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  Cultura  250 años de la independencia de EE UU: España, el aliado imprescindible
Cultura

250 años de la independencia de EE UU: España, el aliado imprescindible

13 de junio de 2026
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Los centenarios tienen algo especial. De repente aparecen homenajes, libros, debates y conferencias por todas partes. Surge la necesidad de hacer balance y ordenar lo que creemos saber. Sin embargo, también llega una avalancha de información. Ayuda a difundir el conocimiento, sí, aunque también provoca ruido y peligrosas simplificaciones. Hoy ese fenómeno es todavía más intenso. Las redes sociales multiplican opiniones, comentarios y versiones de los hechos a una velocidad desconocida hasta hace pocos años. Por eso, la conmemoración de los 250 años de la Declaración de Independencia de [[LINK:TAG|||tag|||6322f7841e757a32c790b56f|||Estados Unidos ]]obliga a detenerse y revisar muchas ideas. Y esa tarea resulta aún más necesaria cuando se incorpora la participación española en el conflicto.. ¿Ingratitud?. La palabra «ingratitud» probablemente sea una de las más repetidas en las redes sociales durante estos meses. Se utiliza de forma constante para denunciar la falta de reconocimiento a la ayuda prestada por [[LINK:TAG|||tag|||633611fe1e757a32c790b6df|||España]] a los rebeldes de las Trece Colonias.. Se habla de desagradecimiento histórico, de un olvido interesado y de un silencio injusto por parte de Estados Unidos hacia la contribución española. Una situación que, según muchos, debería corregirse aprovechando la conmemoración de los 250 años del inicio de independencia contra Gran Bretaña en 1776. Para los historiadores, que al fin y al cabo son quienes más pueden aportar a este debate, el problema es muy distinto. No se trata de emitir un juicio moral ni de enfrentar la supuesta «generosidad» española con la «mezquindad» norteamericana. Ese planteamiento tiene poco recorrido y ningún valor real para la historiografía. Solo alimenta simplificaciones y viejas leyendas: negras, rosas… o a rayas.. El borrado. Para los historiadores, el problema es esencialmente historiográfico. La participación española en la guerra de independencia de Estados Unidos apenas ha ocupado espacio en el relato tradicional norteamericano porque desapareció muy pronto de las primeras historias escritas sobre el conflicto. Como ha señalado el gran especialista Richard Kagan, la intervención española fue literalmente «borrada» de manuales y textos publicados desde el final de la guerra.. Los primeros historiadores norteamericanos prefirieron poner el foco en la valentía y en las capacidades de la nueva nación. Y, como mucho, reconocer que el único gran apoyo exterior había sido Francia. Coetáneos de la Revolución francesa, se sentían identificados con los ideales republicanos y de libertad asociados a sus primeras etapas. El marqués de Lafayette acabó convertido en el símbolo de esa cooperación franco-estadounidense. España, en cambio, era una monarquía como [[LINK:TAG|||tag|||633614865c059a26e23f78bb|||Gran Bretaña]] y ni siquiera había reconocido oficialmente a la joven nación. Su papel quedó relegado desde el principio. Y, con él, también desapareció buena parte de su contribución al conflicto.. La expansión de Estados Unidos hacia el Oeste tampoco ayudó a recuperar el papel de España. Ocurrió justo lo contrario. En pleno auge del «Destino Manifiesto», lo hispano empezó a verse como un elemento extraño e incómodo dentro del relato nacional estadounidense. La guerra de 1898 agravó todavía más esa distancia y dificultó cualquier reconocimiento de la contribución española a la independencia norteamericana. Aun así, durante la primera mitad del siglo XX comenzaron a surgir investigaciones sobre este tema en Estados Unidos. Pero casi siempre aparecieron en universidades secundarias del sur y de la frontera con México. Centros alejados de las grandes universidades de la costa atlántica y, sobre todo, lejos de los espacios que marcaban el relato historiográfico dominante.. Afortunadamente, el bicentenario de 1976, y aún más la llegada de una nueva generación de historiadores norteamericanos, españoles y franceses, impulsó una enorme cantidad de investigaciones. Gracias a ellas, hoy resulta posible revisar en profundidad cuál fue realmente la contribución española a la independencia de Estados Unidos y comenzar a realizar el tan ansiado balance.. Secreto de Estado. El análisis de las fuentes históricas lo cambió todo. Los archivos nacionales, con