Fecha: 1862. Los Gestas eran una familia noble francesa cuyo nombre coincidía con el del personaje de la Historia más incómodo imaginable: el mal ladrón crucificado junto a Jesucristo. Lugar: París. El príncipe de las letras Víctor Hugo, en un memorable pasaje de Los Miserables, ironiza sobre unos versos que tenían la virtud de ahuyentar a los ladrones. Anécdota. Mientras muchas familias aristocráticas se esforzaban en aquella Francia por encontrar ancestros gloriosos, la imaginación popular empujaba a los Gestas hacia el extremo opuesto de la Historia. Hay apellidos que abren puertas, pero otros las cierran. Y algunos, por una extraña combinación de historia, religión y azar, condenan a sus portadores a una explicación perpetua. Eso parece haber ocurrido con los Gestas, una antigua familia noble francesa cuyo nombre coincidía con el del personaje más incómodo imaginable: el mal ladrón crucificado junto a Jesucristo. La historia aparece escondida en uno de esos recovecos eruditos que tanto gustaban al príncipe de las letras Víctor Hugo. En un pasaje de ‘Los Miserables’, mientras describe una celda conventual donde se refugian Jean Valjean y Cosette, el novelista se detiene en unos versos latinos escritos con tinta roja sobre papel amarillo. Aquellos versos, según una antigua creencia de las religiosas hospitalarias, tenían la virtud de ahuyentar a los ladrones. Pero Hugo, incapaz de resistirse a una digresión histórica, introduce una observación inesperada. Aquellos versos, explica, planteaban una cuestión filológica sobre los nombres de los dos ladrones del Calvario, tradicionalmente conocidos como Dimas y Gestas. Y añade, con una ironía deliciosa, que cierta variante ortográfica habría podido contrariar “las pretensiones que tenía en el siglo pasado [siglo XVIII] el vizconde de Gestas de descender del mal ladrón”. El buen ladrón y el mal ladrón La frase ocupa apenas unas líneas, pero abre una ventana fascinante sobre la obsesión humana por los orígenes. Porque la familia de Gestas existió realmente. Sus raíces se hunden en el Bearne y en la región pirenaica francesa. Está documentada desde la Edad Media y formó parte de aquella nobleza provincial que suministró militares, administradores y servidores a la monarquía francesa durante siglos. Su nombre procedía de un lugar geográfico. Nada indica que tuviera relación alguna con el personaje bíblico. Y, sin embargo, la coincidencia era demasiado tentadora. Desde la Antigüedad cristiana circuló la tradición de que los dos hombres crucificados junto a Jesús tenían nombres. El buen ladrón pasó a llamarse Dimas; el malo, Gestas. Ninguno de esos nombres figura en los Evangelios canónicos. Proceden de textos apócrifos y tradiciones posteriores que terminaron arraigando en la imaginación popular de Europa. Durante generaciones, millones de creyentes conocieron a aquellos personajes por esos nombres. Y entonces apareció una familia noble llam
Hay apellidos que por una combinación de historia, religión y azar condenan a sus portadores a una explicación perpetua
Fecha: 1862. Los Gestas eran una familia noble francesa cuyo nombre coincidía con el del personaje de la Historia más incómodo imaginable: el mal ladrón crucificado junto a Jesucristo.Lugar: París. El príncipe de las letras Víctor Hugo, en un memorable pasaje de Los Miserables, ironiza sobre unos versos que tenían la virtud de ahuyentar a los ladrones.Anécdota. Mientras muchas familias aristocráticas se esforzaban en aquella Francia por encontrar ancestros gloriosos, la imaginación popular empujaba a los Gestas hacia el extremo opuesto de la Historia.Hay apellidos que abren puertas, pero otros las cierran. Y algunos, por una extraña combinación de historia, religión y azar, condenan a sus portadores a una explicación perpetua.Eso parece haber ocurrido con los Gestas, una antigua familia noble francesa cuyo nombre coincidía con el del personaje más incómodo imaginable: el mal ladrón crucificado junto a Jesucristo.La historia aparece escondida en uno de esos recovecos eruditos que tanto gustaban al príncipe de las letras Víctor Hugo. En un pasaje de ‘Los Miserables’, mientras describe una celda conventual donde se refugian Jean Valjean y Cosette, el novelista se detiene en unos versos latinos escritos con tinta roja sobre papel amarillo. Aquellos versos, según una antigua creencia de las religiosas hospitalarias, tenían la virtud de ahuyentar a los ladrones.Pero Hugo, incapaz de resistirse a una digresión histórica, introduce una observación inesperada. Aquellos versos, explica, planteaban una cuestión filológica sobre los nombres de los dos ladrones del Calvario, tradicionalmente conocidos como Dimas y Gestas. Y añade, con una ironía deliciosa, que cierta variante ortográfica habría podido contrariar “las pretensiones que tenía en el siglo pasado [siglo XVIII] el vizconde de Gestas de descender del mal ladrón”.El buen ladrón y el mal ladrónLa frase ocupa apenas unas líneas, pero abre una ventana fascinante sobre la obsesión humana por los orígenes. Porque la familia de Gestas existió realmente. Sus raíces se hunden en el Bearne y en la región pirenaica francesa. Está documentada desde la Edad Media y formó parte de aquella nobleza provincial que suministró militares, administradores y servidores a la monarquía francesa durante siglos.Su nombre procedía de un lugar geográfico. Nada indica que tuviera relación alguna con el personaje bíblico. Y, sin embargo, la coincidencia era demasiado tentadora.Desde la Antigüedad cristiana circuló la tradición de que los dos hombres crucificados junto a Jesús tenían nombres. El buen ladrón pasó a llamarse Dimas; el malo, Gestas. Ninguno de esos nombres figura en los Evangelios canónicos. Proceden de textos apócrifos y tradiciones posteriores que terminaron arraigando en la imaginación popular de Europa. Durante generaciones, millones de creyentes conocieron a aquellos personajes por esos nombres. Y entonces apareció una familia noble llamada Gestas
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