La llamada por la que atendemos a Patricio Pron está inundada de deficiencias: se entrecorta, a momentos su voz se ralentiza y algunas otras incomodidades que suponen las entrevistas a través de un aparato electrónico que por razones de agenda los periodistas realizamos.. Sin embargo, este redactor opta por dejarse llevar por las interferencias y, sólo cuando es inevitable, pedir al otro conversador que repita sus palabras. Y es que la prosa de Pron es también atípica, impregnada de notas a pie de páginas que cuentan relatos en sí mismos y sobre los que se sitúan otras subnotas que montan un puzzle, y el lector quizá no conseguirá encontrar la última pieza para que cobre todo el sentido. En esa ensalada de ideas y significaciones se encuentra la intencionalidad del autor: la irreverencia. «Aquellos libros que nos marcan son aquellos que se oponen al mandato de ser uno más», indica el escritor. Él considera que su escritura es «en caída libre»: «Creo un marco físico y horario, y en ese espacio intento que las ideas y personajes me arrastren con ellos, por lo que voy descubriendo de qué irá el libro conforme lo escribo».. La contienda contra los estándares empieza en la propia portada de sus obras, que siempre las bautiza con títulos extensos. Ha transitado por «La naturaleza secreta de las cosas de este mundo», «El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia» y, ahora, «En todo hay una grieta y por ella entra la luz». «Me gusta crear una especie de juego con mi público. Aunque mis títulos parecen muy abstractos, siempre tienen una relación directa con la historia», explaya el artista. En este caso, y para añadir capas de enredo para su regocijo interior, el título de su último escrito tiene una explicación intergeneracional. Surge de un verso de la canción «Anthem», de Leonard Cohen. Sin embargo, el compositor la cogió de un texto de Ernest Hemingway que, a su vez, se inspiró en William Everson y, para llegar a la última de las matrioshkas, lo extrajo del poeta persa medieval Rumi. «Quienes escribimos, trenzamos siempre la misma cuerda, aquella que nos conecta con los que nos precedieron y los que vendrán después de nosotros», explica.. En la novela, un escritor residente en Nueva York ha de montar una biografía de Benjamin Fondane, un cineasta francés que murió en una cámara de gas de Auschwitz. Ese encargo lo recibió verídicamente también Pron, aunque su veneración por el artista maldito le llevaba obsesionando desde diez años antes, por lo que abraza la idea de que su último proyecto es «no ficción».. «Los libros nos devuelven una vida mejorada, algo que ningún otro arte hace». Patricio Pron. La mayoría de esta historia se desarrolla varias manzanas allá de la monumentalidad de la urbe, en «la ciudad que empezó a hacerse la idea de que habría cuatro años más de gobierno trumpista», pues transcurre justo tras la reelección del presidente. «Yo no llegué a presenciar las redadas del ICE, pero sí que vi en los ojos de las personas el temor que surgía nuevamente», explica el argentino afincado en Madrid desde 2008.. Sin embargo, a esa energía decrépita se le puede buscar la grieta por la que pasan los rayos, traducida en la victoria de Zohran Mamdani. Y, a pesar de los bucles literarios, el autor tenía razón, pues su título cobra sentido: «incluso en los periodos más turbulentos de nuestra vida, hay una esperanza que subyace sobre la posibilidad de desobedecer, que es lo que hicieron los neoyorquinos al votar a su alcalde». Así, entre nota y nota a pie de página, podemos tratar de entender si realmente somos libres o, si por el contrario, la grieta aún está presente.. Activismo literario. La escritura de Pron respira un latente componente activista, labor con la que se siente cómodo. «Los libros deben de hacer las cosas que les reclamamos, como entretener y aliviarnos un rato, pero también devolvernos una vida mejorada, algo que no hace ninguna otra disciplina artística». ¿Y por qué el resto de artes no lo hacen? «El mejor cine y música lo consiguen, pero de una forma más abstracta. Casi ninguno de nosotros sabe componer una canción, pero todos usamos el lenguaje. La literatura nos permite conectar con algo que nos pertenece», aclara. «El lenguaje tiene un vínculo especial con la realidad. El cine también lo tiene, pero hay de por medio cámaras. Por ejemplo, después de un match en una aplicación de citas, se abre una ventana y las personas se comunican por escrito», prosigue.. Esa delicada mirada le hace merecedor de los adjetivos que adornan la contraportada del tomo: «radical, elegante, feroz y melancólico». «No creas que soy muy melancólico, aunque por lo general las ideas que tienen los demás sobre nosotros son más acertadas que las que creamos nosotros. Puede que mis editores sepan más de mí de lo que yo sé», concluye Pron.
