Dentro del abanico de advertencias de peligro que pueblan las carreteras españolas, la señal P-2 ocupa un lugar singular. Su llamativo diseño (un triángulo con borde rojo y una cruz o aspa negra en el centro) no es, ni mucho menos, un elemento frecuente en los márgenes de las calzadas.. La razón de su escasa presencia es, precisamente, la que la convierte en una de las más redundantes del catálogo de la Dirección General de Tráfico: el mensaje que transmite es un principio básico de la circulación que todo conductor está obligado a conocer y aplicar incluso en ausencia de señalización. La P-2 advierte de la proximidad de un cruce en el que rige la regla general de prioridad, es decir, la obligación de ceder el paso a cualquier vehículo que se aproxime por la derecha.. El Reglamento General de Circulación establece que los usuarios de las vías están obligados a obedecer las señales, pero también a «adaptar su comportamiento» al resto de las indicaciones reglamentarias. En el caso de los cruces, la norma ya dicta que, si no hay una marca vertical o pintura en el asfalto que indique lo contrario, prevalece el que llega por la mano diestra. La función de la P-2, por tanto, es subrayar un peligro latente en ese tramo.. Se coloca en intersecciones donde la configuración del terreno o la visibilidad limitada pueden inducir a error, llevando a un automovilista a creer erróneamente que circula por una vía preferente. Su tipología triangular, destinada a anunciar riesgos difíciles de percibir a tiempo, busca sacudir la rutina al volante y reclamar una atención extra para moderar la velocidad.. Un mensaje que se pasa por alto en las autoescuelas. A pesar de ser una de las advertencias más elementales, la señal P-2 se ha convertido en una trampa habitual en los exámenes teóricos de conducir.. Muchos aspirantes fallan al identificar su significado o la confunden con otras placas, precisamente porque su dibujo no es tan intuitivo como el de un ceda el paso o un stop, y porque su presencia en la carretera real es mínima. El razonamiento es sencillo: si la norma de prioridad por la derecha opera siempre por defecto, la DGT entiende que no es necesario desplegar esta advertencia en cada esquina. Solo se instala en aquellos puntos negros donde los datos de accidentalidad o la complejidad del trazado aconsejan reforzar visualmente el precepto, lo que la ha convertido en una rareza que pocos conductores noveles han visto fuera de un manual de estudio.. La cara B de ignorar la advertencia. Conviene aclarar que la sanción no se impone por desobedecer la señal en sí, ya que esta es meramente informativa del peligro, sino por vulnerar la regla de prioridad que anuncia. Ignorar esa preferencia en el cruce señalizado constituye una infracción grave.. Las consecuencias administrativas son claras: el bolsillo del infractor se aligera en 200 euros y su saldo del carnet de conducir mengua en cuatro puntos.
La placa triangular con un aspa, denominada P-2, alerta de una intersección donde manda la prioridad de paso por la derecha, un precepto que el Reglamento General de Circulación ya contempla para todos los cruces sin señalizar y cuyo quebranto acarrea sanciones económicas y pérdida de crédito en el permiso de conducir
Dentro del abanico de advertencias de peligro que pueblan las carreteras españolas, la señal P-2 ocupa un lugar singular. Su llamativo diseño (un triángulo con borde rojo y una cruz o aspa negra en el centro) no es, ni mucho menos, un elemento frecuente en los márgenes de las calzadas.. La razón de su escasa presencia es, precisamente, la que la convierte en una de las más redundantes del catálogo de la Dirección General de Tráfico: el mensaje que transmite es un principio básico de la circulación que todo conductor está obligado a conocer y aplicar incluso en ausencia de señalización. La P-2 advierte de la proximidad de un cruce en el que rige la regla general de prioridad, es decir, la obligación de ceder el paso a cualquier vehículo que se aproxime por la derecha.. El Reglamento General de Circulación establece que los usuarios de las vías están obligados a obedecer las señales, pero también a «adaptar su comportamiento» al resto de las indicaciones reglamentarias. En el caso de los cruces, la norma ya dicta que, si no hay una marca vertical o pintura en el asfalto que indique lo contrario, prevalece el que llega por la mano diestra. La función de la P-2, por tanto, es subrayar un peligro latente en ese tramo.. Se coloca en intersecciones donde la configuración del terreno o la visibilidad limitada pueden inducir a error, llevando a un automovilista a creer erróneamente que circula por una vía preferente. Su tipología triangular, destinada a anunciar riesgos difíciles de percibir a tiempo, busca sacudir la rutina al volante y reclamar una atención extra para moderar la velocidad.. Un mensaje que se pasa por alto en las autoescuelas. A pesar de ser una de las advertencias más elementales, la señal P-2 se ha convertido en una trampa habitual en los exámenes teóricos de conducir.. Muchos aspirantes fallan al identificar su significado o la confunden con otras placas, precisamente porque su dibujo no es tan intuitivo como el de un ceda el paso o un stop, y porque su presencia en la carretera real es mínima. El razonamiento es sencillo: si la norma de prioridad por la derecha opera siempre por defecto, la DGT entiende que no es necesario desplegar esta advertencia en cada esquina. Solo se instala en aquellos puntos negros donde los datos de accidentalidad o la complejidad del trazado aconsejan reforzar visualmente el precepto, lo que la ha convertido en una rareza que pocos conductores noveles han visto fuera de un manual de estudio.. La cara B de ignorar la advertencia. Conviene aclarar que la sanción no se impone por desobedecer la señal en sí, ya que esta es meramente informativa del peligro, sino por vulnerar la regla de prioridad que anuncia. Ignorar esa preferencia en el cruce señalizado constituye una infracción grave.. Las consecuencias administrativas son claras: el bolsillo del infractor se aligera en 200 euros y su saldo del carnet de conducir mengua en cuatro puntos.
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