el Archivo General de Indias de Sevilla a la cabeza, comenzaron a ofrecer una ingente información sobre la intervención española. En un primer momento, los historiadores se lanzaron a determinar cómo había ayudado España. Pronto quedó claro que sí existió una colaboración española, firmemente documentada, y que comenzó incluso antes de la entrada oficial de España en la guerra contra Gran Bretaña, en 1779.. Como si se tratase de una auténtica carrera por identificar el respaldo español, sucesivas generaciones de historiadores fueron fijando los productos aportados por España: fusiles, cañones, sables, cartucheras, zapatos, mantas, medicinas… y dinero. El análisis de los servicios de espionaje españoles demostró además que el gobierno de Madrid estaba perfectamente informado de cómo evolucionaba la rebelión de las Trece Colonias contra Gran Bretaña. Y, cuando estalló el enfrentamiento abierto, también conocía cuáles eran sus necesidades militares y financieras y la forma de ayudarlas.. Ahora sabemos cuáles fueron las rutas y los métodos empleados para que los pertrechos militares españoles, y el dinero, llegasen desde las fábricas peninsulares hasta los ejércitos de George Washington. Para lograrlo, España no solo movilizó sus recursos metropolitanos. También puso al servicio de los revolucionarios norteamericanos sus embajadas en Europa y las tesorerías y puertos de toda la Monarquía Hispánica. Fue una movilización de suministros gigantesca. Hoy sabemos que solo un Estado imperial como España estaba en condiciones de sostener una operación de esa magnitud.. Lo sorprendente de todo este colosal despliegue de recursos, incluso antes de la entrada oficial de España en la guerra, es que permaneció oculto durante décadas, enterrado en los archivos. La explicación no tiene nada que ver con el manido debate sobre la supuesta ingratitud norteamericana. Es mucho más simple: las autoridades españolas prefirieron mantenerlo en secreto. Los historiadores comenzaron a descubrirlo al analizar miles de cartas marcadas como «Reservada» o «Reservadísima», con las que el gobierno informaba a las autoridades implicadas.. Con esta trama oculta de movilización, el gobierno español buscaba debilitar al enemigo británico y, al mismo tiempo, controlar los tiempos diplomáticos para decidir cuándo intervenir. La ayuda a los rebeldes se convirtió así en la cuestión más confidencial de la guerra. Fue el gran secreto de Estado del conflicto, porque así lo quisieron las propias autoridades españolas.. La gran estrategia. Una vez que España entró en el conflicto, la guerra de Independencia de Estados Unidos cambió por completo. El gobierno español decidió no reconocer a la nueva nación para evitar que el ejemplo revolucionario se extendiese por los territorios del imperio hispano. Sin embargo, sí impuso un nuevo enfoque de la guerra. Hoy comenzamos a conocer y valorar hasta qué punto la entrada española modificó radicalmente la evolución del conflicto y dio a los revolucionarios americanos una verdadera oportunidad de victoria.. Hasta 1779, ni los rebeldes habían logrado imponerse a los ejércitos profesionales y bien abastecidos británicos, ni la intervención francesa había conseguido reducir la presión inglesa. Más bien ocurrió lo contrario. Los británicos pusieron a los franceses a la defensiva, que veían incluso cómo iban perdiendo sus islas del Caribe. Todo hacía pensar que Gran Bretaña repetiría la estrategia ofensiva aplicada en la Guerra de los Siete Años (1756-1763).. La entrada española cambió esta fase de estancamiento. No fue solo por añadir más barcos y más ejércitos a la contienda, sino por una nueva manera de entender el conflicto. El gobierno español, con el conde de Floridablanca a la cabeza, diseñó una gran estrategia ofensiva global: atacar primero y obligar a los británicos a defenderse.. La estrategia fue impuesta también a los franceses, que durante el resto de la guerra no tuvieron más remedio que seguir los tiempos y objetivos marcados desde Madrid. En buena medida, porque la nueva doctrina comenzó a dar resultados. Un primer ataque naval masivo y temprano en el Canal de la Mancha obligó a Gran Bretaña a mantenerse a la defensiva durante el resto del conflicto. La mayor parte de sus fuerzas navales tuvo que dedicarse a proteger sus costas, y no a atacar a los norteamericanos.. Al mismo tiempo, España decidió llevar la guerra a Norteamérica y al Caribe. Así dividió las fuerzas británicas y trasladó el conflicto a uno de sus espacios más sensibles. No es casualidad que Londres precipitase la firma