Cuando analizamos, como también hace María Jesús de Frutos al ser el autor una de sus inspiraciones, los barullos cabareteros sello de Henri Toulouse-Lautrec, no sabemos si sus personajes están viviendo el «calor del amor en un bar», como entonaba Gabinete Caligari, o sufriendo la angustia vital seña de la Generación del 98. Sin embargo, el humo, los tragos de absenta y los movimientos del cancán ante la mirada lasciva de los hombres nos transmiten una vitalidad con la que deseamos situarnos enfrente del Moulin Rouge y sentir ese caos tan placentero en nuestras propias carnes.. Probablemente en esa búsqueda, De Frutos siempre lleva una cámara cuando viaja, y no duda en fotografiar todo aquello que le gusta. Las instantáneas resultantes son el punto de partida para elaborar su arte. Como pintora, afirma que su obra no se enmarca dentro de un género concreto, pero si se visita la planta subterránea del Centro Cultural MIRA, en Pozuelo de Alarcón, las escenas corales y colores cálidos de su arte nos recuerdan el estilo postimpresionista del francés.. Esa localidad en el noroeste de la Comunidad de Madrid recoge su última exposición, «Celebración», que puede visitarse gratuitamente hasta el 10 de mayo y que reúne más de 60 piezas que, aunque no sigan un vínculo narrativo específico, se puede ver la motivación principal de la artista: el festejo. «Tenemos que disfrutar de lo que es bello, no me gusta recrearme en lo malo de este mundo», comenta observando con este redactor sus creaciones.. Ella tiene razones para ser optimista, ya que su formación comenzó cuando rondaba los 40 años. En su juventud quería cursar Bellas Artes, aunque la vida hizo que se enamorara tempranamente de su marido, Enrique Cerezo, el presidente del Atlético de Madrid y productor de cine, «al que conozco casi desde que me salieron los dientes», comenta ella riendo, por lo que resultó inviable conciliarlo con los costes de la vida conyugal. Acabó graduándose en Magisterio y ejerció durante muchos años como profesora, experiencia también muy gratificante para ella. Sin embargo, su mente albergaba numerosas ideas que necesitaba volcar en el lienzo. Así, cursó nueve años en la escuela de Nieves Solana, de la que «de un único gesto que hiciera, ya aprendías, pues se notaba que vivía el arte», afirma su alumna. En ese recinto es donde se sientan las bases de la diversidad temática de su pintura.. Uno de sus motivos pictóricos predilectos son los bodegones, que inundan una pared entera de la muestra. Siempre coloridos, contienen frutas, jarrones y cubertería. De hecho, están inspirados en la cultura marroquí, ya que en su último viaje a ese país, y por correspondencia su último carrete de fotos, quedó ensimismada por la cerámica y por la cantidad de flores de sus calles. «Siempre tengo una inspiración, y a partir de ella voy recordando cosas que me atraen y las reúno en el lienzo», explica. Sus bodegones recuerdan a los que escenificaba Clara Peeters cinco siglos atrás, de la cual ansía poder obtener algún día una de sus creaciones. La pintora flamenca es un claro ejemplo de la dificultad añadida que las mujeres en el mundo de la cultura han tenido para que sus nombres pasen a la Historia. Pero De Frutos afirma que nunca se ha sentido discriminada y que «no es fácil ser artista ni cuando se es hombre ni cuando se es mujer», aunque sí comenta su alegría por que cada vez se de más visibilidad al legado femenino.. Además de Peeters, la artista polaca Tamara de Lempicka es otra de sus influencias, cuyo arte reconoce que la emociona profundamente. Y, ya desde un un plano actual, también agradece a otras mujeres, como la comisaria de la exposición, Manuela Picó, por mostrar tesón para un mundo igualitario. «Una vez, en una galería me dijeron que rotulara en los carteles únicamente mi apellido», expresa María Jesús de Frutos.. De hecho, «Celebración» posa una especial mirada sobre las mujeres, las protagonistas de muchas de las tablas. «Es mi forma de ponderar su felicidad. Además, las suelo vestir de rojo porque es el color de la vida», sentencia la creadora. Uno de sus cuadros incluso se denomina «Mujeres» (De Frutos es defensora de los títulos cortos y concisos, «no quiero meter rollos»), donde se las ve sentadas en una taberna. A pesar de la jovialidad de la exhibición en su total, las retratadas se muestran serias y con mirada casi inquisidora, adjetivo que causa la risa de la artista. «Es que las mujeres no somos siempre dulzura, tenemos nuestro carácter», responde.. Su