Buscaban una oportunidad. Unos con más motivos que otros, por eso de que en la agenda no se avista ningún señalamiento nuevo -o muy pocos para los merecidos-. Tauroemoción dijo a Diosleguarde, Sergio Rodríguez, Jarocho y Mario Navas que ahí tenían el ruedo y los toros y que la mercantil aseguraba el pasaporte a la feria de septiembre al mejor de la tarde. Y los cuatro, de la tierra, vinieron con todo. Voluntad por encima de sus oponentes que, aunque de correcta presentación, no tuvieron la chispa que los matadores -y el aficionado- deseaba. Y es que acusaron una notable falta de fuerzas. Ausencia de brío que lastró algunas oportunidades.. Y Diosleguarde se llevó el gato al agua. Venía de confirmar en Las Ventas el día anterior con una nota de notable alto. Y en Valladolid quería amarrar el triunfo. Con Liebre brindó al CEO de la empresa gestora del coso de Zorrilla una faena que comenzó por doblones, como preludio a una tanda que puso a funcionar la música. Templó, basó su oportunidad en la mano derecha y se tiró a matar tras rematar con unos naturales lentos y cadenciosos. La estocada, tendida. El animal la escupió y de nuevo la suerte natural. Media tendida y se acabó. Hubo petición de oreja, pero no suficiente. Sí que fue suficiente para dar la vuelta al ruedo.. El abulense Sergio Rodríguez lucía un crespón negro en recuerdo de su amigo Santiago Barrero San Román, ganadero fallecido trágicamente hace escasos días. Desde el tercio comenzó de hinojos, pero el toro estaba receloso. Con mucho relajo disfrutó de unos derechazos que fueron reconocidos por el respetable. Y de nuevo con la derecha y de rodillas. Sonajerillo no sonó con la fuerza que se esperaba y le costaba acudir al cite, pero cuando lo hacía permitía ligar los pases y el Ávila lo aprovechó. Manoletinas para poner fin a una voluntariosa comparecencia, pero pinchó por tres veces en el mismo sitio. Al cuarto intento dejó una estocada algo desprendida. Los pitos al arrastre sonaron más que un sonajero. También la ovación.. Y en el ecuador de esa primera parte salió decidido Jarocho. Estaba corretón el de El Pilar y no permitió gran lucimiento en el saludo capotero. No sé cuántas veces perdió las manos, porque dejé de contar a la cuarta. Qué lastima que el burgalés no pudiera mostrar la torería que lleva dentro. Se la jugaban a una carta y le tocó la peor mano. Quiso intentarlo al natural… Y de nuevo perdió las manos. Eso sí, dejó pases con mucha clase en lo poco que Bastardero permitió hacer. Y es que sabe colocarse, y eso se nota. Pinchó en cinco ocasiones y tuvo que coger el verduguillo. De nuevo, pitos al arrastre. Y sonora ovación que saludó desde el tercio.. Y ponía punto y seguido a la tarde Mario Navas, torero de Valladolid. Salió, quizá, con más brío Mirante y dejó unas verónicas torerísimas que remato con una media de mucha clase. En el caballo… ¡ay en el caballo! El toro se quedó dormido en el suelo y un subalterno tuvo que levantarlo del rabo. Quitó por gaoneras, peor el quite quedó deslucido por la bronca en los tendidos pidiendo la vuelta a los corrales. El alcalde de la localidad, Jesús Julio Carnero, fue el protagonista del brindis. De rodillas y a dos manos, así comenzó. Toreó despacio al natural y dejó detalles de esa tauromaquia que podemos denominar antigua. Pinchó, pero al segundo intento dejó una buena estocada que, aunque algo tendida, le sirvió para pasear un apéndice.. Y hasta aquí esa fase preliminar de jugarse a un solo toro. El jurado, con buen criterio, dijo que Diosleguarde y Mario Navas tenían que seguir con la oportunidad y estoquear al quinto y sexto, respectivamente. ¡Qué bien estuvo Manuel Diosleguarde! Y con qué valor. Tropezó al llevar a Mirillo por chicuelinas al paso hasta el caballo y nos llevamos un susto. Él, el primero. Y vaya con el de El Pilar, que se repuchó en dos ocasiones, queriendo incluso buscar al varilarguero que aguardaba en la querencia. Y eso que luego volvió a su sitio y empujó con fuerza metiendo los riñones. División de opiniones para despedir el tercio de varas por aquello de que había rebasado la primera línea para ejecutar el castigo. Manuel tuvo un gesto bonito, de esos que hacen a un torero ser una mejor persona y a la persona un mejor torero: brindó a quien se acartelaba con él esa tarde. Y luego, ligó unos derechazos hondos en los medios, dejando dos sensacionales series al natural. En la suerte suprema se tiró con arrojo y se llevó un golpe tremendo en la cadera, poniendo en duda a todos si llevaba una cornada. No fue así. Y aunque tuvo que coger el descabello y el toro tardó en echarse, finalmente lo hizo tras sonar dos avisos. Dio una merecida vuelta al ruedo. Que Dios te guarde de las cornadas, Manuel.. Navas lo intentó con el que cerraba la plaza y podía abrirle la Puerta Grande, pero mantuvo una embestida descompuesta y brusca todo el momento. Eso sí, mato de una estocada efectiva y recogió una ovación.. El público, junto con el jurado, decidió que Manuel Diosleguarde tenía que volver a Valladolid en la Feria de la Virgen de San Lorenzo. Nunca antes un “¡vuelva usted en septiembre!” se había celebrado con tanta enjundia.