de la paz no tras la derrota de Yorktown, sino casi dos años después, ante la amenaza de invasión de Jamaica por la mayor flota y ejército aliados reunidos durante la guerra, al mando de Bernardo de Gálvez y con el marqués de Lafayette como segundo. Sin duda, la gran estrategia ofensiva impulsada por España ofreció a los revolucionarios norteamericanos su mejor oportunidad de victoria.. Aliado imprescindible. Si un centenario es tiempo de balances, ahora comenzamos a comprender que la participación española en la Independencia de Estados Unidos, como demostramos Jordi Bru y yo en el libro «Aliados» (Desperta Ferro Ediciones, 2026), no solo fue real, sino mucho más importante e imprescindible de lo que habíamos imaginado. No fue una simple respuesta aliada a la iniciativa francesa. La estrategia española había comenzado antes, con una descomunal movilización de ayuda a los rebeldes.. Del mismo modo, la entrada española en la guerra buscaba derrotar a los británicos mediante una forma nueva de combatir: atacar primero. Durante gran parte del conflicto, los ingleses tuvieron que limitarse a defenderse y reaccionar ante las iniciativas estratégicas impulsadas desde Madrid.. España no fue, en definitiva, una ayuda más ni un aliado europeo secundario. Fue el aliado imprescindible que hizo posible la independencia de Estados Unidos.. Rafael TORRES SÁNCHEZ. de la Universidad de Navarra. ¿FOTOGRAFÍAR EL PASADO?. Una clave metodológica del libro ‘Aliados’ es el uso de fotocomposiciones. A través de una técnica manual y artesanal (sin uso de IA), Jordi Bru crea una serie de composiciones minuciosamente documentadas y rebosantes de humanidad y emociones con las que los autores buscan que el pasado se sienta como una realidad presente, tangible, que devuelve a la vida objetos, uniformes y luces de la época; una experiencia inmersiva que transporta al lector a los paisajes de la Norteamérica del siglo XVIII y le hace partícipe de la experiencia vital de las personas que los habitaron, de las vicisitudes que tuvieron que padecer y de las batallas en las que triunfaron…o murieron.. Para saber más:. [[LINK:EXTERNO|||https://www.despertaferro-ediciones.com/revistas/numero/libro-ilustrado-historia-jordi-bru-rafael-torres-aliados-espana-guerra-de-independencia-estados-unidos/||| «Aliados»]]. de Jordi Bru y Rafael Torres. DESPERTA FERRO Ediciones. 168 páginas, 29,95 euros

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Su ayuda hizo posible una historia borrada de la que se hace eco el libro «Aliados», de Jordi Bru, un genio en recrear imágenes del pasado, y el historiador Rafael Torres, que en este artículo cuenta en qué consistió la ayuda española y explica las causas de este imperdonable olvido

  

Los centenarios tienen algo especial. De repente aparecen homenajes, libros, debates y conferencias por todas partes. Surge la necesidad de hacer balance y ordenar lo que creemos saber. Sin embargo, también llega una avalancha de información. Ayuda a difundir el conocimiento, sí, aunque también provoca ruido y peligrosas simplificaciones. Hoy ese fenómeno es todavía más intenso. Las redes sociales multiplican opiniones, comentarios y versiones de los hechos a una velocidad desconocida hasta hace pocos años. Por eso, la conmemoración de los 250 años de la Declaración de Independencia de Estados Unidos obliga a detenerse y revisar muchas ideas. Y esa tarea resulta aún más necesaria cuando se incorpora la participación española en el conflicto.. ¿Ingratitud?. La palabra «ingratitud» probablemente sea una de las más repetidas en las redes sociales durante estos meses. Se utiliza de forma constante para denunciar la falta de reconocimiento a la ayuda prestada por España a los rebeldes de las Trece Colonias.. Se habla de desagradecimiento histórico, de un olvido interesado y de un silencio injusto por parte de Estados Unidos hacia la contribución española. Una situación que, según muchos, debería corregirse aprovechando la conmemoración de los 250 años del inicio de independencia contra Gran Bretaña en 1776. Para los historiadores, que al fin y al cabo son quienes más pueden aportar a este debate, el problema es muy distinto. No se trata de emitir un juicio moral ni de enfrentar la supuesta «generosidad» española con la «mezquindad» norteamericana. Ese planteamiento tiene poco recorrido y ningún valor real para la historiografía. Solo alimenta simplificaciones y viejas leyendas: negras, rosas… o a rayas.. El borrado. Para los historiadores, el problema es esencialmente historiográfico. La participación española