Por Emilio Crespo EE.UU. quiere blindar su supremacía tecnológica, minada por China, la globalización y las deslocalizaciones que promovieron, para aumentar beneficios, sus grandes compañías. Dos de los peores demonios de la cultura empresarial norteamericana, el proteccionismo y el intervencionismo estatal, son los instrumentos con los que, copiando a Pekín, Donald Trump intenta evitar el ocaso tecnológico de EE.UU. e inyectar competitividad a sus empresas. El Gobierno norteamericano sorprendió a los agentes económicos al comprar, por casi 9.000 millones de dólares, el 10% de Intel, que fue primer productor mundial de procesadores hasta que, gracias a sus encargos y los de otras firmas americanas, le superó la taiwanesa TSMC. Diez meses después, el plan para multiplicar la producción de chips en las fábricas de Intel roba clientela premium a los chinos. Trump anunció hace dos semanas un acuerdo para que los dispositivos de Apple lleven procesadores Made in USA. A la ofensiva de los chips se suma la supervisión gubernamental de los avances en Inteligencia Artificial. Los modelos avanzados de Anthropic, a los que se acaba de añadir otro de OpenAI (GPT-5.5 Cyber), solo pueden ser usados por nacionales estadounidenses. La Administración Trump desoyó las quejas de sus aliados por esa medida en la reciente reunión del G-7 en Francia. La última ofensiva de Washington ha sido en la computación cuántica. Rodeado de los presidentes de Google, IBM y otros grandes del sector, Trump firmó la semana pasada dos decretos para desarrollarla a marchas forzadas. En 5 años EE.UU. debe tener un ordenador cuántico que ejecute cálculos científicos y la infraestructura y suministros necesarios para que no sea un simple logro de laboratorio.
Trump impulsa con el poder y el dinero del Estado la computación cuántica, la fabricación de chips y la IA
Por Emilio CrespoEE.UU. quiere blindar su supremacía tecnológica, minada por China, la globalización y las deslocalizaciones que promovieron, para aumentar beneficios, sus grandes compañías. Dos de los peores demonios de la cultura empresarial norteamericana, el proteccionismo y el intervencionismo estatal, son los instrumentos con los que, copiando a Pekín, Donald Trump intenta evitar el ocaso tecnológico de EE.UU. e inyectar competitividad a sus empresas.El Gobierno norteamericano sorprendió a los agentes económicos al comprar, por casi 9.000 millones de dólares, el 10% de Intel, que fue primer productor mundial de procesadores hasta que, gracias a sus encargos y los de otras firmas americanas, le superó la taiwanesa TSMC.Diez meses después, el plan para multiplicar la producción de chips en las fábricas de Intel roba clientela premium a los chinos. Trump anunció hace dos semanas un acuerdo para que los dispositivos de Apple lleven procesadores Made in USA.A la ofensiva de los chips se suma la supervisión gubernamental de los avances en Inteligencia Artificial. Los modelos avanzados de Anthropic, a los que se acaba de añadir otro de OpenAI (GPT-5.5 Cyber), solo pueden ser usados por nacionales estadounidenses. La Administración Trump desoyó las quejas de sus aliados por esa medida en la reciente reunión del G-7 en Francia.La última ofensiva de Washington ha sido en la computación cuántica. Rodeado de los presidentes de Google, IBM y otros grandes del sector, Trump firmó la semana pasada dos decretos para desarrollarla a marchas forzadas. En 5 años EE.UU. debe tener un ordenador cuántico que ejecute cálculos científicos y la infraestructura y suministros necesarios para que no sea un simple logro de laboratorio.
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