Europa pasa por una de sus peores olas de calor de los últimos años. Según datos oficiales, hasta la fecha han fallecido cerca de 1.300 ciudadanos europeos debido a las altas temperaturas, en especial entre personas mayores y colectivos sin recursos. Ante esta crisis climática, se ha generado una nueva y extraña polémica que ahora mismo recorre los parlamentos de Europa: ¿es el aire acondicionado de derechas? Obviamente, la respuesta es que no, pero ciertos grupos ecologistas europeos llevan varias semanas insistiendo en lo mismo y remarcando los supuestos problemas de expandir esta tecnología a la mayoría de viviendas. Y es que en Europa, de media, solo el 20 % de los hogares dispone de aire acondicionado frente al 90 % de Estados Unidos. Esta realidad nos hace especialmente susceptibles a que estas subidas masivas de temperaturas provoquen problemas sociales o muertes. Pese a todo, la izquierda europea se ha horrorizado ante las propuestas de varios partidos de fomentar la instalación de estas tecnologías. Jean-Luc Mélenchon, líder del partido de izquierda radical Francia Insumisa, se negó en rotundo a esta idea, afirmando que esto «aumentaría las emisiones de carbono». Por su parte, la ministra francesa de Transición Ecológica, Monique Barbut, con un amplio pasado ecologista, fue aún más tajante, afirmando en una declaración cuanto menos desafortunada que eso «no evitaría la muerte de los animales». Limitar servicios de forma elitista El debate, si bien se ha centrado en Francia, ya que acumula la mayor cantidad de muertes, ha sido objeto de discusión hasta el punto de que la Comisión Europea se está planteando legislar sobre el asunto. Ahora bien, ¿qué hay detrás de esto? Pues la realidad es que esto parece ser un nuevo ejemplo de una batalla cultural. Los aires acondicionados, como remarca el estudio «Air conditioning and global inequality» de 2021, son, en general, un privilegio de las clases acomodadas, de aquellos que han podido pagar la instalación y las facturas de estos servicios. Por lo que quienes más sufren con las altas temperaturas son los más pobres. La sociología ha denominado esta idea de prohibir el aire acondicionado o derivados para mejorar las condiciones de vida bajo supuestos morales o climáticos como «ecologismo de élites», es decir, que ciertos grupos adinerados o con buena posición social buscan limitar estos servicios para evitar el impacto climático sin verse necesariamente afectados por ello. Normalmente, quienes lo promueven rara vez sufren las consecuencias de sus propias recomendaciones. Pueden permitirse viviendas reformadas, segundas residencias o entornos de trabajo con temperatura controlada. Son precisamente estas élites culturales y políticas las que más insisten en que el resto de la sociedad debe renunciar a soluciones prácticas para reducir la temperatura. El investigador R. Chakraborty (2025) en su artículo «Challenging elite environmentalism: Stories f
La ola de calor ha despertado, además de la desesperación corporal de la gente, una nueva batalla sobre la ecología y los privilegios en Europa
Europa pasa por una de sus peores olas de calor de los últimos años. Según datos oficiales, hasta la fecha han fallecido cerca de 1.300 ciudadanos europeos debido a las altas temperaturas, en especial entre personas mayores y colectivos sin recursos. Ante esta crisis climática, se ha generado una nueva y extraña polémica que ahora mismo recorre los parlamentos de Europa: ¿es el aire acondicionado de derechas? Obviamente, la respuesta es que no, pero ciertos grupos ecologistas europeos llevan varias semanas insistiendo en lo mismo y remarcando los supuestos problemas de expandir esta tecnología a la mayoría de viviendas. Y es que en Europa, de media, solo el 20 % de los hogares dispone de aire acondicionado frente al 90 % de Estados Unidos. Esta realidad nos hace especialmente susceptibles a que estas subidas masivas de temperaturas provoquen problemas sociales o muertes. Pese a todo, la izquierda europea se ha horrorizado ante las propuestas de varios partidos de fomentar la instalación de estas tecnologías. Jean-Luc Mélenchon, líder del partido de izquierda radical Francia Insumisa, se negó en rotundo a esta idea, afirmando que esto «aumentaría las emisiones de carbono». Por su parte, la ministra francesa de Transición Ecológica, Monique Barbut, con un amplio pasado ecologista, fue aún más tajante, afirmando en una declaración cuanto menos desafortunada que eso «no evitaría la muerte de los animales».El debate, si bien se ha centrado en Francia, ya que acumula la mayor cantidad de muertes, ha sido objeto de discusión hasta el punto de que la Comisión Europea se está planteando legislar sobre el asunto. Ahora bien, ¿qué hay detrás de esto? Pues la realidad es que esto parece ser un nuevo ejemplo de una batalla cultural. Los aires acondicionados, como remarca el estudio «Air conditioning and global inequality» de 2021, son, en general, un privilegio de las clases acomodadas, de aquellos que han podido pagar la instalación y las facturas de estos servicios. Por lo que quienes más sufren con las altas temperaturas son los más pobres. La sociología ha denominado esta idea de prohibir el aire acondicionado o derivados para mejorar las condiciones de vida bajo supuestos morales o climáticos como «ecologismo de élites», es decir, que ciertos grupos adinerados o con buena posición social buscan limitar estos servicios para evitar el impacto climático sin verse necesariamente afectados por ello. Normalmente, quienes lo promueven rara vez sufren las consecuencias de sus propias recomendaciones. Pueden permitirse viviendas reformadas, segundas residencias o entornos de trabajo con temperatura controlada. Son precisamente estas élites culturales y políticas las que más insisten en que el resto de la sociedad debe renunciar a soluciones prácticas para reducir la temperatura. El investigador R. Chakraborty (2025) en su artículo «Challenging elite environmentalism: Stories from Brazil and India» ha profundizado
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