en la guerra de independencia de Estados Unidos apenas ha ocupado espacio en el relato tradicional norteamericano porque desapareció muy pronto de las primeras historias escritas sobre el conflicto. Como ha señalado el gran especialista Richard Kagan, la intervención española fue literalmente «borrada» de manuales y textos publicados desde el final de la guerra.. Los primeros historiadores norteamericanos prefirieron poner el foco en la valentía y en las capacidades de la nueva nación. Y, como mucho, reconocer que el único gran apoyo exterior había sido Francia. Coetáneos de la Revolución francesa, se sentían identificados con los ideales republicanos y de libertad asociados a sus primeras etapas. El marqués de Lafayette acabó convertido en el símbolo de esa cooperación franco-estadounidense. España, en cambio, era una monarquía como Gran Bretaña y ni siquiera había reconocido oficialmente a la joven nación. Su papel quedó relegado desde el principio. Y, con él, también desapareció buena parte de su contribución al conflicto.. La expansión de Estados Unidos hacia el Oeste tampoco ayudó a recuperar el papel de España. Ocurrió justo lo contrario. En pleno auge del «Destino Manifiesto», lo hispano empezó a verse como un elemento extraño e incómodo dentro del relato nacional estadounidense. La guerra de 1898 agravó todavía más esa distancia y dificultó cualquier reconocimiento de la contribución española a la independencia norteamericana. Aun así, durante la primera mitad del siglo XX comenzaron a surgir investigaciones sobre este tema en Estados Unidos. Pero casi siempre aparecieron en universidades secundarias del sur y de la frontera con México. Centros alejados de las grandes universidades de la costa atlántica y, sobre todo, lejos de los espacios que marcaban el relato historiográfico dominante.. Afortunadamente, el bicentenario de 1976, y aún más la llegada de una nueva generación de historiadores norteamericanos, españoles y franceses, impulsó una enorme cantidad de investigaciones. Gracias a ellas, hoy resulta posible revisar en profundidad cuál fue realmente la contribución española a la independencia de Estados Unidos y comenzar a realizar el tan ansiado balance.. Secreto de Estado. El análisis de las fuentes históricas lo cambió todo. Los archivos nacionales, con el Archivo General de Indias de Sevilla a la cabeza, comenzaron a ofrecer una ingente información sobre la intervención española. En un primer momento, los historiadores se lanzaron a determinar cómo había ayudado España. Pronto quedó claro que sí existió una colaboración española, firmemente documentada, y que comenzó incluso antes de la entrada oficial de España en la guerra contra Gran Bretaña, en 1779.. Como si se tratase de una auténtica carrera por identificar el respaldo español, sucesivas generaciones de historiadores fueron fijando los productos aportados por España: fusiles, cañones, sables, cartucheras, zapatos, mantas, medicinas… y dinero. El análisis de los servicios de espionaje españoles demostró además que el gobierno de Madrid estaba perfectamente informado de cómo evolucionaba la rebelión de las Trece Colonias contra Gran Bretaña. Y, cuando estalló el enfrentamiento abierto, también conocía cuáles eran sus necesidades militares y financieras y la forma de ayudarlas.. Ahora sabemos cuáles fueron las rutas y los métodos empleados para que los pertrechos militares españoles, y el dinero, llegasen desde las fábricas peninsulares hasta los ejércitos de George Washington. Para lograrlo, España no solo movilizó sus recursos metropolitanos. También puso al servicio de los revolucionarios norteamericanos sus embajadas en Europa y las tesorerías y puertos de toda la Monarquía Hispánica. Fue una movilización de suministros gigantesca. Hoy sabemos que solo un Estado imperial como España estaba en condiciones de sostener una operación de esa magnitud.. Lo sorprendente de todo este colosal despliegue de recursos, incluso antes de la entrada oficial de España en la guerra, es que permaneció oculto durante décadas, enterrado en los archivos. La explicación no tiene nada que ver con el manido debate sobre la supuesta ingratitud norteamericana. Es mucho más simple: las autoridades españolas prefirieron mantenerlo en secreto. Los historiadores comenzaron a descubrirlo al analizar miles de cartas marcadas como «Reservada» o «Reservadísima», con las que el gobierno informaba a las autoridades implicadas.. Con esta trama oculta de movilización, el gobierno español buscaba debilitar al enemigo británico y, al mismo tiempo, controlar