de manera coordinada con la Casa Blanca». Al mismo tiempo, dejó entrever que las elecciones no son prioritarias para Trump y para Rubio, por lo menos en lo que respecta a este año 2026. En este sentido, parte del reto que tiene Machado es convencer a los aliados de que las elecciones son necesarias para esa «recuperación» que el mismo Rubio ha definido como fundamental. No habrá inversión en Venezuela si no hay reglas claras, si no se instaura un nuevo sistema de justicia fiable e independiente. Y, ciertamente, no habrá elecciones limpias si no es un árbitro ajeno a los partidos políticos y al gobierno quien cuente los votos.. Por otro lado, Delcy Rodríguez ha renovado prácticamente a todo su gabinete. La sombra de Nicolás Maduro parece desvanecerse, mientras su sucesora tiene claro que el año que viene será el mayor reto de su carrera: mantenerse vigente en la lucha política con el propósito de reavivar a un chavismo vaciado de contenido y atrapado en sus propias contradicciones, al tiempo que buscará evitar la suerte de su antiguo jefe, que hoy parece destinado a pasar el resto de sus días en una prisión de máxima seguridad en los Estados Unidos. En este sentido, Delcy y su hermano construyen su agenda alejados de los muros del Palacio de Miraflores. Algunas zonas del país se han vestido con pancartas y espectaculares donde se muestra el rostro de la presidenta encargada y un eslogan que sentencia: «Delcy avanza, tú tienes mi confianza».. En todo este marco que abraza la agenda de unos y otros, la ruta para acometer unas elecciones se va despejando. Resulta claro que Machado y el resto de las fuerzas políticas que la acompañan tendrán que conquistar el poder sobre la base de un trabajo minucioso y estratégico en las calles del país. El cimiento de su lucha ya lo tienen, producto de las elecciones fraudulentas del 28 de julio de 2024. Queda aprovechar esa reserva moral y conciencia democrática con una movilización que haga evidente el deseo de cambio, asentado en el imaginario colectivo venezolano.. Trump y Rubio irán convirtiendo en comprensible lo que hoy parece paradójico. Y esa «paciencia» resulta fundamental para que el cambio no solamente sea posible, sino también duradero y sólido; para que Venezuela recupere la normalidad democrática que le fue arrebatada.
El Gobierno estadounidense confirma que habrá elecciones en 2027 mientras la sintonía con María Corina Machado se hace evidente
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