Una amplia y contundente exposición conmemora el octavo centenario de la colocación de la primera piedra del templo
Dice la leyenda que la Virgen María descendió del cielo para imponer una casulla celestial al arzobispo San Ildefonso, posando sus pies en una roca que, hoy, se considera como el núcleo de uno de los más magníficos templos de España. Entre las dos naves menores de la Catedral de Toledo, se abre la Capilla de la Descensión, de sus espacios más antiguos y sagrados, ubicada en el punto exacto donde la Virgen dejó su huella. Un lugar que, además de ser corazón espiritual toledano, también se erige como parte fundamental de una exposición que se inaugura hoy en el templo, y que acerca como nunca su extensa historia artística, cristiana y patrimonial al público. Hasta el 14 de octubre se ofrece «Primada. VIII Centenario de la Catedral de Toledo», una exigente muestra cuyos 2.000 metros cuadrados de extensión conviven con la visita habitual del templo, y que está repleta de primeras veces.. La exposición conmemora el octavo centenario de la colocación de la primera piedra del templo y, «dado que abarca casi 800 años, era imposible que un único comisario tuviese conocimiento para diseñar un recorrido con una profundidad museológica idónea», explica Javier Martínez de Aguirre, quien ha trabajado en la primera parte de la muestra, siendo Benito Navarrete el encargado de comisariar la segunda. El resultado son ocho secciones expositivas que recogen más de 330 obras –la gran mayoría son propiedad de la Catedral, pero también se ha contado con prestadores como el Museo del Prado y la Galeria degli Uffizi–. De estas piezas, el 35% no habían sido vistas nunca antes. Una exposición doblemente inédita, pues también el espectador tendrá la oportunidad de pasear por espacios normalmente cerrados o de acceso restringido: el recorrido arranca en la Puerta del Mollete, con una sección preliminar en el claustro bajo, para después ascender por la escalera de Tenorio hasta el claustro alto y acceder a excepcionales espacios como la Capilla de la Reina o la Sala de Gigantones, ambos ubicados en la parte trasera de las vidrieras de la Catedral.. La primera parte se centra en la época medieval, desde la colocación de la primera piedra, en 1226, hasta el siglo XV. Desde un inicio el visitante descubre información acerca de quiénes son los arzobispos primados, así como otros grandes promotores del desarrollo cultural y artístico de la Catedral. Destaca una fabulosa colección de imágenes de la Virgen, como es la del retablo del Altar Mayor de la Catedral, una brillante imagen sedente gótica y chapeada en plata, que por primera vez se ha bajado de su ubicación permanente para poder ser admirada a pocos centímetros. «Esta primera sección demuestra que la biblioteca de Toledo sigue siendo riquísima y lo fue todavía más en la Edad Media, con una colección de manuscritos asombrosa», apunta Martínez de Aguirre, antes de presentar un enclave singular de la exposición. Se trata de la colección de relicarios medievales de la catedral. En esta sala se observan «relicarios anatómicos, de origen profano que se reconvirtieron en objetos religiosos, y alguno incluso relacionado con el amor cortés o con la interculturalidad», continúa, «como es ‘‘Relicario en forma de candelabro’’, del primer tercio del siglo XV, y que contiene piezas romanas e islámicas».. Del mecenazgo a Goya. Tras esta primera parte, que también presume de la custodia y el tapiz del Astrolabio, el visitante ya se encuentra en el interior de la propia catedral. El proyecto museográfico, obra de Francisco Bocanegra, se ha planteado de una forma envolvente, pues el cielo de la exposición se compone de arcos ojivales y pilares. Una segunda parte que pretende resaltar la labor de mecenazgo y promoción artística de los arzobispos toledanos. Se centra en la Edad Moderna, desde el siglo XVI hasta finales del XVIII. Una época en la que, explica Navarrete, «se quiere convertir la catedral en el relicario más importante de la cristiandad, y un lugar de peregrinación obligado» a nivel europeo. Se incluyen obras de Francisco Rizi, pintor de la catedral en 1671, así como una interesante sala que sirve como lugar de encuentro entre los pinceles de Velázquez y Zurbarán y la faceta escultórica del Greco. Así como se ilustran periodos claves de la historia del arte español, alrededor del mecenazgo de los arzobispos Gaspar de Quiroga, Albreto de Austria, García de Loaysa y Girón y el cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas. Y, por último, a pocos metros de la citada Capilla de la Descensión, la exposición cierra por todo lo alto: con la labor del cardenal Lorenzana, quien encargó a Goya «Prendimiento de Cristo», la única obra del aragonés en Castilla La-Mancha.. Metros y metros de restauración. Más de 120 obras de la exposición se han sometido a una extensa labor de restauración. Ejemplo son las diez tablas del retablo mayor de la primitiva catedral, «de 13 metros de frente y probablemente una altura de seis metros», describe Martínez de Aguirre. Unos arreglos que han sacado luz al trabajo de su autor Gherardo Starnina, y de Juan de Borgoña, quien las repintó. «Ambos son personajes importantes en la producción artística vinculada a la catedral», añade el comisario.