versión de las Meninas. Exactamente, el factor humano no puede perderse con la acuarela. «Mis cuadros reflejan también dolor», comenta. En los comienzos de la pandemia su madre falleció, y necesitaba poder afrontar la pérdida. De ese modo, ideó sus escenas grupales al más puro estilo Lautrec, demostrando que toda alegría tiene asimismo su capa de debilidad. Aunque para ella cuando se pasa un momento débil es mejor no ponerse a maniobrar, pues los resultados no suelen ser los deseados, también admite que situaciones drásticas pueden desembocar en belleza, como la que miramos ahora enfrente nuestra.. Y para tener siempre presente la fe y la esperanza, unos pequeños retratos de la Virgen María adornan una vitrina en el centro de la sala. La religión es un pilar fundamental para la creadora, y en ese respeto que le provoca está la razón de que no haga uso frecuentemente de motivos canónicos en su carrera: «Prefiero no tocarlo y así no profanarlo. Ya hay otros artistas que los representan estupendamente».. Durante la visita resulta además inevitable descubrir su reinterpretación de las Meninas, reto estrella entre todos los reputados del gremio. Su origen está en un encargo que recibió del atelier de Mercedes Rodríguez. Para afrontarlo, decidió ir al Museo del Prado para «conversar» con Velázquez y que «estuviera satisfecho con mi resultado final».. De Frutos adquirió conocimientos para labrar su camino artístico, pero piensa que también existe un gen. Ella se transporta a su infancia a Segovia, la ciudad castellanoleonesa de la que es oriunda. Viviendo enfrente de su Alcázar, cohabitaba con una cotidianeidad de inconmensurable belleza. Ya no vive en ella, pero sí está presente en la sala, con unos cuadros dedicados a su paisaje en los que se avista la catedral.. En la vida de esta pintora hay espacio para todo aquello que nos llena el corazón. «Ver escenas oscuras, aunque haya algunas maravillosas, me hace daño», agrega. Eso sí, la derrota en la Copa del Rey el pasado fin de semana la sufrió: «Mis nietos estuvieron llorando todo el día por el partido». Que no se preocupen. Su equipo tiene más goles por marcar y su abuela más cuadros por pintar.
La pintora presenta «Celebración», exposición de variedad temática pero que comparte el anhelo de su autora por la felicidad
Cuando analizamos, como también hace María Jesús de Frutos al ser el autor una de sus inspiraciones, los barullos cabareteros sello de Henri Toulouse-Lautrec, no sabemos si sus personajes están viviendo el «calor del amor en un bar», como entonaba Gabinete Caligari, o sufriendo la angustia vital seña de la Generación del 98. Sin embargo, el humo, los tragos de absenta y los movimientos del cancán ante la mirada lasciva de los hombres nos transmiten una vitalidad con la que deseamos situarnos enfrente del Moulin Rouge y sentir ese caos tan placentero en nuestras propias carnes.. Probablemente en esa búsqueda, De Frutos siempre lleva una cámara cuando viaja, y no duda en fotografiar todo aquello que le gusta. Las instantáneas resultantes son el punto de partida para elaborar su arte. Como pintora, afirma que su obra no se enmarca dentro de un género concreto, pero si se visita la planta subterránea del Centro Cultural MIRA, en Pozuelo de Alarcón, las escenas corales y colores cálidos de su arte nos recuerdan el estilo postimpresionista del francés.. Esa localidad en el noroeste de la Comunidad de Madrid recoge su última exposición, «Celebración», que puede visitarse gratuitamente hasta el 10 de mayo y que reúne más de 60 piezas que, aunque no sigan un vínculo narrativo específico, se puede ver la motivación principal de la artista: el festejo. «Tenemos que disfrutar de lo que es bello, no me gusta recrearme en lo malo de este mundo», comenta observando con este redactor sus creaciones.. Ella tiene razones para ser optimista, ya que su formación comenzó cuando rondaba los 40 años. En su juventud quería cursar Bellas Artes, aunque la vida hizo que se enamorara tempranamente de su marido, Enrique Cerezo, el presidente del Atlético de Madrid y productor de cine, «al que conozco casi desde que me salieron los dientes», comenta ella riendo, por lo que resultó inviable conciliarlo con los costes de la vida conyugal. Acabó graduándose en Magisterio y ejerció durante muchos años como profesora, experiencia también muy gratificante para ella. Sin embargo, su mente albergaba numerosas ideas que necesitaba volcar en el lienzo. Así, cursó nueve años en la escuela de Nieves Solana, de