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  Cultura  «Videla es la figura del mal, estamos hablando del demonio»
Cultura

«Videla es la figura del mal, estamos hablando del demonio»

10 de marzo de 2026
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Las dictaduras también son sus cifras. Más de 600 centros de detención clandestinos; unos 9.000 desaparecidos documentados (el número real alcanza los 30.000) y entre 300.000 y 500.000 exiliados. Hace casi cincuenta años, el 24 de marzo de 1976, la historia de[[LINK:TAG|||tag|||63361617ecd56e3616932023||| Argentina]] dio un paso atrás y cambió por completo. El Gobierno era derrocado y se imponía una dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla que perduraría hasta 1983 y que sumiría al país en uno de los periodos más aciagos de su historia reciente. Un capítulo que, a pesar del tiempo que ha transcurrido desde entonces, no ha quedado atrás: sus heridas permanecen vivas y perviven en los debates de los argentinos porque las cicatrices que provocó todavía supuran dolor.. «Estoy viva por 24 horas. Los militares fueron a buscarme a casa de mi hermana». Clara Obligado. La escritora Clara Obligado recuerda las consecuencias de ese suceso histórico en «Exilio» (Páginas de Espuma), un relato ilustrado por Comotto que habla sobre el periplo involuntario que comenzó entonces: inmigración, vida en una nación diferente y la pérdida de las raíces. «Una vez que te has ido es muy difícil volver, porque el país ya lo perdiste para siempre por una razón: nunca vuelves al mismo punto en el que estuviste al irte».. La escritora salió de su país vestida de verano y llegó a España el 5 de diciembre de 1976, en pleno invierno, y lo que encontró fue una sociedad que hacía el camino inverso al suyo. «No pensé mucho mi decisión.[[LINK:TAG|||tag|||634d2caa5c059a26e23f8877||| Franco]] había muerto y en Argentina los diarios hablaban de la próxima democracia hacia la que avanzaba España, justo cuando nosotros caíamos en una dictadura. Pero al llegar aquí me di cuenta de que todavía existían muchos atrasos, había comportamientos machistas y el país tenía todavía un velo oscuro; pero, por suerte, llegó la Transición, que fue difícil, y después la Movida. Me enganché ahí, con esa otra España».. Clara Obligado reconoce que escribir este libro ha supuesto un enorme esfuerzo personal, en lo físico y en lo anímico. Suponía enfrentarse al reflejo de ese turbio espejo que es la propia vida, con su dolor, con su sufrimiento y con sus cicatrices. «Estuve en Buenos Aires este invierno y se me acercaba la gente para contarme historias de la dictadura. Incluso me traían objetos. Aquí hay cosas que quieren ser contadas, me dije».. «De mi alrededor desaparecieron unas 50 personas. De unos hallamos los huesos, de otros…». Clara Obligado. Este fue el detonante de una decisión que se ha concretado en esta historia: «Tenía un cuento y creía que no se había hablado suficiente del exilio, con lógica también, porque, aunque es muy duro, no lo es tanto respecto a las torturas que se cometieron durante la dictadura. Ahí propuse a mi editor trabajar ese texto». Pero esa idea inicial trajo consigo un peso imprevisto que le acompañó durante todo el ejercicio de la escritura: «Me ha dolido mucho más de lo que me parecía. Me dolió escribirlo, me provocaba insomnio, porque estas son unas experiencias muy duras, que están siempre ahí, porque los hechos graves siempre permanecen contigo. La pérdida de un padre, de un amigo, siempre nos acompaña. No resultó fácil».. Por muy poco. Detrás de la literatura están los hechos. Y los hechos no son fáciles de asimilar. Torturas, robo de niños, desaparecidos, asesinatos, crímenes. Y un dictador impasible, ajeno al dolor de la población, pendiente solo de él y de sus intereses. «Estoy viva por veinticuatro horas. Me vine porque ya había dificultades para quedarme. A mi alrededor desaparecía y moría gente. Tenía 