El autor lanza «En todo hay una grieta y por ella entra la luz», libro con las marcas sello de su estilo irreverente
La llamada por la que atendemos a Patricio Pron está inundada de deficiencias: se entrecorta, a momentos su voz se ralentiza y algunas otras incomodidades que suponen las entrevistas a través de un aparato electrónico que por razones de agenda los periodistas realizamos.. Sin embargo, este redactor opta por dejarse llevar por las interferencias y, sólo cuando es inevitable, pedir al otro conversador que repita sus palabras. Y es que la prosa de Pron es también atípica, impregnada de notas a pie de páginas que cuentan relatos en sí mismos y sobre los que se sitúan otras subnotas que montan un puzzle, y el lector quizá no conseguirá encontrar la última pieza para que cobre todo el sentido. En esa ensalada de ideas y significaciones se encuentra la intencionalidad del autor: la irreverencia. «Aquellos libros que nos marcan son aquellos que se oponen al mandato de ser uno más», indica el escritor. Él considera que su escritura es «en caída libre»: «Creo un marco físico y horario, y en ese espacio intento que las ideas y personajes me arrastren con ellos, por lo que voy descubriendo de qué irá el libro conforme lo escribo».. La contienda contra los estándares empieza en la propia portada de sus obras, que siempre las bautiza con títulos extensos. Ha transitado por «La naturaleza secreta de las cosas de este mundo», «El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia» y, ahora, «En todo hay una grieta y por ella entra la luz». «Me gusta crear una especie de juego con mi público. Aunque mis títulos parecen muy abstractos, siempre tienen una relación directa con la historia», explaya el artista. En este caso, y para añadir capas de enredo para su regocijo interior, el título de su último escrito tiene una explicación intergeneracional. Surge de un verso de la canción «Anthem», de Leonard Cohen. Sin embargo, el compositor la cogió de un texto de Ernest Hemingway que, a su vez, se inspiró en William Everson y, para llegar a la última de las matrioshkas, lo extrajo del poeta persa medieval Rumi. «Quienes escribimos, trenzamos siempre la misma cuerda, aquella que nos conecta con los que nos precedieron y los que vendrán después de nosotros», explica.. En la novela, un escritor residente en Nueva York ha de montar una biografía de Benjamin Fondane, un cineasta francés que murió en una cámara de gas de Auschwitz. Ese encargo lo recibió verídicamente también Pron, aunque su veneración por el artista maldito le llevaba obsesionando desde diez años antes, por lo que abraza la idea de que su último proyecto es «no ficción».. «Los libros nos devuelven una vida mejorada, algo que ningún otro arte hace». La mayoría de esta historia se desarrolla varias manzanas allá de la monumentalidad de la urbe, en «la ciudad que empezó a hacerse la idea de que habría cuatro años más de gobierno trumpista», pues transcurre justo tras la reelección del presidente. «Yo no llegué a presenciar las redadas del ICE, pero sí que vi en los ojos de las personas el temor que surgía nuevamente», explica el argentino afincado en Madrid desde 2008.. Sin embargo, a esa energía decrépita se le puede buscar la grieta por la que pasan los rayos, traducida en la victoria de Zohran Mamdani. Y, a pesar de los bucles literarios, el autor tenía razón, pues su título cobra sentido: «incluso en los periodos más turbulentos de nuestra vida, hay una esperanza que subyace sobre la posibilidad de desobedecer, que es lo que hicieron los neoyorquinos al votar a su alcalde». Así, entre nota y nota a pie de página, podemos tratar de entender si realmente somos libres o, si por el contrario, la grieta aún está presente.. La escritura de Pron respira un latente componente activista, labor con la que se siente cómodo. «Los libros deben de hacer las cosas que les reclamamos, como entretener y aliviarnos un rato, pero también devolvernos una vida mejorada, algo que no hace ninguna otra disciplina artística». ¿Y por qué el resto de artes no lo hacen? «El mejor cine y música lo consiguen, pero de una forma más abstracta. Casi ninguno de nosotros sabe componer una canción, pero todos usamos el lenguaje. La literatura nos permite conectar con algo que nos pertenece», aclara. «El lenguaje tiene un vínculo especial con la realidad. El cine también lo tiene, pero hay de por medio cámaras. Por ejemplo, después de un match en una aplicación de citas, se abre una ventana y las personas se comunican por escrito», prosigue.. Esa delicada mirada le hace merecedor de los adjetivos que adornan la contraportada del tomo: «radical, elegante, feroz y melancólico». «No creas que soy muy melancólico, aunque por lo general las ideas que tienen los demás sobre nosotros son más acertadas que las que creamos nosotros. Puede que mis editores sepan más de mí de lo que yo sé», concluye Pron.
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