No habíamos escuchado nunca en directo a este joven cantante, hijo de la mezzosoprano Diana Montague y del tenor David Rendall. De casta le viene al galgo hemos de decir empleando un refrán muy socorrido. El vástago ya posee una presencia vocal, una técnica y un aplomo propios de un más avezado artista. Es sin duda un barítono lírico de timbre agradable, de igualdad emisora indiscutible, que canta con aplomo y seguridad, que frasea con gusto y matiza con cuidado.. Es cierto que el cuerpo vocal, aún en crecimiento, no tiene todavía la reciedumbre, la compactibilidad, la firmeza. Aspectos que sin duda habrán de aparecer de aquí a algún tiempo. Está en camino, sin duda. De momento tenemos une emisión bien asentada, un fiato importante, una vocalización clara y una solidez que le permiten controlar y diversificar el discurso. El espectro sonoro es, ya se ha dicho, agradable, pero a falta de un mayor brillo, de un metal más rico, de una sustancia más carnosa. Pero con lo que tiene se defiende mejor que bien. Y sabe distinguir, establecer las adecuadas diferencias estilísticas.. Algo que pudimos apreciar nada más comenzar el concierto a lo largo de los seis números del breve y humorístico ciclo de Francis Poulenc «Le bestiaire», en el que, sobre textos de Apollinaire, el compositor describe, con brevísimas pinceladas, el imaginario mundo de una serie de grotescos animales. Y no le falta poesía a estas viñetas. Se la supo conceder el barítono, con la voz contenida y le emisión a medio gas. Bien estudiado falsete en «La sauterelle». Volumen reducido en general; como corresponde. La cosa cambió y el tono se tornó más austero y meditativo a lo largo de las nueve «mélodies» de «La bonne chanson» de Gabriel Fauré.. Anotemos el suave balanceo concedido a «Una sainte en son auréole», la expresiva media voz en «La lune blanche luit dans les bois», la presencia nítida en forte en «J’ai presque peur», en verité. La compostura general, casi siempre un poco a medio gas. Sonidos saludables episódicamente tocados de un leve engolamiento, que se apreció también en algún momento de la segunda parte, en donde, con la voz más afuera, nos dimos cuenta del buen centro muy lírico y de una zona aguda algo tirante -hasta el Fa o Sol 3-, pero siempre buscando la redondez. Especialmente sutil nos pareció la interpretación de la primera pieza, «Erwartung», de las cuatro que componen los «Lieder op. 2» de Schoenberg. Magnífica la recreación de la segunda, «Schenk mir deinen goldenen Kamm». Matiz saludable, aunque los colores sean en el canto de nuestro barítono de relativa variedad.. Nos quedaban los «Rückert-Lieder» de Mahler, que fueron sin duda lo mejor del recital con el barítono entregado, expresivo, intenso. Justificado el falsete aplicado al comienzo del segundo, «Ich atmet’ einen linden Duft!» En el tercero, «Liebst du um Schönheit», Montague Rendal nos obsequió con un hermoso falsete en todo lo alto. El célebre «Um Mitternacht» supuso el momento álgido de la sesión por la entrega, la pasión, la intensidad, el ceñido fraseo. El momento cumbre. La voz se recogió inteligentemente en el último lied, «Ich bin der Welt abhanden gekommen».. El cantante se había labrado un buen éxito final en colaboración con el excelente y matizador pianista que es el brasileño Hélio Vida. Hubo tres propinas ante los bravos: una canción de Poulenc, abundosa en reguladores, medias voces y falsete, otra de Vaughn Williams y otra de Schubert, que fue la tan conocida «Serenata» («Standchen»).
Obras de Poulenc, Fauré, Schoenberg y Mahler. Huw Montague Rendall, barítono; Hélio Vida, piano. XXXII Ciclo de Lied. CNDM. Teatro de la Zarzuela, Madrid. 27-IV-2026
No habíamos escuchado nunca en directo a este joven cantante, hijo de la mezzosoprano Diana Montague y del tenor David Rendall. De casta le viene al galgo hemos de decir empleando un refrán muy socorrido. El vástago ya posee una presencia vocal, una técnica y un aplomo propios de un más avezado artista. Es sin duda un barítono lírico de timbre agradable, de igualdad emisora indiscutible, que canta con aplomo y seguridad, que frasea con gusto y matiza con cuidado.. Es cierto que el cuerpo vocal, aún en crecimiento, no tiene todavía la reciedumbre, la compactibilidad, la firmeza. Aspectos que sin duda habrán de aparecer de aquí a algún tiempo. Está en camino, sin duda. De momento tenemos une emisión bien asentada, un fiato importante, una vocalización clara y una solidez que le permiten controlar y diversificar el discurso. El espectro sonoro es, ya se ha dicho, agradable, pero a falta de un mayor brillo, de un metal más rico, de una sustancia más carnosa. Pero con lo que tiene se defiende mejor que bien. Y sabe distinguir, establecer las adecuadas diferencias estilísticas.. Algo que pudimos apreciar nada más comenzar el concierto a lo largo de los seis números del breve y humorístico ciclo de Francis Poulenc «Le bestiaire», en el que, sobre textos de Apollinaire, el compositor describe, con brevísimas pinceladas, el imaginario mundo de una serie de grotescos animales. Y no le falta poesía a estas viñetas. Se la supo conceder el barítono, con la voz contenida y le emisión a medio gas. Bien estudiado falsete en «La sauterelle». Volumen reducido en general; como corresponde. La cosa cambió y el tono se tornó más austero y meditativo a lo largo de las nueve «mélodies» de «La bonne chanson» de Gabriel Fauré.. Anotemos el suave balanceo concedido a «Una sainte en son auréole», la expresiva media voz en «La lune blanche luit dans les bois», la presencia nítida en forte en «J’ai presque peur», en verité. La compostura general, casi siempre un poco a medio gas. Sonidos saludables episódicamente tocados de un leve engolamiento, que se apreció también en algún momento de la segunda parte, en donde, con la voz más afuera, nos dimos cuenta del buen centro muy lírico y de una zona aguda algo tirante -hasta el Fa o Sol 3-, pero siempre buscando la redondez. Especialmente sutil nos pareció la interpretación de la primera pieza, «Erwartung», de las cuatro que componen los «Lieder op. 2» de Schoenberg. Magnífica la recreación de la segunda, «Schenk mir deinen goldenen Kamm». Matiz saludable, aunque los colores sean en el canto de nuestro barítono de relativa variedad.. Nos quedaban los «Rückert-Lieder» de Mahler, que fueron sin duda lo mejor del recital con el barítono entregado, expresivo, intenso. Justificado el falsete aplicado al comienzo del segundo, «Ich atmet’ einen linden Duft!» En el tercero, «Liebst du um Schönheit», Montague Rendal nos obsequió con un hermoso falsete en todo lo alto. El célebre «Um Mitternacht» supuso el momento álgido de la sesión por la entrega, la pasión, la intensidad, el ceñido fraseo. El momento cumbre. La voz se recogió inteligentemente en el último lied, «Ich bin der Welt abhanden gekommen».. El cantante se había labrado un buen éxito final en colaboración con el excelente y matizador pianista que es el brasileño Hélio Vida. Hubo tres propinas ante los bravos: una canción de Poulenc, abundosa en reguladores, medias voces y falsete, otra de Vaughn Williams y otra de Schubert, que fue la tan conocida «Serenata» («Standchen»).
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