Arte
Dice la leyenda que la Virgen María descendió del cielo para imponer una casulla celestial al arzobispo San Ildefonso, posando sus pies en una roca que, hoy, se considera como el núcleo de uno de los más magníficos templos de España. Entre las dos naves menores de la Catedral de Toledo, se abre la Capilla de la Descensión, de sus espacios más antiguos y sagrados, ubicada en el punto exacto donde la Virgen dejó su huella. Un lugar que, además de ser corazón espiritual toledano, también se erige como parte fundamental de una exposición que se inaugura hoy en el templo, y que acerca como nunca su extensa historia artística, cristiana y patrimonial al público. Hasta el 14 de octubre se ofrece «Primada. VIII Centenario de la Catedral de Toledo», una exigente muestra cuyos 2.000 metros cuadrados de extensión conviven con la visita habitual del templo, y que está repleta de primeras veces.. La exposición conmemora el octavo centenario de la colocación de la primera piedra del templo y, «dado que abarca casi 800 años, era imposible que un único comisario tuviese conocimiento para diseñar un recorrido con una profundidad museológica idónea», explica Javier Martínez de Aguirre, quien ha trabajado en la primera parte de la muestra, siendo Benito Navarrete el encargado de comisariar la segunda. El resultado son ocho secciones expositivas que recogen más de 330 obras –la gran mayoría son propiedad de la Catedral, pero también se ha contado con prestadores como el Museo del Prado y la Galeria degli Uffizi–. De estas piezas, el 35% no habían sido vistas nunca antes. Una exposición doblemente inédita, pues también el espectador tendrá la oportunidad de pasear por espacios normalmente cerrados o de acceso restringido: el recorrido arranca en la Puerta del Mollete, con una sección preliminar en el claustro bajo, para después ascender por la escalera de Tenorio hasta el claustro alto y acceder a excepcionales espacios como la Capilla de la Reina o la Sala de Gigantones, ambos ubicados en la parte trasera de las vidrieras de la Catedral.. La primera parte se centra en la época medieval, desde la colocación de la primera piedra, en 1226, hasta el siglo XV. Desde un inicio el visitante descubre información acerca de quiénes son los arzobispos primados, así como otros grandes promotores del desarrollo cultural y artístico de la Catedral. Destaca una fabulosa colección de imágenes de la Virgen, como es la del retablo del Altar Mayor de la Catedral, una brillante imagen sedente gótica y chapeada en plata, que por primera vez se ha bajado de su ubicación permanente para poder ser admirada a pocos centímetros. «Esta primera sección demuestra que la biblioteca de Toledo sigue siendo riquísima y lo fue todavía más en la Edad Media, con una colección de manuscritos asombrosa», apunta Martínez de Aguirre, antes de presentar un enclave singular de la exposición. Se trata de la colección de relicarios medievales de la catedral. En esta sala se observan «relicarios anatómicos, de origen profano que se reconvirtieron en objetos religiosos, y alguno incluso relacionado con el amor cortés o con la interculturalidad», continúa, «como es ‘‘Relicario en forma de candelabro’’, del primer tercio del siglo XV, y que contiene piezas romanas e islámicas».. Del mecenazgo a Goya. Tras esta primera parte, que también presume de la custodia y el tapiz del Astrolabio, el visitante ya se encuentra en el interior de la propia catedral. El proyecto museográfico, obra de Francisco Bocanegra, se ha planteado de una forma envolvente, pues el cielo de la exposición se compone de arcos ojivales y pilares. Una segunda parte que pretende resaltar la labor de mecenazgo y promoción artística de los arzobispos toledanos. Se centra en la Edad Moderna, desde el siglo XVI hasta finales del XVIII. Una época en la que, explica Navarrete, «se quiere convertir la catedral en el relicario más importante de la cristiandad, y un lugar de peregrinación obligado» a nivel europeo. Se incluyen obras de Francisco Rizi, pintor de la catedral en 1671, así como una interesante sala que sirve como lugar de encuentro entre los pinceles de Velázquez y Zurbarán y la faceta escultórica del Greco. Así como se ilustran periodos claves de la historia del arte español, alrededor del mecenazgo de los arzobispos Gaspar de Quiroga, Albreto de Austria, García de Loaysa y Girón y el cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas. Y, por último, a pocos metros de la citada Capilla de la Descensión, la exposición cierra por todo lo alto: con la labor del cardenal Lorenzana, quien encargó a Goya «Prendimiento de Cristo», la única obra del aragonés en Castilla La-Mancha.. Metros y metros de restauración. Más de 120 obras de la exposición se han sometido a una extensa labor de restauración. Ejemplo son las diez tablas del retablo mayor de la primitiva catedral, «de 13 metros de frente y probablemente una altura de seis metros», describe Martínez de Aguirre. Unos arreglos que han sacado luz al trabajo de su autor Gherardo Starnina, y de Juan de Borgoña, quien las repintó. «Ambos son personajes importantes en la producción artística vinculada a la catedral», añade el comisario.
