Akram Afif se disponía a lanzar el penalti en la final de la Copa de Asia de 2024 entre Qatar y Jordania. Lo anotó y los cataríes se adelantaban en el marcador. Hasta ahí todo normal. Pero entonces, Afif se paró, sacó dos cartas de las medias y, mirando a cámara, hizo un truco de magia. Su selección se proclamó campeona continental a los mandos del español Tintín Márquez y, desde entonces, a Akram Afif le llaman «el mago». A veces por su forma de jugar, llena de regates, cambios de ritmo e improvisación. Otras, por aquel truco.. Pero su historia va mucho más allá de una celebración viral. Afif creció entre culturas distintas –con madre yemení y padre tanzano criado en Somalia– y terminó convirtiéndose en el rostro de una generación llamada a transformar el fútbol de Qatar. Nacido en Doha hace 30 años, se convirtió en uno de los proyectos más prometedores de la Academia Aspire, el ambicioso centro de formación creado por Catar para desarrollar talento local. Allí comenzó un camino diferente al de la mayoría de los futbolistas.. Con apenas 16 años dejó su país para instalarse en España. Primero pasó por la cantera del Sevilla y después por la del Villarreal. En el equipo andaluz aprendió una nueva manera de entender el fútbol, un juego más técnico y más creativo. Con el tiempo terminó hablando español con naturalidad, una habilidad poco común entre los qataríes de su generación y su progresión llamó la atención del Villarreal, que llegó a incorporarlo a su estructura profesional. El movimiento tuvo un fuerte valor simbólico: el «Mago» Afif se convertía en el primer futbolista catarí en dar el salto a un club de LaLiga española.. Sin embargo, el fútbol no siempre sigue los caminos previstos. Aunque perteneció al Villarreal, nunca llegó a disputar un minuto oficial con el primer equipo, aunque sí logró debutar y disputar nueve encuentros con el Sporting de Gijón. Tuvo su última oportunidad en el fútbol europeo con otra cesión en la liga belga, pero fue el regreso a Qatar lo que cambió el rumbo de su carrera.. En el Al-Sadd coincidió con Xavi Hernández, que por entonces daba sus primeros pasos como entrenador. La influencia del español fue decisiva y, bajo su dirección, Afif dejó de ser únicamente un extremo veloz y desequilibrante para convertirse en un futbolista más completo, capaz de liderar el ataque y asumir responsabilidades dentro del campo. Aquella evolución le llevó a ser galardonado como el mejor jugador de Asia en los años 2019 y 2024.. Los aficionados empezaron a compararlo con Ronaldinho. El parecido físico, especialmente por su cabello rizado, ayudó a alimentar el apodo. Pero la comparación también tenía que ver con su estilo imprevisible, imaginativo y capaz de convertir una acción sencilla en algo inesperado. Quizá por eso su celebración más famosa encaja tan bien con su personalidad. Lo que muchos interpretaron como una simple extravagancia escondía en realidad una dedicatoria a su esposa, presente en el estadio. Era un gesto íntimo disfrazado de espectáculo. Y tal vez ahí reside la esencia de Akram Afif: un futbolista formado entre Doha y España que ayudó a Qatar a creer en sus propios talentos y que se convirtió en símbolo de una generación. No solo por lo que hizo sobre el césped, sino por su recorrido para llegar hasta allí.
El «mago» qatarí pasó por las canteras de Sevilla y Villarreal y llegó a debutar en LaLiga. En Qatar desarrolló su fútbol bajo las órdenes de Xavi Hernández y ahora lidera su selección.
Akram Afif se disponía a lanzar el penalti en la final de la Copa de Asia de 2024 entre Qatar y Jordania. Lo anotó y los cataríes se adelantaban en el marcador. Hasta ahí todo normal. Pero entonces, Afif se paró, sacó dos cartas de las medias y, mirando a cámara, hizo un truco de magia. Su selección se proclamó campeona continental a los mandos del español Tintín Márquez y, desde entonces, a Akram Afif le llaman «el mago». A veces por su forma de jugar, llena de regates, cambios de ritmo e improvisación. Otras, por aquel truco.. Pero su historia va mucho más allá de una celebración viral. Afif creció entre culturas distintas –con madre yemení y padre tanzano criado en Somalia– y terminó convirtiéndose en el rostro de una generación llamada a transformar el fútbol de Qatar. Nacido en Doha hace 30 años, se convirtió en uno de los proyectos más prometedores de la Academia Aspire, el ambicioso centro de formación creado por Catar para desarrollar talento local. Allí comenzó un camino diferente al de la mayoría de los futbolistas.. Con apenas 16 años dejó su país para instalarse en España. Primero pasó por la cantera del Sevilla y después por la del Villarreal. En el equipo andaluz aprendió una nueva manera de entender el fútbol, un juego más técnico y más creativo. Con el tiempo terminó hablando español con naturalidad, una habilidad poco común entre los qataríes de su generación y su progresión llamó la atención del Villarreal, que llegó a incorporarlo a su estructura profesional. El movimiento tuvo un fuerte valor simbólico: el «Mago» Afif se convertía en el primer futbolista catarí en dar el salto a un club de LaLiga española.. Sin embargo, el fútbol no siempre sigue los caminos previstos. Aunque perteneció al Villarreal, nunca llegó a disputar un minuto oficial con el primer equipo, aunque sí logró debutar y disputar nueve encuentros con el Sporting de Gijón. Tuvo su última oportunidad en el fútbol europeo con otra cesión en la liga belga, pero fue el regreso a Qatar lo que cambió el rumbo de su carrera.. En el Al-Sadd coincidió con Xavi Hernández, que por entonces daba sus primeros pasos como entrenador. La influencia del español fue decisiva y, bajo su dirección, Afif dejó de ser únicamente un extremo veloz y desequilibrante para convertirse en un futbolista más completo, capaz de liderar el ataque y asumir responsabilidades dentro del campo. Aquella evolución le llevó a ser galardonado como el mejor jugador de Asia en los años 2019 y 2024.. Los aficionados empezaron a compararlo con Ronaldinho. El parecido físico, especialmente por su cabello rizado, ayudó a alimentar el apodo. Pero la comparación también tenía que ver con su estilo imprevisible, imaginativo y capaz de convertir una acción sencilla en algo inesperado. Quizá por eso su celebración más famosa encaja tan bien con su personalidad. Lo que muchos interpretaron como una simple extravagancia escondía en realidad una dedicatoria a su esposa, presente en el estadio. Era un gesto íntimo disfrazado de espectáculo. Y tal vez ahí reside la esencia de Akram Afif: un futbolista formado entre Doha y España que ayudó a Qatar a creer en sus propios talentos y que se convirtió en símbolo de una generación. No solo por lo que hizo sobre el césped, sino por su recorrido para llegar hasta allí.
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