la que «de un único gesto que hiciera, ya aprendías, pues se notaba que vivía el arte», afirma su alumna. En ese recinto es donde se sientan las bases de la diversidad temática de su pintura.. Uno de sus motivos pictóricos predilectos son los bodegones, que inundan una pared entera de la muestra. Siempre coloridos, contienen frutas, jarrones y cubertería. De hecho, están inspirados en la cultura marroquí, ya que en su último viaje a ese país, y por correspondencia su último carrete de fotos, quedó ensimismada por la cerámica y por la cantidad de flores de sus calles. «Siempre tengo una inspiración, y a partir de ella voy recordando cosas que me atraen y las reúno en el lienzo», explica. Sus bodegones recuerdan a los que escenificaba Clara Peeters cinco siglos atrás, de la cual ansía poder obtener algún día una de sus creaciones. La pintora flamenca es un claro ejemplo de la dificultad añadida que las mujeres en el mundo de la cultura han tenido para que sus nombres pasen a la Historia. Pero De Frutos afirma que nunca se ha sentido discriminada y que «no es fácil ser artista ni cuando se es hombre ni cuando se es mujer», aunque sí comenta su alegría por que cada vez se de más visibilidad al legado femenino.. Además de Peeters, la artista polaca Tamara de Lempicka es otra de sus influencias, cuyo arte reconoce que la emociona profundamente. Y, ya desde un un plano actual, también agradece a otras mujeres, como la comisaria de la exposición, Manuela Picó, por mostrar tesón para un mundo igualitario. «Una vez, en una galería me dijeron que rotulara en los carteles únicamente mi apellido», expresa María Jesús de Frutos.. De hecho, «Celebración» posa una especial mirada sobre las mujeres, las protagonistas de muchas de las tablas. «Es mi forma de ponderar su felicidad. Además, las suelo vestir de rojo porque es el color de la vida», sentencia la creadora. Uno de sus cuadros incluso se denomina «Mujeres» (De Frutos es defensora de los títulos cortos y concisos, «no quiero meter rollos»), donde se las ve sentadas en una taberna. A pesar de la jovialidad de la exhibición en su total, las retratadas se muestran serias y con mirada casi inquisidora, adjetivo que causa la risa de la artista. «Es que las mujeres no somos siempre dulzura, tenemos nuestro carácter», responde.. Exactamente, el factor humano no puede perderse con la acuarela. «Mis cuadros reflejan también dolor», comenta. En los comienzos de la pandemia su madre falleció, y necesitaba poder afrontar la pérdida. De ese modo, ideó sus escenas grupales al más puro estilo Lautrec, demostrando que toda alegría tiene asimismo su capa de debilidad. Aunque para ella cuando se pasa un momento débil es mejor no ponerse a maniobrar, pues los resultados no suelen ser los deseados, también admite que situaciones drásticas pueden desembocar en belleza, como la que miramos ahora enfrente nuestra.. Y para tener siempre presente la fe y la esperanza, unos pequeños retratos de la Virgen María adornan una vitrina en el centro de la sala. La religión es un pilar fundamental para la creadora, y en ese respeto que le provoca está la razón de que no haga uso frecuentemente de motivos canónicos en su carrera: «Prefiero no tocarlo y así no profanarlo. Ya hay otros artistas que los representan estupendamente».. Durante la visita resulta además inevitable descubrir su reinterpretación de las Meninas, reto estrella entre todos los reputados del gremio. Su origen está en un encargo que recibió del atelier de Mercedes Rodríguez. Para afrontarlo, decidió ir al Museo del Prado para «conversar» con Velázquez y que «estuviera satisfecho con mi resultado final».. De Frutos adquirió conocimientos para labrar su camino artístico, pero piensa que también existe un gen. Ella se transporta a su infancia a Segovia, la ciudad castellanoleonesa de la que es oriunda. Viviendo enfrente de su Alcázar, cohabitaba con una cotidianeidad de inconmensurable belleza. Ya no vive en ella, pero sí está presente en la sala, con unos cuadros dedicados a su paisaje en los que se avista la catedral.. En la vida de esta pintora hay espacio para todo aquello que nos llena el corazón. «Ver escenas oscuras, aunque haya algunas maravillosas, me hace daño», agrega. Eso sí, la derrota en la Copa del Rey el pasado fin de semana la sufrió: «Mis nietos estuvieron llorando todo el día por el partido». Que no se preocupen. Su equipo tiene más goles por marcar y su abuela más cuadros por pintar.
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