Un episodio de contaminación alimentaria en Trentino, Italia, ha estado a punto de costarle la vida a un excursionista de 40 años. El hombre tuvo que ser ingresado en la unidad de cuidados intensivos después de comer ricota de cabra que contenía la bacteria Escherichia coli productora de toxina Shiga, un patógeno capaz de desencadenar un fallo renal grave. La alerta sanitaria, recogida por el diario italiano Il Dolomiti, ha destapado que el agua utilizada en la elaboración del queso fresco no era apta para el consumo humano y que la dirección del establecimiento ya ha recibido una orden de limitación de uso. El aviso que activó el protocolo llegó el pasado 23 de junio a la Unidad Operativa de Higiene de los Alimentos y la Nutrición, dirigida por la doctora Silvia Franchini. «Fuimos alertados por un hombre de unos 40 años que presentaba determinados síntomas y al que acababan de diagnosticar Escherichia coli, definida mejor al día siguiente como Stec, y que había sido hospitalizado y después trasladado a reanimación», relató la responsable al periódico local. Con esa información sobre la mesa, los técnicos iniciaron una investigación epidemiológica para trazar el origen del contagio y establecer cuántos días habían transcurrido entre la ingesta y la aparición del cuadro clínico. Un análisis del agua que resultó ser la pieza clave del caso Los investigadores comprobaron que el afectado, en los días previos a sentirse mal, había realizado una comida en una malga ubicada entre la Val di Fiemme y la Valsugana. El menú incluía ricota elaborada con leche de cabra por los propios gestores del establecimiento. Ante esa pista, el personal de la unidad se desplazó al lugar para tomar muestras de los productos que aún se conservaban allí: más ricota de cabra, otra pieza de queso procedente del Caseificio de Cavalese, algunos canederli y, sobre todo, el agua que abastecía las instalaciones. La doctora Franchini explicó que poco después de la recogida de muestras se registraron dificultades en el suministro de agua de la malga. Los resultados de laboratorio confirmaron la sospecha: el agua no era potable. De inmediato se emitió una disposición que restringe su empleo en cualquier actividad vinculada a la preparación de comida. Más tarde llegó la confirmación microbiológica de los alimentos: la ricota de cabra dio positivo en Escherichia coli. La autoridad judicial ya ha sido informada del hallazgo, y los servicios veterinarios mantienen bajo vigilancia todos los obradores queseros de la zona. El paciente abandona la UCI mientras la fiscalía examina el caso El desenlace clínico ha sido favorable dentro de la gravedad del episodio. Según la información facilitada por la propia directora de la unidad, el paciente de 40 años ya ha salido de la unidad de cuidados intensivos, aunque su evolución seguirá monitorizada en planta ante las posibles secuelas que puede dejar una infección por la variante Stec. Mientra
El afectado, que ya ha abandonado los cuidados intensivos, consumió el lácteo en un refugio de montaña situado entre la Val di Fiemme y la Valsugana (Italia)
Un episodio de contaminación alimentaria en Trentino, Italia, ha estado a punto de costarle la vida a un excursionista de 40 años. El hombre tuvo que ser ingresado en la unidad de cuidados intensivos después de comer ricota de cabra que contenía la bacteria Escherichia coli productora de toxina Shiga, un patógeno capaz de desencadenar un fallo renal grave.La alerta sanitaria, recogida por el diario italiano Il Dolomiti, ha destapado que el agua utilizada en la elaboración del queso fresco no era apta para el consumo humano y que la dirección del establecimiento ya ha recibido una orden de limitación de uso.El aviso que activó el protocolo llegó el pasado 23 de junio a la Unidad Operativa de Higiene de los Alimentos y la Nutrición, dirigida por la doctora Silvia Franchini. «Fuimos alertados por un hombre de unos 40 años que presentaba determinados síntomas y al que acababan de diagnosticar Escherichia coli, definida mejor al día siguiente como Stec, y que había sido hospitalizado y después trasladado a reanimación», relató la responsable al periódico local.Con esa información sobre la mesa, los técnicos iniciaron una investigación epidemiológica para trazar el origen del contagio y establecer cuántos días habían transcurrido entre la ingesta y la aparición del cuadro clínico.Un análisis del agua que resultó ser la pieza clave del casoLos investigadores comprobaron que el afectado, en los días previos a sentirse mal, había realizado una comida en una malga ubicada entre la Val di Fiemme y la Valsugana. El menú incluía ricota elaborada con leche de cabra por los propios gestores del establecimiento. Ante esa pista, el personal de la unidad se desplazó al lugar para tomar muestras de los productos que aún se conservaban allí: más ricota de cabra, otra pieza de queso procedente del Caseificio de Cavalese, algunos canederli y, sobre todo, el agua que abastecía las instalaciones.La doctora Franchini explicó que poco después de la recogida de muestras se registraron dificultades en el suministro de agua de la malga. Los resultados de laboratorio confirmaron la sospecha: el agua no era potable. De inmediato se emitió una disposición que restringe su empleo en cualquier actividad vinculada a la preparación de comida. Más tarde llegó la confirmación microbiológica de los alimentos: la ricota de cabra dio positivo en Escherichia coli. La autoridad judicial ya ha sido informada del hallazgo, y los servicios veterinarios mantienen bajo vigilancia todos los obradores queseros de la zona. El paciente abandona la UCI mientras la fiscalía examina el casoEl desenlace clínico ha sido favorable dentro de la gravedad del episodio. Según la información facilitada por la propia directora de la unidad, el paciente de 40 años ya ha salido de la unidad de cuidados intensivos, aunque su evolución seguirá monitorizada en planta ante las posibles secuelas que puede dejar una infección por la variante Stec.Mientr
Noticias de Sociedad en La Razón