Vence al vallisoletano Mario Navas y tendrá su oportunidad en septiembre en los festejos de la Virgen de San Lorenzo
Buscaban una oportunidad. Unos con más motivos que otros, por eso de que en la agenda no se avista ningún señalamiento nuevo -o muy pocos para los merecidos-. Tauroemoción dijo a Diosleguarde, Sergio Rodríguez, Jarocho y Mario Navasque ahí tenían el ruedo y los toros y que la mercantil aseguraba el pasaporte a la feria de septiembre al mejor de la tarde. Y los cuatro, de la tierra, vinieron con todo. Voluntad por encima de sus oponentes que, aunque de correcta presentación, no tuvieron la chispa que los matadores -y el aficionado- deseaba. Y es que acusaron una notable falta de fuerzas. Ausencia de brío que lastró algunas oportunidades.. Y Diosleguarde se llevó el gato al agua. Venía de confirmar en Las Ventas el día anterior con una nota de notable alto. Y en Valladolid quería amarrar el triunfo. Con Liebre brindó al CEO de la empresa gestora del coso de Zorrilla una faena que comenzó por doblones, como preludio a una tanda que puso a funcionar la música. Templó, basó su oportunidad en la mano derecha y se tiró a matar tras rematar con unos naturales lentos y cadenciosos. La estocada, tendida. El animal la escupió y de nuevo la suerte natural. Media tendida y se acabó. Hubo petición de oreja, pero no suficiente. Sí que fue suficiente para dar la vuelta al ruedo.. El abulense Sergio Rodríguez lucía un crespón negro en recuerdo de su amigo Santiago Barrero San Román, ganadero fallecido trágicamente hace escasos días. Desde el tercio comenzó de hinojos, pero el toro estaba receloso. Con mucho relajo disfrutó de unos derechazos que fueron reconocidos por el respetable. Y de nuevo con la derecha y de rodillas. Sonajerillo no sonó con la fuerza que se esperaba y le costaba acudir al cite, pero cuando lo hacía permitía ligar los pases y el Ávila lo aprovechó. Manoletinas para poner fin a una voluntariosa comparecencia, pero pinchó por tres veces en el mismo sitio. Al cuarto intento dejó una estocada algo desprendida. Los pitos al arrastre sonaron más que un sonajero. También la ovación.. Y en el ecuador de esa primera parte salió decidido Jarocho. Estaba corretón el de El Pilar y no permitió gran lucimiento en el saludo capotero. No sé cuántas veces perdió las manos, porque dejé de contar a la cuarta. Qué lastima que el burgalés no pudiera mostrar la torería que lleva dentro. Se la jugaban a una carta y le tocó la peor mano. Quiso intentarlo al natural… Y de nuevo perdió las manos. Eso sí, dejó pases con mucha clase en lo poco que Bastardero permitió hacer. Y es que sabe colocarse, y eso se nota. Pinchó en cinco ocasiones y tuvo que coger el verduguillo. De nuevo, pitos al arrastre. Y sonora ovación que saludó desde el tercio.. Y ponía punto y seguido a la tarde Mario Navas, torero de Valladolid. Salió, quizá, con más brío Mirante y dejó unas verónicas torerísimas que remato con una media de mucha clase. En el caballo… ¡ay en el caballo! El toro se quedó dormido en el suelo y un subalterno tuvo que levantarlo del rabo. Quitó por gaoneras, peor el quite quedó deslucido por la bronca en los tendidos pidiendo la vuelta a los corrales. El alcalde de la localidad, Jesús Julio Carnero, fue el protagonista del brindis. De rodillas y a dos manos, así comenzó. Toreó despacio al natural y dejó detalles de esa tauromaquia que podemos denominar antigua. Pinchó, pero al segundo intento dejó una buena estocada que, aunque algo tendida, le sirvió para pasear un apéndice.. Y hasta aquí esa fase preliminar de jugarse a un solo toro. El jurado, con buen criterio, dijo que Diosleguarde y Mario Navas tenían que seguir con la oportunidad y estoquear al quinto y sexto, respectivamente. ¡Qué bien estuvo Manuel Diosleguarde! Y con qué valor. Tropezó al llevar a Mirillo por chicuelinas al paso hasta el caballo y nos llevamos un susto. Él, el primero. Y vaya con el de El Pilar, que se repuchó en dos ocasiones, queriendo incluso buscar al varilarguero que aguardaba en la querencia. Y eso que luego volvió a su sitio y empujó con fuerza metiendo los riñones. División de opiniones para despedir el tercio de varas por aquello de que había rebasado la primera línea para ejecutar el castigo. Manuel tuvo un gesto bonito, de esos que hacen a un torero ser una mejor persona y a la persona un mejor torero: brindó a quien se acartelaba con él esa tarde. Y luego, ligó unos derechazos hondos en los medios, dejando dos sensacionales series al natural. En la suerte suprema se tiró con arrojo y se llevó un golpe tremendo en la cadera, poniendo en duda a todos si llevaba una cornada. No fue así. Y aunque tuvo que coger el descabello y el toro tardó en echarse, finalmente lo hizo tras sonar dos avisos. Dio una merecida vuelta al ruedo. Que Dios te guarde de las cornadas, Manuel.. Navas lo intentó con el que cerraba la plaza y podía abrirle la Puerta Grande, pero mantuvo una embestida descompuesta y brusca todo el momento. Eso sí, mato de una estocada efectiva y recogió una ovación.. El público, junto con el jurado, decidió que Manuel Diosleguarde tenía que volver a Valladolid en la Feria de la Virgen de San Lorenzo. Nunca antes un “¡vuelva usted en septiembre!” se había celebrado con tanta enjundia.
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