26 años y solo en mi entorno llegué a contar cincuenta desaparecidos. Eso era prácticamente mi mundo. Decidí irme por Uruguay con mi padre y mi hermana, en el preciso momento en que los militares habían acudido a casa de mi hermana para buscarme. Sí, estoy viva por 24 horas». Se fue, pero no olvidó ni se deshizo de la memoria. «Con algunos de mis conocidos sabes qué pasó, porque se encontraron los huesos, pero de otros no hemos sabido nunca más. Creo que esta es la mayor prueba de inhumanidad que puede haber. La gente debería tener el derecho de enterrar a sus muertos. Considero que es lo mínimo. Lo contrario es de una enorme crueldad, llevarla más allá de lo que podemos pensar. Es la gran venganza del vencedor», dice.. Pero la autora no se queda ahí al recordar la dictadura argentina. La iniquidad tiene un nombre y en este caso su nombre es Jorge Rafael Videla: «Le veo la cara. Es un iluminado que cree que tiene razón. Esto me llevó a pensar sobre el mal en estado puro. Verle me produce lo mismo que ver a Hitler. Pero, ¡hasta qué punto estos dictadores juegan con la gente y la maltratan! Siempre han existido iluminados, figuras que están más allá del dolor ajeno, que llevan sus ideas al límite, aunque, por lo general, no vamos a engañarnos, tienen detrás unos intereses económicos».. «No habría nunca una dictadura si no fuera porque una parte de la población da su apoyo». Clara Obligado. Para Clara Obligado, «este tipo de personas viven con un fervor casi religioso. Ellos van más allá de lo humano. Para mí, Videla es la figura del mal. Estamos hablando del demonio. La filosofía ha dado vueltas al mal. El otro día leí a un pensador una reflexión sobre el mal que decía que en nuestra época el mal es una sala ejecutiva fumando y decidiendo el despido de un montón de gente. El mal es llevar a la gente a una situación invivible». Estas ideas le han reafirmado en el convencimiento de que hay que «recordar», porque «es fundamental».. Para ella se está produciendo un «fallo educativo. Solo eso explica que muchos jóvenes vean positivas cosas que eran negativas y que siempre nos han conducido al desastre. Ese es un camino equivocado. Creo que una cosa es tener diferentes ideologías y otra avanzar por el camino que lleva a la desgracia».. En este punto recuerda a los niños robados durante la dictadura. Una de las sombras que se extiende sobre ese periodo, aunque en este sentido se ha avanzado mucho en Argentina para reparar ese dolor. Aunque, como puntualiza, «[[LINK:TAG|||tag|||64da20c8fae321783d36e01a|||Milei]] desdeña eso. Siempre existe una involución». Este es el motivo que le empuja a afirmar que esta «es una época peligrosa» y explicar algo esencial: «No habría nunca una dictadura si no fuera porque una parte de la población da su apoyo. Cuando cae una dictadura, parece que nunca se ha apoyado ese régimen, pero las personas que la respaldaron siguen estando ahí y estas tensiones continúan y nos competen. Por eso se está intentando desmontar la educación y que la educación de hoy sea TikTok. Estamos jugando con cartas muy difíciles. Hoy no pensar parece que es lo inteligente. Hay que lograr que avance el pensamiento racional… Lo de hoy en Argentina es tremendo. Su retroceso es increíble. Ahora se discuten de nuevo cosas que ya se habían saldado».. Clara Obligado recuerda uno de los temas más duros: lo que ha denominado el «inxilio». Todas esas personas que no tenían capacidad para marcharse y se tuvieron que quedar, esconderse y sobrevivir como pudieran. «Encontré gente que me lo contaba. Lo trabajé. Me parece que la memoria de la dictadura todavía se puede ampliar. ¿Para qué? No por ninguna vocación de venganza, sino por la Justicia. Por eso no es cierto cuando se iguala y se dice que son iguales los que mataron que los que murieron. Creo que ahora tenemos fuerzas políticas que están tratando de borrar todo lo que existe en ese sentido. Y eso no es bueno».

