El Portugal–Croacia dejó una acción que ya forma parte de la historia de los Mundiales. Con el marcador 2-1 y el partido en el minuto 103, Gvardiol anotó el que parecía el empate croata tras una jugada que involucró un centro, una peinada de Matanovic, una dejada de Pasalic y el remate final del central del City. A simple vista, todo parecía legal en una jugada donde Pasalic quedaba habilitado por un toque previo del portugués Renato Veiga. Sin embargo, la revisión del VAR terminó anulando el gol por un detalle que el ojo humano no pudo detectar. La clave estuvo en un gesto casi invisible. Antes de que el balón llegara a Pasalic, Matanovic intentó cabecear la pelota. En las imágenes no se apreciaba contacto, pero el árbitro Espen Eskas se apoyó en el sensor interno del balón, que indicó un leve toque. Ese contacto adelantaba a Pasalic y lo dejaba en fuera de juego en el instante exacto en que la pelota fue desviada. El árbitro reconoció después que no pudo ver el toque en las imágenes y que confió en la lectura del chip. Qué es el microchip y cómo detecta los contactos La tecnología se incorporó por primera vez en Qatar 2022 y vuelve a ser protagonista en el Mundial 2026. El balón del torneo, el Trionda, integra una Unidad de Medición Inercial suspendida en su interior. Este sensor registra datos 500 veces por segundo, detectando aceleración, velocidad, rotación y vibraciones del balón en tres dimensiones. Su función es identificar el instante exacto del contacto y enviar esa información en tiempo real a la sala del VAR. El Trionda incorpora tecnología Connected Ball, que envía datos instantáneos al VAR y permite validar fueras de juego, manos o desvíos con mayor precisión. El balón debe cargarse por inducción antes de cada partido, igual que un smartphone. Su diseño de cuatro paneles y superficie rugosa mejora la estabilidad en el vuelo, aunque estudios en túnel de viento realizados por la Universidad de Tsukuba indican que puede perder alcance en tiros muy potentes debido a su comportamiento aerodinámico. El sistema no actúa solo. Los datos del chip se cruzan con las cámaras de alta velocidad y el seguimiento tridimensional de los jugadores. La FIFA explica que el chip aporta un dato objetivo, pero la decisión final sigue dependiendo de la interpretación arbitral. Por eso, el organismo mantiene protocolos alternativos con métodos tradicionales del VAR y revisión mediante cámaras, para garantizar precisión en jugadas complejas. El debate: ¿debe anularse un gol por un toque imperceptible? La polémica se instaló inmediatamente. La pregunta que se abre es si un toque tan leve, invisible incluso para el VAR, tiene suficiente entidad para invalidar un gol decisivo en un Mundial. Croacia explotó tras la decisión y el debate sobre la fiabilidad del chip quedó abierto.
El sensor interno detectó un toque imperceptible de Matanovic y dejó en fuera de juego a Pasalic, desatando un debate sobre la fiabilidad del sistema
El Portugal–Croacia dejó una acción que ya forma parte de la historia de los Mundiales. Con el marcador 2-1 y el partido en el minuto 103, Gvardiol anotó el que parecía el empate croata tras una jugada que involucró un centro, un peinado de Matanovic, una dejada de Pasalic y el remate final del central del City. A simple vista, todo parecía legal en una jugada donde Pasalic quedaba habilitado por un toque previo del portugués Renato Veiga. Sin embargo, la revisión del VAR terminó anulando el gol por un detalle que el ojo humano no pudo detectar.La clave estuvo en un gesto casi invisible. Antes de que el balón llegara a Pasalic, Matanovic intentó cabecear la pelota. En las imágenes no se apreciaba contacto, pero el árbitro Espen Eskas se apoyó en el sensor interno del balón, que indicó un leve toque. Ese contacto adelantaba a Pasalic y lo dejaba en fuera de juego en el instante exacto en que la pelota fue desviada. El árbitro reconoció después que no pudo ver el toque en las imágenes y que confió en la lectura del chip.Qué es el microchip y cómo detecta los contactosLa tecnología se incorporó por primera vez en Qatar 2022 y vuelve a ser protagonista en el Mundial 2026. El balón del torneo, el Trionda, integra una Unidad de Medición Inercial suspendida en su interior. Este sensor registra datos 500 veces por segundo, detectando aceleración, velocidad, rotación y vibraciones del balón en tres dimensiones. Su función es identificar el instante exacto del contacto y enviar esa información en tiempo real a la sala del VAR.El Trionda incorpora tecnología Connected Ball, que envía datos instantáneos al VAR y permite validar fueras de juego, manos o desvíos con mayor precisión. El balón debe cargarse por inducción antes de cada partido, igual que un smartphone. Su diseño de cuatro paneles y superficie rugosa mejora la estabilidad en el vuelo, aunque estudios en túnel de viento realizados por la Universidad de Tsukuba indican que puede perder alcance en tiros muy potentes debido a su comportamiento aerodinámico.El sistema no actúa solo. Los datos del chip se cruzan con las cámaras de alta velocidad y el seguimiento tridimensional de los jugadores. La FIFA explica que el chip aporta un dato objetivo, pero la decisión final sigue dependiendo de la interpretación arbitral. Por eso, el organismo mantiene protocolos alternativos con métodos tradicionales del VAR y revisión mediante cámaras, para garantizar precisión en jugadas complejas.El debate: ¿debe anularse un gol por un toque imperceptible?La polémica se instaló inmediatamente. La pregunta que se abre es si un toque tan leve, invisible incluso para el VAR, tiene suficiente entidad para invalidar un gol decisivo en un Mundial. Croacia explotó tras la decisión y el debate sobre la fiabilidad del chip quedó abierto.
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