El museo madrileño inaugura la primera colección en solitario de la emergente artista polaca Ewa Juszkiewicz
El rostro no se ve pero se intuye. Oculto bajo marañas de cabello imposibles, telas retorcidas, hojas, flores o frutas. Hay algo reconocible en esas mujeres pintadas por la artista polaca Ewa Juszkiewicz, pero también algo profundamente inquietante. El [[LINK:TAG|||tag|||633619d1ecd56e3616932606|||Museo Nacional Thyssen-Bornemisza ]]inaugura hoy la primera exposición individual en un museo de una creadora que ha convertido la tradición del retrato clásico europeo en un territorio ambiguo y perturbador.. La muestra reúne veinticuatro pinturas seleccionadas junto a la propia artista y forma parte del programa dedicado a la colección de Blanca y[[LINK:TAG|||tag|||633613d759a61a391e0a0bbe||| Borja Thyssen-Bornemisza]]. No tiene título. Solo el nombre de la autora. «Ella es muy sobria en todo lo que rodea a la exposición», explica el director artístico del museo y comisario de la muestra, Guillermo Solana. «Simplemente ha hecho una selección con nosotros y no ha querido darle título».. La decisión encaja con el universo silencioso y enigmático de Juszkiewicz. Sus cuadros parten de retratos femeninos inspirados en la pintura europea de los siglos XVIII y XIX, pero alteran radicalmente aquello que tradicionalmente definía la identidad de las modelos: el rostro. Donde debería haber ojos, expresión o gesto, aparece una masa vegetal, un tejido asfixiante o un peinado convertido en criatura autónoma. «Es una pintura muy espectacular, visualmente muy atractiva, pero tiene un lado inquietante, a veces casi siniestro», señala Solana. El comisario reconoce que cuando descubrió a la artista quedó fascinado por la fuerza de unas imágenes que mezclan la precisión técnica de la pintura clásica con una sensibilidad cercana al surrealismo. «Al tapar los rostros crea una sensación muy enigmática, misteriosa y un poco claustrofóbica, porque uno presiente que hay una figura de mujer detrás, pero aparece ocultada, tapada, asfixiada», añade. La obra de Juszkiewicz dialoga así con siglos de representación femenina en la historia del arte. Sus personajes parecen escapar de los cánones de belleza y del ideal decorativo con el que tradicionalmente fueron retratadas las mujeres en la pintura occidental. En lugar de ofrecer una identidad clara, las figuras se resisten a ser interpretadas de forma unívoca. El resultado de ello es una revisión contemporánea y crítica de la feminidad en la pintura europea.. Aunque la artista ya había participado en exposiciones colectivas en instituciones internacionales –entre ellas el Museo Picasso Málaga– y su obra forma parte de importantes colecciones públicas, esta es la primera vez que un museo le dedica una exposición monográfica. Un paso importante para una creadora que, pese a su juventud, se ha convertido ya en uno de los nombres más cotizados de la pintura contemporánea. «Es una artista cuyas obras se subastan por más de un millón de euros», recuerda Solana.. La propia Juszkiewicz estuvo presente durante la presentación a la prensa y reconoció sentirse especialmente emocionada por exponer en el Thyssen, un museo que había visitado en numerosas ocasiones. Según Solana, la artista confesó que le producía «una ilusión tremenda» mostrar su trabajo rodeada de una colección histórica marcada precisamente por la presencia del retrato.. Diálogo con el surrealismo. La exposición establece además un diálogo natural con algunas de las corrientes presentes en la colección permanente del museo. El componente onírico y perturbador de sus composiciones conecta con el imaginario surrealista de artistas como [[LINK:TAG|||tag|||63361a2d87d98e3342b2745a|||Salvador Dalí ]]o René Magritte. De hecho, una de las obras expuestas ha sido adquirida este mismo año para la colección privada de Blanca y Borja Thyssen y pasará posteriormente a depositarse en el museo. «Cuando acabe la exposición la colgaremos en la colección permanente dialogando con las obras de los surrealistas», adelanta Solana. Blanca y Borja Thyssen han seguido de cerca el proyecto y, según el comisario, incluso visitaron el montaje antes de acudir a la inauguración oficial. La apuesta refuerza también la línea del museo de acercarse a artistas contemporáneas que revisan críticamente la historia del arte y el papel de la mujer.. Pero Juszkiewicz no trabaja únicamente sobre la deformación del retrato. Durante la presentación, la artista explicó que desarrolla además otra serie centrada en la reconstrucción de pinturas desaparecidas o destruidas. A partir de fotografías imperfectas, trata de imaginar cómo habrían sido esas obras si hubieran sobrevivido. En el caso de sus retratos femeninos, la ausencia es precisamente el rostro. O quizá la identidad. Lo que queda es una presencia extraña, hermosa y desasosegante que convierte cada cuadro en una pregunta abierta. Y ahí reside la fascinación que ha llevado al Thyssen a apostar por esta pintora.