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La escritora Clara Obligado publica «Exilio» y recuerda los crímenes que cometió la dictadura argentina en el cincuenta aniversario del golpe militar

  

Las dictaduras también son sus cifras. Más de 600 centros de detención clandestinos; unos 9.000 desaparecidos documentados (el número real alcanza los 30.000) y entre 300.000 y 500.000 exiliados. Hace casi cincuenta años, el 24 de marzo de 1976, la historia de Argentina dio un paso atrás y cambió por completo. El Gobierno era derrocado y se imponía una dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla que perduraría hasta 1983 y que sumiría al país en uno de los periodos más aciagos de su historia reciente. Un capítulo que, a pesar del tiempo que ha transcurrido desde entonces, no ha quedado atrás: sus heridas permanecen vivas y perviven en los debates de los argentinos porque las cicatrices que provocó todavía supuran dolor.. «Estoy viva por 24 horas. Los militares fueron a buscarme a casa de mi hermana». La escritora Clara Obligado recuerda las consecuencias de ese suceso histórico en «Exilio» (Páginas de Espuma), un relato ilustrado por Comotto que habla sobre el periplo involuntario que comenzó entonces: inmigración, vida en una nación diferente y la pérdida de las raíces. «Una vez que te has ido es muy difícil volver, porque el país ya lo perdiste para siempre por una razón: nunca vuelves al mismo punto en el que estuviste al irte».. La escritora salió de su país vestida de verano y llegó a España el 5 de diciembre de 1976, en pleno invierno, y lo que encontró fue una sociedad que hacía el camino inverso al suyo. «No pensé mucho mi decisión. Franco había muerto y en Argentina los diarios hablaban de la próxima democracia hacia la que avanzaba España, justo cuando nosotros caíamos en una dictadura. Pero al llegar aquí me di cuenta de que todavía existían muchos atrasos, había comportamientos machistas y el país tenía todavía un velo oscuro; pero, por suerte, llegó la Transición, que fue difícil, y después la Movida. Me enganché ahí, con esa otra España».. Clara Obligado reconoce que escribir este libro ha supuesto un enorme esfuerzo personal, en lo físico y en lo anímico. Suponía enfrentarse al reflejo de ese turbio espejo que es la propia vida, con su dolor, con su sufrimiento y con sus cicatrices. «Estuve en Buenos Aires este invierno y se me acercaba la gente para contarme historias de la dictadura. Incluso me traían objetos. Aquí hay cosas que quieren ser contadas, me dije».. «De mi alrededor desaparecieron unas 50 personas. De unos hallamos los huesos, de otros…». Este fue el detonante de una decisión que se ha concretado en esta historia: «Tenía un cuento y creía que no se había hablado suficiente del exilio, con lógica también, porque, aunque es muy duro, no lo es tanto respecto a las torturas que se cometieron durante la dictadura. Ahí propuse a mi editor trabajar ese texto». Pero esa idea inicial trajo consigo un peso imprevisto que le acompañó durante todo el ejercicio de la escritura: «Me ha dolido mucho más de lo que me parecía. Me dolió escribirlo, me provocaba insomnio, porque estas son unas experiencias muy duras, que están siempre ahí, porque los hechos graves siempre permanecen contigo. La pérdida de un padre, de un amigo, siempre nos acompaña. No resultó fácil».. Detrás de la literatura están los hechos. Y los hechos no son fáciles de asimilar. Torturas, robo de niños, desaparecidos, asesinatos, crímenes. Y un dictador impasible, ajeno al dolor de la población, pendiente solo de él y de sus intereses. «Estoy viva por veinticuatro horas. Me vine porque ya había dificultades para quedarme. A mi alrededor desaparecía y moría gente. Tenía 26 años y solo en mi entorno llegué a contar cincuenta desaparecidos. Eso era prácticamente