los tiempos diplomáticos para decidir cuándo intervenir. La ayuda a los rebeldes se convirtió así en la cuestión más confidencial de la guerra. Fue el gran secreto de Estado del conflicto, porque así lo quisieron las propias autoridades españolas.. La gran estrategia. Una vez que España entró en el conflicto, la guerra de Independencia de Estados Unidos cambió por completo. El gobierno español decidió no reconocer a la nueva nación para evitar que el ejemplo revolucionario se extendiese por los territorios del imperio hispano. Sin embargo, sí impuso un nuevo enfoque de la guerra. Hoy comenzamos a conocer y valorar hasta qué punto la entrada española modificó radicalmente la evolución del conflicto y dio a los revolucionarios americanos una verdadera oportunidad de victoria.. Hasta 1779, ni los rebeldes habían logrado imponerse a los ejércitos profesionales y bien abastecidos británicos, ni la intervención francesa había conseguido reducir la presión inglesa. Más bien ocurrió lo contrario. Los británicos pusieron a los franceses a la defensiva, que veían incluso cómo iban perdiendo sus islas del Caribe. Todo hacía pensar que Gran Bretaña repetiría la estrategia ofensiva aplicada en la Guerra de los Siete Años (1756-1763).. La entrada española cambió esta fase de estancamiento. No fue solo por añadir más barcos y más ejércitos a la contienda, sino por una nueva manera de entender el conflicto. El gobierno español, con el conde de Floridablanca a la cabeza, diseñó una gran estrategia ofensiva global: atacar primero y obligar a los británicos a defenderse.. La estrategia fue impuesta también a los franceses, que durante el resto de la guerra no tuvieron más remedio que seguir los tiempos y objetivos marcados desde Madrid. En buena medida, porque la nueva doctrina comenzó a dar resultados. Un primer ataque naval masivo y temprano en el Canal de la Mancha obligó a Gran Bretaña a mantenerse a la defensiva durante el resto del conflicto. La mayor parte de sus fuerzas navales tuvo que dedicarse a proteger sus costas, y no a atacar a los norteamericanos.. Al mismo tiempo, España decidió llevar la guerra a Norteamérica y al Caribe. Así dividió las fuerzas británicas y trasladó el conflicto a uno de sus espacios más sensibles. No es casualidad que Londres precipitase la firma de la paz no tras la derrota de Yorktown, sino casi dos años después, ante la amenaza de invasión de Jamaica por la mayor flota y ejército aliados reunidos durante la guerra, al mando de Bernardo de Gálvez y con el marqués de Lafayette como segundo. Sin duda, la gran estrategia ofensiva impulsada por España ofreció a los revolucionarios norteamericanos su mejor oportunidad de victoria.. Aliado imprescindible. Si un centenario es tiempo de balances, ahora comenzamos a comprender que la participación española en la Independencia de Estados Unidos, como demostramos Jordi Bru y yo en el libro «Aliados» (Desperta Ferro Ediciones, 2026), no solo fue real, sino mucho más importante e imprescindible de lo que habíamos imaginado. No fue una simple respuesta aliada a la iniciativa francesa. La estrategia española había comenzado antes, con una descomunal movilización de ayuda a los rebeldes.. Del mismo modo, la entrada española en la guerra buscaba derrotar a los británicos mediante una forma nueva de combatir: atacar primero. Durante gran parte del conflicto, los ingleses tuvieron que limitarse a defenderse y reaccionar ante las iniciativas estratégicas impulsadas desde Madrid.. España no fue, en definitiva, una ayuda más ni un aliado europeo secundario. Fue el aliado imprescindible que hizo posible la independencia de Estados Unidos.. Rafael TORRES SÁNCHEZ. de la Universidad de Navarra. ¿FOTOGRAFÍAR EL PASADO?. Una clave metodológica del libro ‘Aliados’ es el uso de fotocomposiciones. A través de una técnica manual y artesanal (sin uso de IA), Jordi Bru crea una serie de composiciones minuciosamente documentadas y rebosantes de humanidad y emociones con las que los autores buscan que el pasado se sienta como una realidad presente, tangible, que devuelve a la vida objetos, uniformes y luces de la época; una experiencia inmersiva que transporta al lector a los paisajes de la Norteamérica del siglo XVIII y le hace partícipe de la experiencia vital de las personas que los habitaron, de las vicisitudes que tuvieron que padecer y de las batallas en las que triunfaron…o murieron.. Para saber más:. «Aliados». de Jordi Bru y Rafael Torres. DESPERTA FERRO Ediciones. 168 páginas, 29,95 euros

 

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