Arte
El rostro no se ve pero se intuye. Oculto bajo marañas de cabello imposibles, telas retorcidas, hojas, flores o frutas. Hay algo reconocible en esas mujeres pintadas por la artista polaca Ewa Juszkiewicz, pero también algo profundamente inquietante. El Museo Nacional Thyssen-Bornemiszainaugura hoy la primera exposición individual en un museo de una creadora que ha convertido la tradición del retrato clásico europeo en un territorio ambiguo y perturbador.. La muestra reúne veinticuatro pinturas seleccionadas junto a la propia artista y forma parte del programa dedicado a la colección de Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza. No tiene título. Solo el nombre de la autora. «Ella es muy sobria en todo lo que rodea a la exposición», explica el director artístico del museo y comisario de la muestra, Guillermo Solana. «Simplemente ha hecho una selección con nosotros y no ha querido darle título».. La decisión encaja con el universo silencioso y enigmático de Juszkiewicz. Sus cuadros parten de retratos femeninos inspirados en la pintura europea de los siglos XVIII y XIX, pero alteran radicalmente aquello que tradicionalmente definía la identidad de las modelos: el rostro. Donde debería haber ojos, expresión o gesto, aparece una masa vegetal, un tejido asfixiante o un peinado convertido en criatura autónoma. «Es una pintura muy espectacular, visualmente muy atractiva, pero tiene un lado inquietante, a veces casi siniestro», señala Solana. El comisario reconoce que cuando descubrió a la artista quedó fascinado por la fuerza de unas imágenes que mezclan la precisión técnica de la pintura clásica con una sensibilidad cercana al surrealismo. «Al tapar los rostros crea una sensación muy enigmática, misteriosa y un poco claustrofóbica, porque uno presiente que hay una figura de mujer detrás, pero aparece ocultada, tapada, asfixiada», añade. La obra de Juszkiewicz dialoga así con siglos de representación femenina en la historia del arte. Sus personajes parecen escapar de los cánones de belleza y del ideal decorativo con el que tradicionalmente fueron retratadas las mujeres en la pintura occidental. En lugar de ofrecer una identidad clara, las figuras se resisten a ser interpretadas de forma unívoca. El resultado de ello es una revisión contemporánea y crítica de la feminidad en la pintura europea.. Aunque la artista ya había participado en exposiciones colectivas en instituciones internacionales –entre ellas el Museo Picasso Málaga– y su obra forma parte de importantes colecciones públicas, esta es la primera vez que un museo le dedica una exposición monográfica. Un paso importante para una creadora que, pese a su juventud, se ha convertido ya en uno de los nombres más cotizados de la pintura contemporánea. «Es una artista cuyas obras se subastan por más de un millón de euros», recuerda Solana.. La propia Juszkiewicz estuvo presente durante la presentación a la prensa y reconoció sentirse especialmente emocionada por exponer en el Thyssen, un museo que había visitado en numerosas ocasiones. Según Solana, la artista confesó que le producía «una ilusión tremenda» mostrar su trabajo rodeada de una colección histórica marcada precisamente por la presencia del retrato.. Diálogo con el surrealismo. La exposición establece además un diálogo natural con algunas de las corrientes presentes en la colección permanente del museo. El componente onírico y perturbador de sus composiciones conecta con el imaginario surrealista de artistas como Salvador Dalí o René Magritte. De hecho, una de las obras expuestas ha sido adquirida este mismo año para la colección privada de Blanca y Borja Thyssen y pasará posteriormente a depositarse en el museo. «Cuando acabe la exposición la colgaremos en la colección permanente dialogando con las obras de los surrealistas», adelanta Solana. Blanca y Borja Thyssen han seguido de cerca el proyecto y, según el comisario, incluso visitaron el montaje antes de acudir a la inauguración oficial. La apuesta refuerza también la línea del museo de acercarse a artistas contemporáneas que revisan críticamente la historia del arte y el papel de la mujer.. Pero Juszkiewicz no trabaja únicamente sobre la deformación del retrato. Durante la presentación, la artista explicó que desarrolla además otra serie centrada en la reconstrucción de pinturas desaparecidas o destruidas. A partir de fotografías imperfectas, trata de imaginar cómo habrían sido esas obras si hubieran sobrevivido. En el caso de sus retratos femeninos, la ausencia es precisamente el rostro. O quizá la identidad. Lo que queda es una presencia extraña, hermosa y desasosegante que convierte cada cuadro en una pregunta abierta. Y ahí reside la fascinación que ha llevado al Thyssen a apostar por esta pintora.