mi mundo. Decidí irme por Uruguay con mi padre y mi hermana, en el preciso momento en que los militares habían acudido a casa de mi hermana para buscarme. Sí, estoy viva por 24 horas». Se fue, pero no olvidó ni se deshizo de la memoria. «Con algunos de mis conocidos sabes qué pasó, porque se encontraron los huesos, pero de otros no hemos sabido nunca más. Creo que esta es la mayor prueba de inhumanidad que puede haber. La gente debería tener el derecho de enterrar a sus muertos. Considero que es lo mínimo. Lo contrario es de una enorme crueldad, llevarla más allá de lo que podemos pensar. Es la gran venganza del vencedor», dice.. Pero la autora no se queda ahí al recordar la dictadura argentina. La iniquidad tiene un nombre y en este caso su nombre es Jorge Rafael Videla: «Le veo la cara. Es un iluminado que cree que tiene razón. Esto me llevó a pensar sobre el mal en estado puro. Verle me produce lo mismo que ver a Hitler. Pero, ¡hasta qué punto estos dictadores juegan con la gente y la maltratan! Siempre han existido iluminados, figuras que están más allá del dolor ajeno, que llevan sus ideas al límite, aunque, por lo general, no vamos a engañarnos, tienen detrás unos intereses económicos».. «No habría nunca una dictadura si no fuera porque una parte de la población da su apoyo». Para Clara Obligado, «este tipo de personas viven con un fervor casi religioso. Ellos van más allá de lo humano. Para mí, Videla es la figura del mal. Estamos hablando del demonio. La filosofía ha dado vueltas al mal. El otro día leí a un pensador una reflexión sobre el mal que decía que en nuestra época el mal es una sala ejecutiva fumando y decidiendo el despido de un montón de gente. El mal es llevar a la gente a una situación invivible». Estas ideas le han reafirmado en el convencimiento de que hay que «recordar», porque «es fundamental».. Para ella se está produciendo un «fallo educativo. Solo eso explica que muchos jóvenes vean positivas cosas que eran negativas y que siempre nos han conducido al desastre. Ese es un camino equivocado. Creo que una cosa es tener diferentes ideologías y otra avanzar por el camino que lleva a la desgracia».. En este punto recuerda a los niños robados durante la dictadura. Una de las sombras que se extiende sobre ese periodo, aunque en este sentido se ha avanzado mucho en Argentina para reparar ese dolor. Aunque, como puntualiza, «Milei desdeña eso. Siempre existe una involución». Este es el motivo que le empuja a afirmar que esta «es una época peligrosa» y explicar algo esencial: «No habría nunca una dictadura si no fuera porque una parte de la población da su apoyo. Cuando cae una dictadura, parece que nunca se ha apoyado ese régimen, pero las personas que la respaldaron siguen estando ahí y estas tensiones continúan y nos competen. Por eso se está intentando desmontar la educación y que la educación de hoy sea TikTok. Estamos jugando con cartas muy difíciles. Hoy no pensar parece que es lo inteligente. Hay que lograr que avance el pensamiento racional… Lo de hoy en Argentina es tremendo. Su retroceso es increíble. Ahora se discuten de nuevo cosas que ya se habían saldado».. Clara Obligado recuerda uno de los temas más duros: lo que ha denominado el «inxilio». Todas esas personas que no tenían capacidad para marcharse y se tuvieron que quedar, esconderse y sobrevivir como pudieran. «Encontré gente que me lo contaba. Lo trabajé. Me parece que la memoria de la dictadura todavía se puede ampliar. ¿Para qué? No por ninguna vocación de venganza, sino por la Justicia. Por eso no es cierto cuando se iguala y se dice que son iguales los que mataron que los que murieron. Creo que ahora tenemos fuerzas políticas que están tratando de borrar todo lo que existe en ese sentido. Y eso no es bueno».

 

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